…unos medios que están incitando al golpe de Estado, igual que en 2002, que por cierto tiene los mismos protagonistas de ese año…

Entrevista que hizo el periodista Clodovaldo Hernández al exministro y especialista en comunicación, Andrés Izarra. Éste se refiere a la reciente campaña electoral y al papel de los medios.
Entrevista a Andrés Izarra
Por: Clodovaldo Hernández
¿A qué días se le parecen estos días?
—Lo de los medios privados de comunicación es gravísimo, gravísimo. Tanto los impresos como los radioeléctricos están galvanizados en torno a Capriles, a quien no tocan ni con el pétalo de una rosa. Se dedican a negar, a invisibilizar la violencia incitada por este liderazgo irresponsable. Es una reedición de lo que vimos en 2002 en el golpe de Estado. Aquella vez pusieron comiquitas en sus pantallas para ocultar lo que estaba pasando. Ahora hablan de cualquier tema con tal de no darle cabida a la realidad. El silencio de los medios avala una ola xenófoba, racista, intolerante. El pueblo tiene que luchar para colarse por las rendijas de esa hegemonía, ese bloque galvanizado que no permite ni siquiera una mínima crítica a estos fascistas enloquecidos, esa dirigencia del odio que ha atacado al pueblo sin misericordia.
—La MUD y los medios dicen que nada de eso ocurrió…
—Sí, eso dicen: para ellos no hubo muertos ni CDI quemados ni casas de funcionarios acosadas. Para ellos no existe el dolor de los familiares de los fallecidos. De la noche de los cuchillos largos (el lunes 15 de abril) no dijeron ni una palabra. Es una cosa loca. Lo único que le falta a Capriles es decir que los ocho muertos son de ellos. Él niega todo en su acostumbrada estrategia del yo no fui. Ahora condena la violencia y jamás dijo que salieran a la calle con arrechera.
—Usted compara esto con 2002. ¿Se justifica que los medios privados sigan teniendo tanta influencia en la gente, pese a los avances de la política comunicacional del Estado?
—Sí, porque los medios privados acaparan 80% o 90% de la audiencia. Nosotros hemos sido efectivos en crear muchos medios, pero poco efectivos en crear mucha audiencia. Debemos aceptar que tenemos unos medios públicos sin público. Esa es una de las grandes deudas pendientes. Pero, más allá de esa autocrítica que debe darse, este es el momento de señalar a unos medios privados que son cómplices de la violencia, unos medios que están incitando al golpe de Estado, igual que en el 2002, que por cierto tiene los mismos protagonistas del 2002, incluyendo a Leopoldo López pagando hordas fascistas para agredir al pueblo. Pero nosotros les decimos que estamos determinados a impedir que esta locura se imponga. Esta vez tampoco pasarán.
—Hubo un caso de un periodista que, a través de las redes sociales, difundió una información falsa que generó hechos de violencia en Maracaibo. ¿Ese tipo de actuaciones deberían ser objeto de un enjuiciamiento penal?
—Bueno, para Nelson Bocaranda este es un caso más de su prontuario criminal. Tiene una cantidad de casos de manejo irresponsable de la comunicación que bien podría pasar el resto de su vida de tribunal en tribunal. Ojalá hubiese demandas colectivas de gente que ha sido afectada por su manejo antiético de la información porque de alguna forma debe la sociedad reclamar semejante irresponsabilidad.
—Sin embargo, el público cautivo de esos medios cree en lo que dicen. Parece un juego mutuo de unos que ocultan, engañan, tergiversan y otros que quieren que los engañen. ¿No le parece?
—Sí, puede ser. Mucha gente solo quiere escuchar aquello que se ajusta, se adapta a sus ideas políticas. Y es sorprendente que en el caso de los medios privados sea, en su mayoría, gente con alto nivel educativo, con posgrados fuera del país. Ya lo vimos en 2002 con los gerentes de Pdvsa y lo vemos hoy a cada paso. Yo conozco profesionales de alto nivel que aplauden cualquier infortunio que les pueda ocurrir a sus adversarios políticos. Hay médicos que le desean la enfermedad y la muerte a los chavistas. Se ve que no influye tanto la formación académica, sino las condiciones psicológicas, cierto tipo de complejos, de neurosis, qué sé yo. Quizá el alcalde (Jorge) Rodríguez, como psiquiatra, pueda dar una buena explicación.
—Vistos los resultados de las elecciones, ¿cuál es su primera evaluación de cómo funcionó la campaña de Nicolás Maduro en cuanto a propaganda y comunicación?
—Tuvo algunos problemas, hubo que hacerla de manera apresurada, armarla en muy poco tiempo y con un ánimo muy decaído, producto de la tragedia del Comandante. No es fácil pasar de una tristeza tan grande a afrontar una campaña tan corta. Quizá la campaña no fue la más afortunada porque tenía por dentro esos sentimientos encontrados. Por otro lado, enfrentamos a un candidato que tiene dos años en campaña con uno que estaba estrenándose y, sin embargo, le ganamos. Claro que el margen no fue el que estábamos acostumbrados, pero ganamos. Esos errores deben corregirse para adaptarnos a la nueva situación que se nos presenta porque no podemos dejar que el fascismo de apodere del país.
—Como especialista, ¿diría que los cambios hechos en la propaganda y las comunicaciones de Capriles influyeron en el crecimiento de su votación?
—Él tuvo el apoyo de la guerra sucia de J. J. Rendón, pero la efectividad de su campaña yo se la atribuyo al tiempo que ha tenido para desarrollarse como candidato. Sin embargo, creo que desperdició lo que logró. Pudo haber capitalizado el crecimiento que alcanzó en su votación, tuvo la oportunidad de continuar como un líder democrático, pero optó por el camino de la violencia, por desatar las hordas fascistas. Estoy seguro de que ese capital electoral que ganó lo ha perdido con esta ola de odio. La oportunidad que tuvo la echó por la borda.
Cuchillos largos
Lo que vivió Andrés Izarra (Caracas, 1969) el lunes 15 de abril le hizo sentir como en “la noche de los cuchillos largos” (nombre dado a una matanza ordenada por el régimen nazi en 1934). Se encontraba en casa de unos amigos en La Florida y, mientras recibía información sobre el acoso sufrido en otra parte de la ciudad por su padre, William Izarra, vio gente enardecida dirigiéndose a la casa de Tibisay Lucena, la presidenta del Consejo Nacional Electoral. “Iban con antorchas, con cacerolas, gritando consignas de odio. No encuentro otra frase para describirlo sino la noche de los cuchillos largos”, dice Izarra.
El exministro de Comunicación e Información y miembro del comando de campaña Hugo Chávez se movilizó de su hogar, aunque reconoce que sus vecinos nunca lo han agredido. Lo hizo por previsión, dada la violencia que hervía en las calles tras el llamado de Henrique Capriles Radonski a “salir con arrechera”.
Desde el domingo, Izarra había sido blanco de ofensas y burlas de opositores porque luego de votar, mientras declaraba a la televisión, no pudo contener las lágrimas. “Fui al mismo centro electoral al que tantas veces acompañé al Comandante Chávez. Me sentí muy afectado”, dijo.
Ahora que culminó la campaña, Izarra jura que seguirá a la orden de la Revolución y para defender el legado de Chávez. “Para eso no necesito cargo. Viví muchas cosas a su lado, fue un maestro, un guía, un padre. Mi compromiso es que la semilla que el sembró prenda, florezca”.
Clodovaldo Hernández/Ciudad Ccs
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