En un reciente estudio titulado «Desafíos de la Macroevaluación en el Sistema Educativo Costarricense», elaborado por el Estado de la Educación, se han identificado una serie de problemáticas estructurales que arrojan luz sobre las dificultades que enfrenta el sistema educativo en Costa Rica. Estos hallazgos, lejos de ser aleatorios, apuntan a falencias arraigadas en la propia estructura del sistema, que se traducen en un estancamiento en la mejora de la calidad educativa.
Uno de los principales problemas identificados radica en la subordinación de la evaluación educativa a los intereses políticos del momento. Esta situación genera una inestabilidad en los procesos de evaluación y limita su capacidad para servir como herramienta efectiva de mejora continua en la calidad educativa. En lugar de aprovechar la información generada por la evaluación para implementar mejoras significativas, el sistema se ve atado a las necesidades y contingencias de los gobiernos en turno.
Un aspecto destacable del estudio es la preocupante tendencia a la disminución del presupuesto destinado a la gestión y evaluación de la calidad en el Ministerio de Educación Pública (MEP). Entre 2019 y 2023, este presupuesto representó en promedio apenas un 0,17% del presupuesto total del MEP. Esta falta de inversión adecuada afecta directamente el funcionamiento, desarrollo del sistema de macroevaluación nacional, dificultando aún más su capacidad para generar información relevante y útil para la mejora educativa.
Otro aspecto crítico señalado en el estudio es el deterioro progresivo en la medición de los aprendizajes en Costa Rica. Desde la implementación de reformas educativas en 2012, que enfatizan el desarrollo de habilidades y competencias, el sistema educativo ha enfrentado dificultades para diseñar instrumentos de medición estandarizados que se alineen adecuadamente con estos nuevos enfoques de enseñanza. Esto ha llevado a una desconexión entre las pruebas estandarizadas y los programas de estudio vigentes, lo que compromete la validez de la información obtenida sobre el desempeño de los estudiantes.
En particular, el estudio destaca las debilidades en la evaluación de áreas clave como Matemáticas. La falta de pruebas estandarizadas que se ajusten a los nuevos enfoques curriculares dificulta la evaluación precisa de las habilidades y destrezas de los estudiantes en esta materia. Esta situación obstaculiza la generación de insumos esenciales para mejorar la práctica docente y tomar decisiones informadas para fortalecer la calidad educativa.
A pesar de los esfuerzos realizados, como la propuesta de la Estrategia 4+6 para la valoración de tareas matemáticas, queda claro que aún se requieren acciones más contundentes para superar los desafíos que enfrenta el sistema educativo costarricense en materia de evaluación y mejora de la calidad educativa.
En resumen, el estudio pone de manifiesto la necesidad urgente de abordar estas problemáticas estructurales y garantizar una evaluación educativa que sea efectiva, relevante y alineada con los objetivos de mejora continua en la calidad educativa en Costa Rica. Sin una evaluación adecuada, recursos financieros suficientes, será difícil avanzar hacia un sistema educativo que brinde oportunidades equitativas y de calidad para todos los estudiantes.







