“Los nadies” dan un revés político a la derecha

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Una reciente colectividad política está escribiendo la nueva -y esperanzadora- narrativa política de la agitada historia de Colombia.

Al anunciar, hace 16 meses, su entrada en la escena electoral del andino y caribeño país sudamericano, el Pacto Histórico “Colombia Puede”, dio redacción al prólogo del incipiente relato nacional.

Y el primer capítulo, está iniciando, con la victoria electoral que la coalición anotó ahora, en segunda vuelta, el 19 de junio.

Los coautores de esta obra en embrionario desarrollo, son “los nadies”.

Los líderes del esfuerzo, son el ex guerrillero Gustavo Petro y la ex trabajadora doméstica y ex minera artesanal, además de líder afrocolombiana, Francia Márquez, convertidos, por voluntad popular, en los próximos gobernantes del país.

En virtud de los rasgos sociales y políticos de ambos, y dada la trayectoria de las organizaciones cofundadoras de la coalición, Márquez aseguró, la noche de la victoria, que Colombia tendrá, a partir del 7 de agosto -cuando el nuevo presidente y la nueva vicepresidenta sean juramentados- el primer “gobierno popular y de los nadies”.

Constituidos en la fórmula presidencial del Pacto Histórico, Petro y Márquez reunieron, el 19 de junio, algo más de 50 por ciento de los votos emitidos en un polarizado contexto político que significaba, para los colombianos, seguir en la tradición de elegir jefes de Estado derechistas, integrantes de la élite sociopolítica nacional -obviamente, blancos-, o dar un salto de fe, pulverizar esquemas, darle chance a la esperanza.

El contexto electoral que marcó el trabajo concientizado del osado equipo

Petro-Márquez, presentó dos alternativas profundamente antagónicas -en contenido y en forma-.

Para la segunda vuelta, la opción del desprestigiado tradicionalismo, fue el binomio Rodolfo Hernández-Marelen Castillo, postulados por la Liga de Gobernantes Anticorrupción -fundada en 2019-, de la cual son los máximos dirigentes.

Probablemente, el principal enemigo de esa agrupación -cuya medieval y mixta ideología ultraconservadora incluye, según diferentes análisis, componentes tales como la antipolítica, el populismo, el antisemitismo- sea Hernández.

El cuestionado ex alcalde de Bucaramanga -la capital del noroccidental departamento (provincia) de Santander-, se caracteriza por el autoritarismo, la intolerancia, el irrespeto, la vulgaridad, la misoginia, el machismo -o sea, la patanería-.

Desagradable dese su aspecto, Hernández ha insultado, soezmente, en incidentes públicos-que han incluido violencia física-, a interlocutores.

Además, como ejemplo de su proclividad a la agresión -por lo menos verbal- de género, el impresentable pseudolíder político aseguró, en declaraciones que formuló, en el marco de la campaña electoral, a radioemisoras colombianas, que “el ideal sería que las mujeres se dedicaran a la crianza de los hijos”.

Ello, en alusión a lo inconveniente que, en su prejuiciosa opinión, es el hecho de que haya participación femenina en la política -aunque la fórmula presidencial de su partido, incluyó a una mujer-.

“Es bueno que hagan comentarios, y que apoyen desde la casa”, pero, “la mujer metida en el gobierno, a la gente no le gusta, porque ven que es invasiva, que ella no fue a la que eligieron, al que eligieron fue al marido”, aseveró.

“Entonces, si hay algo que me tenga que decir, Socorro, mi esposa, ella me lo va a decir en la casa”, agregó.

Y, ante la eventualidad de que la victimizada Socorro llegase a ser la próxima primera dama, afirmó que “no debe estar allá, metida, con carro, con chofer, asesores, gastándole plata a la ciudadanía”, porque “no estamos pa’ eso”.

Afortunadamente, la mayoría de los votantes colombianos no optó por el neandertal que todavía no se ha asomado fuera de la caverna, para ver qué hay afuera -o sea, la realidad-.

De momento, en Colombia, el escenario es de cambio.

Todavía es altísimamente prematuro prever qué posibilidades tienen, Petro y Márquez, de marcar la diferencia.

El espacio para ello, no está, de ninguna manera, garantizado -aunque están empezando a generarlo-.

Entretanto, la izquierda latinoamericana está expectante, al igual que en el caso de la incipiente presidencia del chileno Gabriel Boric, mientras monitorea el desarrollo de la actividad proselitista con miras a las elecciones programadas para el 2 de octubre en Brasil.

Tras el vergonzoso mandato gubernamental que está protagonizando el fascista capitán retirado Jair Bolsonaro (2019-2023), el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2007, 2007-2011)- se perfila para hacer que -después del traidor ultraderechista Michel Temer (2016-2019), y del misógino militar- la dignidad regrese al Palácio do Planalto.

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