En el Día Mundial del Medio Ambiente, expertos en educación y sociología destacan la necesidad de transformar la manera en que se enseña la conciencia ecológica. En lugar de centrarse solo en el reciclaje o la reducción de plásticos, proponen una educación ambiental más profunda, conectada con la justicia social y la gobernanza democrática de los territorios.
La crisis climática actual es más que un problema ecológico: es un fenómeno social y cultural que afecta directamente a comunidades vulnerables. Según los especialistas, es urgente replantear el papel de la educación en la creación de futuros sostenibles. Para ello, es fundamental integrar la historia, la memoria y la resistencia frente al impacto ambiental de conflictos globales y sistemas económicos extractivistas.
Además, la educación ambiental debe incorporar la voz de los pueblos originarios y de los jóvenes en la construcción de nuevos modelos de convivencia con la naturaleza. Esto se logra a través de prácticas pedagógicas situadas, que reconozcan el entorno como un espacio de aprendizaje y acción transformadora.
El llamado es claro: más barro y menos plástico. Apostar por una educación ambiental que forme individuos críticos, capaces de participar activamente en la construcción de sociedades más justas y sustentables.







