Washington.– El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a generar controversia internacional al reiterar su propuesta de anexar Canadá como el “estado 51”, coincidiendo con la jornada electoral en el país norteamericano.
En un mensaje difundido en su red Truth Social, el mandatario pidió a los votantes canadienses respaldar a un líder que, según él, tenga la “fortaleza y visión” para reducir impuestos, fortalecer el poder militar y expandir sectores estratégicos como el automotriz, energético y siderúrgico. Para lograrlo, insistió en que Canadá debería integrarse a Estados Unidos como su “querido 51 estado”.
Las declaraciones han sido interpretadas como una nueva injerencia en los asuntos internos de Canadá, especialmente sensible en un día en que los ciudadanos acudían a las urnas para elegir su Parlamento. La retórica de Trump no es nueva: desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2026, ha reiterado en múltiples ocasiones su interés en incorporar territorio canadiense, incluso mediante lo que ha denominado “presión económica”.
Este enfoque se ha materializado en medidas comerciales como la imposición de aranceles a productos clave canadienses —incluyendo acero, aluminio, energía y automóviles—, lo que ha tensado las relaciones bilaterales y generado acusaciones de violación del tratado T-MEC. Analistas consideran que estas acciones forman parte de una estrategia más amplia de presión sobre Ottawa.
El actual primer ministro canadiense, Mark Carney, ha respondido defendiendo la soberanía de su país y rechazando cualquier intento de interferencia extranjera. De hecho, el discurso político canadiense reciente ha estado fuertemente marcado por la postura frente a Washington, convirtiendo la relación bilateral en un tema central del debate electoral.
Diversos informes señalan que las amenazas de anexión y la guerra comercial impulsada por Trump han influido significativamente en la opinión pública canadiense, favoreciendo a sectores políticos que promueven una posición firme frente a Estados Unidos.
Además, las tensiones ya tienen efectos visibles en la economía y la relación social entre ambos países. En zonas fronterizas, negocios estadounidenses han reportado caídas importantes en el turismo canadiense, afectado por el malestar generado por los aranceles y la retórica política.
Las declaraciones de Trump también se enmarcan en una política exterior más agresiva, en la que ha planteado ideas de control territorial sobre otras regiones, lo que ha generado preocupación entre aliados tradicionales de Estados Unidos.
Mientras Canadá continúa su proceso electoral, la insistencia del presidente estadounidense en la anexión añade un elemento de tensión geopolítica que podría redefinir la relación histórica entre ambos países y alterar el equilibrio político en América del Norte.







