Dos estilos políticos separados por un abismo
Luis Inácio “Lula” da Silva y Javier Milei están separados por un abismo imposible de superar.
Es un anchísimo/profundísimo abismo integral que tiene que ver con irreconciliables diferencias que van más allá de la obvia divergencia ideológicas.
Lula es un combativo sindicalista histórico quien ha introducido, en la responsabilidad presidencial, fuertes cargas de ética, de firmeza combinada con humildad, así como de empatía, sinceridad, compromiso con la gente -principalmente la que está en la base de la injusta pirámide socioeconómica-, a todo lo cual suman inagotable claridad conceptual, discurso coherente, interlocución firme al tiempo que respetuosa.
Milei es un patán igualado quien, gracias a la democracia -de la que es frontal enemigo-, llegó a la presidencia -cargo que ha convertido en destructiva arma política-, además de que es un personaje incoherente, autoritario -aunque, por momentos, aparenta no serlo-, corrupto, íntegramente desagradable, carente de empatía, hipócrita, fenomenalmente ignorante, desprovisto de ética -en suma: esencialmente mediocre-.
El discurso de Lula es directo, sencillo, equilibrado, además de que su interpretación de situaciones, su disentir de opiniones, su confrontación ideológica, su exposición de conceptos se caracterizan por la razonabilidad, el respeto, la firmeza, la coherencia.
El líder brasileño/latinoamericano debate, argumenta, conceptualiza con natural facilidad, con la seguridad/la dignidad de quien se expresa con honestidad, de quien respeta la diversidad, de quien no se considera superior ni inferior a nadie, de quien sabe que el dueño de la verdad no existe.
En cambio, Milei -inevitable víctima de su natural limitación intelectual- presenta una irreversible incapacidad para razonar, exponer argumentos, justificar opiniones, respaldar ideología -de modo que se escuda detrás la irracionalidad, la patanería, el insulto-.
El impresentable motosierrista argentino carece de capacidad para debatir, argumentar, conceptualizar, de modo que -en instintiva obediencia a su natural mediocridad- grita, insulta, desacredita, estigmatiza, simplifica, generaliza, odia.
La intervención de Milei en Brasil
Milei exhibió, espectacularmente, varias de sus repulsivas características, durante su participación, en Brasil, en la convención que el ex gobernante y derechista Partido Liberal (PL) brasileño -el ex Partido de la República (Partido da República, PR)- llevó a cabo, el 25 de julio, en la ciudad de São Paulo -la capital del estado de igual nombre, en el sureste del país-.
La actividad del PL, realizada en el Estadio Municipal “Paulo Machado de Carvalho” -más conocido como Arena Pacaembu -por estar ubicado en el barrio paulista de Pacaembu-, fue el marco público para el lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio
Bolsonaro, con miras a las elecciones programadas para el 4 de octubre, en el geográficamente mayor país latinoamericano.
Participando en calidad de orador invitado, y perpetrando flagrante injerencismo extranjero en un proceso electoral, Milei apoyó, con exagerado matonismo/excesiva procacidad, la candidatura presidencial de su correligionario liberal.
El candidato, actualmente senador, es hijo de Jair Bolsonaro, el ex presidente brasileño (2019-2023) y líder liberal quien cumple, desde el 11 de setiembre de 2025, sentencia de 27 años y tres meses de prisión por haber participado en el intento golpista del 8 de enero de 2023, contra Lula -una semana después de instalado el tercero de sus hasta ahora tres mandatos presidenciales (2003-2007, 2007-2011, desde 2023)-.
Con superabundancia de procacidad, Milei arremetió contra Da Silva, y profirió, además, algunas de sus favoritas expresiones de recurrente denuesto ideológico para referirse a la izquierda y al socialismo.
“Es un gran placer, para mí, estar en este país, entre quienes comparten mi pasión por las ideas de la libertad, y esto cobra especial relevancia, en tiempos como este, cuando toda una nación se debate entre la liberación o una prolongación de su sometimiento al zurdo”, dijo -temprano en su insoportable verborrea de casi media hora-, calificando, despectivamente, a Lula como izquierdista.
Y, sin subterfugios, expuso su claro injerencismo electoral cuando aseguró, al auditorio bolsonarista: “quiero compartir, con ustedes, algunas palabras que, si Dios lo permite, ayudarán a inclinar la balanza en favor del bien, animándolos a perseguir, con ímpetu, ese cambio que están buscando”.
Pero, aplicando el doble rasero que la ultraderecha suele usar -para justificar lo injustificable, o para culpar sin fundamento-, lanzó la teoría conspirativa según la cual el gobierno de Lula interfirió en la votación presidencial argentina de 2023, a favor del candidato peronista/centroizquierdista Sergio Massa -a quien Milei venció, en segunda vuelta, con la amplia ventaja de 11 puntos porcentuales-.
Brasil era, entonces, “un vecino que se metía en la política de argentina, para tratar de torcer la historia en favor de los zurdos de mierda!”, gritó el motosierrista, sin tener en cuenta que restaba, flagrantemente, tratando de “torcer la historia en favor” -en este caso, de los fachos de mierda-.
“Digo, estoy hablando de ese mismo que mete preso a opositores por sólo el hecho de ser opositores”, aseveró, a continuación, respecto a Da Silva y al hecho de que Bolsonaro cumple prisión por golpista -no por capricho de Lula sino como resultado de un proceso judicial-.
Apoyado sobre su falsa imagen de sabio economista y autor de libros -plagiados- en la materia, Milei vaticinó que, “hoy, Brasil va camino a una crisis de deuda derivada de que Lula no hizo el ajuste fiscal que la situación demandaba, y, ahora, la está empeorando para tener chances para ganar” la próxima/cercana elección presidencial.
A continuación, agregó que “el despilfarro, tarde o temprano, se paga, y esperemos que lo pague aquel que lo causó, perdiendo, en las urnas, en octubre” -agudizando el injerencismo electoral-.
“Volvió, al poder, radicalizado, tomando páginas del libro de desastres que, en Argentina, escribió el kirchnerismo”, siguió desvariando, ahora en referencia que los dos anteriores mandatos presidenciales de lula, y a los gobiernos peronistas/centroizquierdistas argentinos respectivamente presididos por Néstor Kirchner (2003-2007) -fallecido en 2010- y su esposa, Cristina Fernández de Kirchner -popularmente conocida por sus iniciales, CFK- (2007-2011, 2011-2015).
Ante lo que describió como el “riesgo Lula”, para la economía brasileña, aseguró que “hay alguien que (…) está dispuesto a hacerle frente, y convertirse en la voz de esa mayoría silenciosa que ya sufrió abusos”.
De inmediato, aclaró lo obvio: “hablo de Flávio Bolsonaro, hijo de mi gran amigo el ex presidente Jair Bolsonaro”.
Haciendo un paréntesis de falsedad, para referirse a su frustrado intento por reunirse con el golpista preso, dijo -en procaz referencia a Lula-, que, “para colmo, la basura calva no me permitió visitar a mi amigo injustamente encarcelado” -en realidad, cumple la sentencia en situación de casa por cárcel-, y planteó que “esto no es más que una clara muestra de la injusticia de su detención”.
“Estimado Jair: te abrazo a la distancia. Que lo que los burócratas, hoy, están impidiendo, prontamente se hará realidad, y nos volveremos a dar un abrazo con el querido Jair Bolsonaro”, expresó, ahora dirigiéndose al golpista frustrado.
A continuación, fue prolífico en elogios para el candidato presidencial, diciendo que “considero que, hoy, Flávio es la persona que puede parar a Lula, y ponerse al frente de un verdadero cambio para todos los brasileros” -usando el gentilicio con el cual, popularmente, en Argentina y en Uruguay, se hace referencia a los brasileños-.
“Hoy, Brasil puede sumarse a la transformación regional de la que hemos sido testigos en estos últimos años, que hará, de Latinoamérica, una región sinónimo de progreso, y no de miseria romantizada bajo carátulas de realismo mágico”, dijo, de inmediato -queriendo, aunque obviamente sin éxito, parecer culto-.
“Creo, firmemente, que no hay otro capaz de terminar con el ‘riesgo Lula’ -que pende, sobre Brasil, como una espada de Damocles-”, señaló.
“Y sé que no hay otro para hacerle frente a las organizaciones criminales y carteles de narcotráfico que tiene a tantos barrios, comunidades, y hasta ciudades enteras, de rehén”, porque “sólo alguien con una voluntad de hierro, puede hacerle frente, porque no es sencillo llevar adelante semejante batalla, y, en eso, confío, plenamente, en mi amigo Flávio Bolsonaro”, agregó, en su discurso proselitista argentino en la campaña electoral brasileña.
Formuló esas aseveraciones, ocultando el hecho de que el verdadero perfil de Flávio Bolsonaro, en materia de criminalidad, se consolidó mientras fue diputado en la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro (2003-2007, 2007-2011, 2011-2015, 2015-2019).
El caso de las rachadinhas
De acuerdo con lo informado, en diciembre de 2018, por el diario brasileño O Estado de São Paulo, el Consejo para el control de las Actividades Financieras (Conselho de Controle de Atividades Finenceiras, Coaf), reveló, en un informe, el involucramiento del entonces legislador en un caso de corrupción.
Se trató del “caso de rachadinhas”, denominación tomada de la expresión brasileña que (pronunciada, en portugués, “rashadiñas”) describe el delito mediante el cual un trabajador de alguno de los poderes del Estado es obligado a entregar, a su jefe o a quien éste indique, una parte de su salario mensual.
Según el Coaf, una cuenta bancaria a nombre de Fabrício Queiroz -un ex asistente del entonces diputado carioca (de Río de Janeiro)-, registró actividad sospechosa, en el período 2007-2018 -la casi totalidad de la diputación de Flávio Bolsonaro-, por 1.2 millones de reales (casi 240 mil dólares).
La Fiscalía de Río de Janeiro realizó, durante aproximadamente dos años, una investigación que derivó en la tipificación -a Bolsonaro, Queiroz, y otras 15 personas- de los delitos de fraude, malversación, blanqueo de capital.
Pero el Superior Tribunal de Justicia (Superior Tribunal de Justiça, STJ) -la Corte Suprema de Justicia de Brasil- invalidó las pruebas, y anuló, en su totalidad, los cargos, según resolución emitida en 2021 -eso, a la mitad del período presidencial de Jair Bolsonaro (2019-2023)-.
Habiendo, convenientemente/manipuladoramente, omitido del perfil delictivo del candidato, Milei siguió hablando del combate a la criminalidad, enfocándose en políticas a las que se opone porque no son exclusivamente represivas.
“Ya probamos con el garantismo, ya probamos con la paciencia y la piedad del que delinque, y todos y cada una de esas estrategias socialistas fracasaron”, afirmó el presidente argentino cuya fascista ex ministra de Seguridad (2023-2025) -actualmente, senadora-, Patricia Bullrich, promovió la política de priorización de la represión, mediante lo que popularmente fue denominado la “política del gatillo fácil”.
“Por eso, los brasileros ya saben que sólo hay una fórmula exitosa para erradicar la delincuencia, y es: el que las hace, las paga!”, dijo -otra vez, gritando-, para agregar que “ya demostramos que todo esto es posible, en Argentina”.
Respecto al rioplatense y andino país sudamericano, y en obsesivo denuesto de las peronistas/centroizquierdistas administraciones de Kirchner, CFK, y Alberto Fernández (2019-2023), y sus respectivas políticas económicas, soltó el recurrente insulto antizquierdista: “hemos visto cómo, nuestra nación, de ser una potencia mundial, los zurdos de mierda nos hundieron en la pobreza!”.
Enfocándose en las presidencias de Kirchner y CFK, y refiriéndose a Lula, se refirió a “el kirchnerismo -es decir, la versión argentina de ‘el presidiario’-”.
En el caso de Da Silva aludió así a la detención que Lula sufrió, en 2018-2019, bajo el régimen de Michel Temer (2016-2018), como corrupta acción -manipulando al Poder Judicial- para impedir que el líder máximo del izquierdista Partido de los Trabajadores (Partido dos Trabalhadores, PT) compitiera en la campaña presidencial de 2018 -en la que era favorito, pero fue ganada por Jair Bolsonaro-.
Los cargos fueron eventualmente anulado por el STJ, que determinó, el 8 de noviembre de 2019, la puesta en libertad de Da Silva.
Insistiendo en su gastada/histérica fobia ideológica, Milei dijo, en la asamblea del PL, que “el camino al socialismo es -siempre, y en todo lugar- el camino al totalitarismo, porque el socialista tiene que usar todos los medios a su alcance, para negar una realidad que demuestra que sus ideas son falsas, nocivas, y destructivas para cualquier nación”.
“Y, así, usan todas las herramientas coercitivas del Estado, para ello -creo que están al tanto de ese tipo de cosas, acá-”, agregó, en supuesta ironía, en uno de los momentos de improvisación en su discurso leído.
“Brasil, aún no vivió las consecuencias más nefastas y profundas de este modelo, pero puede vivirlas si no da una vuelta de timón”, aseguró, para agregar -otra vez, gritando-, en promoción del candidato presidencial brasileño: “confiamos en ti, Flávio, para lograr parar a la basura socialista!”.
Y, dirigiéndose al auditorio, planteó: “no les sorprenda que, siempre, van a ver, a los socialistas, del lado de los ladrones”, subrayando, también a gritos: “porque los socialistas, son ladrones!”.
“Por eso, hoy, el socialismo latinoamericano está siendo erradicado, elección tras elección: Argentina, Colombia, Perú, Chile, Ecuador, y esperemos que, en octubre, sea también Brasil liberal!”, exclamó, en alusión a los gobiernos derechistas encabezados, respectivamente, por Milei, Abelardo de la Espriella (desde el 7 de agosto), Keiko Fujimori (desde el 28 de julio), José Antonio Kast, Daniel Noboa.
“Sin embargo, esa ideología se aferra, aún, a Brasil, de la mano de uno de sus principales promotores y más longevos exponentes, y, por este motivo, frente al aislamiento y la amenaza, ha profundizado su modelo populista”, agregó.
“Nosotros fuimos testigo de lo que ha sido capaz el socialismo, cuando ha estado acorralado, sabemos de lo que estamos hablando”, insistió, además de asegurar que, “cuando sus privilegios están en juego, no hay nada que estén dispuestos a dejar de hacer”, para lanzar la alarmista/conspirativa advertencia: “y el futuro de todos los brasileros, sufrirá por eso”.
“Por ende: no se dejen robar el futuro a manos de socialistas ladrones!”, exhortó -insistiendo en los gritos-, antes de subrayar lo que describió como el “modus operandis” del socialismo -que alguien le enseñe, al facho ignorante, que la expresión es “modus operandi”-.
No obstante el sombrío panorama que describió, el liberal libertario argentino aseguró -en términos netamente trumpianos- que “confío en que Brasil podrá volver a ponerse de pie, porque eso es lo que Flávio representa”.
“Optando por las ideas de la libertad, volverán a ser testigos de una prosperidad a la altura de Brasil”, pronosticó, cual oráculo del siglo 21.
“Y, cuando finalmente comiencen a ponerse de pie, ustedes los sabrán con certeza, porque, a uno a uno, los referentes del progresismo internacional darán inicio a sus campañas de difamación”, advirtió, desbordando sabiduría trumpiana.
De modo que “prepárense, porque los zurdos no tienen problema en jugar sucio, prepárense a una gran batalla”, aconsejó, agregando que “los argentinos, hace tiempo que lo venimos viviendo en carne propia”.
“Querían que siguiéramos siendo vanguardia de lo peor de lo peor”, ahora plagiando del lema “worse of the worse” (“lo peor de lo peor” o “los peores de los peores”) creado por el criminal escuadrón paramilitar estadounidense denominado Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE) para referirse a quienes fascistamente detiene.
En el clímax de su entusiasmo ideológico, gritó: “vamos Flavio! Vamos para adelante!”, y
-ahora, plagiando la consigna trompista de “Hacer a Estados Unidos Grande Otra Vez” (“Make America Great Again”)- “hagan Brasil grande, nuevamente!”.
La reacción de Lula, en dos momentos, a la vulgaridad injerencista de Milei, tuvo la calidad humana/ideológica que caracteriza al estadista/líder brasileño.
La respuesta de Lula
Durante una actividad oficial, el 27 de julio, en Brasilia -la capital nacional-, a la pregunta, de un periodista -“Presidente: cómo fue que usted vio esa historia de Milei?”-, la respuesta, en fina ironía política y enunciación popular, fue: “quién ese ese tipo?” (“quem é ese cara?”).
Por otra parte, durante su participación en la Convención Nacional del Partido Socialista Brasileño (Partido Socialista Brasileiro, PSB), el 29 de julio, en São Paulo, pulverizó la patanería del matón argentino.
“Ustedes vieron la payasada que hizo, aquí, el presidente de la Argentina”, comenzó a exponer.
“Yo no hablé nada, porque mi relación es una relación de jefe de Estado con (un) Estado”, explico, a continuación.
Al señalar la decisión de no entrar en polémica con el injerencista -además de asegurar que “me gusta el pueblo argentino”-, precisó: “yo no voy a estar intercambiando nada, con esa cosa”.
“Lo que quiero decirles es lo siguiente: yo aprendí, muy temprano, a caminar con la cabeza erguida; yo aprendí, muy temprano, a gustar del respeto, y a respetar a las personas; yo aprendí, muy temprano, que no soy mejor pero también no soy peor que nadie, y que no soy el que sabe menos pero también que no soy el que sabe más”, planteó, a manera de reflexión.
“Yo, solamente, quiero ser igual, y quiero tener la oportunidad de saber todo lo que los demás pueden saber”, dijo.
Y, dirigiéndose al auditorio -aunque en un claro mensaje a patanes de la calaña de Milei, de Trump, y de quien sea-, formuló un enunciado de poderosa dignidad -brasileña, y latinoamericana-: “yo quiero decirles que, mientras yo sea presidente, mientras esté vivo, nadie, de afuera, va a meter la nariz en las elecciones brasileñas”.
Una poderosa lección, que, por la calidad humana/política que implica, “um cara” como Milei jamás podrá aprender.







