George Rodríguez/Foto-Medios
Joe Biden y Kamala Harris, respectivamente, presidente y vicepresidenta electos de Estados Unidos, están apostando, decididamente, a la recomposición del tejido social de esa nación, desgarrado por la polarización resultante de casi cuatro años de un gobierno destructivo, caracterizado por la insensibilidad social, la agudización del racismo, la profundización de la xenofobia.
El mensaje que los próximos gobernantes estadounidenses comunicaron -con energía y convicción-, la noche del 7 de noviembre, a todos sus compatriotas -incluidos quienes no votaron por ellos, en las elecciones realizadas cuatro días antes- fue, puntual y enfatizadamente ese: hay que lograr la unidad nacional.
Mientras continúa el conteo de sufragios, las cifras difundidas por los principales medios de comunicación del país, para la votación presidencial, son irrefutable prueba de la división: al 8 de noviembre, los votos reunidos por Biden superaba el nivel sin precedente de 75 millones, frente a los -también impactantes- algo más de 70 millones obtenidos por el autoritario presidente estadounidense, Donald Trump, quien, infructuosamente, procuró la reelección.
Lo ajustado de los números -al menos hasta ahora-, es preocupante, ya que significa que casi la mitad del electorado considera que la nefasta gestión gubernamental de Trump-probablemente el peor presidente en la historia de Estados Unidos- ameritaba el premio de un cuatrienio adicional.
Entre sus profusas fallas figuran destacadamente -y sumadas a las más de veinte mil mentiras proferidas antes de terminar su tóxico período presidencial, según diversas fuentes periodísticas-, la criminal omisión en cuanto a hacer frente a la pandemia mundial del nuevo coronavirus -ignorando la brutal realidad de que Estados Unidos es el país líder en casos y víctimas fatales-.
Igualmente, el insensible debilitamiento del sistema de salud accesible para la mayoría de los estadounidense, el flagrante fomento del racismo y la xenofobia, lo mismo que de la brutalidad policial.
Próximos a iniciar uno de los más difíciles mandatos gubernamentales, enmarcado en las múltiples crisis que golpean al país, Biden y Harris aseguraron que su administración hará frente a las emergencias.
Y, a diferencia de Trump, que no ha cesado en insultarlos, ninguno de los dos, en sus respectivos mensajes de unidad y esperanza nacionales, encontró necesario regresarle las ofensas -ni siquiera mencionar su nombre-.
Solamente dejaron perfectamente clara la legitimidad de su inminente administración, no sólo numéricamente sino también moralmente.
“Amigos: el pueblo de exzta nación, ha hablado: nos ha entregado una victoria clara, una victoria convincente, para ‘nosotros, el pueblo’”, subrayó Biden, al inicio de su alocución, citando las palabras iniciales de la Constitución estadounidense.
“Ganamos con la mayor cantidad de votos emitida, alguna vez, para una fórmula presidencial, en la historia de nuestra nación: 74 millones”, señaló, en alusión al cálculo de sufragios contabilizados hasta el momento de su mensaje.
Biden aseguró que ello implica un fuerte compromiso, de su administración, con los estadounidenses en general, más allá de filiación ideológica.
“Prometo ser un presidente quien procure no dividir sino unificar, quien no vea estados rojos o estados azules, vea sólo Estados Unidos”, expresó, durante el acto político llevado a cabo en la ciudad de Wilmington, en el nororiental y costero estado de Delaware, donde Biden reside.
El mandatario electo hizo así alusión al hecho de que, desde el punto de vista electoral, los estados en los cuales el ahora gobernante Partido Republicano son definidos como “rojos”, mientras que los de predominio del Partido Demócrata son descritos como azules.
“Yo busqué este cargo, para restaurar el alma de Estados Unidos, para reconstruir la columna vertebral de esta nación -la clase media -, y para hacer que Estados Unidos sea respetado nuevamente en todo el mundo, para unirnos, aquí, en casa”, agregó, en alusión a la clase socioeconómica de la cual proviene, lo mismo que Harris.
“Démonos, mutuamente, una oportunidad”, exhortó Biden, a sus compatriotas, para agregar que “es tiempo de eliminar la retórica severa, bajar la temperatura, mirarnos mutuamente otra vez, escucharnos mutuamente otra vez, y progresar”.
En este sentido, reflexionó que “tenemos que dejar de tratar, a nuestros adversarios, como nuestro enemigo”, y subrayó: “son estadounidenses, son estadounidenses”.
En opinión del presidente electo, “es tiempo de sanar, en Estados Unidos”.
Al hacer referencia la trabajo que, junto con la vicepresidenta electa, está desarrollando con miras a la instalación de su administración -en poco más de dos meses-, planteó: “ahora que esta campaña terminó, cuál es la voluntad del pueblo? Cuál es nuestro mandato?”.
“Creo que es este: Estados Unidos nos llamó, para dirigir las fuerzas de la decencia, las fuerzas de lo justo, dirigir las fuerzas de la ciencia, y las fuerzas de la esperanza”, comenzó a responder.
“Y las grandes batallas de nuestro tiempo: a batalla para controla el virus, la batalla para construir prosperidad, la batalla para asegurar la atención medica de la familia de ustedes, la batalla para lograr justicia racial y erradicar el racismo sistémico en este país”, continuó planteando.
“Y la batalla para salvar a nuestro planeta mediante el control del clima, la batalla para restaurar la decencia, defender la democracia, y dar a todos, en este país, una oportunidad justa”, porque “eso es todo lo que están pidiendo: una oportunidad justa”.
En cuanto a las acciones con miras a la instalación de su gobierno, anunció que, esta semana, designará una fuerza de tarea, integrada por especialistas, para acometer los diversos frentes de crisis, además de atender el proceso de cambio de gobierno.
“El lunes, nombraré a un grupo de científicos líderes, y expertos, y asesores en transición (gubernamental) para que ayuden a tomar el (…) plan Biden-Harris, y coinvertirlo en un verdadero modelo que comenzará el 20 de enero de 2021”, anunció, mencionando la fecha de juramentación presidencial y vicepresidencial.
“Ese plan será construido sobre ciencia sólida, será construido bajo compasión, empatía, y preocupación”, explicó, para asegurar que “no voy a escatimar ningún esfuerzo -ninguno-, ningún compromiso, para voltear esta pandemia”.
En materia de política exterior, reafirmó la visión -de todas las administraciones estadounidenses, sin perjuicio del partido que gobierne- de liderazgo a nivel internacional.
“Esta noche, el mundo entero está mirando a Estados Unidos”, expresó.
“Debemos liderar”, señaló, a continuación, para agregar que “Estados Unidos es un faro para el globo”, y reafirmar que “debemos liderar”.
Al respecto, Biden declaró que “lideraremos no solamente con el ejemplo de nuestro poder sino con el poder de nuestro ejemplo”.
En el mensaje que antecedió al de Biden y con el cual presentó al mandatario electo, Harris también subrayó la necesidad de unidad.
Al hablar, directamente, “al pueblo estadounidense, sin importar por quién votaron”, la actual senadora expresó, respecto a su papel en el próximo gobierno, que “me esforzaré por ser una vicepresidenta (…) leal, honesta, y preparada, despertando, cada mañana, pensando en ustedes y en su familia”.
“Porque ahora es cuando el verdadero trabajo empieza, el trabajo duro, el trabajo necesario, el trabajo bueno, el trabajo esencial, para salvar vidas y derrotar a esta pandemia, para reconstruir nuestra economía de modo que funcione para la gente trabajadora”, precisó.
Igualmente, “para erradicar el racismo sistémico en nuestro sistema judicial y nuestra economía, para combatir la crisis climática, para unir a nuestro país, y sanar el alma de nuestra nación”, siguió planteando.
La vicepresidenta electa advirtió sobre la complejidad de la tarea que el próximo gobierno deberá cumplir, pero aseguró que el país, y sus próximos gobernantes pueden llevarla a cabo.
“El camino por delante no será fácil, pero Estados Unidos está pronto, y también lo estamos Joe y yo”, expresó.
Respecto a Biden, y a la proyección global del próximo gobernante, enfatizó que “hemos elegido a un presidente que representa lo mejor de nosotros, un líder a quien el mundo respetará y a quien nuestros niños admirarán, un comandante en jefe quien respetará a nuestras tropas y mantendrá seguro a nuestro país, y un Crescente para todos los estadounidenses”.







