El estigma del VIH persiste

0
91

La realidad del VIH detrás de la película “Romería”

El estreno de la película Romería, de la directora catalana Carla Simón, ha reabierto una conversación necesaria sobre la historia y las heridas sociales que dejó la epidemia del VIH en los años ochenta y noventa. A través de la mirada íntima de Marina —una joven que busca reconstruir la vida de sus padres fallecidos por sida—, la cinta nos transporta a una época donde la palabra “VIH” no solo era sinónimo de enfermedad, sino de miedo, silencio y discriminación.

Ambientada en la ciudad de Vigo, Romería es tanto una búsqueda personal como una radiografía social. La protagonista descubre que su padre vivió sus últimos años “escondido”, en una sociedad que apenas comenzaba a entender lo que significaba esa misteriosa enfermedad que entonces muchos llamaban “el cáncer gay”. Esa frase, cargada de ignorancia, resume la profundidad del estigma que acompañó al VIH durante décadas.

“Era una sentencia de muerte”

La doctora María Velasco, presidenta del Grupo de Estudio del Sida (GeSIDA) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, recuerda que el contexto retratado en la película fue real y doloroso. “A inicios de los noventa, atender a una persona con VIH era visto como un acto de valentía. Muchos pacientes morían jóvenes, y el miedo al contagio era constante, incluso entre el personal médico”, comenta.

Velasco, quien comenzó su carrera en 1993, relata que las historias clínicas de quienes vivían con el virus se marcaban con puntos rojos, y en algunos hospitales se guardaban aparte. “Era una forma simbólica de aislamiento”, señala. La discriminación no provenía solo del desconocimiento médico, sino también del peso moral que cargaban las víctimas: personas usuarias de drogas, hombres homosexuales o bisexuales, mujeres trans o trabajadoras sexuales. Muchos fueron doblemente marginados.

De enfermedad mortal a condición crónica controlable

En 1987 apareció el primer antirretroviral, el AZT. Era tóxico y de eficacia limitada. No fue hasta 1996, con la terapia antirretroviral combinada (TAR), que comenzó una nueva etapa. “Pasamos de una enfermedad mortal a una infección crónica controlable. Hoy, con diagnóstico temprano y tratamiento adecuado, una persona con VIH puede tener la misma esperanza de vida que alguien sin el virus”, explica Velasco.

Los avances han sido notables. Hoy se sabe que una carga viral indetectable implica que el virus no puede transmitirse —principio conocido como indetectable = intransmisible. Sin embargo, persisten los prejuicios: un 40 % de los profesionales sanitarios en España aún manifiestan incomodidad al atender a personas con VIH, según un estudio reciente citado por GeSIDA.

El estigma que aún persiste

Pese a los progresos médicos, el estigma sigue siendo el enemigo más resistente. “Tenemos grabado en el cerebro reptiliano una discriminación contra esta infección”, afirma Velasco. Esa huella social sigue presente incluso en sociedades más informadas. En muchos lugares, revelar el diagnóstico continúa siendo un riesgo para el empleo, las relaciones personales o el acceso a ciertos servicios de salud.

En Costa Rica, organizaciones como la Asociación Demográfica Costarricense (ADC) y el programa VIH de la Caja Costarricense de Seguro Social han impulsado campañas para promover el diagnóstico temprano y la no discriminación. Aun así, persisten brechas: el 25 % de los nuevos diagnósticos se hacen en etapas avanzadas de la enfermedad, según datos del Ministerio de Salud.

El valor de la memoria y la empatía

Romería no es solo una historia de pérdida, sino también de memoria y redención. Al recuperar el pasado de sus padres, Marina da voz a una generación que sufrió en silencio. “Nombrar el sida, contarlo, sigue siendo una forma de justicia histórica”, afirmó Simón en una entrevista.

Más allá de la pantalla, la película invita a mirar hacia dentro, a reconocer los prejuicios que aún persisten y a valorar la empatía como la mejor medicina. Porque el VIH, más que un virus, ha sido también un espejo de nuestra humanidad.

Recuadro informativo: VIH en Costa Rica

  • Primer caso diagnosticado: 1983.

  • Tratamiento universal: Garantizado por la CCSS desde 1997.

  • Personas viviendo con VIH (2024): Más de 14.000.

  • Transmisión: Por vía sexual sin protección, sangre contaminada o de madre a hijo. No se transmite por contacto social, aire ni alimentos.

  • Prueba rápida gratuita: Disponible en los EBAIS y centros de salud de todo el país.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí