
El gen nazi del dictador de Estados Unidos, Donald Trump, es incuestionable, como lo es su implícito/complementario gen de racismo y xenofobia -que son dos de sus más notorias/tóxicas características-.
El Campeonato Mundial de Fútbol 2026 -cuyas simultáneas sedes son Canadá, Estados Unidos, y México- es el más reciente ámbito que el megalómano ha encontrado, en su segundo tóxico período presidencial (2017-2021, y desde 2025), para ejercer su insoportable conducta.
Gracias al servil trumpismo que exhibe el actual presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (Fédération Internationale de Football Association, Fifa), el italiano/suizo/libanés Ganni Infantino, 78 de los 104 partidos de este torneo (equivalentes a 75 por ciento) se juega en 11 estadios en territorio estadounidense.
En términos ideológicos, Trump es admirador del criminal/corrupto führer (líder) -o sea: dictador- alemán (1933-1945) Adolf Hitler, y de la sanguinaria/corrupta cúpula militar de la tiranía nazi -el Tercer Imperio (Drittes Reich)- (1933-1945).
Durante la primera de sus -hasta ahora- dos presidencias el autócrata anaranjado admitió, a nivel privado, su simpatía por el desquiciado déspota alemán, y su admiración por los criminales uniformados de alto rango quienes lo acompañaron.
Más recientemente, en el contexto del Campeonato Mundial de Fútbol 2026, a través del Departamento de Seguridad Interna (Department of Homeland Security, DHS) -su principal arma represora-, Trump está llamando -con fuerte tono nazi-, a la selección de Estados Unidos, a defender al país.
El megalómano mantiene actualizada la esencia del nazismo -ideología que no terminó cuando Hitler se suicidó, en 1945, al ver colapsar su Reich-.
El general retirado John Kelly reveló, en declaraciones que el diario estadounidense The New York Times reprodujo el 22 de octubre de 2024 -en el marco de la campaña proselitista con miras a la elección presidencial llevada a cabo el mes siguiente, en Estados Unidos-, la tendencia nazi de Trump.
En ese testimonio -retomado por medios de comunicación estadounidenses e internacionales-, Kelly, un funcionario de la primera administración Trump -secretario de Seguridad Interna (Homeland Security) (2017), ministro de la Presidencia (Chief of Staff) (2017-2019) -, describió, a su ex jefe, como un altamente probable fascista -en alusión a la ideología de extrema derecha, promovida por el dictador italiano (1922-1943) Benito Mussolini, de la cual el nazismo es una variante-.
El militar retirado estadounidense definió al fascismo como “una ideología política autoritaria de extrema derecha, ultranacionalista, y movimiento caracterizado por un líder dictatorial, autocracia centralizada, militarismo, forzada represión de la oposición, creencia en una jerarquía social natural”.
Respecto a Trump, agregó: “ese es el tipo de cosas que él cree que funcionarían mejor en términos de gobernar a Estados Unidos”.
“Indudablemente, el ex presidente está en el área de la extrema derecha, es, indudablemente, un autoritario, admira a quienes son dictadores”, siguió narrando, para reafirmar que “ha dicho eso”.
“De modo que, indudablemente, entra en la definición general de fascista, seguramente”, planteó, a continuación, el general retirado quien, además, fue jefe (2012-2016) del militar Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Command, Southcom) -uno de los siete comandos combatientes unificados del Departamento de defensa estadounidense, responsable de operaciones en Centro/Sudamérica y el Caribe-.
Kelly precisó, además, que Trump, “indudablemente, prefiere el enfoque dictatorial del gobierno”, y aseguró que “nunca aceptó el hecho de que no era el hombre más poderoso en el mundo”, aclarando que, “por poder, me refiero a la capacidad de hacer lo que quisiera, cuando quisiera”.
“Al inicio de la administración” -en 2017-, Trump “hablaba de ‘sus generales’(…) pero una gran sorpresa, para él, fue que (para) nosotros -quienes éramos ex generales, e, indudablemente, las personas aún en servicio activo- el compromiso, la lealtad era para la Constitución, sin dudarlo, sin pensarlo dos veces”.
“Esa fue una gran sorpresa, para él: que los generales no éramos leales al jefe, en este caso, él”, reafirmó.
Kelly reveló, asimismo, que Trump “me comentó, más de una vez, que, ‘usted sabe, Hitler hizo algunas cosas buenas, también’”.
Al destacar el monumentalmente escaso conocimiento del entonces ex presidente respecto a la historia universal, el general retirado indicó que dio, a Trump, un consejo: “usted nunca debería decir eso”.
Y, en declaraciones publicadas tres días después -el 25 de octubre de 2024-, por la revista estadounidense The Atlantic, Kelly señaló, mencionando testigos, que, Trump llegó, en algún momento, a manifestar admiración por el aparato militar nazi y por la incondicional subordinación, de sus integrantes, a Hitler.
“‘Necesito el tipo de generales que tuvo Hitler’, dijo Trump en una conversación privada en la Casa Blanca, según dos personas que le oyeron decir esto. ‘Gente que le fuera totalmente leal, que siga órdenes’”, agregó The Atlantic, en la nota informativa y de análisis que publicó en inglés y en español.
Más recientemente, el 19 de junio -ocho días después de iniciado el actual campeonato mundial de fútbol, en un mensaje colocado en la red social X , superpuesto a una imagen de jugadores del equipo estadounidense siendo aclamados en una instalación deportiva, el DHS escribió en grades letras bancas: “Defiendan la Patria” (“Defend the Homeland”).
Inmediatamente, en letras de menor tamaño, también blancas, se lee: “Una Nación. Una Patria. Un Equipo” (“One Nation, One Homeland. One Team.”).
Estas seis palabras reproducen, con flagrante exactitud, la conceptualización ultranacionalista/verticalista del nazismo reflejada en el lema “Un Pueblo, un Imperio, un Líder” (“Ein Volk, ein Reich, ein Führer”).
El represivo DHS delineó el marco perfecto para el irrestricto ejercicio del racismo y la xenofobia característicos del trumpismo y de su ultranacionalista movimiento/consigna Hacer a Estados Unidos Grande Otra Vez (Make America Great Again, Maga) -conceptualmente muy afín al slogan nazi “Alemania por encima de todo” (“Deutschland uber alles”)-.
Pero el gen racista/represor no es privativo del trumpismo/magaismo sino que viene manifestándose desde temprano en la historia nacional.
La república fue fundada, en 1776, con la esclavitud como brutal sistema de explotación laboral -el racismo, como persistente ideología sociocultural-, mientras su expansión territorial -desde la costa atlántica hasta la costa pacífica, el ancho del continente-, en el siglo 19, implicó, entre otras acciones criminales, una guerra genocida contra la población indígena.
Esa expansión fue, también, el marco para la consolidación de su política exterior imperialista, que incluyó la compra de territorios coloniales -hasta crear los actuales 50 estados del país-; el saqueo, como botín de guerra, del norte mexicano -para crear el sureño estado de Texas-, el afianzamiento -igualmente, en el siglo 19- de la Doctrina de Monroe y su gemela denominada Destino Manifiesto -la esencia de ambas: nadie se mete con nosotros, pero nosotros nos metemos con quien queramos-.
Actualmente, el trumpismo está aplicando -junto con la Fifa- el supremacismo blanco que caracteriza al mundo Maga -afín al concepto nazi de la supuestamente superior raza aria-.
Esa extrema forma de discriminación está teniendo nocivo impacto en el desarrollo del actual torneo medial de fútbol -que presenta estadísticas sin precédete: 48 selecciones disputando 104 partidos en 16 estadios ubicados en 16 ciudades en tres países sede (Canadá, Estados Unidos, México, o sea: toda Norteamérica)-,
Una de las víctimas del racismo Maga/Fifa ha sido la selección de Haití -el segundo país independizada (1804) de la dominación europea en América, la priora república constituida a nivel mundial por esclavos independizados, y el primer país latinoamericano-.
La federación obligó al equipo caribeño a eliminar, de su camiseta, una imagen alusiva a la batalla de Vertières, irrespetando el hecho de que ese histórico enfrentamiento, en el norte del país caribeño, marcó la derrota del imperio francés -entonces gobernado por el emperador (1804-1815) Napoleón Bonaparte- por parte de la fuerza independentista local-.
Haití es, actualmente, considerado como el país latinoamericano en la más dramática situación socioeconómica y política, además de que presenta una brutal crisis en materia de seguridad ciudadana -a causa del descontrolado accionar de pandillas criminales-.
Según la soezmente racista definición dada por Trump, el 11 de enero de 2018 -en el marco de su primera tóxica presidencia-, es uno de numerosos “países de mierda” (“shithole countries”), además de que, de acuerdo con una más reciente difamación discriminatoria, los refugiados haitianos son cazadores y devoradores de mascotas en las comunidades donde están asentados.
Versiones periodísticas han señalado que la reglamentación de la Fifa prohíbe el uso de “mensajes o consignas políticos, religiosos, o personales” en el equipamiento de las selecciones nacionales mundialistas, y que esa es la justificación usada por la federación respecto al diseño original que presentó la camiseta de la selección haitiana -equipo conocido popularmente como Los Granaderos (Les Grenadiers), o El Rojo y Azul (Le Rouge et Bleu), o Los Bicolores (Les Bicolores)-.
Ante la decisión de la Fifa -presidida, desde 2016 por Infantino- respecto a la camiseta haitiana, la empresa colombiana Saeta -fabricante de la indumentaria mundialista usada por esa selección caribeña-, reaccionó explicando que la imagen -impresa en el sector frontal derecho bajo de la camiseta- “era un tributo a los hombres y las mujeres quienes contribuyen cada día con el futuro de Haití”.
La compañía aseguró que el diseño inicial “no tenía la intención de ser una declaración política”, y denunció el arbitrario hecho de que “la Fifa determinó que ciertos elementos visuales podrían interpretarse de manera diferente, bajo us reglamentos para los equipos, y eventualmente solicitó modificaciones al diseño”.
“Aunque esta interpretación difiere de nuestra intención, Saeta respetó el proceso e implementó los requisitos finales comunicados por la Fifa”, aclaró la empresa sudamericana.
Pero la Fifa no aplicó su presunta asepsia política, a las acciones racistas y xenofóbicas -de obvia motivación política- por parte de Estados Unidos.
Por ejemplo, la federación permite que el régimen anfitrión de 75 por ciento de los partidos mundialistas sabotee el rendimiento de la selección de Irán -país con el cual Estados Unidos, al momento de redacción de esta nota, está en guerra no obstante un memorandum de entendimiento para negociar la paz -.
La dictadura trumpista se negó a autorizar que el campamento mundialista del equipo estuviese en la estadounidense ciudad de Tucson, en el sudoccidental estado de Arizona -fronterizo con México-, no obstante el hecho de que los tres partidos de la etapa de grupo fueron programados en territorio de Estados Unidos: el 15 de junio, ante Nueva Zelanda; el 21 de junio, ante Bélgica -en ambos casos, en la costera ciudad de Los Ángeles, en el occidental estado de California-, y el 26 de junio, ante Egipto -en la ciudad de Seattle, en el noroccidental estado de Washington, fronterizo con Canadá-.
A causa de ello, la selección iraní se instaló en la ciudad de Tijuana, en el noroccidental estado mexicano de Baja California -limítrofe con Estados Unidos-, y debió gtrasladarse, específicamente, a cada estadio para disputar los respectivis juegos.
Sumado a esa arbitrariedad, el régimen trumpiano obligó, al grupo, a trasladarse de regreso a México, inmediatamente después de cada partido, sin permitir el necesario descanso.
Entretanto, el equipo nacional de Irak también soportó la represión no armada del trumpismo, ya que su capitán y principal delantero, Aymen Hussein, fue retenido, a su llegada a Estados Unidos, durante alrededor de siete horas, en el Aeropuerto Internacional O’hare -de la ciudad de Chicago, en el norteño estado de Illinois-.
Hussein fue sometido a interrogatorio -mientras autoridades estadounidenses inspeccionaban su teléfono-, antes de permitírsele el ingreso al país.
Por su parte, el fotógrafo de la selección iraquí, Talal Salah, fue retenido, en el mismo aeropuerto, durante alrededor de 10 horas, en similar procedimiento.
Pero la entrada a territorio estadounidense le fue negada, por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (US Customs and Border Protection, CBP), bajo el suficientemente vago argumento de “preocupaciones en la investigación de antecedentes” (“vetting concerns”).
La dictadura trumpista rechazó, además, la presencia del somalí Omar Abdulkadir Artan, uno de los 52 árbitros centrales designados por la Fifa para el actual torneo.
Al llegar -en condiciones legales-, a la sudoriental ciudad estadounidense de Miami -donde los réferis mundialistas debían reunirse para ser asignados a los diferentes partidos-, fue enviado de regreso a Somalia.
Artan es una figura del deporte internacional, a quien la Confederación Africana de Fútbol (Confédération Africaine de Footbal, CAF) designó, en 2025, como árbitro del año.
Se trata del primer somalí distinguido por la CAF, y seleccionado por la Fifa para arbitrar partidos mundialistas -nombramiento que los matones de CBP le impedieron ejercer-.
Pero, a su obligado regreso temprano a Mogadishu -la capital de Somalia-, fue recibido, por autoridades gubernametales y por miles de fanáticos del fútbol, como un héroe nacional.
Los inmigrantes de ese país de África Oriental -ubicado, específicamente, en la región conocida como el Cuerno de África-, son particular objeto de la ira trumpista.
Ello, fundamentalmente a causa de que la congresista demócrata Ilhan Omar, representante por el norteño estado de Minnesota -fronterizo con Canadá-, una tenaz opositora a Trump, nació en Mogadishu -la capital de Somalia-.
Naturalizada estadounidense, Omar es la primera parlamentaria negra por Minnesota, en la Cámara de Representantes, además de ser una de las dos integrantes islámicas del organismo legislativo -junto con la también demócrata Rashida Tlaib, estadounidense de ascendencia palestina-.
Como parte de la manipuladira/recurrente caracterización de los inmigrantes somalíes, en general -y de Omar, en particular-, Trump aseveró, durante una reciente reunión del gabinete -el 27 de mayo-, que “los somalíes, ladrones infernales; Ilhan Omar, ladrona infernal”, agregando que “todos son ladrones, y los agarramos”.
Ello, en arbitraria alusión al hecho de que alrededor de 82 -de los 92- detenidos por fraude enmarcado en la pandemia de Covid-19 en 2020, son de nacionalidad somalí -o sea: alrededor de apenas 0.1 por ciento de las aproximadamente 80 mil personas de esa nacionalidad residentes en Minnesota-.
El tóxico impacto del trumpismo -con el aval de la Fifa infantinista- en el campeonato mundial 2026 fue expuesto, por el Jornal de Unicamp -medio de comunicación de la brasileña Universidad del Estado de Campinas (Universisade Estadual de Campinas, Unicamp)-.
En el artículo de opinión difundido en inglés, el 11 de junio, en su sitio en Internet, titulado “Trump, la FIFA, y la erosión de la democracia” (“Trump, FIFA, and the erosion of Democracy”), el Jornal reprodujo declaraciones de Marcelo Proni, profesor en el Instituto de Economía de la Unicamp, quien analizó lo que definió como una “situación esquizofrénica” que caracteriza al actual torneo mundial de fútbol.
“Idealmente, la Copa Mundial es una celebración de los principios civilizadores que destacan la coexistencia pacífica entre naciones, incluyendo la apreciación de la diversidad étnica y cultural”, señaló el docente del centro de altos estudios cuya sede se ubica en la ciudad de Campinas, en el sureño y costero estado brasileño de São Paulo.
“Pero el gobierno de Estados Unidos ha impuesto restricciones claramente discriminatorias”, agregó, además de indicar que ello ocurre no obstante el hecho de que el actual presidente de la Fifa “predica un mundo sin fronteras”.
“Infantino actúa como el CEO de una gran corporación interesada en asegurar las ganancias de miles de millones de dólares de su negocio”, planteó.
Citado en el mismo artículo, Michel Nicolau Netto, profesor en el Departamento de Sociología, y en el Programa de Posgrado en Sociología, de la Unicamp, se refirió a la pública sumisión de Infantino a Trump -y, por lo tanto, de la Fifa, al régimen Maga-.
“Pero la Fifa siempre ha hecho esto, siempre ha sido maleable, siempre se ha adaptado a gobiernos autoritarios”, reflexionó.
“Ha promovido áridos de Copa Mundial en turno a muertes causadas por la dictadura argentina”, agregó, a manera de ejemplo, en referencia al criminal/corrupto último régimen militar (1976-1983) en el país sudamericano -responsable de la desaparición/asesinato de aproximadamente 30 mil personas-.
“Se ha sentado con gobiernos sanguinarios en Oriente Medio; ha realizado Copas Mundiales en Rusia, donde había discursos fuertemente intolerantes contra los homosexuales, o en lugares donde había claras violaciones a los derechos de las mujeres”, enumeró además.
Motivo de particular preocupación es el hecho de que el dúo nefasto Infantino/Trump está ampliando y consolidando la corrupción en la federación, así como estableciendo peligrosos parámetros de tóxica simbiosis para futuros campeonatos mundiales de fútbol.
Para el próximo torneo, en 2030 -que marcará 100 años desde la realización del primer torneo internacional-, se supone que Trump no estará en ejercicio de su segunda nociva presidencia -la que termina en 2029-.
La 22 Enmienda constitucional estadounidense limita a una la reelección presidencial -o sea, a dos cuatrienios-, -aunque, como era de prever, Trump está diciendo que le gustaría seguir en la Casa Blanca-.
Infantino termina, el año próximo su actual cuatrienio, previéndose de procure la segunda reelección, lo que le permitiría permanecer hasta 2031 en el cargo.
Tratándose de los delincuentes que son, lo que no se sabe es si conservarán algún turbio vínculo que les facilitará alguna lucrativa influencia conjunta en el próximo campeonato
-cuyas sedes previstas son España, Marruecos, y Portugal, con Argentina, Paraguay, y Uruguay como subsedes de un partido cada una para celebrar el primer centenario de la competencia-.
Dios los cría, y ellos se juntan.






