Crítica de «Lucy» (2014): Un viaje vertiginoso y confuso entre la ciencia y la ficción

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«Lucy», dirigida por Luc Besson y protagonizada por Scarlett Johansson, es una película que intenta fusionar acción trepidante con reflexiones pseudocientíficas sobre la capacidad cerebral humana. Desde el inicio, la película promete llevarnos a un viaje alucinante cuando la protagonista, Lucy Miller, se forza a transportar una droga experimental que transforma su mente en una máquina sin límites. Pero, ¿logra Besson mantener esa promesa o se queda atrapado en sus propias ambiciones?

Desde un punto de vista técnico, es imposible ignorar la brillantez visual de «Lucy». La cinematografía de Thierry Arbogast brilla con colores saturados y cuadros que nos sumergen en la caótica y peligrosa vida de la protagonista. Los efectos especiales, especialmente en los momentos en que Lucy empieza a superar los límites de la mente humana, son asombrosos y dignos de admiración. Éric Serra, en la banda sonora, contribuye a la atmósfera frenética con sus composiciones que nos mantienen al borde del asiento.

Scarlett Johansson, en el papel principal, ofrece una actuación sólida que logra que empaticemos con Lucy, a pesar de su rápida transformación en una figura casi divina y deshumanizada. Su interpretación mantiene el equilibrio entre la vulnerabilidad inicial del personaje y su posterior omnipotencia. Morgan Freeman, por otro lado, encarna al profesor Samuel Norman, un papel que se siente más como un recurso narrativo que como un personaje con profundidad. Su rol parece limitado a ofrecer explicaciones filosóficas sobre el cerebro y la evolución humana, lo cual se agradece pero a la vez frustra por su simplicidad.

El principal problema de «Lucy» es su guion. Aunque parte de una premisa intrigante, la película cae en la trampa de su propia grandilocuencia. La idea de que los humanos solo utilizan el 10% de su capacidad cerebral, un mito ampliamente desacreditado, es el pilar sobre el cual Besson construye su historia. El filme no solo abraza esta falacia, sino que la lleva a niveles absurdos. A medida que Lucy accede a más y más poder cerebral, la narrativa se vuelve cada vez más ilógica y desconectada de cualquier realidad, llegando a un clímax que cruza la frontera entre lo ingenioso y lo ridículo.

La mezcla entre acción frenética y discursos pseudocientíficos no siempre funciona. Mientras las escenas de acción, como las persecuciones y los enfrentamientos telequinéticos, son impresionantes, la trama sufre de incoherencias. Besson intenta ofrecer una reflexión sobre el conocimiento, el tiempo y la humanidad, pero en su afán de impresionar, termina confundiendo al espectador.

«Lucy» es un espectáculo visual fascinante, una película que puedes disfrutar por su estilo, pero que deja mucho que desear en cuanto a su contenido. Es un claro ejemplo de una película que aspira a ser más profundo de lo que realmente es. Sin embargo, a pesar de sus fallas narrativas, no se puede negar que mantiene al público entretenido de principio a fin.

Veredicto : Un viaje visualmente cautivador, pero intelectualmente insatisfactorio. Si puedes desconectar tu cerebro, «Lucy» ofrece diversión pura. Pero si esperas algo más que explosiones y efectos especiales, probablemente saldrás del cine con más preguntas que respuestas.

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