Por una cuestión de lógica -y, esencialmente, por una cuestión de principios-, un defensor de un sanguinario/corrupto dictador tendría que nunca apoyar sus ofensivas nalgas en ninguna silla presidencial.
Sin embargo, uno de esos nefastos personajes se valió, recientemente, de la apertura implícita en la democracia, para contradecir esa lógica y, de paso, reinstalar, en el siglo 21, la criminal ideología totalitaria impuesta -principalmente en la segunda mitad del siglo 20- por el imperio gringo.
El escenario de la movida es Chile, y el actor central es el ganador de la segunda vuelta electoral por la presidencia, el ultraderechista José Antonio Kast (JAK, por sus iniciales) -fuerte admirador del cobarde e ilícitamente enriquecido dictador militar (1973-1990) Augusto Pinochet-.
Pero no fue el primero, ya que lo antecedió -dos veces (2010-2014, 2018-2022)- el también pinochetista Sebastián Piñera –el patético e intelectualmente muy pobre ex presidente fenecido, en 2024, cuando se accidentó el helicóptero que piloteaba-.
En apenas uno entre numerosos ejemplos de la fenomenal mediocridad de Piñera -en este caso, con el valor agregado de misoginia y machismo agresor-, al hablar en una actividad oficial, durante su segundo mandato, el incompetente mandatario responsabilizó, a las mujeres, por las agresiones de género -incluidos casos de femicidio- registradas en Chile.
Entre el diluvio de reacciones en Internet, se destacó -por su demoledora precisión- el tuit -aún no existía X- de la diseñadora y artista Marce Aravena: “alguien que le diga a este pelotudo que cada vez que habla la caga”.
En el actual penduleo conservador que tiene lugar en el continente americano, y en su tercer intento electoral presidencial, Kast logró, el 14 de diciembre -con casi 60 por ciento de sufragios, y arrolladora ventaja de unos 16 puntos porcentuales-, reposicionar, en el poder, a la criminal extrema derecha de Chile.
Kastochet -híbrido de Kast y Pinochet- se inscribe en la curiosa/precisa alternancia izquierda-derecha que el andino país sudamericano viene presentando -ahora, por quinta vez consecutiva- en el ejercicio de la cuatrienal presidencia.
La línea de tiempo muestra que la socialista y ex presa política Michelle Bachelet fue seguida, tras su primer mandato (2006-2010), por Piñera, quien, finalizado su primer período (2010-2014), fue reemplazado por Bachelet (2014-2018), a quien Piñera volvió a sustituir (2018-2022), para ser relevado por el izquierdista Gabriel Boric (2022-2026), a quien Kast se apresta a suceder -el 11 de marzo- para el cuatrienio 2026-2030.
En su execrable admiración por Pinochet, el ahora presidente electo de Chile, llegó a decir, en diferentes campañas electorales, que, si el tirano viviese, le daría el voto.
“Si Pinochet estuviera vivo, votaría por mí”, aseguró, en la carrera presidencial de 2017, opinión que reafirmó, en 2021, cuando dijo que “yo creo que sí, que votaría por mí, si estuviera vivo, yo creo que sí”.
En su natural condición de deleznable pinochetista -la redundancia es absolutamente válida, además de necesaria-, Kast es alma gemela de vergonzosos personajes tales como el prodictatorial brasileño Jair Bolsonaro, el desquiciado estadounidense Donald Trump, el carcelero salvadoreño Nayib Bukele, el criminal de guerra israelí Benjamin Netanyahu -todos, corruptos-.
La cronología de su actividad electoral presidencial -tres postulaciones en cadena- indica que en 2017, quedó -con apenas ocho por ciento de los votos- en cuarto lugar entre ocho candidatos; en 2021, perdió, en segunda vuelta, frente a Boric; en 2025, venció, en segunda vuelta, a la comunista Jeannette Jara -según vaticinó, al cerrar la reciente campaña: “la tercera es la vencida”-.
De modo que, en su tercer intento por acceder al empleo más codiciado en Chile, el ultraconservador logró su objetivo, y va a hacer que el Palacio de la Moneda -la sede del Poder Ejecutivo chileno- vuelva a ser la principal sede del pinochetismo.
Es una nueva agresión al palacio, después del bombardeo que, severamente, lo dañó, la mañana del 11 de setiembre de 1973, en el marco del cruento golpe militar que derrocó al socialista presidente constitucional (1970-1973) Salvador Allende.
Armado con un fusil automático, usando un casco de soldado, acompañado por su seguridad presidencial -el Grupo de Amigos Personales-, Allende –el Compañero Presidente, popularmente conocido como el “Chicho”- murió, esa mañana, en ese lugar, defendiendo la democracia, la institucionalidad, la decencia, la dignidad, frente a la irracionalidad nazi criolla-.
Un par de meses antes del golpe, entrevisté, precisamente en La Moneda, a Orlando Letelier
-ministro de Defensa, y canciller en el gobierno de Allende-, quien, después de haber sido preso político del régimen militar, fue asesinado, por la escuadronera Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) -la sanguinaria policía secreta de la dictadura-, mediante explosivos colocados en su carro, en Washington.
Cuando Pinochet fue designado, el 23 de agosto de 1973 -sí, por Allende-, jefe del ejército
-menos de un mes antes del golpe-, la conspiración estaba consolidada, la fecha era cercana, la pesadilla de Chile se aproximaba a empezar.
Recién llegado al cargo, Pinochet tenía que firmar un documento -que los jefes de la cúpula conspirativa habían suscrito-, en el sentido de que, si el golpe fracasaba, se mantendrían unidos -era, en realidad, un pacto para que ninguno de los mafiosos traicionara-.
Pero, asustado, Pinochet se negó, inicialmente, a poner su firma, alegando -en proyección de su monumental mediocridad, su patética cobardía-, que, si el golpe fracasaba, Allende ordenaría fusilar a los traidores.
De acuerdo con versiones periodísticas conocidas años después, mietras se aproximaba la fecha
-el 11 de setiembre de 1973- del brutal zarpazo nazi, el entonces jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Leigh, visitó a Pinochet, en su casa, y lo obligó a firmar y a plegarse, incondicionalmente, a la conjura.
A causa de que el principal medio de contacto entre los integrantes de la jefatura golpista fue la red de radiocomunicación del ejército, y al ver que el golpe tenía éxito, Pinochet se constituyó en el jefe de facto del brutal levantamiento armado -y la brutal historia, a partir de ahí, es conocida-.
Así fue cómo se originó el “pinochetismo”, tóxico fenómeno en cuya consolidación tuvo un papel preponderante -fuera de cámara- la corrupta esposa del vergonzoso dictador, Lucia Hiriart -la voraz ratera quien fue, además, facilitadora importante del enriquecimiento ilícito lo mismo de la nefasta pareja que familiar-.
La dictadura militar chilena cobró aproximadamente tres mil vidas, desapareció -o sea que también asesinó- a otras por lo menos 3,400 personas, encarceló -y, obviamente, torturó, en numerosos casos, hasta matar- a algo más de 27 mil -algunos cálculos ubican el gran total de víctimas de la dictadura en algo más de 40 mil-.
Esos crímenes fueron perpetrados en instalaciones militares y policiales, incluidos campos de concentración, destacándose, entre las últimas, el Estadio Nacional, por donde pasaron decenas de miles de detenidos -chilenos y de otras nacionalidades-, incluido el cantautor local Víctor Jara, quien fue asesinado, en el punto central de la cancha, después de haber pasado por sesiones de tortura.
Al inicio de la dictadura, respecto a las masivas detenciones que tenían lugar, Hiriart declaró, en algún momento, a periodistas -queriendo, en su criminal mediocridad, ser chistosa-, que era necesario tener en cuenta que su esposo tenía espíritu deportivo, ya que, en lugar de encarcelarlos, recluía, a los presos políticos, en el estadio.
Entre los reporteros locales cubriendo esa actividad de Hiriart, figuró el servil Raúl Duque, quien, por su obsecuencia, fue condecorado, en 1973 -personalmente, por Pinochet-, como periodista del año.
A manera de flashback, visualizo la foto, en blanco y negro, publicada por el diario chileno El Mercurio -medio de comunicación que, fundado hace más de un siglo, fue opositor al gobierno de Allende, y ayudó a la conspiración golpista-.
Igualmente, visualizo el momento en que, en Buenos Aires, ese año o al año siguiente, me fue presentado, pero me negué a saludarlo.
De modo que, 52 años después, y como defensor de su cobarde/oportunista ídolo, Kastochet avala todas las bestialidades perpetradas por la dictadura, lo cual convierte, al ahora presidente electo, en avalador de crímenes de lesa humanidad -y, por lo tanto, en un peligro para la institucionalidad democrática chilena en particular, y latinoamericana en general-.
La democracia que los militares nazis chilenos masacraron, hace algo más de medio siglo, es el sistema del que, ahora, se sirven los defensores del golpismo, para volver a asaltar el poder -con el camuflaje de la vía electoral-.
Chile es, ahora, la más reciente baja de la marea derechista que -con excepción de países tales como Brasil, Colombia, Guyana, Uruguay- está ideológicamente inundando a Sudamérica.
Contrariamente a lo que suelen indicar los afectados por una patética miopía ideológica, los regímenes instalados, respectivamente, en Cuba, Nicaragua, y Venezuela, no son revolucionarios ni son de izquierda, ya que su ideología actual es el poder, sin matices -algo en lo cual no se diferencian, por ejemplo, de la corrupta dictadura trumpista, de la que dicen que son enemigos-.
En el caso del penduleo ideológico chileno, el matiz actual no significa solamente que el país se fue a la derecha sino que se fue al pinochetismo duro -lo cual hace sonar todas las alarmas-.
De acuerdo con lo informado, el 16 de diciembre, por la revista española Viento Sur, en agosto de 2017 -durante su primera campaña presidencial-, Kast “fue proclamado candidato por agrupaciones militares en retiro y por organizaciones de familiares de condenados por crímenes de lesa humanidad”.
Y durante una actividad política llevada a cabo ese año, afirmó, luego de presentarse con nombre completo, que “yo, sí, defiendo, con orgullo la obra del gobierno militar; sí, creo que muchos militares y miembros de las Fuerzas Armadas están siendo perseguidos”.
A continuación, aseguró: “y yo, sí, me comprometo, si soy presidente, a proteger a las Fuerzas Armadas”, lo mismo que a indultar -cual Trump chileno- “a todos aquellos que, injusta o inhumanamente, están presos”.
La revista aclaró que, “entre esos condenados se encuentra Miguel Krassnoff Martchenko, brigadier del Ejército en el momento del golpe de Estado de 1973, posteriormente agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) -la policía secreta de la dictadura- y condenado a más de 1.060 años de prisión en veintisiete causas por secuestro, tortura y desaparición forzada”.
Viento Sur también reveló que Kast “ha visitado a Krassnoff en la cárcel”, e informó que el entonces candidato “fue consultado de manera reiterada durante esta última campaña presidencial acerca de si mantenía su intención de indultarlo”, pero “invariablemente, se negó a responder”.
Entre otras expresiones justificadoras de lo injustificable, JAK ha aseverado/mentido que “las fuerzas armadas no usaron la fuerza para tomarse el poder sino para recuperar Chile” -el razonamiento pinochetista por excelencia, para decir que el golpe no fue un golpe-.
El extremismo de Kast presenta características que es posible considerar como genéticas, ya que su padre, Michael Kast (1924-2014) fue militante del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nationalsozialistische Deutsche Arbeitpartei) -más conocido por su malamente famosa sigla Nazi, cofundado, en 1924, por el desquiciado megalómano Adolf Hitler (1889-1945)-.
También integró, durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el brutal ejército hitleriano
-la Fuerza de Defensa (Wehrmacht)-, en cuyas filas ascendió hasta el grado de teniente (oberleutnant).
Al igual que numerosos otros nazis, tras la estrepitosa caída del Tercer Reich (Drittes Reich
-Tercer Imperio-, 1933-1945), oficialmente denominado Gran Reich Alemán (Großdeutsches Reich -Gran Imperio Alemán-) -acontecimiento que incluyó el suicido del patológico tirano, y determinó el fin de la Segunda Guerra Mundial-, el teniente Kast huyó hacia Sudamérica
-específicamente, hacia Chile-.
Allí se estableció con su esposa, Olga Rist, y sus hijos -entonces menores de edad- Bárbara
-fallecida, a los 18 años, en un accidente de tránsito- y Michael Kast -más conocido, en Chile, como Miguel Kast-, ambos nacidos en Alemania.
La descendencia del nazi fue ampliada, en el exilio, a 10 -incluido José Antonio, el menor de sus hijos, ahora convertido en presidente electo-.
En lo que tiene que ver con la dictadura militar criolla, el vínculo de JAK deriva, en parte, del involucramiento de su hermano Miguel Kast (1948-1983), un economista formado en la estadounidense Universidad de Chicago (University of Chicago), quien, durante el régimen de facto se desempeñó como director -con rango ministerial- de la Oficina de Planificación Nacional (1978-1980), ministro de Trabajo y Previsión Social (1981-1982), y presidente del Banco Central de Chile (1982).
En el desempeño de esos cargos, Miguel Kast fue uno de los responsables clave de la injusta política socioeconómica impuesta por la dictadura -nefasta gestión que los pinochetistas insisten en describir como el milagro económico chileno-.
Y, de acuerdo con lo informado por Viento Sur, hay complicidad del clan Kast con el criminal régimen militar -incluidas acciones violatorias de los derechos humanos-.
“Existen, además, investigaciones periodísticas y judiciales documentadas que vinculan a miembros de la familia Kast con actividades de la Central Nacional de Informaciones
-CNI- durante la dictadura de Pinochet”, reveló/denunció el medio de comunicación.
Lo anterior, “incluyendo participación en patrullajes civiles junto a las fuerzas represivas del régimen y en operativos asociados a violaciones graves de los derechos humanos, entre ellas desapariciones forzadas”, precisó.
La CNI fue creada en 1977, para reemplazar a la Dina -a raíz del asesinato de Letelier-, y su disolución ocurrió en 1990 -un mes antes del fin de la dictadura-.
Si bien tenía siete años cuando Chile fue escenario de la barbarie ultraderechista, el actual presidente electo tiene trayectoria política estrechamente vinculada con el pinochetismo -algo que lo convierte en un personaje aún más despreciable-.
Fue, durante más de veinte años, militante de la Unión Demócrata Independiente (UDI) -de hecho, el partido político pinochetista-, agrupación que, en 1983, fue -junto con la Renovación Nacional (RN)- parte de la Coalición por el Cambio, alianza que llevó a Piñera a la primera de sus dos tóxicas presidencias.
A causa de su monumental fanatismo ideológico, Kast se distanció de la UDI -no le resultó lo suficientemente derechista-, pasando a fundar, en 2017, la agrupación política denominada Acción Republicana, que se convirtió, en 2019, en el actual Partido Republicano -probablemente, para enfatizar gringuerismo trumpista-.
En su irracionalidad ultra, JAK suscribió, en 2020, un patético documento, breve aunque desbordante de lugares comunes -trillados, gastados, convencionales- que son fruto de la demencial fobia anticomunista -propia de la Guerrea Fría (1947-1991), la confrontación, de casi medio siglo, entre Estados Unidos y la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (1922-1991)-.
Los firmantes del texto -denominado Carta de Madrid, porque fue firmado en la capital española-, impulsaron, por esa vía, una especie de planeta ideológico que denominaron “Iberosfera”.
De acuerdo con la definición dada en la carta, “más de 700 millones de personas forman parte de la Iberosfera, una comunidad de naciones libres y soberanas que comparten una arraigada herencia cultural y cuentan con un gran potencial económico y geopolítico para abordar el futuro”.
“La Iberosfera tiene todas las condiciones para ser una región de libertad, prosperidad e igualdad ante la ley”, agregaron los firmantes del surrealista texto de nueve párrafos, suscrito el 26 de octubre de 2020, aclarando que “sus pueblos no están condenados por ningún tipo de determinismo histórico”.
“Sin embargo, una parte de la región está secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista, apoyados por el narcotráfico y terceros países”, continuaron divagando en descontrolada imprecisión.
“Todos ellos, bajo el paraguas de Cuba e iniciativas como el Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, que se infiltran en los centros de poder para imponer su agenda ideológica”, plantearon, a continuación.
El foro y el grupo son los principales/recurrentes ejemplos que el conservadurismo
-específicamente, el continental americano- usa en su constante esfuerzo por asustar con la amenaza comunista, la que, según la misma campaña, es necesario frenar para que no se apodere de la región.
El primero fue creado en 1990, a iniciativa del primer ministro (1959-1976) y presidente (1976-2008) cubano Fidel Castro -fallecido en 2016-, y del sindicalista, dirigente político, y hasta ahora tres veces presidente (2003-2007, 2007-2011, desde 2023) brasileño Luiz Inácio “Lula” da Silva, durante el Encuentro de Partidos y Organizaciones Políticas de Izquierda de América Latina y el Caribe, reunión llevada a cabo en la sudoriental ciudad brasileña de São Paulo.
El foro surgió tras el lanzamiento, en 1989, del Consenso de Washington (Washington Consensus), la eufemística denominación de una decena de antipopulares/nefastas recetas socioeconómicas elaboradas por entidades capitalistas asentadas en Washington, tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos (US Department of the Treasury).
El grupo -creado en 2019, en la ciudad de Puebla, capital del estado mexicano de igual nombre en el centrosur del país-, es un centroizquierdista foro político/académico que se define como un tanque de pensamiento que “trabaja por el desarrollo integral de los pueblos latinoamericanos”.
Los firmantes de la Carta de Madrid también plantearon, en su patética verborrea -tenazmente, usando agotadas/simplistas/imprecisos lugares comunes ideológicos-, que “la amenaza no se circunscribe exclusivamente a los países que sufren el yugo totalitario”.
Y, por si eso fuese poco, agregaron, de inmediato, en una explosión de paranoia, que “el proyecto ideológico y criminal que está subyugando las libertades y derechos de los pueblos de la región tiene como objetivo introducirse en otros países y continentes con la finalidad de desestabilizar las democracias liberales y el Estado de Derecho”.
En realidad, todas esas arbitrarias afirmaciones son de perfecta aplicación a los regímenes derechistas y ultraderechistas continentales -presentes, como el trumpiano y el bukeliano, y pasados, como las nazi dictaduras militares, invariablemente apoyadas por Estados Unidos-.
Enunciadas las manipuladoras motivaciones, el grupo firmante pasó a formular, en la carta, cuatro puntos declaratorios conceptualmente gastados, pero presentados a manera de espectaculares enunciados -que no son más que patéticas aseveraciones por pare de medio centenar de igualados posando como brillantes ideólogos-.
Según el primero de los cuatro planteamientos, “el avance del comunismo supone una seria amenaza para la prosperidad y el desarrollo de nuestras naciones, así como para las libertades y los derechos de nuestros compatriotas”.
De acuerdo con el segundo, “el Estado de Derecho, el imperio de la ley, la separación de poderes, la libertad de expresión y la propiedad privada son elementos esenciales que garantizan el buen funcionamiento de nuestras sociedades, por lo que deben ser especialmente protegidos frente a aquellos que tratan de socavarlos”.
En tercer lugar, “la defensa de nuestras libertades es una tarea que compete no solo al ámbito político, sino también a las instituciones, la sociedad civil, los medios de comunicación, la academia, etc” -en realidad, blancos, todos, de regímenes como el de Trump, el de Maduro, el de los copresidentes nicaragüenses, el cubano, lo mismo que de las pasadas dictaduras militares nazis latinoamericanas.
Y, como cuarta declaración caracterizada por el enorme simplismo conceptual, “el futuro de los países de la Iberosfera ha de estar basado en el respeto a la democracia, los derechos humanos, el pluralismo, la dignidad humana y la justicia, por lo que los abajo firmantes expresan su compromiso de trabajar conjuntamente en defensa de estos valores y principios”.
Entre los cincuenta firmantes se destacan -en orden de aparición en el texto-:
-Eduardo Bolsonaro, diputado brasileño, hijo del patético ex presidente (2019-2023) Jair Bolsonaro
-Eduardo Verástegui, asesor mexicano de Trump
-Giorgia Meloni, primer ministra italiana
-José Antonio Kast, presidente electo chileno
-María Corina Machado, opositora venezolana
-Roger Noriega, embajador de Estados Unidos en la OEA durante la presidencia de GW Bush
-Santiago Abascal, presidente de la derechista oenegé española Fundación Disenso.
Dato fundamental: la Carta de Madrid es un invento promovido por entidades ultraderechistas españolas tales como el partido político VOX, el Foro Madrid, y la Fundación Disenso.
Vox es presidido por su fundador, Abascal, un connotado patán de características similares a las de Trump -es, entre otros rasgos en común con el estadounidense, xenofóbico, misógino, homofóbico-.
Respecto a la inmigración, en diferentes momentos, Abascal ha aseverado -discriminatoriamente- que “no todo el mundo cabe en un país”, o -en insultante simplismo trumpiano- que “una nación sin fronteras no es una nación, igual que una casa sin paredes deja de ser un hogar”.
También se parece al tirano estadunidense, cuando, en materia de represión como esencia de política de seguridad, ha expresado -en alusión a España, y con exceso de manipulador simplismo- que “la dictadura progre, ha impuesto una visión según la cual el delincuente es una especie de víctima de la sociedad, que se ve empujado a cometer los delitos”.
El Foro Madrid -que se autopresenta como “una iniciativa de la Fundación Disenso”-, se proyecta, oficialmente, como “una alianza internacional en la que caben todas aquellas personas que, independientemente de su ideología, comparten la defensa de la Libertad, la Democracia y el Estado de Derecho”.
La Fundación Disenso, también presidida por Abascal -uno de sus tres cofundadores, en 2020-, se describe, en su sitio en Internet, como un inofensivo “laboratorio de ideas orientado a la defensa de valores como la libertad, la soberanía nacional, la vida, la familia y el Estado de Derecho” -en el cual, obviamente, los “progres” no tienen cabida-.
Kast comparte, plenamente, los valores -en realidad, antivalores- impulsados por el partido, el foro, y la fundación -o sea, por Abascal-.
Mientras fue diputado (2002-2006, 2006-2010, 2010-2014, 2014-2018), y como católico extremista, Kast se opuso, por ejemplo, al aborto, a la distribución sin costo del método anticonceptivo de emergencia conocido como “píldora del día después”, al matrimonio de parejas de igual sexo.
En el marco de su segunda campaña presidencial (2021), su plan de gobierno incluyó la eliminación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género para ser reemplazado por un eventual Ministerio de la Familia -denominación menos “progre” y más ultrarreligiosamente correcta-.
Mostrándose como el misógino que es, JAK ha declarado que “la píldora del día después, no se debe vender ni siquiera en farmacias, ni un organismo público puede tener nada que ver”.
En su discurso de extremista católico, ha aseverado que “la píldora privilegia el placer, por sobre todo”, debido a lo cual “es la píldora del egoísmo, es la píldora que hace vivir la sexualidad con miedo a un ser indefenso que está por nacer (…) y lo queremos matar, con esa píldora”.
De acuerdo con lo revelado por Viento Sur, “en 2017, en el marco de su primera incursión presidencial, su esposa, Pía Adriasola, relató en una entrevista que al manifestar su deseo de postergar un embarazo antes de tener a su tercer hijo -el matrimonio tiene nueve-, consultó a un médico que le recetó anticonceptivos orales”.
“Al comunicarle esta decision a Kast, según su propio testimonio, él reaccionó con la frase ‘¿Estás loca? No se puede’ y la llevó ante un sacerdote, quien le indicó que el uso de esas pastillas estaba prohibido”, agregó la revista.
En la misma línea ultra, la homofobia de JAK está registrada en afirmaciones tales como “qué pasará, con el matrimonio, cuando un hombre heterosexual se enamora de un hombre que se siente mujer, que, luego, se transforma, y, ahora, es mujer -y borra todos sus antecedentes-?”.
La convergencia conceptual Trump-Kast, resulta evidente, marco en el cual el tirano estadounidense se refirió, horas después de la victoria electoral del chileno, en términos favorables, a su futuro colega.
Interrogado, en conferencia de prensa, el 14 de diciembre, en la Casa Blanca, sobre si influyó en el triunfo de la ultraderecha, en Chile, Trump respondió evasivamente -como suele ocurrir-.
“Recién tuvimos una buena, en Honduras, como ustedes saben, tuvimos una gran elección, allí”, planteó, en referencia a los comicios llevados a cabo, el 30 de noviembre, en ese país centroamericano.
Marcado por irregularidades al por mayor, el conteo de votos presidenciales se extendió hasta el 24 de diciembre, con ajustada ventaja -menos de un punto porcentual- del candidato derechista Nasry “Tito” Asfura -popularmente conocido como “Papi, a la orden”-, frente al centroderechista Salvador Nasralla.
En medio de cuestionamientos que han incluido denuncias de fraude, contabilizado 99.2 por ciento de los sufragios, el cuestionado Consejo Nacional Electoral dio, el 24 de diciembre, como ganador, a Asfura -postulado por el derechista Partido Nacional-, con 40.2 por ciento, frente a Nasralla -su principal adversario, y candidato por el centroderechista Partido Liberal-, con 39.3 por ciento -hiperajustado margen de ventaja: 0.88 puntos porcentuales-.
Sin perjuicio de que el resultado oficial aún se desconocía, Trump dijo, respecto a Asfura -a quien, antes de la votación, llamo a los hondureños a respaldar, amenazándolos-, que “apoyé a alguien que no estaba encabezando, y ganó la elección”.
“Y tuvimos una buena, hace un par de horas (…) en Chile”, siguió diciendo, para agregar que “la persona que apoyé, quien no estaba encabezando, termino ganando, bastante fácilmente”, y aseguró que “tengo entendido que es una buena persona”.
Otros exponentes de la tóxica ultraderecha internacional, también se expresaron favorablemente, al comentar el triunfo del pinochetista.
- En una declaración difundida -en inglés y en español-, en su sitio en Internet, por el Departamento de Estado estadunidense, su titular, Marco Rubio, señaló que “Estados Unidos felicita al presidente electo José Antonio Kast de Chile por su victoria electoral”.
“Bajo su liderazgo, estamos seguros de que Chile avanzará en prioridades comunes, entre ellas el fortalecimiento de la seguridad pública, el fin de la inmigración ilegal y la revitalización de nuestra relación comercial”, agregó.
- “Estados Unidos espera con interés trabajar en estrecha colaboración con su gobierno para profundizar nuestra asociación y promover la prosperidad común en nuestro hemisferio”, planteó a continuación.
- Por su parte, el corrupto/guerrerista primer ministro de Israel, Benjamin “Bibi” Netanyahu, expresó, en un mensaje difundido un día después del gane de Kast, similares conceptos.
- “Felicitaciones, presidente electo José Antonio Kast, por su victoria”, planteó Netanyahu, en el breve texto en redes sociales.
- “Israel ansía trabajar estrechamente con usted y Chile para profundizar la cooperación en seguridad, innovación, agua, agricultura y crecimiento económico para fortalecer la sociedad entre nuestras democracias”, agregó.
A manera de anticipo de su previsible política exterior, Kast realizó, dos días después de la victoria, su primera visita fuera de Chile como presidente electo: su futuro colega argentino, el impresentable motosierrista/plagiador de libros Javier Milei.
Al ingresar JAK a la oficina presidencial en la Casa Rosada, Milei exclamó, sonriente: “felicitaciones! Qué triunfazo!”, y, abrazando a su huésped, agregó: “fue glorioso!”.
En declaraciones a periodistas, a su llegada a Buenos Aires, Kast abordó, entre otros temas, el referido a la masiva migración -principalmente venezolana- que registra Sudamérica.
“Cuando nosotros empecemos a cerrar, con más fuerza, los pasos irregulares en Chile, puede darse la situación de que busquen entrar a Argentina”, señaló, a manera de anticipo de lo que será su demonizadora política migratoria.
“Eso, hay que advertirlo y conversarlo, para tomar las medidas adecuadas”, aclaró, de inmediato.
En conferencia de prensa posterior al encuentro en la Casa Rosada, dijo que, entre otros puntos abordados, planteó, a Milei, que “necesitamos una coordinación, para abrir un corredor humanitario de devolución de esas personas, a sus respectivos países”, y precisó que “hemos encontrado muy buena acogida”.
Quien no acogió nada bien el planteamiento del pinochetista, fue el patético dictador de Venezuela, Nicolás Maduro.
En declaraciones en televisión, dirigiéndose a Kast, dijo, en tono de fuerte advertencia: “usted podrá ser seguidor de Hitler, y educado en los valores de Hitler, usted podrá ser pinochetista convicto y confeso, pero, cuidadito le toca un pelo a un venezolano”.
La reacción del chileno consistió en minimizar las expresiones del tirano sudamericano/caribeño, cuando aseguró, arrogantemente, que “las palabras de Maduro, me tienen sin cuidado”.
“Es un dictador, un narcodictador, y, hoy día, está pasando momentos difíciles, por la presión que está ejerciendo Estados Unidos -seguramente, quizás luego, otros países-, porque la exportación de la droga no es aceptable”, agregó.
La visita a Milei fue seguida, la semana siguiente, por un encuentro con el también derechista presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, proyectando reunirse, en enero, con el también ideológicamente afín presidente peruano, José Jerí -el reemplazante de la derechista/represora Dina Boluarte (2022-2025), recientemente defenestrada-.
Al llegar a Quito, la capital ecuatoriana, el pinochetista planteó la necesidad de dar respuesta regional a lo que describió como las amenazas transnacionales de narcotráfico, migración irregular, terrorismo.
“Lo que buscamos es coordinarnos y trabajar en conjunto para enfrentar estos flagelos”, aseguró, en declaraciones a periodistas.
Kast presentó, a Noboa -como lo hizo durante su encuentro con Milei, y seguramente o hará en el diálogo con Jerí-, la hipócrita fórmula xenofóbica del “corredor humanitario”, que no es sino la satanización/expulsión de migrantes en exilio obligado -principalmente, venezolanos-.
De los algo más de ocho millones de nacionales de Venezuela en el exilio -desde 2014, cuando estalló la presente crisis en ese país-, por lo menos 300 mil están en Chile, de acuerdo con datos oficiales y de organizaciones defensoras de los derechos humanos.
La ruta de su visita a Ecuador, incluyó, el 22 de diciembre, una escala técnica en Lima
-la capital de Perú-, donde Kast se reunió, en el Aeropuerto Internacional “Jorge Chávez”, con el canciller peruano, Hugo de Zela.
Al respecto, la cancillería local informó, en la red social X, que “el presidente electo Kast reiteró la importancia de priorizar el trabajo conjunto y coordinado entre ambos países para enfrentar la inseguridad y la migración irregular”.
“En el encuentro de cortesía, el líder chileno conformó que su primer viaje internacional en 2026 será al Perú”, agregó el ministerio.
Por su parte, De Zela aseguró que Kast se reunirá, en enero, en Perú, con Jerí, y que uno de los temas a ser abordados será la creación del corredor para atender “casos estrictamente humanitarios”.
La intensa actividad viajera el gobernante electo parece indicar que, con los regímenes afines, quiere constituir un frente común para reprimir la migración irregular -con la mira puesta en los venezolanos quienes huyen de la tiranía maduriana-.
Pareciera que el pinochetista quiere adaptar, a la realidad migratoria regional presente, el nefasto Plan Cóndor de la segunda mitad del siglo 20, la alianza -promovida por Estados Unidos- que permitía a las dictaduras sudamericanas de entonces, perseguir, detener, repatriar, torturar, desaparecer, en cualquiera de los respectivos países, a opositores de cualquiera de esos países quienes, masivamente, buscaban seguridad en el exilio.
Por esa vía, fueron asesinados -apenas en Buenos Aires, la capital argentina- numerosos opositores a diferentes dictaduras -a manera de ejemplo, y además de altos números de perseguidos anónimos-: el general boliviano Juan José Torres, el general retirado chileno Carlos Pratts, los legisladores uruguayos Héctor Gutiérrez Ruiz y Zelmar Michelini-.
La iniciativa de Kast para reprimir regionalmente la migración, es una de las 18 “propuestas presidenciales para el país” que constituyen el plan de gobierno para el regreso del pinochetismo al poder.
Bajo el lema de campaña “La Fuerza del Cambio” -desbordante de autoritarismo-, en el “Plan Escudo Fronterizo” se indica -marcando un notorio símil con la satanización trumpiana de la inmigración irregular- que “Chile enfrenta una crisis migratoria sin precedentes”.
En alusión al límite terrestre de 169 kilómetros, con Perú -país que es parte del principal corredor migratorio venezolano en Sudamérica-, y al de 168 con, con Bolivia, se afirma que “nuestra frontera norte, abandonada por años, se ha convertido en una franja sin ley, por donde ingresan cientos de miles de ilegales, arrastrando consigo delincuencia, narcotráfico, trata de personas, de armas y explotación laboral”.
Según el plan de características Maga -y con deficiencias en materia de sintaxis/puntuación, como no podía ser de otra manera-, “el Estado ha perdido el control, pero eso está por cambiar”
-claro que sí, pero mal-.
Además, se explica que “el plan ‘Escudo Fronterizo’ no es solo una política de migración, es una declaración de soberanía nacional” que implica “medidas firmes”, tales como “un cierre total de la frontera a la inmigración ilegal”.
“Es decir, el cierre de los pasos no habilitados, sanciones severas y un despliegue militar y policial sin precedentes”, lo que recuerda a la nefasta combinación represiva militar-policial impuesta por la dictadura uruguaya (1967-1983) bajo la etiqueta de Fuerzas Conjuntas.
En este sentido, en el marco del anunciado “Despliegue militar y policial permanente”, en el plan kastiano se asevera que “las Fuerzas Armadas y de Orden, constituidas como une Fuerza de Tarea Conjunta, tomarán el control absoluto de la frontera norte”.
Para ello, “se desplegarán 3.000 efectivos en turnos rotativos, con bases de operaciones, garantizando la presencia contante y disuasiva para interceptar, detener y reconducir inmediatamente a cualquier migrante ilegal que intente ingresar al país“.
Según “la fuerza del cambio”, llegó la hora de ejercer la autoridad y exigir el cumplimiento integral de la ley” -según lo que la ultraderecha golpista chilena entiende por “autoridad”, “cumplimiento”, y “ley”-.
El kastochetismo prevé, además, expulsiones express, ya que “las deportaciones se ejecutarán en menor tiempo posible, con vuelos/traslados directos a sus países de origen o de donde ingresaron”, y, “si (esos países) no cooperan, Chile tomará represalias económicas y diplomáticas ” -exactamente como ocurre en el trumpiano mundo Maga-.
Por supuesto que plan implica cero espacio para la solidaridad, para la defensa de los derechos humanos, para tener en cuenta la situación de poblaciones migrantes particularmente vulnerables -tales como mujeres, niños, personas sexualmente diversas-.
Al respecto, en el “Plan Escudo Fronterizo”, se determina, categóricamente: “no más ONG entorpeciendo expulsiones”.
Y se incluye la amenaza de que “se sancionará a cualquier organización que obstruya el proceso o fomente la migración irregular”, además de que “no habrá procesos de regularización masiva de inmigrantes ilegales” -cero acceso al mercado laboral, al sistema de salud, al sistema educativo-.
La demonización salpica también al sector privado, ya que, entre otras medidas descritas como “radicales”, se prevé “Sanción económica a empleadores: Se impondrán fuertes multas a quienes contraten ilegales”.
En síntesis, en el xenofóbico plan represivo se incluye “Un Mensaje Claro: Aquí Mandamos Nosotros”, y se vaticina que la iniciativa “será la política de migración más firme en la historia de Chile” -es decir, la violación de los derechos humanos como norma-.
El matonismo pinochetista incluye, en el plan, tres amenazas concretas: “los que entre ilegalmente serán expulsados”, “los que contraten ilegales serán sancionados”, “los que intenten cruzar encontrarán un muro infranqueable y Fuerzas Armadas listas para actuar” -Trump no lo habría expresado mejor-.
Igualmente, asegura que “Chile es un país soberano y vamos a defenderlo. ¡Se acabó la impunidad!” -algo así como: Make Chile Great Again-.







