Honduras cumplió, el 30 de noviembre, sin mayores incidentes, una nueva jornada electoral que, de acuerdo con los resultados oficiales, después de cuatro años de tercera opción, determinó el regreso al tradicional bipartidismo.
Entre las cinco opciones presidenciales, tres fueron, desde el período de campaña, las de mayor expectativa de triunfo: Nasry “Tito” Asfura, por el derechista Partido Nacional (PN), Salvador Nasralla, por el centroderechista Partido Liberal (PL) -las dos agrupaciones políticas históricas-, y Rixi Mocada, por el gobernante y centroizquierdista Liberación y Refundación (Libre) -surgido a raíz del golpe de Estado de 2009-.
Los otros dos candidatos -Mario Enrique Rivera, por el centroderechista Partido Demócrata Cristiano (DC), y Jorge Nelson Ávila, por el centroizquierdista Partido Innovación y Unidad Social Demócrata (PINU-SD)-, nunca tuvieron siquiera repta posibilidad.
En el sospechosamente lento conteo de votos, Asfura -un pintoresco empresario de la construcción y ex alcalde (2014-2018, 2018-2022) de Tegucigalpa, la capital nacional, popularmente conocido como “Papi a la Orden”-, y Nasralla -un popular periodista deportivo, y presentador de televisión de larga carrera-, se constituyeron, desde el inicio, en los contendientes principales.
Con diferencia inferior a un punto porcentual, Asfura -de ascendencia palestina-, y Nasralla -de ascendencia libanesa y chilena-, fueron, desde la noche del 20 de noviembre hasta la tarde del 24 de diciembre -cuando fue anunciado el ganador-, los actores centrales del escrutinio.
De acuerdo con los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), “Papi a la Orden” es el presidente electo del país centroamericano, con 40.2 por ciento de los votos, frente a Nasralla, quien reunió 39.3 por ciento -para una hiperajustada diferencia de 0.88 puntos porcentuales-.
En un lejano tercer lugar siempre figuró Moncada -la candidata “comunista”, según el dictador estadounidense, Donald Trump-, con 19.2 por ciento, mientras Ávila y Rivera estuvieron, permanentemente, a años luz -en el fondo de la tabla de posiciones-, con, respectivamente, 0.82 y 0.18 por ciento.
Asfura -apoyado por Trump-, y Nasralla -a quien el norteamericano considera “casi comunista” (“borderline communist”)-, estuvieron en un permanente “empate técnico”, en el rango, respectivamente, de 40 y 39 por ciento de votos -en algún momento, separados por tan sólo 515 sufragios, en un electorado algo superior a 6.5 millones-.
A diferencia de Asfura -cuya militancia política está anclada en el PN-, Nastralla -de considerable popularidad como personaje mediático- se inició, en 2011, en la actividad política, como fundador del centroderechista Partido Anticorrupción (PAC).
Continuó con la fundación, en 2019, del también centroderechista Partido Salvador de Honduras (PSH), sumándose -como candidato vicepresidencial-, en 2021, a Libre, hasta unirse, en 2025, al PL.
Interfiriendo, flagrantemente, en el proceso electoral hondureño, Trump expresó, el 26 de noviembre -tres días antes de la jornada electoral-, su apoyo al cachureco (militante del PN).
Como si eso hubiese sido poco, anunció, cuatro días después -mientras se desarrollaba la jornada de votación-, la decisión de indultar al ex presidente (2014-2018, 2018-2022) hondureño Juan Orlando Hernández -también integrante del PN, popularmente conocido como JOH, sus iniciales-, quien cumplía, desde el 26 de junio de 2024, en Estados Unidos, sentencia de 45 años de prisión, como narcotraficante.
Trump aseguró, en su red social -Truth Network (Red Verdad)-, el apoyo a Asfura, a quien describió como “el único verdadero amigo de la libertad en Honduras”.
“Tito y yo, podemos trabajar juntos para pelear contra los narco comunistas, y proporcionar la necesaria ayuda, al pueblo de Honduras” aseguró, asimismo.
En cuanto a los dos principales adversarios de “Papi a la Orden”, el dictador anaranjado aseveró que “no puedo trabajar con Moncada y los comunistas, y Nasralla no es un aliado confiable de la libertad, y no se puede confiar en él”.
Al respecto, Nasralla respondió -exhibiendo notorio grunguerismo, en lugar de poner a Trump en su lugar- que “respeto al presidente Trump, v reconozco la importancia de la relación entre Honduras y Estados Unidos”.
Lejos de asumir una actitud de dignidad ante el imperialista, el hondureño afirmó que “invitamos, a Estados Unidos, a ser vigilante del proceso electoral, para asegurar transparencia y credibilidad” -o sea: un golpista frustrado dando credibilidad a una votación. En serio?-.
En su declaración de respaldo a Nasfura, y manteniendo la tergiversadora línea de argumentación, Trump fotografió a Honduras en riesgo, al plantear la posibilidad de que el patético dictador venezolano, Nicolás Maduro, “y sus narcoterroristas, tomen el control de otro país, como han hecho con Cuba, Nicaragua y Venezuela”.
Elevando su fenomenal nivel de manipulación electoral -en este caso, en el proceso hondureño-, amenazó con suspender la ayuda a ese país, en el caso de que Asfura no fuese declarado el ganador de la votación presidencial -una variante del 6 de enero de 2021-.
“Si él no gana, Estados Unidos no va a seguir desperdiciando buen dinero, en los malos”, planteó.
La intimidante adhesión de Trump a la candidatura de “Papi a la Orden”, es indicativa de que Honduras -país que, junto con El Salvador y Guatemala, integran el violento Triángulo Norte de Centroamérica- se mantiene bajo la histórica dominación imperial estadounidense -ahora, en su variante Maga-.
En respuesta a las expresiones trumpianas, el catracho (hondureño) expresó, en redes sociales, a su simpatizante externo: “muchas gracias por el apoyo”.
“Estamos firmes para defender nuestra democracia, nuestra libertad y los valores que hacen grade a nuestro país”, aseguró, en perfecta sintonía con su aliado.
Pero, como no podía ser de otra manera, “Papi” dista mucho de ser la maravilla que Trump -experto en manipulación electoral- proyecta.
Además de señalamientos de que incurrió en corrupción, durante su desempeño como alcalde capitalino, Asfura está en la lista -conocida como Panamá Papers, difundida en 2016 y ampliada en 2021- de más de un centenar personas, a nivel mundial -incluidos dirigentes políticos, gobernantes, empresarios-, quienes poseen turbias cuentas bancarias offshore (en lavadores paraísos fiscales).
La lista, difundida por el Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (International Consortium of Investigative Journalists, Icij), consta de 11.9 millones de documentos.
En cuanto al indulto a JOH, se trató de un flagrante intento de Trump por lavar la imagen del PN, y por distanciar a Asfura de cualquier acto de corrupción.
Respecto al caso de Hernández, en declaraciones que formuló, el 10 de setiembre -poco más de dos meses antes de la votación presidencial hondureña-, a la cadena de televisión informativa estadunidense CNN en Español, Asfura dijo que “cada quién es responsable de sus actos”.
“La justicia americana actuó -nos guste o no nos guste-, así son los resultados”, dijo, en evidente alineamiento con el imperio.
A continuación, se refirió al PN -la tradicional agrupación política hondureña, fundada en 1902, e históricamente vinculada con el golpismo militar criollo-, asegurando -sin respaldo de prueba alguna- que “tenemos un partido que está cambiado continuamente, que está mejorando (…) está en una renovación constante”.
“Y vamos para adelante, siempre trabajando por la democracia y la libertad de Honduras”, agregó.
Pero ese trabajo no se vió en el desarrollo del conteo de los votos emitidos el 30 de noviembre, tarea que -como suele ocurrir en el escenario político/electoral hondureño-, ha sido -en el mejor de los casos- irregular.
En lo que tiene que ver con Nasralla, el escrutinio 2025 -de exageradamente lento desarrollo- es un caso de insoportable déja vu.
En la votación presidencial de 2017, el flagrante fraude electoral -sumado a una ilegal reforma a la Constitución, para reelegirse- permitió a JOH mantenerse, hasta 2022, en el poder -pero no le sirvió para blindarse contra su captura, enjuiciamiento, prisión-, e impidió a Nasralla, por segunda vez, instalarse e la Casa Presidencial.
Las acciones que, como presiente, Asfura proyecta llevar a cabo, están contenidas en su “Plan de Gobierno. Juntos Vamos a Estar Bien”.
La propuesta consiste en ocho políticas temáticas -con acciones para su respectiva implementación-: “Certidumbre Política y Seguridad Jurídica”, “Política de Seguridad: Trabajar y Vivir sin Miedo”, “Política de Generación Eficiente de Energía”, “Política de Infraestructura para el Desarrollo”, “De la Finca a la Mesa: Política Agroalimentaria”, “Política Nacional para la Transformación Industrial”, “Políticas de Salud y Educación”, “Política para el Desarrollo Social Inclusivo y Sostenible”.
En la introducción al texto de 10 páginas, titulada “Visión para Honduras”, el ahora presídete electo, señaló que “yo, Nasry Juan Asfura, cariñosamente conocido por mi pueblo como Tito, tengo la visión y el sueño de una Honduras que gestiona su vida republicana en democracia, preservando y defendiendo la Libertad”.
“Una Honduras en la que las oportunidades se convierten en fuente de trabajo, trabajo y mas trabajo; y que ello se traduce en condiciones de vida material y espiritual más decorosas para el Pueblo; una Honduras en la que mis hermanos y hermanas ni tengan que migrar sin visas por dolorosas razones de pobreza y inseguridad; y que se queden en su suelo patrio, junto a sus seres más queridos, sin tener miedo de la inseguridad pero también sin tener miedo de las autoridades”, agregó.
Según Asfura, se trata de “una Honduras en la que todos, juntos, sin excepción vamos a estar bien”.
Pero ese “todos, juntos, sin excepción” pareciera exceptuar a un sector poblacional extremadamente vulnerable en el contexto de violencia machista que caracteriza a la sociedad hondureña: las mujeres y las niñas.
La búsqueda de “mujer” o “mujeres”, y “niña” o “niñas”, en el texto del plan, indica que esas palabras no figuran en el documento.
Lo más cercano a la inclusión de ese segmento de la población nacional indica, escuetamente, que la administración Asfura proyecta establecer una “protección social inclusiva”, así como “implementar medidas de protección social con enfoque de género”, además de “fortalecer programas de apoyo a adultos mayores, personas con discapacidad y madres solteras”.
En materia de “desarrollo social inclusivo”, se indica -también fugazmente- que es necesario “desafíos estructurales prioritarios como (…) problemas de desigualdad de género”.
En ese rubro, se hace, igualmente, mención de un tema clave para Honduras en particular, y América Latina en general -destacadamente, Centroamérica-: el masivo fenómeno migratorio.
Ello, al hacer mención de “la población sometida a migración forzada”, de la cual Honduras es uno de los principales países expulsores.







