“YOU’RE FIRED!”

0
1096

George Rodríguez/Foto-Medios

El inevitable resultado de la elección presidencial llevada a cabo el 3 de noviembre en Estados Unidos fue anunciado, cuatro días después, por los principales medios de comunicación de ese país: el candidato demócrata, Joe Biden ganó la votación.

La información generó la inmediata y espontánea celebración, en las calles de ciudades a nivel nacional, por parte de cientos de miles de personas quienes festejaron así no solamente el triunfo del ex vicepresidente (2009-2013, 2013-2019) sino, con igual entusiasmo, la resultante derrota del candidato republicano a la reelección, el corrupto empresario y dictatorial presidente Donald Trump

La victoria demócrata -a ser confirmada oficialmente al inicio de enero- marca, además un hito en materia de igualdad de género, ya que la senadora Kamala Harris, compañera de fórmula de Biden, está por convertirse en la primera mujer en el ejercicio de la vicepresidencia de Estados Unidos, además de la primera mestiza -madre nacida en India, padre jamaiquino- en el desempeño del cargo.

Según los resultados difundidos, Biden sobrecumplió en materia de votos recibidos, al haber superado, esta mañana, el volumen mínimo de 270 sufragios electorales requeridos para triunfar en la votación del 3 de noviembre.

Aunque el conteo de votos continúa, el ex vicepresidente, además de ex parlamentario -con trayectoria senatorial de más de cuatro décadas- ya ingresó a la narrativa electoral como el candidato presidencial que, en la historia de Estados Unidos, ha reunido el mayor volumen de votos -por encima de setenta millones, de los más de 140 millones contados hasta la mañana del 4 de noviembre-.

Según el arbitrario sistema electoral estadounidense, el candidato presidencial ganador no es necesariamente el más votado en la elección popular sino el que reúne por lo menos 270 de 580 sufragios en el Colegio Electoral.

Esos votos son obtenidos según los sufragios populares -los sufragios físicos- que cada candidato reúne en los diferentes estados, de modo que, el aspirante presidencial ganador en un estado, recibe los electorales correspondientes.

Para ganar la presidencia, son necesarios, como mínimo, 270 de los 538 votos en juego en el Colegio Electoral.

Mientras continúa la contabilización, en varios estados, cálculos de diferentes medios estadounidense ubicaban, el total obtenido por Biden en el rango, de 279 a 284 -estimación que probablemente ascienda-, frente a los 213 logrados por Trump -cifra en la cual, tras una efímera y ajustada ventaja inicial, quedó estancado desde la segunda jornada de conteo.

Horas antes de que dirija un ansiosamente agradado mensaje al país, Biden agradeció, en la red social Twitter, el masivo apoyo que le proporcionaron sus simpatizantes.

“Estados Unidos: estoy honrado por que me hayan elegido para dirigir a nuestro gran país”, escribió.

“El trabajo que tenemos por delante, será duro, pero les prometo esto: voy a ser un presidente para todos los estadounidenses -hayan votado por mí, o no-. Mantendré la fe que ustedes han puesto en mí”, agregó.

En un breve tuit, acompañado por un video en el cual se comunica telefónicamente con el mandatario electo, Harris escribió: “lo conseguimos, @JoeBiden”.

La breve grabación audiovisual la muestra, vestida con ropa casual, riendo mientras dialoga, telefónicamente, con Biden.

“Lo conseguimos”, expresa, sonriente.

“Lo conseguimos, Joe”, reafirma, para agregar que “vas a convertirte en el próximo presidente de Estadios Unidos”, tras lo cual ríe.

Marcando un patéticamente opuesto contraste, y fiel a su natural disposición a mentir, Trump -quien, al momento del anuncio difundido por los medios, jugaba golf- se atribuyó el triunfo.

“GANÉ ESTA ELECCIÓN, POR MUCHO!” (“I WON THIS ELECTION, BY A LOT!”),  tuiteó el derrotado presidente, habituado a negar la realidad -como, por ejemplo, en el caso del cambio climático, así como respecto a la fuerza letal del nuevo coronavirus, que ha generado, en Estados Unidos, el más alto número de casos, a nivel mundial-.

Poco después, Trump emitió una insultante declaración, desconociendo el triunfo de Biden, y declarándose ganador del proceso presidencial.

“Todos sabemos por qué Joe Biden está apurándose para posar falsamente como el ganador, y por qué los medios que son aliados suyos están tratando tan duro de ayudarlo: no quieren que la verdad sea expuesta”, afirmó, sin especificar ese supuesto motivo, en el texto de tres párrafos.-dos de ellos, considerablemente extensos-, titulado “Declaración del Presidente Donald J. Trump sobre triunfo de Biden (“Statement from President Donald J. Trump on Biden win”).

“El hecho sencillo es que esta elección está lejos de haber terminado”, agregó.

“Joe Biden no han sido certificado como ganador en ningún estado, mucho menos en ninguno de los estados en disputa que van obligadamente camino a repetir los conteos, mucho menos los estados donde nuestra campaña tiene válidos y legítimos cuestionamientos legales que podrían determinar el ganador definitivo”, aseveró, además.

“Los votos legales deciden quién es presidente, no los medios informativos”, agregó, tergiversando el hecho de que, tradicionalmente, la noche de cada jornada de votación, son, precisamente los medios, las fuentes de la información inicial -provisional aunque precisa- sobre los resultados.

La información oficial se conoce al inicio de enero, dos semanas antes de la juramentación, el 20 de ese mes, del presidente y el vicepresidente electos.

Los resultados oficiales -que confirmarán los preliminares, ahora difundidos por los principales medios de comunicación del país- formalizarán la llegada, de Biden y Harris, a la Casa Blanca, quienes, así, pondrán fin a cuatro años de peor administración en la historia nacional, que ha superado a la gestión gubernamental de cuestionados ex presidentes, tales como -entre los más destacados, y corruptos- Richard Nixon (1969-1973, 1973-1974), Ronald Reagan (1981-1985, 1985-1989)-, George W. Bush (2001-2005, 2005-2009).

En la declaración, Trump reafirmó su reiterada amenaza de campaña proselitista -que está implementando- de usar el sistema judicial en su vergonzoso esfuerzo por deslegitimar no solamente esta votación sino, en términos generales, la fuerte institución estadounidense que es el sistema electoral.

“Empezando el lunes, nuestra campaña empezará a tramitar nuestro caso en la corte para asegurar que las leyes son plenamente cumplidas y que el ganador legítimo sea sentado”, agregó, en su habitual estilo autoritario.

“El Pueblo Estadounidense tiene derecho a una elección honesta: eso significa contra todos los votos legales, y no contar ningún voto ilegal”, siguió tergiversando, para agregar que “esta es la única manera de asegurar que el público tenga plena confianza en nuestra elección”.

“No deja de ser chocante que la campaña de Biden se niegue a aceptar este principio básico y quiera votos contados aunque sean fraudulentos, fabricados, o emitidos por votantes no habilitados o fallecidos”, aseveró, calumniosamente.

“Sólo un partido involucrado en irregularidades podría ilegalmente mantener a nuestros observadores fuera del salón de conteo -y después pelear en la corte para bloquear su acceso”, agregó, no obstante el hecho de que los funcionarios encargados de los centros de contabilidad de votos lo han refutado, asegurando que observadores de ambos partidos están presentes, sin excepción, en esas instalaciones, a nivel nacional.

Asimismo, cadenas de televisión estadounidenses han mostrado, en transmisiones en vivo, la presencia, en esas instalaciones, de observadores de ambas agrupaciones políticas.

“Entonces qué es lo que Biden está ocultando?”, insistió, para hipócritamente afirmar que “no voy a descansar hasta que el Pueblo Estadounidense tenga el conteo honesto de votos que merecen y que la Democracia exige”.

El calumnioso texto cierra con la firma del mandatario: “Presidente Donald J. Trump”.

Mientras el gobernante saliente se esfuerza por desestabilizar la institucionalidad estadounidense -empezando por la electoral y la judicial-, Biden y Harris están trabajando en preparación ante la inminente responsabilidad que tienen ante sí: un país golpeado por severas crisis -generadas por la administración de Trump- en materia sanitaria -por la pandemia-, socioeconómica y laboral -por la pérdida de miles de fuentes de trabajo por masiva quiebra de negocios-, de seguridad y discriminación -a causa de la brutalidad policial de naturaleza racista, con saldo de decenas de personas afroestadounidenses asesinadas por efectivos policiales blancos-.

En ese sentido, entre otras actividades, los próximos gobernantes estadounidenses han desarrollado reuniones, por ejemplo, con expertos en salud, para abordar la emergencia sanitaria.

Biden proyecta anunciar, en los próximos días, la creación de una fuera de tarea de expertos en salud, con miras a la adopción de medidas para hacer frente a la pandemia, según han informado medios estadounidenses.

Habrá que ver cuáles serán las nuevas acciones saboteadoras de los procesos tanto electoral como de transición gubernamental -que debe iniciarse inmediatamente entre equipos de las administraciones, respectivamente, saliente y entrante.

Trump ha amenazado con desconocer el triunfo de Biden -lo que está cumpliendo-, y con negarse a dejar la presidencia.

En su conducta patológicamente negacionista, Trump no quiere entender que su nefasto mandato finaliza, inexorablemente, el 20 de enero al mediodía, en la juramentación de Biden.

A Trump le regresa, en su salida de la Casa Blanca, la afirmación que se constituyó en el lema del programa de Televisión The Apprentice -del que fue presentador-: “YOU’RE FIRED!” (“ESTÁS DESPEDIDO!”).

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí