Cuando criticamos sin comprender
Una lección educativa en medio de la confrontación política costarricense
4 de septiembre de 2026
Costa Rica atraviesa nuevamente uno de esos momentos políticos en los que resulta más fácil etiquetar que comprender.
La figura de Pilar Cisneros vuelve a ocupar el centro de la discusión pública, pero esta vez en circunstancias mucho más complejas que las que rodeaban el debate político de meses atrás.
La exdiputada oficialista y actual asesora ad honorem en comunicación de la Presidencia se presentó este 4 de septiembre ante la Fiscalía General de la República, en el marco de una investigación relacionada con el presunto financiamiento irregular de la campaña electoral de 2022 del Partido Progreso Social Democrático, agrupación que llevó a Rodrigo Chaves a la Presidencia.
La Fiscalía había emitido previamente una alerta migratoria para facilitar su localización, después de varios intentos de notificación. Cisneros cuestionó públicamente esa actuación y la calificó como un ataque político. El fiscal general, Carlo Díaz, rechazó posteriormente que se tratara de una persecución política.
Pero existe un dato particularmente importante: estar siendo investigada no equivale a ser culpable.
Y precisamente aquí aparece una de las grandes lecciones educativas que podemos extraer de esta coyuntura.
La sociedad costarricense parece estar enfrentando dificultades cada vez mayores para distinguir entre investigar, acusar, juzgar y condenar.
Una investigación judicial debe permitir determinar responsabilidades con base en pruebas y mediante el debido proceso. Convertir automáticamente una investigación en una condena pública significa sustituir la justicia por la opinión.
Pero tampoco debería ocurrir lo contrario: convertir a una persona investigada en una víctima incuestionable simplemente porque pertenece al sector político con el que simpatizamos.
En ambos extremos existe el mismo problema: la incapacidad de comprender la complejidad.
Edgar Morin y el desafío de comprender
El filósofo y sociólogo francés Edgar Morin planteó que uno de los grandes desafíos de la educación contemporánea consiste precisamente en enseñar la comprensión humana.
Para Morin, información y comprensión no son lo mismo.
Podemos conocer el cargo que ocupa una persona, sus declaraciones, su trayectoria profesional, sus posiciones políticas y hasta los procesos judiciales en los que aparece mencionada.
Pero eso no significa que la comprendamos.
Comprender exige algo más difícil: intentar reconstruir las razones, circunstancias, experiencias y perspectivas que pueden explicar por qué una persona piensa y actúa de determinada manera.
Y comprender no significa justificar.
Esta distinción es fundamental.
Puedo comprender por qué alguien apoya a un determinado movimiento político y, al mismo tiempo, considerar equivocadas sus decisiones.
Puedo comprender por qué una persona confía en una determinada figura política y, al mismo tiempo, cuestionar sus argumentos.
Puedo comprender la posición de Pilar Cisneros sin necesariamente estar de acuerdo con ella.
Y también puedo cuestionarla sin convertirla en una caricatura.
Pilar Cisneros: de periodista a protagonista política
La trayectoria de Pilar Cisneros ayuda a explicar por qué resulta difícil colocarla dentro de una sola categoría.
Durante décadas fue reconocida principalmente como periodista y figura de la televisión costarricense.
Posteriormente ingresó directamente a la política electoral y se convirtió en una de las figuras más visibles del proyecto político que llevó a Rodrigo Chaves a la Presidencia.
Su estilo comunicativo, su confrontación con sectores políticos tradicionales y su capacidad para generar adhesiones y rechazo la transformaron rápidamente en uno de los personajes más polarizantes del país.
Hoy, sin embargo, su situación es diferente.
Ya no es diputada, pero continúa vinculada políticamente al oficialismo como asesora ad honorem en comunicación de la presidenta Laura Fernández. Paralelamente, enfrenta una investigación del Ministerio Público relacionada con el financiamiento de la campaña electoral de 2022.
Este 4 de septiembre acudió a la Fiscalía acompañada por su abogado. La diligencia terminó con la toma de sus datos personales y la programación de una nueva comparecencia para octubre, cuando se espera abordar el fondo de la investigación.
El expediente, según información divulgada por el fiscal general, es de aproximadamente 5.000 folios, razón por la cual la defensa ha señalado la necesidad de estudiarlo antes de que Cisneros brinde una declaración sobre los hechos.
Todo esto coloca a Costa Rica ante una pregunta importante:
¿Podemos analizar a Pilar Cisneros sin convertirla ni en heroína ni en villana?
El espíritu reductor
Edgar Morin advertía sobre lo que podría denominarse el «espíritu reductor»: la tendencia a reducir una realidad compleja a una sola característica.
En política, este fenómeno es particularmente peligroso.
Una persona deja de ser una persona y se convierte en una etiqueta.
«Pilar es chavista».
«Pilar es autoritaria».
«Pilar es periodista».
«Pilar es oficialista».
«Pilar es víctima».
«Pilar es culpable».
Cada una de estas expresiones puede contener una determinada interpretación política, pero ninguna, por sí sola, alcanza para explicar a una persona.
La realidad humana es mucho más compleja.
Una periodista puede convertirse en política.
Una política puede apoyar a un gobierno y también tener diferencias con algunos sectores.
Una persona puede defender determinadas posiciones y equivocarse en otras.
Una persona puede ser investigada judicialmente y seguir teniendo derecho a la presunción de inocencia.
Y una persona puede tener responsabilidades políticas sin que eso signifique que toda acusación contra ella sea automáticamente cierta.
Comprender esa complejidad requiere madurez ciudadana.
La polarización también puede impedirnos pensar
El problema no pertenece exclusivamente a la izquierda, al chavismo, al oficialismo o a la oposición.
La polarización funciona de la misma manera en todos los bandos.
Cuando una persona pertenece al grupo que consideramos enemigo, tendemos a interpretar sus acciones de la manera más negativa posible.
Cuando pertenece a nuestro grupo, hacemos exactamente lo contrario.
Si la Fiscalía investiga a una persona de nuestro sector político, hablamos de persecución.
Si investiga a alguien del sector contrario, hablamos de justicia.
Si un político que nos gusta comete un error, buscamos explicaciones.
Si lo comete alguien que rechazamos, exigimos su condena inmediata.
Este comportamiento revela algo más profundo que una diferencia ideológica.
Revela una deficiencia en nuestra capacidad de análisis.
La investigación contra Cisneros: ni condena automática ni defensa automática
El caso actual exige precisamente ese equilibrio.
El Ministerio Público sostiene que existe una investigación relacionada con presuntas irregularidades en el financiamiento de la campaña presidencial de 2022.
Cisneros niega haber cometido actos ilegales o inmorales y sostiene que tiene la conciencia tranquila.
Además, existe una controversia sobre los intentos realizados para notificarla y sobre la alerta migratoria emitida para localizarla.
La Fiscalía sostiene que realizó varios intentos para ubicarla durante agosto. Cisneros cuestionó parte de esa versión y afirmó que era imposible que algunos de esos contactos hubieran ocurrido de la manera descrita.
Aquí es donde la ciudadanía necesita educación.
No debemos decidir quién tiene razón simplemente porque una versión coincide con nuestras preferencias políticas.
Debemos esperar pruebas.
Debemos escuchar ambas partes.
Debemos respetar el debido proceso.
Y debemos aceptar que una investigación judicial puede terminar fortaleciendo una acusación o descartándola.
Eso es precisamente lo que significa vivir en un Estado de derecho.
Comprender al otro no significa renunciar a la crítica
Este punto merece especial atención.
A veces se piensa que pedir comprensión significa pedir silencio.
No.
Comprender no significa dejar de cuestionar.
Significa cuestionar con argumentos.
Una ciudadanía educada debería poder decir:
«Comprendo por qué Pilar Cisneros defiende esta posición, pero considero que sus argumentos son equivocados».
También debería poder decir:
«Entiendo las razones de quienes critican a Cisneros, pero considero que están exagerando o adelantando conclusiones».
Y debería poder decir:
«Quiero que la Fiscalía investigue hasta las últimas consecuencias, pero no considero correcto declarar culpable a una persona antes de que exista una resolución judicial».
Esto es democracia.
La educación frente a la polarización
Aquí aparece una responsabilidad enorme para el sistema educativo costarricense.
Durante años hemos enseñado a nuestros estudiantes a memorizar información, responder exámenes y defender posiciones.
Pero quizá hemos enseñado poco a escuchar.
Hemos enseñado a ganar discusiones, pero no necesariamente a comprender al adversario.
Hemos enseñado a identificar errores, pero no siempre a reconocer la complejidad humana detrás de ellos.
Y esto tiene consecuencias políticas.
Las redes sociales han convertido la discusión pública en una sucesión de frases cortas, etiquetas, memes y acusaciones.
En ese ambiente, la persona que grita más fuerte puede parecer más convincente que la que argumenta mejor.
La persona que simplifica puede tener más seguidores que la que explica.
Y la persona que provoca indignación puede generar más interacción que aquella que invita a pensar.
Una ciudadanía capaz de decir «no sé»
Tal vez una de las mayores muestras de madurez democrática sea aceptar que no tenemos toda la información.
En el caso de Pilar Cisneros, hay preguntas que todavía deberán ser respondidas por las instituciones correspondientes.
¿Qué ocurrió realmente con el financiamiento de la campaña de 2022?
¿Qué responsabilidad tuvo cada una de las personas investigadas?
¿Qué pruebas existen?
¿Qué argumentos presentará la defensa?
¿Qué determinarán finalmente las autoridades judiciales?
Todavía hay preguntas abiertas.
Y cuando una pregunta está abierta, una sociedad democrática debe tener la capacidad de decir:
«No lo sé todavía».
Decir «no lo sé» no es ignorancia.
Es honestidad intelectual.
La verdadera lección de Pilar Cisneros
Quizá el caso Pilar Cisneros termine siendo mucho más que un episodio político o judicial.
Puede convertirse en una oportunidad educativa.
Una oportunidad para enseñar que podemos investigar sin condenar.
Criticar sin insultar.
Discrepar sin odiar.
Defender nuestras ideas sin deshumanizar al adversario.
Y comprender sin necesariamente estar de acuerdo.
Esa es precisamente la ética de la comprensión que Edgar Morin colocaba en el centro de una educación verdaderamente humana.
Costa Rica necesita ciudadanos capaces de mirar más allá de las etiquetas.
Necesita periodistas capaces de informar sin convertir la información en sentencia.
Necesita políticos capaces de escuchar.
Necesita educadores capaces de enseñar que el adversario político no deja de ser una persona.
Y necesita ciudadanos capaces de preguntarse, antes de compartir una acusación:
¿Estoy analizando los hechos o simplemente confirmando aquello que ya quería creer?
Una última reflexión
Pilar Cisneros puede ser criticada.
Puede ser defendida.
Puede ser investigada.
Puede ser cuestionada políticamente.
Y, si corresponde, puede eventualmente responder ante la justicia por los hechos que se logren demostrar.
Pero ninguna de esas posibilidades elimina una verdad fundamental:
sigue siendo una persona.
Y precisamente ahí comienza la ética de la comprensión.
No se trata de convertir al otro en nuestro amigo.
No se trata de abandonar nuestras convicciones.
No se trata de justificar aquello que consideramos incorrecto.
Se trata de reconocer que detrás de cada posición política existe una persona con una historia, unas razones, unos intereses, unas convicciones y también unas limitaciones.
La democracia necesita ciudadanos capaces de hacer algo mucho más difícil que escoger un bando:
Porque cuando dejamos de comprender al otro, la política deja de ser diálogo y se convierte en guerra de etiquetas.
Y cuando la educación deja de enseñar comprensión, la polarización termina ocupando el lugar del pensamiento.
Costa Rica necesita urgentemente recuperar la capacidad de comprender.
No para pensar todos igual.
Sino para aprender a convivir pensando diferente.















