Después de cinco intensos meses de negociación, el Sindicato Único de Trabajadores (SUT) de Coca Cola FEMSA en Nicaragua logró concretar un acuerdo que marca un precedente en la defensa de los derechos laborales frente a los procesos de reestructuración empresarial en la región.
El conflicto surgió cuando la empresa propuso reducir de 15 a ocho las rutas de ventas en Managua, afectando directamente las comisiones que constituyen el grueso del salario de los trabajadores. Sin embargo, tras una férrea resistencia sindical, se mantuvieron ocho rutas activas —siete en el mercado abierto y una de ventas mayoristas— con lo cual se evitó el impacto económico sobre las y los trabajadores que se mantienen en sus funciones.
Un punto clave del acuerdo es que aquellos trabajadores que quedarán fuera del circuito de ventas recibirán una compensación económica significativa, que va de cuatro a seis veces el monto correspondiente a sus ingresos en función de las rutas afectadas. Esta indemnización, retroactiva de enero a mayo, será por única vez, pero representa un reconocimiento excepcional en el contexto de negociaciones laborales en el sector privado nicaragüense.
Además, se logró incorporar a 25 trabajadores que hasta ahora operaban en condición de tercerizados. Todos ellos serán integrados a la planilla formal y afiliados al sindicato, lo que supone una victoria adicional frente a la tendencia regional a la precarización del empleo. La empresa había planteado inicialmente contratar personal nuevo y sin experiencia para reducir costos, pero la insistencia sindical logró priorizar a quienes ya tenían trayectoria en el trabajo.
“Este acuerdo no fue sencillo”, reconoció la dirigencia del SUT, “pues cada vez que Coca Cola Interamérica propone una reestructura, nunca hay medidas que beneficien al trabajador”. No obstante, con el respaldo de la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (UITA) y la Federación Latinoamericana de Trabajadores de Coca Cola (FELATRAC), el sindicato logró resistir presiones y construir una salida negociada favorable para la mayoría.
La experiencia nicaragüense resalta no solo por el contenido del acuerdo, sino también por el modelo de organización y articulación internacional del sindicalismo que, en contextos de creciente flexibilización laboral, continúa jugando un papel crucial en la defensa de los derechos de las personas trabajadoras.
Este caso, que podría pasar desapercibido para muchos, representa un ejemplo de resistencia y negociación exitosa en un país donde las condiciones laborales enfrentan retos constantes. A la vez, plantea preguntas clave sobre la responsabilidad social de las transnacionales en Centroamérica y el papel que deben asumir las instituciones ante las nuevas formas de reorganización empresarial.







