El nuevo embajador trumpiano en México, el obviamente derechista Ronald Johnson, se estrenó, el 19 de mayo, después de haber recibido una fenomenal puesta en su lugar, por parte de la presidenta mexicana, la centroizquierdista Claudia Sheinbaum.
Fue a raíz de ofensivas afirmaciones que Johnson formuló, en marzo, durante la audiencia que la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense realizó con miras a la ratificación de su designación -lo que la cámara alta hizo, el 9 de abril-.
Johnson expuso, al grupo parlamentario, su visión -que es la de su jefe, Donald Trump- de que, sin perjuicio de lograr cooperación con el gobierno mexicano, no hay que descartar la alternativa de intervención militar para combatir a los narcocarteles mexicanos.
El retirado coronel convertido en diplomático, fue puntualmente interrogado por el senador demócrata Chris Coons, respecto a si considera que, en territorio de México, no debe llevarse a cabo ninguna operación militar antinarco, sin el conocimiento y sin el consentimiento del gobierno de ese país latinoamericano.
Después de indicar que lo deseable, para el gobierno de Estados Unidos, es trabajar en coordinación con su contraparte de México, Johnson aseguró que “yo sé que el presidente Trump toma muy seriamente su responsabilidad de salvaguardar las vidas de los ciudadanos estadounidenses”.
- “Y, si hubiese un caso en el que las vidas de ciudadanos estadounidenses están en riesgo, creo que todas las cartas están sobre la mesa” (“all cards are on the table”), aseguró, en no tan velada amenaza.
La demoledora respuesta de Sheinbaum -enarbolando dignidad nacional frente a tales expresiones de autoritarismo imperialista- fue de claro rechazo a lo aseverado por Johnson.
- “Pues, no estamos de acuerdo”, comenzó a plantear, en su estilo intensamente sereno/seguro, durante la diaria conferencia de prensa matutina -popularmente conocida como “la mañanera”-.
- “Él dijo: ‘todo está sobre la mesa’”, agregó la presidenta, para precisar, esbozando una sonrisa: “pues, no, eso no está sobre la mesa, ni sobre la silla, ni sobre el piso, ni sobre ningún lado”.
- “Eso no”, reafirmo, además de indicar; a continuación, que, las dos naciones, “colaboramos, en un marco de respeto, nos coordinamos”.
- “En efecto, hay muy buena coordinación, y hay muy buena coordinación porque hay respeto entre ambos países”, aseguró, en el diálogo con periodistas llevado a cabo el 14 de marzo -un día después de la audiencia de Johnson en la comisión senatorial estadounidense-.
- “Y colaboración en el marco de nuestra soberanía, y de los cuatro ejes que hemos hablado aquí, que tienen que ver con la confianza mutua, que tienen que ver con que se respeten los márgenes de coordinación y colaboración en los que estamos, y, también, principalmente, con el respeto a nuestra soberanía”, explicó.
- “Entonces, vamos a seguir colaborando, coordinándonos”, vaticinó, advirtiendo, de inmediato: “como hemos dicho: a México, se le respeta”.
Fin de discusión.

El encuentro del trumpista y la jefa de Estado, en mayo, durante la entrega de credenciales diplomáticas, mostró a Johnson en una actitud diametralmente opuesta a la que exhibió en el Senado.
Poco después de la reunión, y formalmente establecido como embajador, dirigió, a los mexicanos. un mensaje, contenido en un video.
“Querido pueblo de México: muchos saludos”, comenzó a decir -en español gramaticalmente correcto, y con marcado acento estadounidense-, acompañado por su esposa, Alina Armas, oriunda de Cuba.
- “Estoy aquí, para trabajar juntos, con la presidenta Sheinbaum y su equipo, temas de interés como la seguridad, la frontera, y la migración”, indicó.
- “Las muchas llamadas entre nuestros presidentes, reflejan la importancia de nuestra relación, y prioridades compartidas”, siguió expresando.
- “Nuestra relación con ustedes, con México, es de gran importancia, no hay otra, en el mundo, que tenga un mayor impacto en las vidas de nuestros pueblos”, porque “somos más que socios: somos vecinos y amigos”, según dijo, esforzándose por agradar a las autoridades locales.
Sin embargo, de acuerdo con la información personal que se conoce públicamente, Johnson es una perfecta ficha trumpiana, un ideal operador diplomático/de inteligencia/político de Maga.
Es un ex Boina Verde (Green Beret) -integrante de las Fuerzas Especiales (Special Forces) del Ejército de Estados Unidos-, y un ex agente de la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), tareas en cuyo desempeño cumplió, durante décadas, diferentes misiones.
Además, siente particular orgullo de la tradición militarista de su familia, algo que demostró a la comisión del Senado.
Antes de responder preguntas de los legisladores, leyó una declaración de catorce mayoritariamente extensos párrafos, en la que señaló, entre otras cosas, respecto a su tarea en México, que “tengo el apoyo, en este emprendimiento, de una familia fuerte y patriótica”.
Agregó que su esposa “inmigró a este país, con sus padres, hace más de 60 años, como refugiada, de Cuba”.
- “Ella ha contribuido, activamente, a mi servicio a este país, durante más de 44 años, y no siempre ha sido fácil”, siguió narrando.
- “Mis carreras gubernamentales, han requerido frecuentes separaciones, y servicio en áreas de alto riesgo”, explicó, de inmediato, en referencia a su trabajo como militar y como espía.
- “Juntos, hemos criado a cuatro hijos (ahora) mayores: Robert, Lori, Michael, y Joshua”, indicó, además de mencionar que “nuestro hijo más joven, Joshua, es un veterano de la guerra en Irak, y, juntos, representamos la tercera y cuarta generaciones de nuestra familia, habiendo servido en combate”.
El conflicto en Irak (2003-2011), que involucró a una invasora coalición militar multinacional encabezada por Estados Unidos, marcó el derrocamiento de la dictadura (1979-2003) de Saddam Hussein (1937-2006), quien, tras su captura, en 2003, por tropas estadounidense, fue ejecutado, en 2006, mediante ahorcamiento, por el gobierno interino de Iraq -la Autoridad Provisional de la Coalición (Coalition Provisional Authority)-.
Siempre refiriéndose a su familia, Johnson dijo, a la comisión senatorial, que “mi suegro se enorgullecía al decir que no había nacido en Estados Unidos, pero que eligió a Estados Unidos como su nuevo país”.
“Después de que Cuba cayó bajo el comunismo, mi suegra ayudó a cientos de niños cubanos a huir la isla”, en vuelos comerciales con destino en la ciudad estadounidense de Miami, en el sudoriental restado de Florida, relató, además.
De acuerdo con los datos difundidos por la representación diplomática estadounidense, el 19 de mayo -fecha de llegada de Johnson, a México-, el nuevo embajador “ha servido, al gobierno de Estados Unidos, durante cuatro décadas”.
Lo hizo, “primero, como oficial en el Ejército de Estados Unidos, luego, como miembro de la comunidad de inteligencia, y más recientemente, como embajador en El Salvador”, según la misma fuente.
“Entre sus varios papeles, el embajador Johnson fue Enlace de Ciencia y Tecnología de la Agencia Central de Inteligencia con el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos en Tampa, Florida”, agregó la embajada.
“Antes de eso, fue asesor especial del Comando Sur de Estados Unidos, en Miami, gerenciando la colaboración entre el Comando y la Comunidad de Inteligencia”, y “trabajó en una amplia gama de temas, incluyendo refugiados, contranarcóticos, contraterrorismo, derechos humanos, y control de enfermedades virales tropicales”, indicó.
Sumado a todo lo anterior, “ha cumplido otras varias misiones, incluyendo como asesor especial adjunto del comandante, en el Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (2006-2008), y como alto agente de operaciones en la CIA”.
Johnson se desempeñó, asimismo, en la Guardia Nacional del ejército estadounidense en el sureño estado de Alabama -donde nació, en la ciudad de Hartselle-, fuerza a la que ingresó, en 1971, como soldado, y de la que salió, en 1984, como capitán, para servir en el Ejército de Estados Unidos, de 1984 a 1998, habiéndose retirado como coronel, según datos oficiales y fuentes periodísticas.
Las Fuerzas Especiales (Special Forces) del ejército estadounidense, en las que Johnson sirvió, y cuyos integrantes son conocidos como Boinas Verdes -por ser ésta la pieza de su uniforme que los caracteriza-, constituyen un componente militar de élite.
Según la descripción oficial, en el sitio del ejército, en Internet, se trata de una “fuerza legendaria”.
Un Boina Verde es “un experto en guerra de guerrillas, y usa tácticas no convencionales, para emprender misiones en el exterior”, además de que “cumple vigilancia en ambientes hostiles, negados (denied), o diplomáticamente o políticamente sensibles, para recolectar o verificar información de importancia estratégica”.
En materia de contrainsurgencia, “asiste en la estabilización, la defensa, y el entrenamiento de países en desarrollo enfrentados a amenazas insurgentes”.
“Los soldados de las Fuerzas Especiales están en la élite militar, y cumplen misiones con enfoque en vigilancia y desarrollo de capacidades de defensa”, de acuerdo con la extensa descripción.
De modo que -teniendo en cuenta que Trump ha etiquetado a los narcocarteles mexicanos como terroristas- el curriculum militar y de inteligencia de Johnson está hecho a la medida.
El nuevo ambassador, tuvo su primera experiencia como tal (2019-2021), en El Salvador, donde se hizo amigo de Nayib Bukele -por autodefinición, “el dictador más cool del mundo”-, al inicio de la represiva y corrupta autocracia que oprime a los habitantes del territorialmente más pequeño país centroamericano.
Johnson se convirtió en aliado y protector de Bukele, con quien desarrolló una intensa amistad a nivel personal y familiar.
El diario estadounidense The New York Times (NYT) proporcionó, el 9 de abril -día de la confirmación senatorial de Johnson como embajador en México-, una bastante completa radiografía del vínculo entre el coronel retirado y el autócrata estadounidense en ejercicio.
“Poco después de que asumió su cargo en El Salvador, el embajador de Estados Unidos en el país, Ronald Johnson, forjó una relación inusualmente cercana con el presidente salvadoreño,”, comenzó a relatar el histórico medio de comunicación -que se publica desde 1851-.
“La relación entre Johnson y el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, era tan cercana que preocupó a algunos funcionarios”, agregó.- “Ambos publicaron en las redes sociales fotos de sus familias pasando juntos los fines de semana y tuits en los que destacaban su ‘amistad personal’”, continuó narrando.
- “El vínculo siguió firme incluso en 2020, cuando el presidente Bukele fue acusado de coludirse en secreto con las pandillas locales, de acuerdo a lo que dijeron siete funcionarios y ex funcionarios”, reveló.
- “Johnson lo defendió y públicamente desestimó una carta de congresistas republicanos estadounidenses que expresaron preocupación ante la denuncia”, según la misma fuente.
- “Luego, sin motivo claro, un miembro de la embajada estadounidense que investigaba los posibles vínculos entre el gobierno y las pandillas fue enviado anticipadamente de regreso a casa”, señaló.
De acuerdo con la información del Times, “las acciones del embajador parecían contradecir los intereses del gobierno de Trump, argumentaron tres funcionarios y exfuncionarios estadounidenses que trabajaron directamente con Johnson”.
“Parecía estar más concentrado en proteger a un líder extranjero, a decir de los funcionarios, que en desmantelar a las organizaciones delictivas salvadoreñas que operan ahí y en Estados Unidos”, indicó.
Sheinbaum ha mantenido a raya, al autócrata que tiene como contraparte en Estados Unidos.
Lo ha hecho, demostrando que es una estadista de calidad, que es una líder y mujer de carácter, que su agradable naturaleza no es signo de debilidad sino todo lo contrario.
Ambos gobernantes se han comunicado telefónicamente, en varias oportunidades, abordando temas tan complejos/desagradables como, por ejemplo, el de los unilaterales aranceles con los que, manteniendo el caos como política gubernamental clave, Trump mantiene amenazado al mundo -incluidos sus dos vecinos inmediatos y socios de tratado comercial: Canadá y México-.
También han abordado la cuestión de la seguridad, con Trump enfocado -desde el obvio ángulo de la represión- en la actividad de los narcocarteles mexicanos extendida a Estados Unidos, lo que incluye el tráfico de drogas -con particular énfasis, en la sintética fentanilo- hacia territorio estadounidense, así como en el masivo ingreso de migrantes a través de la frontera entre ambos países.
Frente a todo ello -y aplicando la capacidad intelectual de la que notoriamente carece su interlocutor en la Casa Blanca-, Sheinbaum ha sostenido la posición discrepante de su administración, en lo referido a la irracionalidad de los aranceles.
Ha sido igualmente firme en subrayar la visión estratégica de que, así como es importante frenar el narcotráfico hacia Estados Unidos, es fundamental, simultáneamente, frenar el tráfico de armas desde ese país hacia México -haciéndolo, en ambos casos, sin militarización-.
También ha mantenido el enfoque humanitario de su gobierno respecto a la atención que proporciona a los miles de migrantes inmisericordemente rechazados por el régimen trumpista.
Lo hace, por ejemplo, recibiéndolos con respeto a sus derechos, teniendo en cuenta las brutales realidades de las que huyen, proporcionándoles apoyo humanitario, así como generándoles oportunidades laborales.
Como principio básico, Sheinbaum sostiene -en plena coincidencia con la fenomenalmente aleccionadora máxima juarista- que la relación México-Estados Unidos debe mantenerse, sin excepción, en el marco del mutuo respeto.
De modo que la patanería autoritaria del reincidente autócrata estadounidense, ha fracasado ante la integridad de presidenta mexicana.
Es de prever que el sicario diplomático que Trump mandó a México -aunque ya fue sosegado por la mandataria-, intente doblegar la voluntad de la jefa de Estado.
Pero el modo Sheinbaum de gobernar es -en el mejor de los casos- difícil de neutralizar: su sólida base es la dignidad -mexicana, latinoamericana, y personal-.








