El conflicto en Oriente Medio amenaza con provocar la mayor desaceleración de la economía mundial desde la pandemia de COVID-19, según el más reciente informe Perspectivas Económicas Mundiales del Grupo Banco Mundial. La institución advierte que el aumento de los precios de la energía, la inflación y el encarecimiento del crédito podrían afectar con fuerza tanto a las economías desarrolladas como a los países en desarrollo durante 2026 y 2027.
De acuerdo con el informe presentado en Washington, el crecimiento económico mundial disminuiría al 2,5 % en 2026, frente al 2,9 % registrado en 2025, mientras que dos de cada tres economías del planeta han visto reducidas sus perspectivas de crecimiento respecto a las estimaciones realizadas a inicios del año. Aunque se prevé una leve recuperación hasta el 2,8 % en 2027, la economía global continuará creciendo por debajo del promedio registrado durante la década de 2010.
El presidente del Grupo Banco Mundial, Ajay Banga, afirmó que los países en desarrollo han enfrentado una sucesión de crisis durante la última década y que el reto consiste en proteger a la población y preservar la estabilidad económica sin renunciar al crecimiento y la generación de empleo.
«Estamos proporcionando liquidez donde se necesita y estamos preparados para ampliar el financiamiento, las garantías y las soluciones del sector privado si las presiones económicas continúan intensificándose», señaló Banga.
Uno de los principales factores que agravan el panorama es la interrupción del tránsito por el estrecho de Ormuz, considerado una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo. Como consecuencia, el Banco Mundial proyecta que el precio promedio del petróleo Brent alcance los 94 dólares por barril en 2026, un incremento del 36 % respecto al año anterior.
El aumento del costo de la energía también impactará el precio de los fertilizantes, lo que repercutirá directamente sobre los alimentos y elevará la inflación mundial hasta aproximadamente el 4 % durante este año.
El informe advierte además que, si las interrupciones en el suministro energético se agravan y se combinan con mayores tensiones financieras internacionales, el crecimiento mundial podría desplomarse hasta apenas 1,3 % en 2026, mientras que la inflación ascendería al 4,4 %.
Las economías en desarrollo serán algunas de las más afectadas. Su crecimiento descendería del 4,4 % en 2025 al 3,6 % en 2026, el nivel más bajo desde la pandemia. Particularmente críticas serán las consecuencias para las economías del Golfo directamente involucradas en el conflicto, cuyo crecimiento prácticamente se detendría este año antes de recuperarse gradualmente entre 2027 y 2028 conforme avance la reconstrucción y se normalice el comercio.
Ante este escenario, el Grupo Banco Mundial anunció que dispone de entre 50.000 y 60.000 millones de dólares de forma inmediata para atender la emergencia mediante programas ya existentes, incluyendo 25.000 millones de dólares previamente acordados. Estos recursos permitirán fortalecer las redes de protección social, ampliar la capacidad fiscal de los gobiernos, proporcionar liquidez a empresas y productores agrícolas.
Asimismo, la institución informó que, si la crisis se prolonga, está preparada para ampliar su apoyo financiero hasta un monto de 100.000 millones de dólares durante un período de 15 meses, con el objetivo de ayudar a los países afectados a estabilizar sus economías.
El economista en jefe adjunto del Grupo Banco Mundial, Ayhan Kose, señaló que, aunque el conflicto representa un desafío para la economía internacional, también puede convertirse en una oportunidad para acelerar reformas estructurales.
Kose recomendó fortalecer los marcos fiscales, invertir en infraestructura, mejorar el clima para los negocios y movilizar mayor inversión privada que contribuya a la creación de empleo.
El informe también llama la atención sobre la creciente deuda pública de los países en desarrollo. Desde 2010, la deuda pasó de representar menos del 40 % del Producto Interno Bruto (PIB) a superar el 70 %, situación que limita la capacidad de respuesta ante nuevas crisis y encarece el acceso al financiamiento.
Finalmente, el Banco Mundial sostiene que reducir los niveles de endeudamiento permitiría liberar recursos para inversiones estratégicas en infraestructura, salud y educación, fortaleciendo así el crecimiento económico y mejorando las oportunidades de empleo en las economías más vulnerables.







