Cinco años después del lanzamiento de la Estrategia de Educación para las Personas Refugiadas 2030 de ACNUR, el reciente informe revela que, aunque se han logrado avances significativos, casi la mitad de los 14,8 millones de niñas y niños refugiados en edad escolar aún no tienen acceso a la educación.
El análisis, basado en datos de 65 países que acogen refugiados, muestra que alrededor de 7,2 millones de menores siguen sin escolarizar. Las causas de esta exclusión van desde la inseguridad hasta la falta de políticas inclusivas, la capacidad limitada y las barreras lingüísticas, lo que impide que esta población vulnerable desarrolle su pleno potencial.
Datos preocupantes y desafíos persistentes
El informe indica que las tasas de matriculación para el ciclo académico 2022-2023 son mixtas. En el nivel preescolar, solo el 37% de los niños refugiados están inscritos, mientras que la educación primaria alcanza un 65%, y la secundaria, un 42%. El acceso a la educación terciaria, clave para el futuro laboral de los refugiados, apenas ha aumentado, manteniéndose en un modesto 7%. Esta cifra está lejos de la meta del 15% establecida para 2030, a pesar de que 50.000 personas refugiadas adicionales se matricularon en estudios superiores durante el último año.
Impacto de la guerra en Ucrania
La situación en Ucrania ha agravado la crisis educativa de las personas refugiadas. Más de 600.000 niños y jóvenes desplazados por la guerra continúan sin acceso a la educación, enfrentando su cuarto año escolar interrumpido.
El poder transformador de la educación
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, destacó el papel crucial de la educación en la vida de los refugiados, especialmente en la prevención de problemas como el embarazo adolescente, el matrimonio precoz y los comportamientos de riesgo. “La educación abre las puertas a un mayor acceso al mercado laboral y permite a los refugiados ganarse la vida y mantener a sus familias”, afirmó.
Avances y esperanza
A pesar de las dificultades, se han visto mejoras en países clave de acogida, donde algunos refugiados han superado incluso los promedios nacionales en exámenes. Esto se debe en parte a iniciativas como el programa de becas DAFI y a la creciente cooperación entre gobiernos e instituciones educativas.
El camino hacia el 2030
ACNUR hace un llamado urgente a los gobiernos y a la comunidad internacional para redoblar los esfuerzos en garantizar que todos los refugiados tengan acceso a una educación de calidad antes de 2030. Sin un compromiso renovado y una inversión significativa, millones de jóvenes seguirán sin oportunidades de prosperar y construir un futuro mejor.







