Miss Universo 2023: cómo politizar la superficialidad

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El concurso de belleza denominado Miss Universo marcó, en su versión 2023, un hito en los 72 años que ahora, en El Salvador, cumplió la competencia, cuando Sheyniss Palacios se convirtió en la primera nicaragüense premiada con la corona.

El hecho histórico en el certamen -ganado, hasta ahora, por 25 latinoamericanas- significa, para los nicaragüenses -lo mismo en su país de origen que en el exterior- una causa de celebración en medio de la violenta crisis sociopolítica que, desde 2018, golpea al país centroamericano.

Pero simultáneamente, presentó, al dictador salvadoreño, Nayib Bukele, la perfecta oportunidad -que, obviamente, no desperdició- para buscar lucro político al hacer, del concurso, un espacio de flagrante proselitismo en el cual promocionar su ilegal reelección.

Lo mismo hizo al participar, el 19 de setiembre, en el 78 Período de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando, al dar la versión oficial de la campaña antidelincuencial -con más de 77 mil encarcelados, en el marco del régimen de excepción vigente desde 2022-, aseveró que “lo primero que hicimos fue asegurarnos de estar del lado de Dios y del pueblo”, y que, “hoy, El Salvador compite con Canadá, por ser el país más seguro del continente”.

También convirtió, a las aspirantes a miss universo, en propagandistas políticas de facto, por ejemplo, mediante un video en el cual, individualmente, se declararon fascinadas con el país -por las playas, la gente, y porque, según aseveró la representante de Filipinas, “todo es tan organizado y eficiente, aquí”-.

O por la vía de imágenes, igualmente individuales, luciendo gorras azules con la inscripción “Bukele 2024” -la primera letra del apellido, reemplazada por el logo de la cuestionada moneda virtual Bitcoin, a su vez, manipuladoramente impuesta, por el presidente, en la economía nacional-.

Asimismo, fueron viralizadas, en redes sociales, fotografías y videos del saludo de las competidoras, a Bukele.

Las tradicionales actividades enmarcadas en la insoportable banalidad que caracteriza a los concursos Miss Universo, incluyeron, en este caso, visitas a lugares turísticos -de los cuales las concursantes hablaron maravillas-.

Esos recorridos omitieron, obviamente, que por ejemplo, comprobasen las internacionalmente denunciadas violaciones a los derechos humanos que el régimen bukelista perpetra con la excusa de combatir a la delincuencia -fenómeno socioeconómico que el represor describe como terrorismo, contexto en el cual está cometiendo una tan brutal cuanto evidente limpieza social-.

Las misses tampoco evidenciaron la violencia de género que el régimen bukelista fomenta al perpetuar las brutales condenas a prisión que son impuestas a las mujeres quienes, a causa de emergencias obstétricas -absolutamente involuntarias-, pierden embarazos.

A partir de ello, se les tipifica el fabricado delito de homicidio -porque, según la cruel legislación penal vigente en la materia, el aborto, lo mismo involuntario que inducido, es ilegal-.

La pena máxima es de cincuenta años de cárcel, y, de acuerdo con denuncias de organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos, fue aplicada, por ejemplo, en el período 2000-2019, a 181 mujeres.

Pero esa brutal realidad nacional, de flagrante violación a los derechos de la población femenina -un 52.38 por ciento de la nacional-, no tiene cabida en la machista superficialidad que rige a la competencia, premiando algo tan involuntario como el atractivo físico.

Por si todo lo anterior hubiese sido poco, Bukele convirtió la ceremonia de premiación, en un acto flagrantemente electorero.

Aprovechando el momento de más alto rating mediático de la competencia -momentos antes de que Palacios recibiera la corona -valorada, según versiones periodísticas, en cinco millones de dólares- como ganadora del certamen-, Bukele habló -en inglés-, y aseveró, entre otras inexactitudes -para decirlo eufemísticamente-, que, la realización del concurso, en El Salvador, marcó el renacimiento del país.

“El Salvador ha cambiado, para siempre, y lo hemos demostrado aquí, una vez más”, afirmó, de pie, vistiendo un esmoquin negro -esta vez, sin la gorra con la visera característicamente hacia atrás, estilo pandillero-, delante de las concursantes, y mirando al público presente.

“Miss Universo nos ha dado la oportunidad de mostrar, al mundo, el país que estamos construyendo”, siguió desvariando, en la transmisión, en vivo, que incluyó, en la base de la imagen, la inscripción -también en inglés-: “President Nayib Armando Bukele Ortez”.

@nayiliber.sv El discurso del Presidente Nayib Bukele en Español 🥰🇸🇻 #nayib #salvadoreñas #elsalvador #nayibbukelepresidente #bukelepresidente #elsalvador4koficial ♬ In This Shirt – The Irrepressibles

“Gracias, por haber elegido ser parte del renacimiento de El Salvador, pero esto es apenas el comienzo”, aseveró -interrumpido, recurrentemente, por aplausos y gritos de aprobación provenientes de partidarios infiltrados entre el público presente.

“Queremos que las mentes más brillantes del mundo vengan a ayudarnos a construir este nuevo faro de esperanza para todos, que quiere vivir en libertad”, se permitió decir.

“Los invitamos a que haga saber, a todos, que El Salvador es el lugar ideal para luchar por sus sueños, no importa qué tan grandes sean”, agregó, a continuación.

Bukele tropical izó y actualizó, siglos después, la iniciativa de “panem et circenses” (“pan y espectáculos baratos de circo”, o “pan y circo”), procedimiento clientelista político mediante el cual las autoridades del imperio romano proporcionaban, al empobrecido pueblo, alimentos y entretenimiento s de mínima calidad, para anular la capacidad de crítica de la gente, y hacer que se conformarse con poco.

Salve, Nayib! Los bukelistas te saludan!

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