El pasado martes 20 de febrero, a los 84 años de edad, falleció Miriam del Socorro Matus, conocida cariñosamente como «doña Coquito» o «la abuelita vandálica». Su partida dejó un vacío en el corazón de quienes la conocieron y en la memoria de aquellos que la reconocen como un símbolo de la protesta cívica en Nicaragua.
Doña Coquito se destacó por su generosidad y valentía durante las protestas de mayo de 2018, cuando decidió regalar agua a las madres de los asesinados y presos políticos que se encontraban en las afueras del Seminario Nuestra Señora de Fátima, donde se llevaba a cabo un fallido Diálogo Nacional. Su acción desinteresada y solidaria la convirtió en un ícono de la resistencia pacífica.
A pesar de sus problemas de salud, que incluían diabetes, hipertensión y enfermedades cardíacas, doña Coquito nunca dejó de luchar por sus convicciones. Su participación en las protestas la llevó incluso a enfrentarse a situaciones difíciles, como su arresto en septiembre de 2018, durante una de las últimas manifestaciones antes de que se impusiera un estado policial.
Su compromiso con la causa la llevó al exilio en Costa Rica en 2019, aunque su estancia fuera de Nicaragua fue breve, ya que regresó tres meses después. A pesar de las adversidades, doña Coquito siempre mantuvo su espíritu de lucha y su deseo de expresar lo que pensaba y las diferencias que surgieron incluso dentro de su propia familia.
La historia de doña Coquito inspiró a muchos, incluido el reconocido cantautor Carlos Mejía Godoy, quien compuso una canción en su honor. Sin embargo, su legado va más allá de la música, pues su valentía y su generosidad son un recordatorio constante del poder de la solidaridad humana.
A lo largo de los años, la salud de doña Coquito se fue deteriorando, hasta el punto de que en sus últimos días ya no podía moverse sin ayuda. A pesar de sus temores a las represalias políticas, logró recibir atención médica gracias a la ayuda de profesionales de la salud privados.
La partida de doña Coquito deja un vacío en la lucha por la justicia y la democracia en Nicaragua, pero su legado perdurará en la memoria de quienes la conocieron y en el corazón de todos aquellos que continúan luchando por un futuro mejor para su país. Que descanse en paz, doña Coquito, y que su ejemplo siga inspirando a generaciones venideras a luchar por aquello en lo que creen, con valentía y determinación.







