El tabú de la sexualidad de las mujeres con discapacidad: un obstáculo para el placer y un terreno fértil para los abusos

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El tabú que rodea la sexualidad de las mujeres con discapacidad es un tema de creciente relevancia en la sociedad actual. Este tabú no solo silencia sus deseos y necesidades, sino que también facilita la vulneración de sus derechos y el incremento de abusos, como han denunciado activistas y asociaciones, así como las propias mujeres afectadas.

Consecuencias del tabú

Según el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi), las mujeres con discapacidad enfrentan una serie de obstáculos que limitan su acceso a la educación sexual adecuada y a los servicios de salud reproductiva. La falta de información sobre su sexualidad y la invisibilidad de sus deseos son solo la punta del iceberg. Activistas como la sexóloga Anaya Guerreiro subrayan que el patriarcado ha colonizado históricamente los cuerpos de las mujeres, y esta apropiación es aún más extrema para aquellas que tienen discapacidad.

«Las personas con diversidad funcional son vistas como inactivas o incapaces sexualmente, como seres desexualizados», señala Guerreiro. Este estigma no solo impide que las mujeres con discapacidad puedan ejercer sus derechos sexuales, sino que también alimenta la violencia obstétrica y situaciones de abuso, donde su consentimiento puede ser ignorado o malinterpretado.

Doble discriminación

María de la Sierra, de ONCE Cataluña, pone de relieve la «doble discriminación» que enfrentan las mujeres con discapacidad en la sociedad patriarcal. Este fenómeno se traduce en que otros toman decisiones sobre su placer, calidad de vida y felicidad. «A menudo, las mujeres con discapacidad sufren abusos tanto en el hogar como en centros residenciales», apunta, lo que lleva a la invisibilización de su sexualidad, ya sea deseada o no.

Testimonios de lucha y resiliencia

Carme, una veterana activista que sufrió polio de niña, comparte su experiencia de abuso en la infancia y adolescencia. Gracias a la terapia y el apoyo de su pareja, ha logrado vivir una vida sexual plena y convertirse en madre. «Cuando me eché novio, la gente nos decía que hiciéramos lo que quisiéramos, pero que no me quedara embarazada. Después de parir, hubo quienes preguntaron por dónde me había salido el niño, ya que voy en silla de ruedas», relata, mezclando sorna y rabia.

Irene, una mujer autista, también narra su camino hacia la aceptación de su sexualidad. «Mi experiencia comenzó con abusos y una distorsión de la sexualidad que me llevó a relaciones sin placer durante mucho tiempo. Ahora, después de buscar ayuda, puedo empezar de cero», explica. Su testimonio destaca la importancia de no desistir en la búsqueda de apoyo.

Por otro lado, Mireia, quien perdió la visión a los veinte años, reconoce las dificultades que enfrenta al abordar su sexualidad. «Cuando conocí a mi pareja, no sabía si debía decirle que tengo poca visión por miedo a ser rechazada. Pero ahora sé que hice bien en contárselo. Quien te quiera, te querrá como eres», concluye, resaltando la necesidad de la aceptación y el amor incondicional.

Necesidad de cambio

El contexto actual demanda una reflexión profunda sobre cómo la sociedad percibe y trata la sexualidad de las mujeres con discapacidad. La desinformación y el estigma son barreras que deben ser derribadas para garantizar el pleno ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. Es fundamental que se implementen políticas inclusivas y se ofrezcan recursos adecuados que permitan a estas mujeres vivir su sexualidad de manera plena, libre de abusos y discriminación.

Las voces de activistas y mujeres con discapacidad nos recuerdan que el cambio es posible, pero necesita de un compromiso colectivo para desafiar los prejuicios y crear un entorno en el que todas las mujeres, independientemente de su condición, puedan disfrutar de su sexualidad sin miedo ni restricciones.

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