En Costa Rica, el veto presidencial es una herramienta constitucional que permite al Poder Ejecutivo frenar iniciativas legislativas por razones políticas, económicas, técnicas o ideológicas. Desde 1944 hasta el 4 de marzo de 2025, esta potestad ha sido ejercida de forma desigual por los distintos mandatarios, revelando no solo estilos de gobernanza, sino también las tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso.
Una mirada histórica: de Picado a Chaves
La recopilación realizada por William Morera Massey detalla con precisión los vetos emitidos por cada administración. El primer veto registrado en el listado es del presidente Teodoro Picado Michalski, en agosto de 1944. Durante su corto mandato (1944-1948), emitió apenas tres vetos, un número modesto comparado con lo que vendría después.
El verdadero punto de inflexión lo marca la administración de Mario Echandi (1958-1962), con un impresionante total de 102 vetos. En contraste, José Figueres Ferrer —en su segundo mandato (1953-1958)— firmó solo siete vetos, lo cual refleja una estrategia menos confrontativa o una mayor alineación con el Congreso de su época.
Los temas más vetados
Aunque muchos vetos no tienen título oficial, varios temas se repiten: exoneraciones de impuestos, reformas al sistema de pensiones, legislación municipal y autorizaciones de empréstitos o donaciones. Resulta significativo que muchas de estas decisiones respondieran a proyectos con impacto social directo: construcción de escuelas, apoyo a municipalidades o instituciones de bienestar social.
Especial atención merecen los vetos a leyes relacionadas con derechos laborales y fiscales. Por ejemplo, en 1966, durante la administración de José Joaquín Trejos Fernández, se vetó una reforma a los artículos 148 y 153 del Código de Trabajo. Esta acción revela las resistencias del Ejecutivo frente a intentos de fortalecimiento de derechos laborales.
Vetos como expresión del conflicto político
El uso del veto también ha servido como reflejo de la polarización entre el Ejecutivo y el Legislativo. Durante gobiernos con frágil mayoría parlamentaria o fuertes oposiciones legislativas, el veto fue una herramienta recurrente para frenar o modificar la dirección de la política pública.
Esto se evidencia especialmente durante gobiernos como el de José Joaquín Trejos Fernández (1966–1970), quien ostenta uno de los mayores números de vetos, con más de 80, en apenas cuatro años. En su gestión, destacan vetos a leyes de reforma educativa, financiamiento municipal y leyes de planificación urbana.
El veto como mecanismo de poder y negociación

El veto no siempre significa un rechazo absoluto. En muchos casos, ha sido utilizado para forzar negociaciones legislativas o exigir modificaciones técnicas a proyectos de ley. Así, más que un simple “no”, puede ser visto como una herramienta para corregir, matizar o condicionar.
¿Hacia una reforma del veto?
En la coyuntura actual, con un Congreso más fragmentado y un Poder Ejecutivo que busca centralizar decisiones, se ha planteado la necesidad de revisar los alcances del veto presidencial. ¿Debe mantenerse el veto total y parcial como está? ¿Es necesario introducir controles más estrictos sobre su fundamentación?
Conclusión
El ejercicio del veto presidencial a lo largo de ocho décadas demuestra que no se trata de un mero trámite administrativo, sino de una manifestación concreta del balance (o desequilibrio) de poderes en la democracia costarricense. Más allá de los nombres o los partidos, los vetos revelan una constante disputa por el rumbo político del país.







