Alberto Cabezas/Foto-Medios
“La violencia ha sido por siglos una constante en la vida del hombre, generada a partir de su distancia con Dios” expreso Deidier Diaz de la Iglesia del Príncipe de Paz en Colombia, asociada a los Ministerios Internacionales Yeshúa de Guatemala.
Con Diaz conversó el Periódico Informativo JBS.
Entrevista
¿Los juegos pueden transformarse a vivencias reales ya que el 71% de los juegos tienen alguna dosis de violencia y 25% tienen alguna alta dosis de violencia?
Santiago 4:1 nos ilustra en este aspecto, cuando dice: “¿De dónde vienen todos los conflictos y peleas que hay entre ustedes? Vienen de ustedes mismos, de sus deseos egoístas que siempre están librando una guerra en su interior.”
Evidentemente, en nuestro corazón está el origen de la violencia, la envidia, los celos, el egoísmo son solo algunos ejemplos de sentimientos que alimentan nuestra capacidad de violencia.
Muchos juegos virtuales son solo una “digitalización” de lo que proyectamos como seres violentos.
La realidad es que estos juegos nacieron de la creatividad del hombre, del corazón del hombre y de su tendencia hacia la violencia.
En Mateo 15:10 Jesús afirmaba que es el interior del hombre el problema cuando dijo: “No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca del hombre, esto contamina al hombre”.
Así, esta situación se convierte en un ciclo en el cual el hombre genera violencia desde su corazón, la canaliza en los juegos y luego esta a su vez se multiplica en los usuarios de los juegos, quienes como humanos también se encuentran como con un espejo, con aquello que perciben a través de sus sentidos y lo que ya está en su corazón: la violencia.
Desde hace muchas décadas que ese tipo de “morbo” que genera placer en ver violencia o “entretenerse” a partir de situaciones que son expresamente violentas, se convirtió en una forma de diversión, en otro fenómeno “viral” en la vida real y en la vida digital.
¿Cuál es el rol de los padres de familia tienen que jugar en sus hijos jóvenes de 12 a 35 años?
Imitar el amor que Dios nos demuestra a nosotros y replicarlo con sus hijos, pues los hijos son herencia y recompensa de Dios (Salmos 127: 3-5).
Es parte de la obra de un padre aportar todo lo benigno al crecimiento de sus hijos.
Eso es amor.
Si un padre ha entendido bien como Dios demuestra su amor, no tendrá ningún inconveniente en reproducir este amor en el corazón de sus hijos.
Una de estas muestras de amor es la disciplina, entendida desde el punto de vista del balance, en el cual, se les enseña a los hijos lo conveniente y lo inconveniente, lo que agrada a Dios y lo que no.
Los hijos deben saber de parte de los padres que no todo lo que el mundo les ofrece es realmente garantía de libertad y beneficio para su vida como dice 1 Corintios 10:23 “Todo me es lícito, pero no todo me conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”.
Más allá de enseñar prohibiciones, los padres están llamados a promover todo tipo de valores en sus hijos, la fe en Cristo que les guardará de las influencias perjudiciales y el equilibrio en sus decisiones.
Sin duda, la solución a todas las vicisitudes de este mundo es la fe en Cristo y solo en Cristo.
Él es el modelo perfecto de vida.
Sin embargo, solo se puede asumir ese modelo cuando se cree.
Puede que muchas personas crean que hay otras “formas” de llegar a Dios, pero Dios mismo estableció Su forma de llegar a Él cuando la Escritura dice: en 1 Timoteo 2:5 “Porque solo hay un Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”.
Creer en Cristo e imitarlo mejorará nuestra vida real, nos mantendrá en balance con nuestra actual vida digital, pero sobre todo nos preparará la vida eterna.
De nuestro interior sale la violencia, pero de nuestro interior puede salir la paz, Romanos 10: 9-10 “que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”








