Rolando Barrantes Pereira, del programa Perfiles del Centro de Investigación y Docencia en Educación de la Universidad Nacional , comparte los resultados de un estudio realizado en dos centros educativos costarricenses que enfrentan desafíos únicos debido a su ubicación y contexto social. Estos centros, el Colegio La Casona en San Vito y la Escuela Surik en la frontera con Panamá , exponen realidades que resaltan tanto en sus limitaciones como en sus esfuerzos por adaptarse a sus respectivas comunidades.
La Diversidad Cultural y su Impacto en la Educación
Barrantes señala que el Colegio La Casona, al estar ubicado en una zona indígena, reúne a estudiantes y docentes de diferentes orígenes culturales, incluyendo indígenas y no indígenas. Este entorno multicultural ha motivado a los docentes a adoptar prácticas de enseñanza y costumbres que se adaptan mejor al contexto local, incluyendo el uso de vestimentas menos occidentalizadas para reflejar el respeto y la integración hacia la comunidad.
“Es un esfuerzo por adaptarse a la zona, lo cual es un elemento muy interesante”, comenta Barrantes.
Infraestructura y Tecnología: Un Rezago Compartido
En ambos centros educativos, la infraestructura y el acceso a tecnologías modernas son retos constantes. Barrantes explica que estas deficiencias son reflejo de las limitaciones socioeconómicas de la región: «Es una zona donde el trabajo no abunda y muchas familias no cuentan con estudios superiores, lo que limita el apoyo académico en el hogar».
Estas barreras materiales y de recursos tecnológicos afectan directamente la calidad de la educación y la posibilidad de una implementación efectiva de políticas educativas.
Recomendaciones para Fortalecer la Evaluación y el Monitoreo de Políticas Educativas
Barrantes subraya la importancia de mejorar el monitoreo y evaluación de la política «Educar para una nueva ciudadanía», especialmente en estos centros con necesidades específicas.
Explica que la evaluación de políticas educativas ha sido una «deuda pendiente» a nivel nacional y que hace falta un sistema robusto que permita analizar el impacto real de estas políticas. “Es necesario instaurar una estrategia desde el Ministerio de Educación o el Consejo Superior de Educación que nos permita ver el efecto de estas políticas, los objetivos cumplidos, y los elementos a mejorar”, recomienda.
Sin este tipo de monitoreo, resulta difícil identificar las zonas críticas y realizar los ajustes necesarios. Barrantes enfatiza que este problema no es exclusivo de los dos centros mencionados, sino que afecta al sistema educativo en su totalidad.
Recalca la necesidad de instrumentos de evaluación inmediata para resarcir estas carencias y fortalecer la educación en el país.
El Rol de los Factores Económicos, Sociales y Gremiales
Los factores económicos juegan un papel crucial en la situación de estos centros. Según Barrantes, los recientes recortes presupuestarios del Ministerio de Educación Pública han impactado negativamente varios aspectos críticos, como la formación continua de los docentes, el acceso a becas y el funcionamiento de los comedores escolares. “La educación de calidad no se da solo en el aula. Depende también de factores como la alimentación, el acceso a becas y la capacitación docente”, explica.
Además, Barrantes señala que la formación docente debe ser una prioridad. Esta no solo ayuda a los docentes a comprender los fundamentos de las políticas educativas, sino que les proporciona herramientas pedagógicas y curriculares necesarias para una enseñanza de calidad. Sin embargo, los recursos limitados dificultan la implementación de programas de formación continua que fortalecen el conocimiento y las habilidades del profesorado, algo que impacta directamente en la experiencia educativa de los estudiantes.
Reflexión final
La situación en el Colegio La Casona y la Escuela Surik refleja las barreras comunes que enfrentan muchos centros educativos en zonas rurales y fronterizas de Costa Rica. La falta de recursos, la distancia de las políticas nacionales y la desconexión en la evaluación de políticas afectan tanto a docentes como a estudiantes.
Sin un cambio estructural en la asignación de recursos y en la implementación de políticas de monitoreo, estas realidades seguirán siendo una barrera para alcanzar una educación verdaderamente inclusiva y de calidad en las zonas más vulnerables del país.








