Vivir con VIH después de los 60

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sobrevivir, resistir y seguir adelante

Pacientes que enfrentaron los años más duros del sida hoy llegan a la vejez con nuevos retos físicos, emocionales y sociales

Por el Periódico Informativo JBS

El envejecimiento de las personas que viven con VIH se ha convertido en una nueva realidad mundial. Quienes sobrevivieron a los años más devastadores de la epidemia del sida ahora superan los 60 años y enfrentan desafíos distintos, marcados por secuelas físicas, salud mental, estigma y múltiples tratamientos médicos.

Historias como las de Enrique Rodríguez, Gustavo Pecoraro y Teresa Medina reflejan una generación que desafió los pronósticos médicos de los años 80 y 90, cuando recibir un diagnóstico de VIH parecía una sentencia de muerte.

“Yo no pensaba en envejecer, me estaba muriendo”, recuerda Enrique Rodríguez, diagnosticado en 1996, cuando apenas tenía 30 años. Hoy, con 60 años, considera cada cumpleaños una victoria personal.

Enrique atravesó una de las etapas más agresivas de la enfermedad. Llegó a sufrir tuberculosis pulmonar , ganglionar, anemia severa y candidiasis esofágica. En aquellos años, los tratamientos eran altamente tóxicos y debía tomar hasta 24 pastillas diarias.

Sin embargo, la llegada de la terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) en 1996 cambió la historia del VIH a nivel mundial. Estos medicamentos permitieron detener la replicación del virus y aumentar considerablemente la esperanza de vida de millones de personas.

Actualmente, según datos del Ministerio de Sanidad de España, las personas mayores de 60 años con VIH pasaron de representar un 5,6% en 2010 a un 26,4% en 2025. La media de edad de los pacientes atendidos ronda ya los 50 años.

La doctora Eugènia Negredo, especialista en VIH y envejecimiento, explica que esta es la primera generación de adultos mayores que vive con el virus durante décadas.

“El valor que le das a la vida cambia muchísimo cuando has estado cerca de morir”, afirma Enrique, quien hoy continúa participando en investigaciones médicas para ayudar a futuras generaciones.

La generación que vio morir a sus amigos

El activista argentino Gustavo Pecoraro recuerda los años más duros del sida como una auténtica tragedia colectiva.

“Fue una masacre. Estábamos en nuestros 20 e íbamos a velatorios constantemente”, relata.

Diagnosticado en 1993, Gustavo vio morir a amigos, compañeros de militancia y parejas en medio de una época marcada por la desinformación, el miedo y la discriminación hacia la comunidad LGBTIQ+.

Actualmente tiene 60 años y, además del tratamiento antirretroviral, consume medicamentos para controlar el colesterol, la presión arterial y la prediabetes.

Los especialistas advierten que las personas con VIH presentan mayores probabilidades de desarrollar enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, deterioro cognitivo y problemas asociados al envejecimiento acelerado.

También existe una fuerte preocupación por la salud mental. El aislamiento social, la depresión, la ansiedad y la soledad afectan especialmente a esta población.

“La soledad no deseada y los años de silencio dejan consecuencias profundas”, señala Carmen Martín, organización española dedicada a la respuesta frente al VIH y el sida.

Del consumo de drogas al activismo social

La historia de Teresa Medina refleja otro rostro de la epidemia.

Contrajo el virus a los 44 años tras compartir una jeringa mientras atravesaba una situación extrema de consumo de heroína y vida en calle.

“Yo antes no sabía vivir sin heroína y el VIH me enseñó a replanteármelo todo”, afirma Teresa, quien hoy tiene 67 años.

Aunque enfrentó discriminación incluso dentro de hospitales, logró reconstruir su vida. Lleva nueve años libre de drogas, participa en grupos de apoyo, estudia informática e inglés y forma parte de organizaciones de activismo social.

A pesar de haber sufrido neumonías, un infarto y otros problemas de salud, Teresa asegura sentirse llena de ganas de vivir.

“Quiero verlo todo y hacerlo todo”, dice.

Nuevos desafíos para los sistemas de salud

El envejecimiento de las personas con VIH plantea nuevos retos para los sistemas de salud y los servicios sociales en distintos países.

Expertos señalan la necesidad de crear políticas públicas inclusivas, residencias accesibles y atención médica integral que considere tanto las condiciones físicas como emocionales de esta población.

Aunque los tratamientos modernos han reducido considerablemente los efectos secundarios y permiten que muchas personas tengan una carga viral indetectable, el estigma continúa siendo uno de los principales obstáculos.

Hoy, más de cuatro décadas después de los primeros casos reportados de sida, miles de sobrevivientes continúan demostrando que vivir con VIH no significa renunciar a la esperanza, los sueños ni la posibilidad de construir una vida plena.

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