Donald Trump soltó, sin control, a menos de un mes de la próxima -y, previsiblemente ajustada- votación presidencial estadounidense, su arsenal xenofóbico, racista, misógino, clasista.
Lo hizo reiterando la narrativa de que Estados Unidos sufre una supuesta invasión de delincuentes tercermundistas -fundamentalmente latinoamericanos- quienes ingresan irregularmente, a través de la frontera sur -el límite terrestre, de aproximadamente 3,155 kilómetros, con México-.
Y como una de varias promesas de campaña electoral, anunció, para su eventual segunda presidencia, una operación de limpieza.
Si bien cargó el énfasis en la presencia, en territorio estadounidense, de integrantes de la organización venezolana de crimen organizado denominada Tren de Aragua, la mínima diferenciación que planteó, entre delincuentes y migrantes honestos, seguramente no quedó clara en el imaginario extremista de sus irracionales/acríticos/patrioteros seguidores.
Los ignorantes trumpistas, están, en términos generales, convencidos -al igual que su idolatrado líder- de que los migrantes quienes llegan en situación migratoria irregular, a Estados Unidos, son asesinos, violadores, enfermos mentales mexicanos o sudamericanos
-para ellos, al sur del Río Bravo, toda la gente es igual-.
Trump soltó, a voluntad, sus reaccionarios prejuicios, durante el acto proselitista llevado a cabo el 11 de octubre en la localidad de Aurora, en el centroccidental estado de Colorado.
Sumado a ello, en la misma actividad, mencionó -un tanto veladamente- que su plan de represiva estrategia antimigrante tiene un componente militar, algo a lo cual se refirió, inequívocamente, durante una entrevista exclusiva que la derechista red de televisión estadounidense Fox News difundió dos días después.
En Aurora, dedicó virtualmente todo su discurso -de casi una hora y media, con ilación recurrentemente precaria, colmado de irresponsable imprecisiones y de flagrantes mentiras- a satanizar/difamar a los inmigrantes indocumentados -en este caso, principalmente los venezolanos-.
Lo hizo, entre otras maneras, al formular, en materia de política migratoria, falsas acusaciones contra la administración demócrata del presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris -la actual candidata presidencial por el gobernante Partido Demócrata, y fuerte crítica de su adversario republicano-.
A su xenofobia y su racismo, Trump agregó -como suele hacerlo- su incontrolable misoginia.
Ello, no solamente al criticar a Harris -hija de una científica inmigrante de India y un economista inmigrante de Jamaica- sino al pronunciar intencionalmente mal el nombre de su rival -o al pronunciarlo correctamente, pero en tono de burla-.
Correctamente, el nombre -indio- de la vicepresidenta se pronuncia “Kámala” -acentuando la primera de las tres sílabas-, pero Trump -al igual que otros ignorantes republicanos extremistas- suele pronunciarlo “Kamála” -acentuando la segunda-.
Al aseverar -en alusión a Biden y a Harris- que “estamos gobernados por gente estúpida”, y que “no podemos soportarlo más”, se permitió decir que “Kamala ha importado un ejército de pandilleros extranjeros, e inmigrantes delincuentes, desde las mazmorras del Tercer Mundo”.
“Vienen de las mazmorras -piensen eso- las mazmorra del Tercer Mundo, de prisiones y cárceles, asilos de locos, e instalaciones mentales, y ella los ha reasentado, tan hermosamente, en la comunidad de ustedes, para que acechen a inocentes ciudadanos estadounidenses”, agregó.
“Eso es lo que (Biden y Harris) están haciendo, y no hay lugar más en evidencia que aquí, porque, en Aurora, múltiples complejos de apartamentos han sido tomados por la salvaje pandilla de presos conocida como Tren de Aragua”, aseguró.
Trump aludió así a la estructura de crimen organizado creada, en algún momento en 2007-2010, en el norteño y costero estado venezolano de Aragua, y cuya base central de operación se ubica en el Centro Penitenciario de Aragua -popularmente conocida como la cárcel de Tocorón, el nombre la ciudad, en el sur del estado, en la cual se ubica-.
La organización fue fundada como corrupta estructura sindical para, mediante sobornos, gestionar mano de obra para el frustrado Plan Socialista Nacional de Desarrollo Ferroviario, anunciado en 2006.
Ante el fracaso del plan, la organización se convirtió en estructura delictiva dedicada a contrabando, extorsión, narcotráfico, robo, secuestro, sicariato, soborno, trata de personas, entre otras actividades ilegales.
El jefe de la organización es Héctor Guerrero -alias “Niño Guerrero”-, actualmente prófugo de la justicia venezolana.
El Tren de Aragua se ha extendido fuera de Venezuela, incursionando, principalmente, en varios países latinoamericanos -el fronterizo Brasil, la también limítrofe Colombia, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Perú-, y, en menor medida, en Estados Unidos.
En su discurso en Aurora, Trump dijo, respecto al Tren de Aragua, que “los conocen en todo el mundo, son un pandilla salvaje, una de las peores en el mundo, y están creciendo, todo el tiempo, por cusa de nuestra estupidez”.
Al explicar que “son conocidos como TDA, TDA”, dijo -sin mencionar fuente de información- que el “TDA ha matado a siete personas, hoy”.
Pero la narrativa de Trump, respecto a la supuesta invasión del Tren de Aragua, choca con la realidad -como suele ocurrir con las afirmaciones del corrupto empresario, hable de lo que hable-.
InSight Crime -medio de comunicación estadounidense que lleva a cabo rigurosa investigación exhaustivamente documentada, sobre la criminalidad organizada latinoamericana-, se encargó, recientemente, de desmentir afirmaciones según las cuales la presencia de esa organización delictiva es notoria en el territorio de Estados Unidos.
La situación en ese sentido fue contextualizada, por ejemplo, en la nota analítica que, titulada, en su versión español, “Lo que sabemos de la presencia del Tren de Aragua en Estados Unidos”, InSight Crime difundió el 4 de octubre -una semana antes del discurso de Trump en Aurora-.
“La supuesta expansión del Tren de Aragua en Estados Unidos ha recibido cobertura mediática nacional y la atención de los políticos más destacados del país, lo que ha alimentado los interrogantes sobre el alcance de la presencia y las actividades del grupo”, comenzó a explicar la plataforma de comunicación.
“El grupo criminal aprovechó la migración a gran escala de venezolanos por Sudamérica para evolucionar de una banda carcelaria a un imperio criminal transnacional, estableciendo su presencia en el extranjero a partir de 2018 aproximadamente, especialmente en Colombia, Perú y Chile”, agregó.
“En vísperas de las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre, los temas de migración y criminalidad han llevado al Tren de Aragua al primer plano del debate político, lo que ha hecho conveniente que tato demócratas como republicanos adopten una postura dura contra la organización”, indicó el medio informativo.
“Las autoridades estadounidenses han identificado a presuntos miembros del Tren de Aragua en todo el país en los últimos meses y han llevado a cabo varias detenciones”, señaló, a continuación.
“Pero la reputación de la banda parece haber crecido más rápidamente que su presencia real en Estados Unidos”, precisó, además de aclarar que “InSight Crime lleva años siguiendo la pista del grupo”.
También explicó que “la falta de características distintivas entre los miembros del Tren de Aragua dificulta saber cuándo un criminal forma realmente parte de la organización”.
Sumado a ello, “la escasa colaboración entre las autoridades estadounidenses y venezolanas en materia de seguridad hace que sea casi imposible saber si una persona es un exrecluso o un presunto miembro del Tren de Aragua”, planteó.
“Y tampoco se pueden levantar banderas rojas (alertas) cuando estas personas ingresan al país”, precisó, de inmediato.
InSight crime citó, en ese sentido, reveladoras declaraciones formuladas, en setiembre de 2024, en conferencia de prensa, por el vicepresidente del Consejo de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, Chris Cabrera.
“Como agente federal, no tenemos otra forma de investigar que el sistema de honor”, ya que “si nos dicen su nombre, no podemos verificarlo con la base de datos de Venezuela”, admitió Cabrera.
El medio de comunicación informó, asimismo, que, “aunque los métodos de las autoridades para identificar a los miembros del Tren de Aragua o sus vínculos con la organización siguen sin estar claros, han surgido informes de presuntas actividades del Tren de Aragua en al menos 10 estados de Estados Unidos”.
“Los casos de Colorado, Texas y Nueva York han recibido una atención destacada, junto con otros en Illinois, Florida, Luisiana, Indiana, Georgia, Virginia y Nueva Jersey”, puntualizó.
También hizo referencia a Aurora -el caso emblematizado por Trump, en su discurso en esa localidad-.
“La policía de Aurora, Colorado, ha identificado a varios individuos a los que los funcionarios se referían como ‘miembros documentados del Tren de Aragua’, pero no han explicado la documentación específica que los vincula a la banda”, señaló InSight Crime.
Y también en un análisis, que difundió el 1 de abril de 2024 -poco más de seis mes antes de las afirmaciones del reincidente candidato presidencial republicano-, la publicación especializada expresó escepticismo respecto a la incidencia de la estructura criminal venezolana en el país norteamericano.
“El Tren de Aragua, un grupo criminal venezolano, está causando cada vez más preocupación en Estados Unidos, a pesar de que no parece tener una presencia significativa en el país y de que es poco probable que la establezca”, indicó entonces.
El medio de comunicación hizo, asimismo, referencia a “una serie de informes publicados en los últimos meses que sugieren la posible presencia de miembros del Tren de Aragua en Estados Unidos, algunos de ellos vinculados con delitos aislados”.
“Pero los pocos crímenes atribuidos a presuntos miembros del Tren de Aragua en Estados Unidos no parecen tener relación con el grupo en su conjunto ni con su liderazgo en Venezuela”, explico, de inmediato.
De modo que los datos oficiales estadounidenses evidencian a Trump como lo que es: the utmost bullshitter -lo que, de acuerdo con la definición contenida en el “Diccionario de Americanismos” de la Asociación de Academias de la Lengua Española, se traduciría como el máximo hablamierda-.
Bullshitter deriva de la expresión bullshit, que, en inglés, significa, literalmente “mierda de toro” y que, popularmente, denota -entre otros significados- una afirmación inconsistente, o una mentira, o una excusa sin fundamento.
No obstante los probatorios materiales de exhaustiva investigación periodística dados a conocer, tan recientemente como este año, por InSight Crime, el impresentable candidato presidencial insistió, en la actividad política de Aurora, en desinformar -su deporte favorito, seguido por el golf-.
“El mes pasado, seis hombres con rifles armados, y muchos otros hombres de pie, justo afuera, esperándolos con armas de mano, fueron captados en cámara cuando fueron forzados a una situación, y ellos dicen que fueron forzados -no fueron forzados-, se metieron en un edificio de apartamentos, amenazaron, con armas, a los inquilinos”, relató, confusamente.
“Esta personas (las víctimas) nunca vieron nada así, estas son personas que nunca experimentaron delincuentes y delito”, siguió planteando, además de asegurar que los agresores “irrumpieron en el edificio, y amenazaron, a los inquilinos, con armas, con cuchillos”.
“Diez minutos después, abrieron fuego contra un hombre de 25 años, afuera del edificio, baleándolo fatalmente”, dijo, a continuación, para precisar -siempre sin citar fuente de información- que, “de los bárbaros matones quienes han sido identificados, por lo menos tres son extranjeros quienes estaban bajo custodia de la Patrulla Fronteriza (Border Patrol), estaban bajo custodia (…) pero fueron liberados en Estados Unidos, por Kamala”.
“Fueron liberados, y mataron gente, mucha gente, fueron liberados”, siguió aseverando, apoyado en cifras imprecisas y sin fuente de información.
“Pero mi mensaje, hoy, es muy sencillo: ‘nunca se puede permitir que una persona quien haya infligido la violencia y el terror que Kamala Harris ha infligido a esta comunidad, se convierta en presidente de Estados Unidos”, expresó, para, a continuación, amenazar: “no vamos a permitirlo”.
“Y, ahora, Estados Unidos es conocido, en todo el mundo, como Estados Unidos Ocupado, lo llaman ‘ocupado’, estamos siendo ocupados por una fuerza criminal, y somos un Estado ocupado que se niega a dejar que nuestros profesionales del cumplimiento de la ley hagan el trabajo que, tan desesperadamente, quieren hacer”, dijo.
Y, nuevamente sin citar fuente ni detalle explicativo alguno, planteó que esos profesionales son blanco de amedrentamiento, para que no cumplan su labor.
“Quieren, desesperadamente, hacer su trabajo, pero son amenazados, constantemente: ‘vas a perder tu pensión’”, aseveró, para preguntar, hipócritamente: “qué es esta ideología que es tan enferma?”.
También sin fundamentar sus temerarias/manipuladoras afirmaciones, dijo que los agresores que mencionó son “gente que irrumpe en edificios, con armas estilo militar AK-47, algunas veces mejores que las de nuestros militares”.
“Hay que preguntar: son migrantes ilegales, vienen de áreas pobres, dónde diablos consiguieron estas armas? Dónde las consiguieron? Dónde las consiguieron? Quién les da armas mejores que las que nuestros militares tienen? Quién está dándoles las armas?”.
“Pero, a todos aquí, en Colorado, y en toda nuestra nación, les hago esta promesa, les juro: el 5 de noviembre de 2024, será el día de liberación en Estados Unidos, será el día de liberación”, expresó.
“Voy a rescatar a Aurora y a cada pueblo que ha sido invadido y conquistado”, siguió comprometiéndose, agregando, autoritariamente, que “pondremos, a estos atroces y sanguinarios criminales, en la cárcel, o los sacaremos de nuestro país, y seremos muy, muy eficaces al hacerlo, va a ocurrir muy, muy rápido”.
Parafraseando su consigna nacional –“Hacer Estados Unidos Grande Nuevamente” (“Make America Great Again”)-, siguió prometiendo: “voy a hacer Colorado seguro otra vez”, y, dirigiéndose a los habitantes del estado, reafirmó: “vamos a hacerlos seguros, vamos a hacerlo rápido”.
En alusión a la fecha de instalación del nuevo presídete, o la nueva presidenta, -y asumiendo que él será el juramentado-, Trump dijo que , el 20 de enero, esos tipos van a estar derribados de culo, y van a estar fuera de este país, van a estar fuera del país”.
“Acaso alguien pensó, hace cinco años, seis años, que alguien estaría aquí hablando de que una pandilla venezolana -con los más sofisticados rifles, armamentos, y armas que nadie haya visto- estaría tomando el estado de ustedes?”, preguntó, para, a continuación, amedrentar: “y no se están deteniendo”.
Habiendo construido la leyenda de que los delincuentes infiltrados entre los inmigrantes irregulares poseen arsenales superiores al estadounidense -algo cuya falsedad cae por su flagrante inexactitud-, el candidato hizo breves -aunque manipuladoras- menciones de las fuerzas armadas del país.
A manera de explicación, dijo que, “sólo para que lo aclaremos: Aurora ha recibido mucha publicidad, pero hay estados que tienen un problema más grande que Aurora, que la gente no está hablando de eso”.
“Mucha gente que gobierna los estados, no quiere hablar de eso, ellos quieren tratar de resolverlo, pero no pueden, porque no son lo suficientemente rudos”, siguió afirmando.
“Se necesita gente muy ruda -como el ICE, como los militares-, se necesita gente muy ruda para resolverlo”, agregó, de inmediato, en referencia al servicio de Control de Inmigración y Fronteras (Immigration and Customs Enforcement, ICE), y a las fuerzas armadas nacionales.
Como ejemplo justificativo, planteó que “habrá un sheriff (comisario) con uno o dos hombres, y habrá 35 migrantes con armas que no se ha visto en algunos estados”.
En tal manipuladora contextualización, dijo que “estoy anunciando que, al asumir el cargo (la presidencia estadounidense), tendremos una ‘Operación Aurora’, a nivel nacional, para expeditar la remoción de las pandillas salvajes, y voy a invocar la Ley de Enemigos Foráneos (Alien Enemies Act), de 1798”.
Ello, “para marcar (…) a cada red criminal de migrantes que opere en suelo estadounidense”, precisó, en referencia a la norma titulada “Una Ley Respecto a Enemigos Foráneos” (“An Act Respecting Alien Enemies”), y consistente en tres extensas secciones (artículos).
El represivo instrumento que Trump piensa usar se refiere, en la primera sección, a momentos en los cuales “haya una guerra declarada entre Estados Unidos y cualquier nación o gobierno extranjero, o cualquier invasión o incursión depredadora sea perpetrada, intentada o amenazada contra el territorio de Estados Unidos, por cualquier nación o gobierno extranjero, y el Presidente de Estados Unidos haga proclamación pública del hecho”.
“Todos los naturales, ciudadanos, residentes, o súbditos de la nación o el gobierno hostil, siendo varones de la edad de catorce años y más, quienes estén dentro de Estados Unidos, y no estén naturalizados, estarán expuestos a ser aprehendidos, retenidos, custodiados, y removidos como enemigos extranjeros», de acuerdo con la misma sección de la xenofóbica ley aprobada, por el Senado y la Cámara de Representantes, en sesión conjunta, el 6 de julio de 1798
-transcurridos 22 años y dos días desde la declaración de independencia-.
Trump amenazó, además, en Aurora, con que “enviaremos escuadrones élite de ICE, la Patrulla Fronteriza, y agentes federales encargados del cumplimiento de la ley, para cazar, y detener, y deportar hasta el último extranjero ilegal pandillero, hasta que no quede ni siquiera uno, en este país”.
“Y, si regresan a nuestro país, se les dirá que eso es una automática condena a 10 años de cárcel, sin posibilidad de libertad condicional”, amplió la amenaza.
En cuanto al involucramiento de las fuerzas armadas, dijo -sin referirse, directamente, a la proyectada operación antimigrante- que “tenemos los mejores militares en el mundo, pero hay que saber cómo usarlos”, comenzó a plantear, y reafirmó: “hay que saber cómo usarlos”.
“Yo los protejo de enemigos de afuera”, aseveró, en referencia a los estadounidenses -particularmente, la población femenina-, para agregar que, al respecto, “se puede decir China, se puede decir (el hereditario dictador norcoreano) Kim Jong-un”, asegurando que “si se tiene un presidente hábil, no hay problema”.
De inmediato aclaró, gritando -interrumpido por aplausos y estridentes expresiones de apoyo- que la peor amenaza “es el enemigo interior, toda la basura con la que tenemos que tratar, que odia a nuestro país: ese es el enemigo mayor que China, y Rusia”.
Pero, durante la entrevista aireada dos días después por Fox News, reveló -breve, aunque inequívocamente- que su represivo plan dictatorial para combatir a criminales foráneos apunta, en realidad -y ante la inminente y compleja jornada electoral-, a cualquier oposición nacional
-vagamente descrita como “el enemigo interior”-, e implica represión militar.
“Creo que el problema más grande es el enemigo interior, ni siquiera la gente que ha entrado y destruido nuestro país”, comenzó a plantear, en referencia, en el segundo caso, a los satanizados inmigrantes.
“No creo que ellos sean un problema en términos del día de la elección”, agregó, para reafirmar que “creo que el mayor problema (es) la gente interior”.
“Tenemos alguna gente muy mala, tenemos gente enferma, radicales lunáticos izquierdistas”, precisó.
Además, destacó, en su revelación, el componente clave de la previsible represión: “y eso tendría que ser fácilmente manejado, si fuese necesario, por la Guardia Nacional, o, si fuese realmente necesario, los militares”.
Ello, después de haber dicho, dos días antes -en Aurora-, respecto a Harris: “ella es una persona de izquierda radical”.
Uno más uno, es dos: Trump reveló -de hecho- que, si gana la votación, la incluirá entre los millones de “radicales lunáticos izquierdistas” quienes, porque son “el enemigo interior”, serán cazados, junto con los “migrantes ilegales”.
Todo eso -y, seguramente, más- en el marco de la represión militar que su proyectado régimen dictatorial lanzará, a nivel nacional, para hacer, a Estados Unidos, “grande, otra vez”.
Aunque el peligrosamente desquiciado megalómano quiso, engañosamente, presentar, a la Guardia Nacional (National Guard), como un contingente no militar, en realidad, lo es.
De acuerdo con lo explicado gráficamente por el Departamento de Defensa, en su sitio en internet, las fuerzas armadas del país norteamericano están compuestas por “Ejército, Infantería de Marina (Marine Corps), Marina, Fuerza Aérea, Fuerza Espacial, Guardia Costera, Guardia Nacional”.
Según la misma fuente, “compuesta por la Guardia Nacional del Ejército (Army National Guard) y la Guardia Nacional Aérea (Air National Guard), la Guardia Nacional es una fuerza versátil que apoya misiones de combate, emergencias nacionales, esfuerzos humanitarios, operaciones de seguridad interna, y más”.
Por lo tanto, no hay “Guardia Nacional o los militares” sino militares. Punto. Fin de discusión.
A diferencia de las habituales falsedades que Trump, en su adicción a la desinformación, suele difundir -medios de comunicación estadounidenses contabilizaron algo más de 30 mil mentiras en los cuatro años de su nefasta presidencia-, el proyectado plan dictatorial de represión antiopositora -fugazmente filtrado por el candidato-, es plenamente creíble.
Además, se enmarca en temerarias afirmaciones negacionistas de Trump, a priori de una eventual derrota electoral -sería la segunda consecutiva-.
Por ejemplo, durante un acto proselitista llevado a cabo el 16 de marzo de 2024, en nororiental estado de Ohio, amenazó con que, “si no ganamos esta elección, no creo que vayamos a tener otra elección, en este país”.
También vaticinó, en flagrante amenaza: “si no soy reelegido, habrá un baño de sangre, en todo el país”.
De modo que, en el caso de que el resultado de la inminente votación no sea -nuevamente- de su agrado, cual corrupto caudillo de “país de mierda”, negará la derrota -sólo que ahora, a diferencia de hace casi cuatro años, la violencia será en escala mayor y en duración más extensa que el intento golpista que dirigió, el 6 de enero de 2021, contra la sede del Congreso estadounidense-.
Las barridas que Trump concibe para “cazar (…) hasta el último extranjero ilegal pandillero”, previsiblemente, se extenderán a la comunidad inmígrate irregular en general, lo mismo que
-y, quizá, principalmente- a la oposición política -sectores, ambos, odiados por Trump-.
Similar fue, por ejemplo, el caso de Guatemala, cuando, en el contexto de la guerra interna (1960-1996), el dictador militar (1982-1983) Efraín Ríos Montt -fallecido en 2018, mientras era juzgado por crímenes de lesa humanidad- decidió combatir la delincuencia común, implementando brutales patrullajes militares nocturnos, contexto en el cual, las tropas ejecutaban, junto con delincuentes comunes, a opositores al régimen.
Es un hecho que, en esa imprecisa mezcla de enemigos internos y migrantes a eliminar, Trump -como Ríos Montt- incluye a sus adversarios políticos -aún más si son de ascendencia tercermundiana, y, peor todavía, si son mujeres-.
Una muestra de ello fue la llegada -temprano en su nefasto cuatrienio-, a la Cámara de Representantes, de cuatro congresistas demócratas quienes, en particular, comenzaron a destacarse por sus posiciones independientes, feministas, opuestas a la gestión del misógino autócrata, quien no tardó en apuntar su artillería de menosprecio e insulto machistas contra el grupo.
Las cuatro legisladoras pasaron, de inmediato, a ser popularmente y mediáticamente conocidas como “el escuadrón” (“the squad”) -grupo parlamentario actualmente ampliado a nueve legisladoras-.
Al hecho de ser mujeres, se agregó la coincidencia de que son de variada ascendencia
-latinoamericana, africana, árabe-, para exacerbar la xenofobia y el racismo trumpianos.
El entonces inquilino de la Casa Blanca afirmó entonces, en arrebatadas declaraciones durante una actividad pública, que las cuatro debían regresar a sus respectivos países de origen -sin advertir que, si bien solamente una de ellas nació en otro país, todas son ciudadanas estadounidenses-.
Se trata de Alexandria Ocasio-Cortez, nacida en la ciudad de Nueva York -de ascendencia puertorriqueña-; la afrodescendiente Ayanna Presley, oriunda de la norteña ciudad de Cincinnati; Rashida Tlaib, nacida en la nororiental ciudad de Detroit -de origen palestino-, e Ilhan Omar, nacida en Somalia, en la costa oriental de África -naturalizada estadounidense-.
En uno de sus verbales ataques misóginos/racistas contra el grupo, Trump les dirigió un insultante -y patético- mensaje: “regresen!” (“go back!”).
La afirmación xenofóbica se convirtió, rápidamente, en consigna antinmigrante de los extremistas sectores patrioteros estadounidenses -precisamente, los irracionales/acríticos/verticalistas seguidores incondicionales de Trump-.
También temprano en su administración, se inició una incontenible -y creciente- marea de migrantes -decenas de miles, incluidos niños, algunos, desplazándose solos, y mujeres, algunas, embarazadas- desde el exageradamente empobrecido y violento Triángulo Norte de Centroamérica -El Salvador, Guatemala, Honduras- hacia Estados Unidos, cruzando México.
Y manteniendo la fóbica línea antiextranjera, Trump aseguró, ya instalado en la Casa Blanca, que cumpliría su reaccionaria promesa electoral de construir un muro de contención junto a la frontera terrestre estadounidense-mexicana.
Ello, para impedir el ingreso a quienes, al inicio de los masivos desplazamientos humanos definió, genéricamente -fruto de su monumental ignorancia-, como mexicanos, y de quienes, ofensivamente, afirmó que se trataba de criminales y violadores -más recientemente agregó la igualmente falaz etiqueta de enfermos mentales-.
Por si eso hubiese sido poco, durante una reunión de trabajo con legisladores estadounidenses, llevada a cabo el 11 de enero de 2018 en la Casa Blanca, para abordar, precisamente, la brutal crisis humanitaria que empezaba a hacerse realidad en la frontera sur, Trump soltó su pensamiento discriminatorio -obviamente, con lujo de lenguaje implícita y explícitamente soez-.
En alusión a la variedad de nacionalidades -mayoritariamente, centroamericanas- presentes en el flujo de migrantes irregulares hacia Estados Unidos, el autócrata preguntó: “para qué queremos, aquí, a Haitianos? Por qué queremos, aquí, a toda esa gente de África? Por qué queremos a toda esa gente de países de mierda (shithole countries)?”.
El patán racista -la redundancia es plenamente justificada- usó la expresión “shithole”, que, en inglés, significa -literalmente-, “hoyo para mierda”, en alusión al agujero que, en lugares donde no se cuenta con instalación sanitaria adecuada, se cava, en el suelo, a manera de letrina.
No conforme con esa manifestación, Trump se permitió recomendar, a continuación, que “deberíamos tener gente de lugares como Noruega”, en referencia al nórdico país europeo con cuya entonces primera ministra (2013-2021), la derechista Erna Solberg, se había reunido, un día antes, en Washington.
En su vulgaridad xenofóbica, Trump pareciera no darse cuenta de que sus ancestros son alemanes -los paternos- y escoceses -los maternos-, a lo que se suma el hecho de que dos de sus hasta ahora tres esposas migraron a Estados Unidos: Ivana Marie Zelníčková -con quien estuvo casado desde 1977 hasta 1990- era checa -fallecida en 2022-, y Melania Knavs -su actual esposa, desde 2005- es eslovena.
Ambas, se naturalizaron estadounidenses.
Eso significa que dos de las madres de cuatro de sus cinco hijos son inmigrantes -Ivana lo fue de Donald Jr, Ivanka, Eric, mientras Melania lo es de Barron, el menor de los hijos de Trump-, mientras que la estadounidense Marla Maples -en matrimonio desde 1993 hasta 1999- es la madre de Tiffany.
Pero, en el caso de Ivana y Melania, no importa su origen extranjero, por tratarse de europeas, en consecuencia, blancas -lo que significa que no son mestizas de “shithole countries”-.
Seis años después de ese exabrupto racista, Trump procuró -infructuosamente- en su reciente discurso en Aurora, disimular su xenofobia, cuando aseguró que “queremos migrantes” -y, en alusión a los que venía señalando, aclaró: “pero no esos”-.
En cuanto al autoritarismo militarista trumpiano, el aspirante a tirano reincidente, ha dicho, en el contexto de la actual campaña electoral, que, si regresa a la Casa Blanca, será dictador “por un día”.
Debió decir “desde el día uno”.







