William Espinoza Lobo, profesor de español y coordinador del comité de apoyo educativo del Liceo Veracruz, describe con detalle las condiciones de vida y las complejidades educativas en la comunidad fronteriza de Veracruz, ubicada en el distrito de Caño Negro, Los Chiles, cerca de la Frontera con Nicaragua. La geografía , el contexto social y económico de esta zona determinan muchos de los desafíos que enfrentan tanto estudiantes como educadores en su misión de ofrecer una educación inclusiva y de calidad.
Condiciones de aislamiento y acceso
La comunidad, a pesar de estar cerca de Upala, pertenece administrativamente al cantón de Los Chiles.
Sin embargo, la distancia de 36 kilómetros hasta la Municipalidad, sumada a caminos en mal estado, dificulta el acceso a servicios básicos y limita el apoyo gubernamental, comenta Espinoza.
“Estamos en una zona Ramsar, protegida, pero la Municipalidad de Los Chiles prácticamente nos tiene abandonados, los caminos son un desastre”, enfatiza.
Estas condiciones afectan no solo el tránsito regular de estudiantes , docentes, sino también el mantenimiento de vehículos y el acceso a emergencias.
Economía Local y Contexto Social
En Veracruz, la mayoría de las familias dependen de la agricultura y del trabajo en UPALA AGRÍCOLA, una empresa piñera que exporta a nivel mundial. Este contexto laboral limita los ingresos de muchas familias, reflejándose en las dificultades económicas que enfrentan los estudiantes.
Espinoza menciona que, debido a la falta de recursos, algunos estudiantes solo consumen el almuerzo que se les proporciona en la escuela, lo que impacta en su salud y en su rendimiento académico.
Desafíos Psicológicos y de Inclusión Educativa
Espinoza describe también el gran reto que enfrenta el colegio en términos de apoyo psicológico, ya que no cuentan con un psicólogo de planta.
Los docentes, sin formación en psicología, intentan suplir esta carencia brindando apoyo emocional básico.
La orientadora del centro y la directora, que es psicóloga, trabajan con los casos más críticos.
Sin embargo, Espinoza destaca que las problemáticas familiares y emocionales de los estudiantes son una constante:
“Aquí hay mucha desintegración familiar… problemas psicológicos, porque los mismos estudiantes no saben si van a tener su plato de comida”.
Según él, al menos 100 de los 147 estudiantes requieren algún tipo de apoyo psicológico debido a situaciones familiares complejas.
La alimentación es otra preocupación central, ya que muchos estudiantes dependen del almuerzo escolar como su única comida del día.
La falta de una “soda” en el colegio limita aún más sus opciones de alimentación. “Muchos solo traen una galleta o, en el mejor de los casos, una merienda ligera”, afirma Espinoza. La colaboración con los padres es difícil, pues la mayoría vive lejos del colegio y solo un tercio puede asistir a las reuniones de padres.
El Reto de la Inclusión Educativa
Espinoza enfatiza la necesidad de una educación inclusiva, aunque reconoce que la falta de recursos limita el alcance de esta meta.
“Queremos que la inclusión sea igual para todos, pero no tenemos los recursos”, explica. Los docentes intentan simplificar los programas educativos para que los padres puedan involucrarse y apoyar a sus hijos, pero muchos de ellos no tuvieron acceso a educación formal, lo que añade otra capa de dificultad al proceso.
En este rincón aislado de Costa Rica, Espinoza y el equipo del Liceo Veracruz enfrentan múltiples desafíos con creatividad y determinación.
Aunque los recursos son limitados, el compromiso de la comunidad escolar se mantiene firme, tratando de dar a los jóvenes de Veracruz no solo una educación, sino también el apoyo emocional y social que tanto necesitan.








