Canadá enfrenta dilema geopolítico latinoamericano

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Ilustración de personas y símbolos de Canadá

En medio de una creciente rivalidad entre potencias globales y un sistema internacional cada vez más inestable, Canadá enfrenta un dilema estratégico en su relación con América Latina: cómo defender el multilateralismo y los derechos humanos sin romper su histórica dependencia política y económica con Estados Unidos.

La discusión surge en un contexto que el primer ministro canadiense, Mark Carney, describió recientemente como una transformación profunda del orden mundial. Durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos, el mandatario advirtió que el mundo atraviesa una ruptura del sistema internacional que predominó durante décadas, dando paso a una etapa marcada por la competencia entre grandes potencias.

Un mundo en tensión

El escenario geopolítico se volvió aún más complejo tras los recientes ataques militares coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán, que provocaron represalias con misiles , drones en Medio Oriente y tensiones en rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz.

Estas tensiones no solo afectan a esa región. También repercuten en el hemisferio occidental, donde Washington ha endurecido su política hacia gobiernos considerados cercanos a Teherán, especialmente Venezuela y Cuba.

Durante años, Caracas y Teherán mantuvieron acuerdos de cooperación en áreas como energía, defensa e infraestructura. Tras el aumento de la presión estadounidense, la situación se intensificó cuando fuerzas norteamericanas capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro a inicios de 2026, generando un nuevo capítulo de tensión regional.

La sombra de la doctrina Monroe

Para la politóloga Marie-Christine Doran, de la Universidad de Ottawa, este panorama refleja el regreso de una lógica histórica en la política hemisférica estadounidense.

Según la investigadora, la estrategia actual recuerda a una reformulación de la Doctrina Monroe, que tradicionalmente concibe a América Latina como área de influencia directa de Washington.

Esta perspectiva también ha sido criticada por el Nuevo Partido Democrático de Canadá, que advirtió que una política de ese tipo puede amenazar la soberanía de los países del continente, incluida la propia Canadá.

Entre autonomía y alineamiento

Históricamente, Ottawa ha intentado mantener cierta independencia frente a Washington. Un ejemplo es la Ley sobre Medidas Extraterritoriales Extranjeras, creada para proteger a empresas canadienses frente a sanciones estadounidenses aplicadas fuera de su territorio, especialmente en relación con Cuba.

Sin embargo, esa autonomía ha tenido límites claros. Desde 2017, Canadá se ha alineado con las sanciones internacionales contra el gobierno venezolano y, en 2019, el entonces primer ministro Justin Trudeau apoyó la estrategia internacional que desconocía la legitimidad de Maduro.

Según Doran, estas presiones externas han tenido consecuencias ambiguas. Paradójicamente, afirma, algunas acciones internacionales terminaron fortaleciendo el autoritarismo dentro del propio sistema político venezolano.

Un papel limitado en el continente

El politólogo Peter McKenna, de la Universidad de la Isla del Príncipe Eduardo, considera que Canadá podría desempeñar un rol más activo en el hemisferio occidental, pero muchas veces evita iniciativas diplomáticas por temor a la reacción de Washington.

Aunque Ottawa es uno de los principales contribuyentes financieros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), su influencia política dentro del organismo continúa siendo limitada.

Intereses económicos en juego

Más allá de la diplomacia, América Latina representa un espacio económico estratégico para Canadá. Ottawa busca reforzar su integración con la Alianza del Pacífico, integrada por Chile, Colombia, México y Perú.

El comercio con estos países superó los 52 mil millones de dólares en 2021, mientras que las inversiones canadienses en la región superaron los 65 mil millones, especialmente en minería, energía y servicios financieros.

Sin embargo, estas relaciones económicas conviven con preocupaciones sobre retrocesos democráticos en algunos países y con la expansión de iniciativas de seguridad impulsadas por Washington, como el programa regional conocido como “Escudo de las Américas”.

El refugio del multilateralismo

Ante este escenario, especialistas consideran que la principal defensa de Canadá sigue siendo el sistema internacional basado en normas.

Sin embargo, el jurista Bernard Duhaime ha señalado una paradoja: aunque Canadá se incorporó a la Organización de los Estados Americanos en 1990, todavía no ha ratificado los principales tratados del sistema interamericano ni reconoce plenamente la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Un equilibrio difícil

Para analistas y diplomáticos, la política canadiense hacia América Latina refleja un delicado equilibrio entre intereses económicos, cautela frente a Estados Unidos y defensa del multilateralismo.

En un mundo marcado por conflictos y rivalidades geopolíticas crecientes, Ottawa intenta mantener su identidad como potencia media comprometida con la cooperación internacional. Sin embargo, su margen de maniobra en el continente americano continúa condicionado por la influencia de su poderoso vecino del sur.

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