El imperio estadounidense no permitirá que, en su patio trasero americano, surja ninguna amenaza, y está dispuesto a usar -en la región y en el resto del planeta- su fuerza militar para que el futuro de la humanidad sea más seguro.
El imperio estadounidense no permitirá que, en su patio trasero americano, surja ninguna amenaza, y está dispuesto a usar -en la región y en el resto del planeta- su fuerza militar para que el futuro de la humanidad sea más seguro.
Tales contradictorios conceptos fueron enunciados por Donald Trump, el dictador de Estados Unidos, al participar en la primera jornada de la Semana de Alto Nivel (22-28 de setiembre), al inicio de la 81 Sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Además de mentir, alevosamente, sobre la supuesta bonanza estadounidense, de tergiversar realidades tales como el genocidio del que es cómplice en la palestina Franja de Gaza, de insistir en que terminó con ocho guerras a nivel mundial, pintó un panorama continental americano de sometimiento al imperio -específicamente, al trumpismo-.
En este sentido, se refirió al golpe de Estado que, bajo su orden, fuerzas militares perpetraron, la madrugada del 3 de enero, en Venezuela, para derrocar y secuestrar al patético dictador (2013-2026) Nicolás Maduro -preso, desde entonces, en una cárcel neoyorquina, a la espera de juicio como narcotraficante-.
También planteó la necesidad imperial de que México sea más eficaz en el combate al narcotráfico, además de vaticinar un pronto “cambio de situación” en Cuba.
“Nuestras acciones en Venezuela, son prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que amenazas, a Estados Unidos, se fortalezcan en ninguna parte en el Hemisferio Occidental”, aseguró.
“Y, de ser necesario, usaremos nuestra sin igual fuerza militar ara asegurar los vitales intereses nacionales de Estados Unidos”, amenazó, a continuación.
Respecto a sus antecesores en la Casa Blanca, aseveró que, “por décadas, otras administraciones permitieron que mucho de esta región fuese dominado por despiadadas pandillas y sanguinarios carteles de drogas, desestabilizado por migración descontrolada e infiltrada por hostiles adversarios extranjeros -enfermos, dementes adversarios
extranjeros-”.
De inmediato, advirtió: “pero ya no”.
“Estamos reafirmando el poder estadounidense, incluido el poder militar estadounidense, donde sea necesario, en nuestra región y alrededor del mundo, para crear un futuro más seguro para todos nosotros”, aseveró.
“Está ocurriendo, y está ocurriendo rápidamente”, garantizó.
“Al asumir el cargo, designé, a los carteles de drogas, como organizaciones terroristas, y solté a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos para eliminarlos”, planteó.
“Los carteles son el Isis del Hemisferio Occidental, no son buena gente, son enemigos en guerra con la civilización, usando el asesinato, la violación, la tortura, y la extorsión como instrumentos de terror -como Isis-”, planteó, en referencia a la sigla de la denominación en inglés de la organización terrorista islámica Estado Islámico en Irak y Siria (Islamic State in Iraq and Syria, Isis) -más conocida como Estado Islámico (Islamic State, IS), y, en transliteración del árabe, al-Dawla al-Islamiya fi al-Iraq wa al-Sham (Daesh)-.
“Hay que matarlos, exiliarlos, o detenerlos como combatientes enemigos, sin la posibilidad de liberación -que es lo que estamos haciendo-”, recomendó.
En cuanto a México, acusó al norteamericano país latinoamericano de ser “el epicentro de la violencia de los carteles”.
“Lamentablemente, es inaceptable, para Estados Unidos, compartir una frontera de dos mil millas, con un territorio controlado por carteles, de modo que México debe recuperar, de los enemigos de la humanidad, el control de su propio suelo”, dijo.
No obstante las críticas -que no fundamentó- en tono de amenaza, dijo, al auditorio internacional, que “siento orgullo en decirles que tenemos una muy buena relación con el gobierno mexicano”.
En marcado contraste con la patanería imperialista trumpiana, la ejemplar presidenta de México, Claudia Sheinbaum, impone, con carácter, el respeto a la soberanía nacional.
Según Trump, “hemos hecho grandes avances, muy grandes avances con México”, y “ellos tampoco quieren carteles”.
Respecto a la isla caribeña agredida, hace décadas, por Estados Unidos, señaló que “mi administración también está buscando un cambio fundamental en la situación en Cuba, donde el régimen comunista está bajo gran presión, la mayor presión bajo la cual han estado”.
Trump aludió así a la intensificación del bloqueo económico/político impuesto en 1962, ahora agudizado por el aislamiento energético luego de que, con el derrocamiento de Maduro y el control imperial sobre Venezuela, el régimen cubano se vio privado del petróleo venezolano.
Sumado a ello, el trumpismo ha impedido la llegada de crudo de otros países -medida parcialmente flexibilizada-, lo que ha generado, entre otras dificultades, extensos apagones diarios a nivel nacional.
“Es un estado absolutamente fallido”, dijo Trump en podio de la Asamblea General, para agregar: “está fallando como nunca antes, y va a caer”.
“No permitiremos que un santuario para adversario extranjeros amenace a Estados Unidos en nuestra propia puerta”, amenazó.
“El régimen cubano también ha pasado décadas coordinando con los radicales de izquierda y redes comunistas, aquí, en Estados Unidos”, dijo, para asegurar que “el comunismo nunca vendrá a Estados Unidos, pero la libertad vendrá a Cuba, y la protección y la seguridad vendrán a México”.
Trump dedicó una parte considerable de su tóxico discurso de casi 40 minutos, a Irán, a exponer, ante la comunidad internacional, su manipuladora narrativa respecto a la guerra que inició, el 28 de febrero, contra la brutal teocracia musulmana que gobierna, desde 1979, al país ubicado en la confluencia de Oriente Medio y el extremo occidental de Asia.
El dictador estadounidense se unió, entonces, al guerrerista/corrupto primer ministro Israelí, Benjamin “Bibi” Netanyahu, en la ofensiva bélica que, seis meses después de lanzada, no presenta perspectiva de solución inmediata.
Respecto a lo que presentó como la falta de decisión del gobierno (2021-2025) de su antecesor inmediato, el ex senador (1973-2009) y ex vicepresidente (2009-2013, 201-2017) demócrata Joe Biden, dijo que “no hay mejor ejemplo del peligro que se permitió que tomara fuerza ante el peligro del mundo, que el patrocinador numero uno del terror: la República Islámica de Irán”.
“Por 51 años, el fanático régimen de Irán ha gobernado con derramamiento de sangre y asesinato masivo, extendiendo muerte y matanza por todo el Oriente Medio y más allá”, agregó.
Quedó así demostrada -por enésima vez- la incompetencia de Trump y de sus fascistamente patéticos asesores, ya que la dictadura iraní se instaló en 1979 -o sea, hace 47, no 51 años” -que alguien les enseñe a usar una calculadora-.
Pero, dados su ignorancia y su matonismo, ninguna inexactitud les importa, y la dan como verdad solamente porque ellos la cometen.
“Fueron el matón de Oriente Medio, pero ya no son el matón”, aseguró Trump, para agregar, de inmediato, el mantra belicista: “desde el primer día que entré a la arena política, he sido inclaudicable: nunca permitiré que Irán tenga un arma nuclear”.
Y, en un nuevo y fenomenalmente torpe intento por engañar nada menos que a la comunidad internacional, planteó que, “en dos semanas, marcaremos el tercer aniversario del ataque del 7 de octubre en Israel, donde terroristas financiados por Irán, torturaron, mutilaron, y mataron a mil doscientos muy inocentes civiles, incluidos decenas de estadounidenses, y muchos bebés -bebés, pequeños, minúsculos, hermosos bebés”.
Avanzando en el tiempo, y refiriéndose a la acción bélica de febrero de este año contra Irán, dijo que, “como resultado de la Operación Furia Épica (Operation Epic Fury), todos los 159 barcos de su marina están ahora en el fondo del mar”.
“Igualmente, su fuerza aérea, se fue; su radar, se fue; su equipo antiaéreo, se fue; su capacidad de fabricación de misiles y drones, casi se fue; su economía, se fue”, señaló, en belicista enumeración.
“La única cosa que no se fue, es la inflación, que está destruyendo a su país, y está, ahora, muy por encima de 300 por ciento”, aseguró.
“Pero yo tengo una gran decisión que tomar”, planteó, como reflexionando.
“Se hará un acuerdo, con Irán, que les permita reconstruir y crear un país mucho más grandioso que antes?”, preguntó, para agregar: “posiblemente uno de los mas grandes”.
“O aniquilo a la República Islámica -y lo hago rápidamente-, nunca dándoles la oportunidad de matar y destruir gente y países otra vez?”, volvió a preguntar.
“Los dirijo al infierno, sin posibilidad de sobrevivencia y sin esperanza de grandeza futura por generaciones?”, siguió inquiriendo.
“Pero yo creo que vamos a hacer un acuerdo después de la elección, porque no tiene sentido, para ellos, no hacerlo”, dijo, a continuación, en referencia a los comicios legislativos y municipales programados para el 3 de noviembre -y que, según encuestas y análisis políticos, el trumpismo tiene casi que garantizado perder, ejemplarmente-.
El guerrerismo imperialista estadounidense fue, en cierta medida, el hilo conductor de la diatriba trumpiana.
Respecto a versiones periodísticas basadas sobre datos oficiales, en el sentido de que el apoyo a militar a Israel y la guerra contra Irán están vaciando el arsenal estadounidense, el único dictador anaranjado en la historia, fue enfático en negarlo.
“A los cobardes y traidores les gustaría decir que Estados Unidos está bajo en municiones, pero eso no es verdad”, dijo.
“Tenemos más municiones que las que podríamos siquiera pensar en usar, y estamos construyéndolas a niveles que nunca tuvimos antes”, agregó.
“Estamos aumentando nuestros arsenales más rápido que nunca ates, cosas de primera”, aseguró, para afirmar que, “además, en el futuro muy cercano, se abrirán masivas plantas de municiones”.
“Hay 18 que están siendo construidas por las más grandes compañías de defensa en el mundo, ahora, 18 en construcción”, y “algunas serán completadas muy rápidamente, están casi ahí”, según el tirano belicista.
“Y la construcción rápida conducirá a muy rápida movilización de misiles de todo tipo, y municiones de todo tipo, y vamos a poder abastecer a nuestros aliados a un ritmo mucho más rápido que como lo estamos haciendo ahora”, garantizó.
Uno de sus aliados, el nazi presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, lo observaba/escuchaba, atentamente, en el espacio de la delegación de ese país europeo envuelto, desde 2019, en la guerra -con Rusia- que, durante su campaña electoral 2024, Trump aseguró que resolvería el primer día de su segundo destructivo mandato (2025-2029).
Aunque es el campeón mundial de la incompetencia, Trump insistió en su recurrente crítica contra la administración Biden -a quien califica de incompetente-, y dijo que “nosotros heredamos, de la anterior administración, una era oscura de Estados Unidos, y la convertimos en una era de oro de Estados Unidos”.
“El mundo entero está siendo levantado por la riqueza, la fuerza, el espíritu, y el impulso de un nuevamente energizado y muy poderoso Estaos Unidos de América”, aseguró, desde su ilusoriamente eficaz gestión presidencial.
“Y, así como nos movimos rápidamente para atender los problemas que heredamos en casa, hemos actuado con decisión y velocidad para dar nueva firma al escenario mundial, y resolver problemas que nos han acosado hace mucho”, planteó.
“Entonces, mientras otros han hablado, yo he actuado; mientras otros han hablado de paz, yo he hecho la paz; mientras otros han ignorado amenazas, yo las he confrontado; mietras otros han hablado de valentía, Estados Unidos la ha mostrado”, expresó.
Y, la amenazante autoalabanza imperialista/guerrerista: “mientras otros han prometido fuerza, yo la he usado para hacer de Estados Unidos el país más poderoso del mundo”.







