Una Alarma para las Autoridades de Salud en EE.UU.
El creciente uso de concentrados de cannabis, conocidos como “dabs”, está generando preocupación entre las autoridades sanitarias y las familias en Estados Unidos. Esta práctica, cada vez más popular entre adolescentes, implica inhalar vapores de extractos de marihuana con concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) que alcanzan hasta el 90%, niveles cinco veces superiores a los de la marihuana tradicional. El impacto en la salud mental y física de los jóvenes ha llevado a un llamado urgente a la regulación y educación sobre los riesgos asociados.
Un Problema en Aumento
El “dabbing” ha ganado terreno rápidamente, especialmente entre adolescentes atraídos por la potencia de sus efectos y la discreción de su consumo. Según la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud de 2022, cerca del 20% de los consumidores de cannabis entre 12 y 34 años reportaron haber practicado el dabbing en el último mes, el doble de la tasa registrada entre personas mayores de 35 años.
La facilidad con la que los jóvenes acceden a estos productos, combinada con la falta de olor característico, permite su consumo en lugares como dormitorios y baños escolares sin ser detectados. Sin embargo, esta aparente “comodidad” trae consigo consecuencias alarmantes.
Casos Reales: El Impacto en la Salud Mental
El caso de Heidi Lawrence, madre residente de Longmont, Colorado, expone la gravedad de la situación. Su hija comenzó a consumir dabs a los 14 años, desarrollando una adicción severa en menos de un año. “Fumar estos concentrados casi ha destrozado su cerebro”, lamenta Lawrence. A los 17 años, la joven ha sido hospitalizada repetidamente y ha enfrentado problemas de salud mental relacionados con el uso de cannabis.
Historias como la de esta familia reflejan una tendencia preocupante: hospitales en todo el país reportan un aumento de adolescentes con episodios psicóticos, vómitos cíclicos y convulsiones relacionados con el consumo de cannabis de alta potencia.
Evidencia Científica de los Riesgos
Un estudio publicado en The Lancet Psychiatry en 2019 reveló que el consumo diario de THC de alta potencia aumenta significativamente el riesgo de desarrollar trastornos psicóticos. Además, el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas (NIDA) advierte que los adolescentes que consumen cannabis regularmente son más propensos a sufrir depresión, problemas académicos y alteraciones en el desarrollo cerebral.
La Dra. Nora Volkow, directora del NIDA, destaca que “las dosis extremadamente altas de THC pueden tener efectos devastadores en el cerebro joven”. Los llamados “green outs”, una especie de colapso físico y mental, son cada vez más frecuentes en las salas de emergencia.
La Industria y la Falta de Regulación
La legalización de la marihuana recreativa en varios estados ha impulsado un mercado en crecimiento de productos con altos niveles de THC. Actualmente, los concentrados representan casi la mitad del mercado de cannabis en Estados Unidos, un aumento significativo en comparación con el 20% de hace una década.
Sin embargo, las regulaciones no han avanzado al mismo ritmo. Mientras estados como Connecticut y Vermont han impuesto límites a la potencia del THC, expertos de California han recomendado establecer restricciones más estrictas. Colorado, por su parte, ha lanzado campañas digitales dirigidas a adolescentes y mujeres embarazadas para educar sobre los riesgos del consumo.
Un Llamado a la Acción
El fenómeno del dabbing evidencia la necesidad urgente de políticas públicas más robustas que regulen el mercado de cannabis y promuevan la educación preventiva. La falta de conciencia sobre los riesgos del consumo de cannabis de alta potencia deja a los adolescentes y sus familias en una posición vulnerable frente a las consecuencias negativas para la salud mental y física.
Los expertos coinciden en que, además de limitar los niveles de THC en los productos, es crucial invertir en programas educativos que lleguen a las escuelas y las comunidades, con un enfoque en la prevención desde edades tempranas.
El dabbing no es solo una moda; es un problema de salud pública que requiere atención inmediata para proteger a las generaciones más jóvenes.







