Nueva Jersey, la octava provincia tica

0
82
Hombre trabaja con una pieza en un taller
21/10/16, Un total de siete estudiantes de la Universidad de Costa Rica (UCR) obtuvieron la Certificación Internacional Nivel II para el lanzamiento de cohetes que otorga la agencia estadounidense Tripoli, una de las cuatro entidades en el mundo autorizadas para poder expedir este tipo de licencias.Grupo de Ingeniería Aeroespacial (GIA) de la UCR

Nueva Jersey dejó hace mucho tiempo de ser únicamente un estado de Estados Unidos para miles de costarricenses. Con el paso de las décadas se transformó en la llamada «octava provincia» de Costa Rica, un territorio donde el acento tico, la gastronomía, las tradiciones y los vínculos familiares han construido una comunidad que mantiene viva su identidad a más de 3.500 kilómetros de San José.

El apelativo de «octava provincia» no surgió por casualidad. Se debe a la enorme concentración de costarricenses establecida principalmente en ciudades como Newark, Elizabeth, Passaic y otras localidades del norte de Nueva Jersey, muy cerca de la ciudad de Nueva York, donde varias generaciones han desarrollado redes familiares, empresariales y comunitarias.

Durante décadas, este corredor migratorio se consolidó como el principal destino de los ticos que buscaban mejores salarios, estabilidad económica y oportunidades laborales imposibles de encontrar en Costa Rica.

Una migración construida durante generaciones

Retrato de un hombre joven

Los primeros flujos importantes comenzaron entre las décadas de 1960 y 1980, cuando muchos costarricenses viajaron para trabajar en construcción, servicios, limpieza, transporte, restaurantes y comercio.

Con el tiempo ocurrió un fenómeno común en los procesos migratorios: quienes lograban establecerse ayudaban a familiares y amigos a llegar posteriormente, fortaleciendo una cadena migratoria que convirtió a Nueva Jersey en el principal punto de encuentro de la diáspora costarricense en Estados Unidos.

Hoy numerosos negocios pertenecen a costarricenses o son administrados por ellos, incluyendo restaurantes, supermercados, panaderías, empresas de transporte y pequeños comercios que abastecen a la comunidad latina.

Costa Rica vive en sus calles

Las celebraciones patrias evidencian el arraigo de la comunidad.

Cada septiembre cientos de familias participan en desfiles con faroles, mascaradas, bailes folclóricos, comidas tradicionales y actividades culturales que reproducen las festividades costarricenses.

En estas actividades es frecuente observar banderas nacionales, música típica y platillos como gallo pinto, tamales, arroz con leche y café costarricense, elementos que fortalecen el sentido de pertenencia entre quienes emigraron hace décadas y las nuevas generaciones nacidas en Estados Unidos.

La otra cara del sueño americano

Agricultor utiliza una tableta junto a un tractor

Sin embargo, la realidad también ha cambiado.

El aumento del costo de la vivienda, la inflación, mayores controles migratorios y un mercado laboral más competitivo han hecho que alcanzar el denominado «sueño americano» resulte mucho más difícil para quienes llegan actualmente.

Muchos migrantes enfrentan largas jornadas laborales, elevados alquileres y dificultades para regularizar su situación migratoria, factores que contrastan con las oportunidades que encontraron quienes emigraron décadas atrás.

Especialistas en migración señalan que las nuevas generaciones también enfrentan el reto de preservar la identidad cultural mientras se integran plenamente a la sociedad estadounidense.

Un vínculo permanente con Costa Rica

A pesar de la distancia, la comunidad mantiene una estrecha relación con el país.

Las remesas enviadas por los migrantes continúan siendo un importante respaldo económico para numerosas familias costarricenses, mientras las visitas durante vacaciones y festividades fortalecen los lazos familiares.

Asimismo, las asociaciones de costarricenses organizan actividades solidarias, campañas de ayuda ante emergencias nacionales , eventos culturales destinados a conservar las tradiciones entre los hijos y nietos de quienes emigraron.

Más que un sobrenombre

Manos sostienen una mascarilla y un frasco desinfectante

El calificativo de «octava provincia» representa mucho más que una expresión popular.

Describe una comunidad que logró establecer un espacio donde la identidad costarricense permanece viva fuera de las fronteras nacionales, demostrando cómo la migración transforma tanto a quienes parten como a las comunidades que los reciben.

Mientras miles de ticos continúan construyendo sus vidas en Nueva Jersey, ese territorio sigue siendo uno de los principales símbolos de la diáspora costarricense y un puente permanente entre Costa Rica y Estados Unidos, aunque para muchos el sueño americano hoy resulte más complejo que en el pasado.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí