Nicolás Maduro es, en materia de improvisación, como una fuerza de la naturaleza: arremete cual huracán de pintoresquismo categoría cinco.
En el discurso que siguió, el 10 de enero, a su cuestionada tercera juramentación presidencia consecutiva, generó nuevos ejemplos de ello, contexto en el cual, por momentos, dio vuelo a su sentido del humor.
Recurrentemente, formuló expresiones antimperialistas, anticolonialistas, antioligárquicas, las que constituyeron -por acertadas- algunos de los aspectos rescatables del discurso.
Durante la más de hora y media que duró la inmisericorde verborrea tradicionalmente revolucionaria -siguiendo el modelo de los extralargos discursos que caracterizaron, por ejemplo, a Fidel Castro-, el venezolano interactuó, varias veces, en modo humorístico, con su temido ministro del Interior, Diosdado Cabello, ambos riendo.
Igualmente, como parte de las obligadas presentaciones personalizadas de algunos jerarcas gubernamentales asistentes a la actividad, al destacar la presencia del vicepresidente de Comunicación y Cultura, Alfred Nazareth Ñáñez -popularmente conocido como Freddy-, expresó, en modo chistoso: “compañero poeta -nadie es perfecto- Alfred Nazareth”.
También bromeó con su colega nicaraguense, Daniel Ortega, sentado, en primera fila, entre el cubano Miguel Díaz-Canel y el presidente de la Duma -Cámara de Diputados de Rusia-, Viacheslav Volodin, enviado del autócrata Vladimir Putin -uno de los pocos aliados internacionales de Maduro, y de los otros dos autócratas-.
Al advertir que Volodin no contaba con dispositivo para escuchar la traducción del caso, Maduro se dirigió, en términos generales, al personal encargado de las formalidades protocolarias.
“Los invitados internacionales tienen traducción, verdad?”, preguntó, mirando hacia el sector a la izquierda del podio.
“El presidente del congreso de Rusia no lo veo con traductor”, indicó.
“Bueno, mientras tanto, Daniel le puede traducir del español al ruso”, agregó, riendo.
“Ayúdenlo, ahí, Protocolo, por favor”, instruyó, precisando que se trataba del “enviado especial del presidente Putin”, además de indicar “que todos tengan su traducción”.
En el mismo contexto, mencionó, además, al vicepresidente del Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular -el parlamento unicameral de la República Popular China-, Wang Dong Ming, quien asistió en representación del presidente de ese país asiático, Xi Jinping.
Pero, al hacerlo, trituró el nombre del gobernante chino: “el enviado especial del presidente Sinchinpín, también”, aunque “tiene su traductor, al lado”.
Y, en materia de flagrantes vacíos de información básica, en una de sus expresiones antimperialistas, mencionó a Canadá, donde la crisis política que viene golpeando a ese país, condujo, recientemente, al primer ministro, Justin Trudeau (desde 2015), a anunciar la decisión de renunciar al cargo.
En este caso, al señalar lo que describió como la creciente fuerza del régimen venezolano, planteó que “a los débiles, los cobardes, a los pusilánimes, no los respeta nadie en este mundo”.
“Si no, vean ustedes lo que está pasando con Canadá”, afirmo.
“Se puede concebir un ser más arrastrado que Pierre Trudeau, en la política mundial?”, preguntó, para agregar: “alguien que levante la mano, y tenga un ejemplo mejor que Pierre Trudeau”.
Lo que Maduro, evidentemente, ignora, es que el popular centroizquierdista Pierre Trudeau
-fallecido en 2000- fue primer ministro durante los períodos 1968-1979 y 1980-1984, y mantuvo cierto distanciamiento político respecto a Estados Unidos, y decidido acercamiento con los gobiernos de Cuban, la República Popular China, y la entonces Unión Soviética.
Además, su segunda administración fue solidaria con el gobierno revolucionario (1979-1990) de Nicaragua, al que ayudó a evadir el criminal bloqueo económico impuesto por el régimen guerrerista estadounidense (1981-1985, 1985-1989) presidido por Ronald Reagan
-el creador de la guerrilla mercenaria nicaraguense conocida como “la contrarrevolución”, o “la contra” -los reaganianos “combatientes por la libertad” (“freedom fighters”)-, en la guerra de 1982-1990)-.
Maduro tampoco parece saber que Justin Trudeau es hijo de Pierre Trudeau, y, con esas expresiones, se alió, de hecho, al irrespeto en el insistentemente incurre Donald Trump, cuando dice que Canadá tendría que convertirse en el estado 51 de Estados Unidos, y se ha referido, numerosas veces, al primer ministro, como “el gobernador Trudeau”.
Suado a ello, y, en nuevo momento de humor, volvió a arremeter, sin piedad, contra el inglés, tratando de decir algo en ese idioma.
Lo hizo, al condenar las críticas de la oposición interna, lo mismo que de gobiernos como el estadounidense y aliados, a la votación de julio, dijo que “convirtieron la lección presidencial” venezolana, “en una elección mundial”.
“Era la joya de la corona”, agregó.
A continuación, preguntó, nuevamente en tono jocoso: “cómo se dice ‘la joya de la corona’ en inglés?”
Con ayuda de alguien fuera de cámara, expresó -queriendo decir “the crown jewels of the imperialist United States of Europa”-, con fuerte acento latinoamericano (transcripción fonética exacta): “de cráun yúgoel, de cráun yugoel, de impérialis iunáite stéi of europa”.
A continuación, imitado el acento estadounidense, afirmó, gritando: “están derrotados! El fascismo está derrotado! La oligarquía está derrotada!”.
Y, al señalar que los opositores no lograron impedir la juramentación presidencial madurista, exclamó “no pudieron, ni podrán!”, para, a continuación, proponer: “ahí pudiera salir una buena canción”, agregando: “no han podido, ni podrán/por donde se metan, los sacarán”.
“En el ritmo que quiera, pues”, continuó sugiriendo.
Durante uno de los momentos de intercambio jocoso que sostuvo con Cabello, intercalados en el exageradamente extenso discurso, Maduro mencionó el “buen humor que, siempre nos anima”.
Los más de siete millones de venezolanos expulsados al exilio, a causa de la crisis nacional, sobreviviendo como pueden, en dramáticamente precarias condiciones en diferentes países, necesitan más que humor.







