George Rodríguez/Foto-Medios
El nuevo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, inició su mandato dirigiendo, a sus compatriotas, un mensaje de esperanza y un llamado a la unidad para reconstruir al país.
En este sentido, el 46 presidente del país aseguró que, si bien la unidad es uno de los componentes más elusivos de la democracia, se esforzará por reunir a los norteamericanos.
En el mensaje inaugural, frente al Capitolio -la sede del Poder Legislativo, en Washington-, Biden, quien fue senador durante casi cuatro décadas, hizo alusión al intento de violenta toma de esas instalaciones, el 6 de enero, por centenares de simpatizantes de su antecesor inmediato (2017-2021), el ultraderechista Donald Trump, y aseguró que algo así no volverá a ocurrir.
El nuevo mandatario, señaló, además, los componentes de la múltiple crisis nacional que enmarca el inicio de su presidencia (2021-2025), y que incluye, como urgencia nacional, la pandemia mundial del nuevo coronavirus, que golpea, con la mayor fuerza, a Estados Unidos.
“Pocos períodos en la historia de nuestra nación han sido más desafiantes o difíciles que aquel en el que estamos ahora”, expresó.
“Un virus que ocurre una vez en un siglo acecha silenciosamente al país”, y “ha cobrado tantas vidas, en un año, como las que Estados Unidos perdió en toda la Segunda Guerra Mundial”, señaló, en alusión al conflicto armado que se desarrolló desde 1939 hasta 1945.
“Millones de trabajos se han perdido, cientos de miles de negocios cerraron”, continuó explicando.
Además, se escucha “un clamor por justicia racial que se ha extendido unos 400 años, un clamor que no puede ser más desesperado ni más claro”, agregó.
“Y, ahora, un surgimiento de extremismo político, supremacía blanca, terrorismo doméstico que debemos confrontar, y que derrotaremos”, subrayó.
Aunque sin nombrarlo, Biden hizo, así, alusión a la crisis social por Trump, con su apoyo -en algunos casos explícito- a grupos supremacistas, y con declaraciones -verbales y en la red social Twitter- incitando a hechos de violencia -como el intento de toma del Capitolio-.
Esta acción, llevada a cabo por centenares de simpatizantes de Trump, se enmarcó en el ilegal esfuerzo del ex presidente por deslegitimar la victoria de Biden en la elección presidencial de 3 de noviembre, todo lo cual es considerado, por algunos analistas y dirigentes políticos, como un intento de autogolpe de Estado.
“Superar estos desafíos -recuperar el alma y asegurar el futuro de Estados Unidos- requiere más que palabras”, reflexionó Biden, para precisar que “requiere la cosa más elusiva en una democracia: unidad”.
“Hoy, en este día de enero, mi alma entera está en esto: reunir a Estados Unidos, unir al pueblo, y unir a nuestra nación”, expresó el mandatario, en el mensaje que dirigió al país, inmediatamente después de su juramentación.
“Le pido, a cada estadounidense, que se una a mí, en esta causa”, exhortó, para, a continuación, describirla como “unidad para combatir a los enemigos comunes que enfrentamos: ira, resentimiento, odio, extremismo, anarquía, violencia, enfermedad, desempleo, desesperanza”.
En la visión de Biden, “con unidad, podemos hacer grandes cosas, importantes cosas”, lo que implica que “podemos corregir errores, podemos poner a las personas a trabajar en buenos empleos, podemos enseñar a nuestros niños en escuelas seguras”.
Asimismo, “podemos superar este mortífero virus, podemos premiar el trabajo, reconstruir la clase media, y hacer que la atención médica sea segura para todos, podemos impartir justicia racial, podemos hacer de Estados Unidos, nuevamente, la fuerza líder del bien en el mundo”, continuó enumerando.
Principal responsable de la múltiple crisis que afecta a Estados Unidos, y fiel a su habitual conducta tóxica, Trump optó por no asistir a la ceremonia de juramentación de Biden, rompiendo flagrantemente una tradición política nacional.
Unas horas antes de que iniciara la actividad, en el cercano Capitolio, Trump abandonó, junto con su familia, la Casa Blanca.
Desde allí se desplazó, a bordo de un helicóptero militar, a la cercana Base Conjunta Andrews (Joint Base Andrews), donde dio un contrastante discurso de despedida, antes algunos simpatizantes allí reunidos.
“Estaré mirando, estaré escuchando”, afirmó, en tono amenazante y nada conciliador.
“Volveremos, de alguna forma”, afirmó, además de anunciar -sin especificarlas- que “ustedes van a ver cosas increíbles que ocurrirán”, para agregar: “recuérdennos, cuando vean esas cosas increíbles que ocurrirán”.
El ex presidente finalizó el discurso asegurando que “los veremos, pronto”.
Durante la alocución, omitió mencionar a Biden, su vencedor en la votación presidencial de noviembre, y persistió en la ofensiva conducta de no felicitarlo por ese triunfo.
A continuación, Trump y su familia abordaron el avión presidencial Air Force 1 (Fuerza Aérea 1), para dirigirse al sudoriental estado de Florida, donde el mandatario cuenta, en el sector de Palm Beach, con una importante propiedad turística, denominada Mar-a-Lago.
A diferencia de Trump, los ex presidentes George W. Bush, Bill Clinton, y Barack Obama, estuvieron presentes en la toma de posesión de Biden.
La jornada tuvo fuerte marca femenina, con la juramentación de la vicepresidenta, Kamala Harris, la primera mujer, afrodescendiente, y de ascendencia surasiática quien asumió el cargo.
Además, Harris fue juramentada por Sonya Sotomayor, la primera magistrada de origen latinoamericano -madre y padre puertorriqueños- en la Corte Suprema.
Por otra parte, el himno nacional fue entonado por la cantante conocida como Lady Gaga, quien, además, interpretó una canción patriótica estadounidense, lo mismo que, en otro momento de la ceremonia, la actriz y cantante de origen puertorriqueño Jennifer López.
En una de las dos interpretaciones a su cargo, López incluyó algunas expresiones en español, para plantear que Estados Unidos debe ser “una nación con justicia, para todos”.







