Si los derechos son violados, se los defiende

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el sionismo guerrerista asesina niños

La guerra es, lo mismo conceptualmente que en los hechos, inadmisible, además de que constituye -junto con las dictaduras- una de las máximas manifestaciones de mediocridad.

El inicio de una guerra implica que, para su cierre, la vida, en todas sus manifestaciones, sea multiplicandamente destruida, y, cuando se trata de la vida humana, las víctimas son, en gran medida, personas que nada tienen que ver con las razones -por lo general injustificables- que desencadenan los conflictos armados.

AFP) (Photo by MAHMUD HAMS/AFP via Getty Images)

Las guerras, tanto las nacionales como las internacionales, tienen el mismo origen: una agresión, de la naturaleza que sea -autoritarismo, corrupción, injusticia social, racismo, xenofobia, expansión imperialista, discurso nacionalista/imperialista, para citar algunos factores-.

La dimensión causa-efecto en la cual se desarrollan los conflictos armados, no los justifica -porque son injustificables- sino que los explica -porque es necesario analizarlos para tratar de que no se repitan-.

Por ejemplo, la injustificable instalación de sanguinarios/corruptos regímenes de facto, el siglo pasado, en América Latina, generó el explicable surgimiento de movimientos guerrilleros, lo que abrió espacio/tiempo para brutal represión, en el marco de las guerras internas que entonces estremecieron a la región.

En materia de guerras internacionales, el planeta ha sido escenario de dos, viralizadas territorialmente -la Primera y la Segunda-, además de las geográficamente más reducidas que siguen estallando.

Aunque la realidad es inequívoca respecto a la responsabilidad de los actores causantes de los enfrentamientos armados, los protagonistas directos se culpan mutuamente -lo que se decanta en estériles discusiones, fundamentadas o sin fundamento, entre simpatizantes de cada bando-.

Por lo general, quienes hacen más ruido, son más estridentes, y repiten argumentos sin razonarlo, son quienes apoyan al bando inicialmente responsable.

Tal es el caso del nuevo y brutal choque armado entre el gobierno de Israel y la organización palestina Hamas.

En el confrontativo debate generado por la interminable guerra judíos-árabes/palestinos, las posiciones suelen ser tan irreconciliables como en el campo de batalla.

Los argumentos esgrimidos -en ambos bandos- cubren una variada gama que va, desde planteamientos fundamentados, hasta imbecilidades que solamente mediocres igualados pueden producir -esencialmente, repitiendo libretos-, como resultado de su triste fanatismo -la redundancia es, en este caso, plenamente válida-.

En tal contexto, la ignorancia y el oportunismo impiden, a los incondicionales defensores de lo indefendible, ver más allá de su patética conceptualización de un drama que data de 1947, y cuyos dos protagonistas centrales -como ocurre en todo conflicto bélico- han incurrido en violencia brutal.

Sin embargo, la moda sigue siendo presentar, al bando israelí, como víctima, y al bando palestino como victimario, lo que, en el mejor de los casos, es inexacto.

Históricamente -desde antes del surgimiento, en 1947, del Estado de Israel-, la zona -toda- se llamó Palestina.

Los argumentos projudíos, invariablemente, mencionan el hecho de que allí existió el reino de Israel, pero omiten señalar que fue geográficamente menos extenso que la totalidad de Palestina.

De modo que, en principio, en el contexto histórico, de justicia, los dos pueblos tienen igual derecho a esa tierra.

Pero, según la tóxica conceptualización de las élites económica, política, y militar israelíes, los elegidos para tener país son los judíos, lo que según ese antirrazonamiento, convierte, a los palestinos, en intrusos -en su propio lugar-.

Más recientemente en la historia, el proceso que -en la entonces nueva Naciones Unidas-, condujo a la creación del Estado de Israel, incluye algunos puntos destacados, algunos hitos, que desarman la visión exclusivista de esas élites.

Uno de ellos es la creación, el 15 de mayo de 1947, del Comité Especial de las Naciones Unidas sobre Palestina (United Nations Special Committee on Palestine, Unscop), grupo de trabajo que produjo el Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina (United Nations Partition Plan for Palestine).

Otro, es la aprobación, el 29 de noviembre de ese año, por mayoría -33 de los 57 estados miembros en ese momento- en la Asamblea General de las Naciones Unidas, de la Resolución 181, en el marco del plan de partición, que estableció, inequívocamente, la compartición -no la disputa- de Palestina, por dos estados -respectivamente, judío y palestino-.

Pero, en los hechos, a causa, en gran parte, del sabotaje implementado por el Reino Unido
-hasta ese momento, la potencia colonial en la zona-, solamente se cumplió, a plenitud, la mitad judía.

Además, en el proceso conducente a esa votación, fue intensa la actividad de lobby por parte de la Agencia Judía para Israel (Jewish Agency for Israel) -que, fundada en 1929, se llamó, inicialmente, Agencia Judía para Palestina (Jewish Agency for Palestine), y operó como estructura operativa de la Organización Sionista Mundial (World Zionist Organization).

O sea que, en todas las definiciones contemporáneas de la zona, se destaca el nombre Palestina -no Israel, ni Reino de Israel, ni Tierra de Israel, ni Sion-, lo que choca con la arrogancia de las élites dueñas de Israel.

En ese proceso, la agencia -cuyo poder financiero es considerable-, hizo exitoso y encubierto lobby, activando, las veces que fue necesario, el arma de mayor calibre a su disposición: el soborno.

Testimonio de ello me fue proporcionado, personalmente -en numerosos momentos de recuerdo de la operación de fraccionamiento de Palestina- por uno de los actores clave en la redacción y la defensa del plan -además de haber sido el emisor del voto decisivo para la aprobación de la Resolución 181 en la Asamblea General-: el entonces embajador de Uruguay en Naciones Unidas -y mi padre-, Enrique Rodríguez Fabregat, popularmente/históricamente conocido, en la organización mundial, como “El Profesor”.

Por los relatos personales de “El Profesor” -incluidos en un libro que, sobre el tema, escribió pero no fue publicado-, supe de las movidas que los imperios del momento
-principalmente el británico- hicieron efectivas, por intereses geopolíticos -incluido el petrolero-, para sabotear la mitad palestina del plan de partición.

También supe del frustrado interno de la Agencia Judía por sobornarlo, proponiéndole dinero a perpetuidad, además de financiar -desde preescolar hasta graduación universitaria- la educación del segundo de sus tres hijos -yo, nacido un año y cuatro meses antes de la votación-.

Mundialmente conocido por su honestidad/su ética/su naturaleza incorruptible-, “El Profesor” echó, de su modesto apartamento en la ciudad de Nueva York, a los representantes de la Agencia Judía quienes lo habían ofendido, y les aseguró que, si la aprobación del Plan de Partición dependía de sobornos, no solamente se retiraría de la Unscop sino que votaría en contra -en la Asamblea General-, además de que denunciaría públicamente la corrupción implícita.

Algunos días después, los enviados lo visitaron, nuevamente, se disculparon, no le ofrecieron mordida, y le solicitaron que siguiera apoyando la iniciativa.

Aprobado en la Asamblea General, el plan fue inmediatamente manipulado, para dar reconocimiento al Estado de Israel, negándoselo al de Palestina, contexto geopolítico ante el cual “El Profesor” formuló la profética advertencia de que, mientras no se hiciese justicia con el pueblo palestino, la guerra sería la brutal realidad en esa zona del maltratado planeta.

Es, exactamente, lo que está ocurriendo, casi 76 años después, cuando, por enésima vez, estalla la confrontación armada entre los hasta ahora irreconciliables combatientes.

En tal contexto, el oportunismo ignorante irrumpe, nuevamente, en escena, con autoproclamados voceros del pueblo judío -algunos de ellos, recién llegados, aportando aún más desinformación al eterno y estéril debate- invadiendo redes sociales y otros medios de comunicación, resaltando lo “injustificado” del reciente ataque de Hamas.

La manipuladora narración consiste, básicamente, en presentar -en un inexistente blanco y negro, sin tener en cuenta los múltiple matices de gris- un combate desigual entre la víctima judía -actuando en defensa propia- y el bestial agresor palestino -atacando sin razón-.

Lo que esos supuestos expertos en el tema no tienen en cuenta -por ignorancia o por lucrativa complicidad, lo que viene a resultar en lo mismo- es que las cosas no son blanco y negro, en el drama que inmisericordemente golpea a la gente -la base socioeconómica- en esa región.

Aunque la mediocridad -más aún si busca algún lucro monetario, o político, o de imagen, o el que sea- es blindada contra toda manifestación de razonamiento fundamentado, llamo, a quienes están echando gasolina al fuego de la irracionalidad, a que tengan en cuenta los puntos que, en plena honestidad, enumero a continuación:

-la zona en conflicto se llama Palestina -no Israel-

-en ese sentido, en su participación en la elaboración del plan, “El Profesor” sostenía que se trataba de distribuir, equitativamente, “tierras bíblicas”, por lo que ambos pueblos -el judío y el palestino- tenían igual derecho a habitarlo como Estados

-de modo que el territorio que el plan de partición asignó, a Israel, es una porción, precisamente, de Palestina

-todos los componentes clave del proceso de partición -el plan, la comisión de Naciones Unidas, hasta la agencia Judía en su nombre original- , llevan, en sus respectivas denominaciones/títulos, la palabra “Palestina” -no la palabra “Israel”-

-la corrupción imperial ignoró y satanizó, precisamente, al pueblo palestino, y sigue haciéndolo, ahora, con el eco de patéticos nuevos voceros que no hacen sino repetir
-oportunistamente- las criminales/recurrentes afirmaciones de los principales provocadores de la eterna guerra -portavoces que, no conformes con eso, agregan imbecilidades propias-

-el belicista “Bibi” Netanyahu -uno de los más corruptos dirigentes del régimen israelí, con acusaciones penales pendientes-, es un ex integrante, con grado de capitán, de las sanguinarias Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF) -específicamente la Sayeret Matkal (unidad especial de reconocimiento)-, responsables de crímenes de lesa humanidad, en la letal represión que, sistemáticamente, por décadas, vienen llevando a cabo contra civiles palestinos en comunidades asentadas en territorio palestino

-esos crímenes son investigados por la corte Penal Internacional

-el ego militar de Netanyahu -así como de los criminales guerreristas de quienes es
cómplice-, fue imperdonablemente golpeado, el 7 de octubre, por la sorpresiva y demoledoramente violenta acción de Hamas

-Netanyahu declaró, de inmediato, en un video de difusión nacional: “ciudadanos de Israel: estamos en guerra”

-en declaraciones reproducidas el 8 de octubre, por la cadena estadounidense de televisión informativa Cable News Network (CNN), el comandante militar de Hamas -organización cuya sigla significa Movimiento Islámico de Resistencia-, Muhammad Al-Deif, describió la acción como la operación “Tormenta Al-Aqsa”

-el nombre hace referencia a la mezquita Al-Aqsa ( “Más Lejana”), ubicada en la ciudad santa de Jerusalén -de fuerte significado para el cristianismo, el islamismo, y el judaísmo-, un sector de la cual es disputado por israelíes y palestinos.

-sobre las declaraciones de Al-Deif, CNN informó que el jefe militar de Hamas “dijo que el ataque contra Israel fue en respuesta a ataques contra mujeres, la profanación de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, y el permanente sitio de Gaza”

-la represalia de Netanyahu es en escala destructiva brutalmente superior, y aumentará las bajas de ambas partes, en un esquema que, según datos de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (United Nations Office for the Coordination of Humanitarian Affairs, Ocha), solamente para el período desde 2008 hasta lo que va de 2023, ha cobrado 6407 vidas palestinas frente a 308 israelíes

-en un informe a sus compatriotas -un mensaje directo a la organización armada palestina-, difundido inmediatamente después de iniciado el ataque del XX de octubre contra Israel, Netanyahu aseguró “cada terrorista de Hamas es hombre muerto”

-su ministro de Defensa, Yoav Gallant -quien lo acompañó, junto con el dirigente opositor Benny Gantz-, aseguró: “vamos a borrarlos de la faz de la Tierra”

-para no ser menos, Gantz también hizo gala de filosofía belicista, afirmando que “hay un tiempo para la guerra, y hay un tiempo para la paz: ahora, es tiempo de guerra”.

Quizá el obvio punto principal que planteo, responde a afirmaciones de los ignorantes y oportunistas autonombrados voceros de Netanyahu, en el sentido de que el reciente ataque de Hamas no obedeció a “ninguna provocación”.

Quizá el irrefutable/obvio punto principal que planteo, responde a afirmaciones de los ignorantes y oportunistas autonombrados voceros de Netanyahu, en el sentido de que el reciente ataque de Hamas no obedeció a “ninguna provocación”.

Entre las numerosas/criminales provocaciones de Israel hacia lo palestinos, la principal, la original, la que persiste hace casi 76 años, es la criminal negativa a aceptar/respetar/no agredir al Estado de Palestina -reconocido como tal por al menos 130 de los 193 países integrantes de Naciones Unidas-.

Otra persistente provocación es el aislamiento de la occidental Franja de Gaza, también conocida como Gaza.

Esta zona, y la oriental de Cisjordania, también conocida como la Margen Occidental (West Bank) -separadas, ambas, por territorio israelí-, constituyen el territorio del Estado de Palestina.

Cisjordania es el área mayor, cubriendo 5,640 kilómetros cuadrados, frente a los 365 sobre los cuales se extiende Gaza.

Pero las respectivas dimensiones territoriales presentan diametralmente inversas realidad poblacionales, ya que la Margen Occidental es habitada por algo menos de 3.2 millones de personas, mientras la población de Gaza llega a casi 2.1 millones.

Esto convierte, a Gaza, en una de la zonas de mayor densidad poblacional, a nivel planetario, y, dado el bloqueo impuesto por Israel, la franja presenta algunos de los más críticos índices socioeconómicos.

La política aniquiladora israelí en Gaza, es comparada -por organizaciones de derechos humanos, académicos, analistas políticos- con el criminal régimen racista (1948-1994) impuesto por la represiva y corrupta dictadura colonialista blanca, respectivamente, en Sudáfrica y la limítrofe África Sudoccidental (desde 1990, la independiente Namibia).

Las élites israelíes están, de hecho, llevando a cabo, en Gaza, una política de limpieza étnica.

La permanente agresión belicista por parte de las IDF, contra la limítrofe Gaza, se intensificó en 2007, a raíz de la instalación, por la vía electoral del dictatorial gobierno que encabeza Hamas.

Desde entonces -y en complicidad con Egipto, igualmente, fronterizo con Gaza-, ese territorio palestino permanece aislado, territorial y humanitariamente.

Gaza cubre alrededor de 360 kilómetros cuadrados, que son habitados por alrededor de dos millones de personas, lo que la convierte en una de la zonas más densamente pobladas a nivel mundial.

A causa del aislamiento y el bloqueo impuesto por Israel, los palestinos atrapados en Gaza presentan algunos de los más críticos índices socioeconómicos.

El lugar está rodeado, en sus fronteras norte y este -unos 51 kilómetros, en total-, por una tecnológicamente sofisticada valla construida por Israel, y, en su frontera sur -unos 11 kilómetros-, por similar construcción, erigida por Egipto, mientras que el costero litoral oeste es inaccesible desde el exterior, a causa del bloqueo naval israelí en el Mar Mediterráneo.

Se trata de una estructura de unos seis metros de altura, cuya construcción, de acuerdo con versiones periodísticas del momento, insumió algo más 140 mil toneladas de acero y hierro.

Junto a la valla, en su extensión total, Israel estableció una “zona prohibida”, de 100 metros de ancho, a la cual los palestinos no tienen acceso, a continuación de la cual, un área de 300 metros de ancho, está habilitada solamente para agricultores desplazándose caminando.

Inmediatamente después, la autoridad invasora delimitó la “zona de riesgo”, cuyo ancho es de 1 kilómetro.

La valla es complementada por un muro subterráneo, de igual extensión, construido en concreto, para impedir que Hamas construya túneles que permitan burlar el aislamiento.

A todo ello, se suma constante vigilancia aérea, además de represora presencia militar en el territorio.

En el marco del bloqueo por aire, mar, y tierra, impuesto por Israel a Gaza, el marítimo es el que más favorece el exterminio de personas que las élites israelíes quieren perpetrar en Gaza.

Gallant lo confirmó, en la reacción del régimen de Netanyahu a la sorpresiva y devastadora acción guerrillera de Hamas.

El ministro de Defensa anunció que dio la orden, a las IDF, de dar “sitio completo” a Gaza, y fue perfectamente claro en cuanto a la agresión que ello específicamente implica para la población civil: “no habrá electricidad, no habrá comida, no habrá agua, no habrá combustible, todo estará cerrado”.

La limpieza étnica -un crimen de lesa humanidad- por parte de Israel, en Gaza, está acelerándose.

La población de Gaza está atrapada en la franja, ya que las autoridades invasoras prohíben o limitan la salida de palestinos, altos números de los cuales necesitan trasladarse a la Margen Occidental, donde pueden, por ejemplo, acceder a servicios básicos -incluida atención médica- con los que no cuentan en aquel lugar.

La Margen Occidental, en el este -limítrofe con Jordania y el Mar Muerto, al este, e Israel, al norte, al oeste, y al sur-, y Gaza, en el oeste -fronteriza
La guerra es inaceptable, más allá de quiénes son los combatientes, porque implica atrocidades, por parte de todos los bandos involucrados.

En una declaración que, titulada “Sobre la escalada de la situación en Israel/Palestina”, difundió, el 9 de octubre -dos días después de lanzado el ataque de Hamas-, Human Rights Watch (HRW), se refiere, precisamente a este punto.

“Sus atrocidades no justifican las tuyas”, comenzó a plantear, dirigiéndose a ambas partes.

“La brutalidad de sus crímenes de guerra no disminuye la brutalidad de sus crímenes de guerra”, agregó.

“La inhumanidad de ellos impulsa la inhumanidad de ustedes, que impulsa aún más inhumanidad de ellos, una y otra vez, hasta que el mundo que nos rodea arda por completo y más allá”, advirtió.

Todos los bandos implicados en una confrontación bélica -sin importar ideologías o creencias- son responsables, en mayor o menos medida, de terribles hechos.

En ese sentido, la ex primera ministra (1969-1974) y ex canciller (1956-1966) israelí Golda Meir -nacida en 1906, en Kiev, cuando la actual capital de Ucrania pertenecía al Imperio Ruso-, me dijo, dialogando sobre la violencia entre judíos y árabes, algo que solía plantear, frecuentemente, al respecto a la guerra en la región: “puedo perdonar a quienes matan a jóvenes judíos, pero no puedo perdonar a quienes obligan, a jóvenes judíos, a matar a jóvenes árabes”.

Luego de esa conversación, me regaló un llavero metálico, en la forma de la palabra hebrea paz.

Eso es, exactamente, lo que urge en ese sector -entre varios otros- del planeta: paz.

Lograrla requiere que el Estado de Israel reconozca/respete/defienda la existencia del Estado de Palestina.

Los derechos no se negocian: se los ejerce y se los respeta, y, cuando esto no ocurre, se los defiende.

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