George Rodríguez/Foto-Medios
El fascismo español ha dado, en días recientes, muestras de que -siguiendo la norma elemental del fascismo, en general-, es ignorante, y, como tal, audaz -además de soez-.
Dos de sus máximos exponentes -la presidenta del gobierno de Madrid, Isabel

Díaz Ayuso, y el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, ambos del ultraderechista Partido Popular (PP)-, demostraron ilimitada mediocridad, en sus expresiones medievales para atacar al centroizquierdista presidente de México, Andrés Manuel López Obrador-popularmente conocido como AMLO, por sus iniciales-, y al papa Francisco.
Tales afirmaciones -particularmente las referidas a AMLO, quien es el jefe de estado de un país independiente y soberano- ameritarían rebatirlas, si no viniesen de quienes vienen: dos mediocres fascistas -la redundancia es plenamente válida- cuya ignorancia de la historia y cuya negación de la verdad pareciera que no tienen límite.
Pero, por venir de quienes vienen, en realidad, causan vergüenza ajena.
Ambos se refirieron -la primera, en el marco de una visita oficial a Estados Unidos, el segundo, durante una convención del PP, en España- a respetuosas manifestaciones de AMLO y del papa, en cuanto a las barbaridades cometidas, hace algo más de quinientos años, en su brutal invasión a América, por los colonizadores españoles.
Desde su llegada a la presidencia mexicana -el 1 de diciembre de 2018-, López Obrador ha insistido en que la monarquía de España, y el Vaticano, pidan perdón, por esa agresión-crímenes de lesa humanidad, de acuerdo con la actual legislación universal en materia de derechos humanos-.
En marzo de 2019, AMLO informó que “envié una carta, al rey de España, y otra carta, al papa, para que se haga un relato de agravios y se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos”.
La monarquía española -parasitaria y corrupta, como todas- se negó a hacerlo -como no podía ser de otra manera-.
La respuesta consistió en un comunicado negacionista, vaga e hipócritamente redactado, según el cual “el gobierno de España reitera su disposición para trabajar conjuntamente con el gobierno de México y continuar construyendo el marco apropiado para intensificar las relaciones de amistad y cooperación existentes entre nuestros dos países, que nos permita afrontar con una visión compartida los retos futuros”.
No otra cosa podía esperarse del corrupto heredero de su corrupto padre -a su vez, elegido por el fascista dictador Francisco Franco, para sucederlo como rey-, fugado de España y, a vista y paciencia de las obsecuentes autoridades judiciales españolas, refugiado en Emiratos Árabes Unidos.
La soberbia colonialista de los delincuentes con corona, sigue vigente en el siglo 21, para vergüenza de la humanidad.
A propósito de los 200 años de la independencia mexicana, el papa redactó una carta que fue dada a conocer, por el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), el cardenal Rogelio Cabrera, en una presentación virtual durante la matutina conferencia de prensa presidencial del 28 de setiembre-.
En alusión a los crímenes cometidos en el marco de la supuesta evangelización que complementó a la violencia de la presunta conquista española de América, el papa señaló, en el texto contenido en una página, la necesidad de dar análisis constructivo a lo ocurrido hace cinco siglos.
Explicó que una “mirada retrospectiva incluye necesariamente un proceso de purificación de la memoria, es decir, reconocer los errores cometidos en el pasado, que han sido muy dolorosos”.
“En diversas ocasiones tanto mis antecesores como yo mismo hemos pedido perdón por los pecados personales sociales y todas las acciones y omisiones que no contribuyeron a la evangelización”, escribió.
El pontífice argentino aludió, así, a expresiones formuladas por sus dos más cercanos antecesores -el polaco Juan Pablo II (1978-2005), y el alemán Benedicto XVI
(2005-2013)-, quienes se refirieron, entre otros aspectos, a la brutal injusticia colonial cometida contra las naciones indígenas.
Durante una visita que realizó a República Dominicana, Juan Pablo II reconoció “los abusos cometidos, debido a la falta de amor de aquellas personas que no supieron ver, en los indígenas, a hermanos e hijos del mismo Padre Dios”.
Por su parte, Benedicto XVI -quien ahora es, aún más parasitariamente, papa emérito- expresó, cuando visitó Brasil, que “el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente”.
Más recientemente, en el desarrollo de un diálogo que llevó a cabo, en 2015, con varias comunidades indígenas bolivianas, Francisco expresó, puntualmente, que “pido, humildemente, perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América”.
En la carta por el bicentenario mexicano -respecto, precisamente, a la monarquía española-, Francisco incluyó un llamado a “seguir dando pasos en vistas a sanar las heridas, a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias y a construir la tan anhelada fraternalidad priorizando el bien común por encima de intereses particulares, las tensiones y los conflictos”.
También hizo una referencia a momentos de confrontación entre el Estado mexicano y la Iglesia católica.
“Tampoco se pueden ignorar las acciones que, en tiempos más recientes, se cometieron contra el sentimiento religioso cristiano de gran parte del pueblo mexicano”, planteó.
México es, desde 1859, un Estado laico.
Su entonces presidente, el indígena zapoteco Benito Juárez, decretó, el 12 de julio de ese año, la separación entre el Estado y la Iglesia católica, fecha en la que entró en vigencia la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos.
La Iglesia se vio, así, impedida de contar con propiedades, en el país latinoamericano, y los bienes que poseía antes de que se implementase esa legislación, fueron vendidos por el gobierno.
Francisco también exhortó, en la carta sobre el aniversario independentista, a no “evocar los dolores del pasado”.
El pontífice propuso, en cambio, “aprender de ellos para seguir dando pasos en vistas a sanar las heridas”.
También llamó “a cultivar un diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias y a construir la tan anhelada fraternidad, priorizando el bien común por encima de intereses particulares, las tensiones y los conflictos”.
En inmediata respuesta a esa carta, AMLO expresó, en términos coincidentes con la exhortación papal, que “nos declaramos partidarios de la paz, de la soberanía y del amor”, y, “aunque no olvidamos, sostenemos que es tiempo del perdón y el respeto mutuo”.
En alusión al conflictivo pasado entre ambas partes, el presidente subrayó que, “ahora, por ejemplo, mantenemos buenas relaciones con la Iglesia católica, gracias a que el papa Francisco es un verdadero cristiano”.
Y, en cuanto a México y España, aclaró, respecto a las relaciones bilaterales, que “es sabido que no son buenas”, pero precisó que “estamos procurando que mejoren”.
No obstante lo expresado por el papa y por el presidente, en declaraciones que formuló a periodistas, el 28 y el 29 de setiembre, en Washington y en Nueva York, durante su visita a Estados Unidos, Ayuso arremetió contra ambos dirigentes, no solamente insultándolos sino exhibiendo, en monumental ignorancia, una tergiversadora visión negacionista de la historia.
Entre otras barbaridades, la jefa del gobierno madrileño -quien llegó, este año, a ese cargo, gracias a la alianza del PP con el ultraderechista partido Vox- acusó, a AMLO, de esforzarse por “deshacer el legado de España”.
También lo acusó de defender “la corriente peligrosa del comunismo, a través del indigenismo, que es un ataque a España”.
Al formular su retrógrada defensa “de la historia real, y de uno de los momentos más importantes de la historia”, Ayuso aseveró que, en realidad, lo que la monarquía y la Iglesia hicieron, hace algo más de 500 años, fue “llevar, precisamente, el español, y, a través de las misiones, el catolicismo, y, por tanto, la civilización y la libertad, al continente americano”.
A continuación, una breve lección de historia a Ayuso -y, también, a Aznar-.
Lo que la invasión militar-clerical española hizo, en América, fue exactamente lo contrario: reprimió la civilización que encontró en los pueblos a los que, con violencia, corrupción, y enfermedades, sojuzgó.
La barbarie que los supuestos conquistadores civilizados soltaron, a nivel continental, determinó represión masiva, despiadada cacería, brutal captura, y particularmente retorcida ejecución de lideres indígenas anticoloniales, para cruel escarmiento de sus seguidores -en adelanto del modus operandi de las sanguinarias y corruptas dictaduras militares del siglo pasado que, como la franquista, en España, y las latinoamericanas, reprimieron, también sin asco-.
Apenas un ejemplo de la bestialidad que caracterizó a la invasión española, es el caso del líder mestizo revolucionario José Gabriel Condorcanqui -más conocido como José Gabriel Túpac Amaru- (1738-1781), quien dirigió la Gran Rebelión anticolonial, en el sudamericano Virreinato del Alto Perú.
Ese levantamiento independentista, estallado en 1780, se adelantó, en nueve años, a la europea Revolución Francesa.
En el contexto de la civilización y la libertad que, según Ayuso, la colonización trajo a América, Tupac Amaru fue capturado, en 1781, encerrado en la capilla de San Ignacio, en el convento de la Compañía de Jesús, en Cuzco, donde fue reiteradamente torturado.
El líder independentista fue condenado a morir por descuartizamiento, para lo cual sus manos y sus pies fueron amarrados, respectivamente, a cuatro caballos, que fueron impulsados, por los verdugos, a avanzar en direcciones opuestas.
Dada su fuerte contextura física, la ejecución, en la Plaza de Armas de Cuzco, fracasó, por lo cual un enviado del rey español de turno -Carlos III- ordenó que el líder anti colonialista fuese decapitado.
Aunque lo fachos son irracionales -los bolches, también, por eso se parecen tanto-, quizá la breve lección de historia, les aclare un poco los conceptos que manejan.
Pero, no conforme con proferir las manipuladoras interpretaciones de los conceptos de civilización y libertad, además de haber calumniado a AMLO, la fascista española también atacó al papa, cuando se declaró en shock porque “un católico que habla español” se atrevió a señalar pecados de la Iglesia en el contexto de la presunta conquista civilizadora.
En sus diferentes actividades, la jefa del gobierno madrileño reafirmó esos y otros anticonceptos, y planteó que la hispanidad está en cuestionamiento.
En ese sentido, en declaraciones a periodistas en Washington, se refirió al hecho de que la capital estadounidense se sumó, hace dos años, a más de un centenar de ciudades y casi una decena de estados, y cambió la denominación estadounidense del 12 de Octubre, de Columbus Day (Día de Colón), a Indigenous Peoples’ Day (Día de los Pueblos Indígenas) -ahora conmemorado el segundo lunes del mes-.
El movimiento se inició, en 1992, en la californiana ciudad de Berkeley, en coincidencia con los 500 años desde la llegada del colonizador Cristóbal Colón, a suelo americano.
Ayuso calificó de “fatal”, esa tendencia, ya que, “desde su origen, si hay algo que (la colonización) trajo al continente americano, fue, precisamente, la universidad, trajimos civilización, trajimos occidente, trajimos valores que hoy siguen sustentando democracias liberales prósperas”.
Emocionado casi que hasta el orgasmo, el fascismo español reaccionó, de inmediato, alabando a su heroína.
El primero en hacerlo, con la conducta de patán guerrerista que lo caracteriza -apoyó, siendo presidente del gobierno, la flagrante mentira de GW Bush sobre las presuntas armas de destrucción masiva iraquíes y la resultante invasión militar a Iraq-, Aznar dijo, en España, cosas tales como que “en esta época, en la que se pide perdón por todo, yo no voy a engrosar las filas de los que piden perdón, no lo voy a hacer”.
“Por defender la historia de España -con sus claros y con sus oscuros, con sus aciertos y con sus errores-, yo estoy dispuesto a sentirme muy orgulloso, pero no voy a pedir perdón”, reafirmó.
Y, específicamente, se burló de México y de AMLO.
“Con todos los respetos, doscientos aniversario de la independencia de México: enhorabuena”, planteó, fingiendo seriedad, para agregar: “y, ahora, me cambia, usted, toda la cosa, y dice, usted, que España tiene que pedir perdón”.
“Y, usted, cómo se llama? Dígame, usted, cómo se llama, por favor”, preguntó/afirmó, para responder, con expresión facial y lenguaje corporal de irrespeto: “yo me llamo Andrés Manuel López Obrador”.
Agudizando la burla, explicó: “o sea, Andrés -por parte de los aztecas-, Manuel -por parte de los mayas-, López -eso es, vamos, es una mezcla de aztecas e incas-, y Obrador -de Santander-, para mayor seña”.
A continuación, aseveró: “es que, si no hubiesen pasado algunas cosas, perdone, usted no estaría ahí, ni se podría llamar cómo se llama, ni podría haber sido bautizado, digo, ni podría haberse producido la evangelización de América, digo”.
Tratándose de nombres y apellidos, en el Congreso mexicano, en respuesta directa al insulto aznariano, el coordinador de la bancada de diputados del gobernante Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Ignacio Mier, formuló una irrefutable aclaración.
“Aznar: de origen aragonés, del latín Asinarius, ‘el que cría o cuida asnos’. Así que origen es destino, se convirtió en uno de ellos”, dijo.
Aznar siguió exhibiéndose como el facho ignorante -otra vez, redundancia válida- que es, soltando, sin medida, su racismo y su xenofobia.
“España es una nación, no siete ni 17, una nación plural, pero una, ni es un Estado plurinacional, ni multinivel, ni la madre que los parió”, afirmó -cual versión española del patán racista Donald Trump-.
Además, cuenta con “una lengua común”, subrayó, para aclarar, discriminatoriamente, que “el catalán, o el euskera, son lenguas cooficiales en Cataluña, y en el País Vasco, pero no son lenguas cooficiales en Madrid, o en Sevilla, y, por tanto, en las instituciones de Madrid se habla castellano”.
Unos días después de esa andanada de insultos, Aznar recibió -y, por extensión, Ayuso- una magistral lección de modales básicos -mesurada, pero demoledora-, de parte de AMLO.
Interrogado, en la matutina conferencia de prensa presidencial del 1 de octubre, respecto a la natural patanería de la que Aznar hizo particular gala, el gobernante mexicano expresó: “amor y paz, entender que debemos perdonar. No olvidar, pero perdonar”.
“Y es un acto de humildad, ofrecer perdón, es un acto que dignifica -tanto al que lo ofrece como al que lo recibe-, el perdón”, agregó, hablando respetuosamente, sin alterarse.
“Entonces, no nos afecta en nada, no voy a polemizar”, aseguró, respecto a las manifestaciones que, no obstante soeces e irrespetuosas, habrían ameritado polémica si quien las profirió hubiese sido -en lugar de un patán buscapleitos con mentalidad guerrerista y medieval- una persona intelectualmente respetable, un interlocutor con autoridad moral, un verdadero líder político, un auténtico ex estadista.
“El perdón es sublime, entonces ojalá y todos recapacitemos y perdonemos, aunque no olvidemos”, reafirmó, para volver a explicar que, “entonces, no voy yo a entrar en polémica sobre este tema”.
El mandatario relató, además, que, “en su momento, yo le envié una carta, al rey de España, para que se ofreciera un perdón, una disculpa, y que se iniciara una nueva etapa de reconciliación”.
“Entonces, no les pareció, porque no me respondieron, no me contestaron la carta”, continuó narrando.
“Lo que hubo fue una campaña de insultos, hablando de que no debían pedirnos perdón, que vinieron a civilizarnos, cosas de ese tipo”, aclaró, en obvia alusión a las estupideces proferidas por Aznar y por Ayuso -aunque sin necesidad de nombrarlos-.
“El papa Francisco, en cambio, le envié una carta, me contestó, le envié otra, y, con mucho cuidado -y se lo agradecemos bastante-, él hace un reconocimiento a que se cometieron abusos, y menciona que, como lo hicieron otros papas, él también ofrece perdón, que no es el primero que ofrece perdón por los abusos que se cometieron durante la colonización, sobre todo, abusos que se cometieron a pueblos originarios, a pueblos indígenas”, agregó, marcando el contraste entre ambas actitudes.
“Y él habla también, en la carta que me envía, de que, así como se tienen que tomar en consideración los abusos, hay también que equilibrar considerando las aportaciones que hizo la Iglesia católica, y que también hicieron los que colonizaron México, desde España, para no tener posturas maniqueas”, planteó, a continuación.
“Entonces, el papa es muy cuidadoso, y no tiene la intención de polarizar o de manifestarse en contra de la decisión que tomaron, en España, las autoridades monárquicas (en cuanto a no contestar). Nosotros las respetamos”, precisó.
“Y, sobre estas declaraciones, pues, no vamos a responder en lo personal, menos con insultos”, reaseguró.
“Otra cosa nada más, un añadido, una posdata: nosotros respetamos mucho al pueblo español, es un pueblo trabajador, honesto, y si hay diferencias, tienen que ver con las autoridades, no con el pueblo de España”, aclaró.
Luego de la lección de civilidad elemental que AMLO les recetó, es urgente que alguien informe, a Ayuso y a Aznar, que la época colonial terminó, que la corrupta, delictiva, parasitaria monarquía española no manda en América Latina, que ambos carecen, absolutamente, de autoridad moral -por lo que, sus patanerías, aunque viralizadas, carecen de legitimidad, y, por lo tanto, salen sobrando-.
A continuación, apenas un par de ejemplo de la absoluta falta de solvencia moral de esos dos fachos mediocres -la redundancia sigue siendo válida-.
En una nota informativa que, con el título “La corrupción en España y la ceguera de los españoles” ( https://elcorreoweb.es/opinion/columnas/la-corrupcion-en-espana-y-la-ceguera-de-los-espanoles-KD7261491 ), el periódico andaluz El Correo publicó el 19 de abril de este año, se formula señalamientos que involucran a dirigentes del PP -incluida Ayuso-.
Algo similar ocurre con lo que reveló, el 24 de marzo de este año, el medio de comunicación catalán El Periódico –“Aznar niega haber cobrado sobresueldos y dice que hasta declaró residir en la Moncloa” (https://www.elperiodico.com/es/politica/20210324/aznar-rajoy-juicio-caja-b-pp-corrupcion-11606147 )-, respecto a, entre otras turbiedades, manejos irregulares en las finanzas del PP.
Lo rescatable de la insignificancia intelectual y moral de ese par de talibanes del fascismo español, consiste en que se desacreditaron todavía más -aunque parezca imposible-, minando -obviamente, sin darse cuenta- su nefasta ideología.
Además, y, contrariamente a lo que pregonan, se parecen -bastante- a personajes latinoamericanos -también autoritarios y corruptos-, a quienes igualmente critican, porque, erróneamente, en una muestra adicional de imbecilidad/ignorancia, los consideran “de izquierda”, o “socialistas” -por ejemplo, Daniel Ortega y Nicolás Maduro-.
Es indudable que los aparentemente opuestos, cuando son autoritarios, trascienden ideologías, y se asemejan.
Tomen nota, Daniela Ayuso y Nicolás Aznar.







