La abyección irrumpe en la cancha: Infantino premia a Trump como pacifista

0
279
Logotipo de la FIFA iluminado durante la noche
Tarjeta roja colectivaa Trump, Infantino, y la Fifa -por atentar contra la ética-. Foto/Agencias

La Federación Internacional de Fútbol Asociación (Fédération Internationale de Futbol Association, Fifa) ha tenido presidentes corruptos, pero el caso de su jefe actual, el suizo/italiano Giovanni “Gianni” Infantino, agrega el componente de monumental bajeza.

Fundada en 1904, en Francia -específicamente, en París-, la Fifa contó, entre sus hasta ahora 10 presidentes, al francés Jules Rimet -el tercero (1921-1954)-, durante cuyo mandato -de momento, el más extenso (34 años)- se llevó a cabo el primer campeonato mundial (1928) -en Uruguay-.

Los otros dos más longevos han sido, respectivamente, el brasileño João Havelange (1974-1998) -el sétimo (24 años) -, y el suizo Joseph “Sepp” Blatter (1998-2015) -el octavo (17 años) -, habiendo, cada uno, desempeñado el cargo en medio de denuncias de corrupción.

En el caso de Havelange, versiones periodísticas dieron a conocer, en 1999, que el brasileño recibió sobornos -tales como diamantes, porcelana de lujo-, mietras un informe de la fiscalía suiza reveló, en 2012, que, junto con el también brasileño Ricardo Teixeira – su yerno integrante del comité ejecutivo de la Fifa-, recibió millonarias mordidas respecto a derechos de mercadeo de partidos mundialistas.

La presidencia de Blatter se caracterizó -además de señalamientos de corrupción- por el monumental escándalo conocido como Fifa Gate, revelado en 2015 a raíz de una extensa investigación -por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos- que derivó en la detención de más de una decena de jerarcas de la federación -y de federaciones regionales- involucrados en multimillonarios sobornos por derechos de mercadeo, y determinó la renuncia del europeo.

Sucesor directo de Blatter -tras el fugaz interinato (141 días) del camerunés Issa Hayatou (octubre de 2015 a febrero de 2016)-, Infantino está en descontrolada genuflexión ante el dictador estadounidense, Donald Trump.

En su exagerada muestra de abyección, Infantino aprovechó el reciente sorteo de grupos con miras al campeonato mundial de fútbol 2026 -el torneo a desarrollarse simultáneamente en Canadá, Estados Unidos, México-, para entregar, a Trump, el recién inventado “Premio Fifa de la Paz: el Fútbol Une el Mundo”.

De acuerdo con la información contenida en el comunicado que la federación difundió, el 5 de noviembre, el galardón “distinguirá a todos aquellos que, con su trabajo excepcional y extraordinario por la paz, hayan unido a las personas del planeta”.

“El premio se entregará en nombre de las más de 5000 millones de personas que aman el fútbol”, agregó la Fifa, en el texto de cuatro párrafos.

“Esta distinción se concederá (a) aquellos que, con su inquebrantable compromiso y sus acciones especiales, hayan ayudado a unir a las personas en todo el mundo en la paz y, por consiguiente, merecen un reconocimiento único y especial”, aseguró.

“El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, concederá por primera vez este premio anual el próximo viernes 5 de diciembre, con motivo del sorteo final de la Copa Mundial de la FIFA 26, que se celebrará en Washington D.C,”, precisó la federación.

Efectivamente, la entrega del galardón -medalla y escultura- se concretó, durante la actividad que -con participación de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, y Trump- se llevó a cabo en el Centro Memorial John F. Kennedy para las Artes Escénicas (John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts) -más conocido como el Centro Kennedy (Kennedy Center)-.

Pero Infantino cometió, durante la actividad, dos notorio pecados: además de haberse vergonzosamente exhibido -otra vez- como admirador del guerrerista dictador estadounidense, violó la neutralidad política con la cual la Fifa se manejó hasta ahora.

Sumado a eso, traicionó, flagrantemente, lo que declaró, en octubre de 2023 -un año y tres meses antes de que Trump se reinstalara en la Casa Blanca-.

Al hablar en la primera jornada de la 141 Sesión del Comité Olímpico Internacional(COI), llevada a cabo el 15 y el 16 de octubre de ese año, en la occidental y costera ciudad india de Mumbai -ex Bombay- dijo que “tenemos que proteger la autonomía del deporte, la neutralidad del deporte, y proteger los valores del deporte”.

Y, en un mensaje que difundió, momentos después de su intervención en la reunión del COI, repitió, textualmente, esa afirmación.

Es más que obvio que Trump es la perfecta antítesis de los valores que el premio de la Fifa pretende reconocer.

En apenas 11 meses desde su segunda juramentación presidencial -el 20 de enero de 2025-, a nivel nacional, Trump ha instalado una dictadura, impuesto un Estado policial, institucionalizado el racismo y la xenofobia como bases de su brutal política antinmigratoria, consolidado la corrupción y la impunidad como manera de ejercer el poder, impuesto la mediocridad como requisito esencial para desempeñar cargos en su régimen.

A nivel internacional, su diplomacia es belicista, por ejemplo, apoyando la masacre que el sionismo imperialista gobernante en Israel está perpetrando, desde octubre de 2023, en la Franja de Gaza.

También lo es cuando asesina a los tripulantes de las supuestas narcolanchas que está, desde setiembre de 2025, hundiendo en el sur del Mar Caribe, frente a la costa de Venezuela, además de haber bombardeado -para Israel- supuestas instalaciones nucleares iraníes.

No obstante el sólido prontuario que Trump presenta en materia de belicismo, en el documento que formalizó la entrega del premio -texto leído por Infantino, durante la actividad en el Kennedy Center-, la Fifa aseguró que el vergonzoso otorgamiento fue decidido “en reconocimiento a sus excepcionales y extraordinarias acciones para promover la paz y la unidad en todo el mundo”.

En realidad, se premió las excepcionales y extraordinarias acciones de Trump para promover la guerra y la confrontación en todo el mundo.

Siguiendo esa línea de absoluta ausencia de ética, el próximo/natural destinatario de la medalla y la escultura -los componentes del vergonzoso premio-, tendría que ser el corrupto/belicista primer ministro israelí, Benjamin “Bibi” Netanyahu.

En tal contexto, quizá deban seguirlo, por ejemplo, el autócrata argentino, el motosierrista plagiador de libros Javier Milei, o el patético dictador venezolano, Nicolás Maduro, o la corrupta ultraderechista francesa Marine Le Pen, o el pronazi ucraniano Volodymyr Zelensky compartiéndolo con el ex espía Vladimir Putin.

Al haber entregado el absurdo premio de paz -un desvergonzado plagio del galardón
Nobel-, Infantino se convirtió -y convirtió a la Fifa- en cómplice de los crímenes de lesa humanidad de los cuales Trump está flagrantemente implícito -por ejemplo, al apoyar el genocidio en Gaza, o al fingir que quiere terminar la guerra Ucrania-Rusia-.

La acción llevada a cabo durante una actividad que debió ser únicamente deportiva, exhibió la naturaleza corrupta del vínculo Trump-Infantino -corrupción no solamente consiste en robar-.

El jefe de la Fifa llegó en específico auxilio del dictador estadounidense quien, no obstante su prontuario -guerrerismo, corrupción, abuso sexual, tiranía-, se considera merecedor del Premio Nobel de la Paz.

Quiso obtenerlo este año, para lo cual efectuó algunas maniobras flagrantemente manipuladoras, tales como, por ejemplo, afirmar -meses antes de que el galardón 2025 fuese otorgado- que, por su presunta capacidad para resolver guerras -ocho, según él-, “dicen: ‘si usted resuelve la próxima, usted va a recibir el Premio Nobel’”.

Además, tuvo el apoyo de Netanyahu, quien formalmente lo postuló para el galardón
-considerablemente desprestigiado al haber tenido destinatarios belicistas tales como el ex presidente estadounidense Theodore “Teddy” Roosevelt, el ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, el ex ministro de Defensa de Colombia Juan Manuel Santos-.

La insultante -además de manipuladora- postulación formal de Trump fue perpetrada, a mediados de 2025, por el maniobrero Netanyahu -el criminal de guerra universalmente requerido por la Corte Penal Internacional, además de que enfrenta, en el sistema judicial israelí, cargos, que ameritan prisión, por actos de espesa corrupción-.

Al inicio de la visita que realizó, del 7 al 9 de julio, a la Casa Blanca, Netanyahu informó, a Trump, sobre la carta que dirigió, el 1 del mismo mes, al Comité Nobel Noruego, para presentar la procaz nominación.

Pero se les adelantó la derechista María Corina Machado -aliada de ambos-, quien se convirtió, el 10 de octubre, en la primera persona venezolana galardonada por el comité.

Uno de sus promotores fue Marco Rubio, quien como senador republicano era, entonces, adversario de Trump, pero ahora, convertido en secretario de Estado del tirano, es el ejecutor de la guerrerista política exterior trumpiana.

Se materializó, así, una vez más el uso de la codiciada medalla de oro de 18 quilates -y los aún más codiciados 11 millones de coronas suecas (alrededor de 1.17 millones de dólares)- como arma para premiar lo absolutamente opuesto al objetivo original de la distinción.

Según la información difundida en el oficial sitio web The Nobel Peace Prize (El Premio Nobel de la Paz), el galardón se otorga a “quien haya hecho el mayor o el mejor trabajo por la fraternidad entre naciones, por la abolición o la reducción de ejércitos existentes”, entre otras condiciones -el plagio conceptual de la Fifa, es irrefutable-.

La cita corresponde al testamento del químico/inventor/ingeniero sueco Alfred Nobel (1833-1896), cuyo nombre llevan ese y los otros cuatro premios -respectivamente, en las áreas de física, fisiología o medicina, literatura, química-.

En el reverso, la medalla de paz, presenta la inscripción “pro pace et fraternitate gentium” (que, en latín, quiere decir: “por la paz y la fraternidad entre los pueblos”).

Conferido inicialmente en 1901, el premio ha tendio 150 entregas -en algunos casos, compartidas-, a 139 galardonados: 92 hombres, 28 organizaciones, 19 mujeres.

Está claro que, si el Premio Nobel de la Paz está considerablemente desprestigiado, el de la Fifa -al menos en su primera entrega- es patéticamente superfluo.

En el contexto de la fenomenal mediocridad que está caracterizado a la gestión de Infantino al frente de la Fifa, la medalla políticofutbolística no es más que un premio consuelo para el ego trumpiano.

Un gol en contra -de media cancha- para la Fifa.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí