La ultraderechista francesa Marine Le Pen, convencida de que ser hija de papá fascista le garantizaba corrupción sin consecuencias, tuvo una drástica ubicación en la realidad, el 31 de marzo, cuando, por robar, fue condenada a prisión, y al pago de una multa, además de ser inhabilitada para aspirar a cargos de elección popular -por ejemplo, la presidencia-.
La pena consiste en cuatro años de prisión -dos de los cuales fueron suspendidos, y otros dos serán cumplidos en privilegiado régimen de casa por cárcel-, el pago de multa por valor de 100 mil euros (algo más de 108 mil dólares), e inhabilitación -por cinco años- en cuanto a postularse en comicios.
Otros 24 integrantes de Agrupación Nacional (Rassemblement National, RN), partido liderado por Le Pen, fueron, igualmente, hallados culpables -entre ellos, nueve ex integrantes del Parlamento Europeo y 12 asesores-.
El Parlamento Europea y El Consejo de la Unión son, respectivamente, la Cámara Baja y la Cámara Alta del Poder Legislativo continental.
También conocido como la Eurocámara, el primero está asentado en la nororiental ciudad francesa de Estrasburgo, mientras que el segundo, igualmente identificado como el Consejo, tiene sede en Bruselas, la capital de Bélgica, país fronterizo con Francia.
Al revelar la sentencia, el juez Benedicte de Perthuis -quien, con otros dos colegas, estuvo a cargo del caso- indicó que Le Pen -una ex integrante del Parlamento Europeo (2004-2017)- fue acusada de haber operado en la cúpula de una red establecida para malversar más de cuatro millones de euros (unos 4.3 millones de dólares) de fondos de la Unión Europea (UE).
El delito que fue tipificado: “malversación de fondos públicos”.
La defraudación consistió en apropiarse de dinero destinado al pago de asesores de parlamentarios europeos lepenistas, desviándolo al RN, para remunerar a trabajadores del partido insertados en el organismo parlamentario continental.
La red se mantuvo activa durante doce años -desde 2004 hasta 2016-, según versiones periodísticas que, además, precisaron que los asesores de los integrantes del Parlamento Europeo deben desempeñar tareas estrictamente relacionadas con el quehacer legislativo, lo que no fue así en el caso de la estafa encabezada por Le Pen.
La jefa del RN representa, desde 2017 -con reelección en 2022-, al partido ultraderechista, en la Asamblea Nacional (Assemblée National) del bicameral parlamento francés -también integrado por el Senado (Sénat)-, y se desempeña, desde 2022, como jefa de bancada.
No obstante la condena, Le Pen seguirá desempeñándose como legisladora, pero no podrá aspirar, en el proceso de comicios de 2027 en Francia, por cuarta vez consecutiva, a la presidencia del país europeo -ha intentado, en 2012, 2017, y 2022, sin éxito, ser inquilina del Palace de l’Élysée (Palacio del Elíseo)-.
RN es la denominación que adoptó el Frente Nacional para la Unidad Francesa (Front National pour l’Unité Française, FN) -popularmente conocido como Frente Nacional (Front National), agrupación de extrema derecha fundada, en 1972, por el abogado y dirigente político francés Jean-Marie Le Pen (1928-2025) -padre de la sentenciada, fallecido en 2025, a la edad de casi 97 años-.
Xenofóbico, racista, antisemita, islamofóbico, antinmigrante, homofóbico, Le Pen -un frustrado y reincidente candidato presidencial (cinco veces: 1978, 1988, 1995, 2002, 2007)- presidió el FN hasta 2011 -y honorariamente, en 2011-2015-.
El liderazgo partidista del tóxico personaje terminó cuando su hija Marine -quien ingresó, en 1986, al FN-, asumió, en 2011, por elección interna, la conducción del partido, y expulsó, en 2015, a su padre, quien fundó, al año siguiente, el ultraderechista Comité Jeanne -así denominado para homenajear a la jefa militar francesa Juana de Arco (Jeanne d’Arc, 1412-1431), ejecutada en 1431 y canonizada en 1920-.
La agrupación de Marine Le Pen asumió, en 2018, su denominación presente
-Rassemblement National-.
Citado por medios de comunicación, al dar a conocer la sentencia contra la jefa del RN, el juez indicó que la ausencia de arrepentimiento que la caracterizó, durante el juicio, y que esa fue una de las principales razones que determinaron la condena.
Según versiones periodísticas, la decisión judicial se mantendrá en suspenso mientras se desarrolle el proceso de apelación anunciado por la defensa de Le Pen, aunque la inhabilitación política rige desde el anuncio formulado por el juez.
Las reacciones de la ultraderecha lo mismo francesa que internacional, fueron inmediatas, ya que ese tóxico sector ideológico está convencido de que -a diferencia de otras comunidades políticas-, puede hacer, impunemente, lo que quiera, y que, cualquier acción legal punitiva no es más que persecución.
Es el libreto de los políticos corruptos -más allá de ideologías-, cuando la justicia les exige cuentas.
Tras haberse abruptamente retirado, visiblemente contrariada, de la instalación judicial, antes de que concluyera la lectura de la sentencia, Le Pen procuró desestimar la actuación judicial.
En una muestra más de que los fachos no se miden cuando tratan de justificarse, Le Pen perpetró la barbaridad de compararse con uno de los íconos mundiales de la defensa pacífica de los derechos humanos, y el combate no violento al racismo: el estadounidense Martin Luther King Jr., asesinado en 1968, en la ciudad de Memphis, en el sudoriental estado de Tennessee.
Respecto a su esfuerzo por apelar la sentencia, la ultraderechista francesa dijo, a seguidores reunidos en la capitalina Place Vauban (Plaza Vauban), que “nuestra batalla será (…) pacífica y democrática”.
A continuación, aseveró: “podemos decir que el ejemplo viene de Martin Luther King, quien habló de derechos civiles”, para agregar, respecto al fallo judicial, que “son los derechos de los franceses los que han sido puestos en discusión”.
Y, Durante una entrevista con la emisora de televisión francesa TF1, la jefa del RN dijo que “no voy a ser eliminada así”.
Dirigiéndose a sus seguidores, afirmó que “les digo, esta noche: no estoy desmoralizada”, pata agregar que, “igual que ustedes, estoy escandalizada, indignada, pero esta indignación, esta sensación de injusticia, es un empuje adicional para la lucha que libro” por los votantes.
“No se dejen intimidar”, agregó, además de amenazar con que “estaremos aquí, hasta la victoria”.
Por otra parte, afirmó que “hay millones de franceses quienes creen en mí”, además de afirmar que “he estado luchando por ustedes, 30 años”.
“Esta noche, hay millones de franceses quienes están escandalizados al ver que, en Francia, el país de los derechos humanos, jueces han implementado medidas que están reservadas para regímenes autoritarios”, se permitió aseverar.
A su vez, varios de los especímenes más autoritarios de la camarilla ultraderechista internacional, se apresuraron para salir en defensa de uno de sus principales símbolos.
Entre los primeros críticos de la decisión judicial figuró el dictador húngaro, Viktor Orban
-seguramente, un demócrata, según los parámetros de la extrema derecha global-, exclamando: “je suis Marine!”.
Mediante una cuestionada reforma electoral, y -por ahora- tres reelecciones fraudulentas (2010-2014, 2014-2018, 2018-2022, desde 2022), Orban se mantiene en el cargo de Primer Ministro -el que inicialmente ocupó en 1998-2002-.
De modo que, un ultraderechista, violador de derechos humanos, xenofóbico, homofóbico, antinmigrante, represor de medios de comunicación, negacionista del cambio climático, se dio el lujo de, insultantemente, usar -para defender a Le Pen- la solidaria consigna constituida, en 2015, en declaración mundial de defensa de la libertad de expresión: “je suis Charlie!” (“Soy Charlie!”).
Lanzada en Francia -a raíz del ataque terrorista, ese año, contra Charlie Hebdo, publicación francesa de sátira política-, la manifestación tuvo, rápido eco internacional, y fue sinónimo de defensa de ese derechos humano.
También entre los primeros autócratas en saltar a la defensa de Le Pen, figuró -como no podía ser de otra manera- Donald Trump.
En uno de sus habitualmente extensos desvaríos, colmado de imprecisiones -o sea, mentiras-, Trump comparó el caso de la ultraderechista francés, con los procesos judiciales de los que ha sido objeto -con decenas de cargos penales-, en Estados Unidos.
“La Cacería de Brujas contra Marine Le Pen es otro ejemplo de los Izquierdistas Europeos usando el Lawafare (guerra judicial) para silenciar la Libre Expresión, y censurar a su Adversario Político, esta vez llegando tan lejos como poner a ese adversario en Prisión”, escribió, el 3 de abril -tres días después de la sentencia-, en su demencial red social irónicamente denominada Truth Social (Verdad Social).
La última aseveración, sin perjuicio de que, medios de comunicación han informado, profusamente, que dos de los cuatro años de la pena fueron suspendidos, y los otros dos serán cumplid os en régimen de casa por cárcel -o sea que la convicta no pisará ninguna prisión-.
“Es el mismo ‘libreto’ que fue usado contra mí por un grupo de Lunáticos y Perdedores”, aseveró, además de afirmar que “FRACASARON, porque el Pueblo de Estados Unidos se dio cuenta de que eran solamente Abogados y Políticos Corruptos”.
Trump indicó que “no conozco a Marine Le Pen, pero aprecio lo duro que ha trabajado por tantos años”, para agregar que “sufrió derrotas, pero siguió adelante”.
Y, en alusión a la votación presidencial francesa programada para 2027, afirmó que, “ahora, justo antes de lo que sería una Victoria Grande, la agarran por una acusación menor de la cual probablemente no sabía nada”.
Respecto al delito que fue tipificado contra Le Pen –“malversación de fondos públicos”-, el turbio empresario ahora nuevamente inquilino de la Casa Blanca (2017-2021, desde 2025), expreso: “me suena como un error ‘contable’”.
“Todo eso es tan malo para Francia, y el Gran Pueblo Francés, no importa de qué lado estén”, agregó, a manera de reflexión, para declarar, cual consigna popular justiciera
-obviamente, sin serlo-: “LIBEREN A MARINE LE PEN!”.
Otros exponentes del trumpismo, también exhibieron su shock político ante la decisión judicial francesa.
Elon Musk, -el billonario gatillero sudafricano/canadiense/estadounidense encargado de asesinar al Estado-, insistió en el desinformador tema del supuesto encarcelamiento de Le Pen, y repitió el patético/recurrente guión ideológico de su jefe.
“Cuando la izquierda radical no puede ganar vía el voto democrático, abusan del sistema legal para encarcelar a sus adversarios”, declaró.
“Este es su libreto estándar en todo el mundo”, siguió afirmando, cual loro ideológico del mundo Maga (Make America Great Again, Hacer a Estados Unodos Grande Otra Vez).
Por su parte, Donald Trump Jr. -uno de los cinco hijos del autócrata-, entró en escena, preguntando -igualmente, con el desinformador tema del falso encarcelamiento-, en redes sociales: “Francia está mandando a le Pen a la cárcel y prohibiéndole que se postule?”
“Están tratando de demostrar que JD Vance tenía la razón respecto a todo?”, agregó.
Junior hizo, así, referencia a afirmaciones proferidas por el Vance -el patético vice de Trump- en un discurso, durante una conferencia sobre seguridad, el 15 de febrero, en la sureña ciudad alemana de Munich, aseveraciones que, entre otras cosas, incluyeron acusaciones, a Europa, sobre violación europea del derecho a la libre expresión, en referencia a legislación que prohíbe discursos de odio en redes sociales.
Vance alegó que ello demuestra que los gobiernos europeos “tienen miedo de su propio pueblo”.
Y, en X, También aseveró, entonces, que “insultar a alguien no es un delito”, además de amenazar con que “criminalizar la (libre) expresión afectará realmente a las relaciones europeo-estadounidenses”.
Otro fanático trumpiano, el ultraderechista capitán retirado Jair Bolsonaro, ex presídete brasileño (2019-2023) también repitió el manipulador discurso ideológico de los conservadores extremos.
“Esta sentencia es, claramente, activismo de izquierda”, aseveró, el misógino ex legislador (1991-2019) quien añora la brutal y corrupta dictadura militar (1964-1985)
“Siempre que la derecha está presente, la izquierda y el sistema trabajarán para sacar, a sus adversarios, del juego”, se permitió afirmar.
Fue, exactamente, lo que ocurrió con el tres veces presidente brasileño (2003-2007, 2007-2011, ahora desde 2023), el izquierdista ex dirigente sindical Luiz Inácio “Lula” da Silva, cuya detención -basada sobre cargos de corrupción fabricados por la cúpula del Poder Judicial -, en 2016 le impidió participar en la votación presidencial de 2018 -de la cual, según la mayoría de encuestas, era seguro ganador-.
La imposibilidad de que Da Silva se postulase, facilitó el gane de Bolsonaro, el patético capitán quien, como gris diputado tramitó, en casi tres décadas (1991-2019) apenas dos proyectos de ley.
Ilegítimamente instalado en la presidencia, “Bolsonazi” -como genialmente lo etiquetó el entonces presidente venezolano (2002-2013), el ocurrente coronel Hugo Chávez- premió al juez Sergio Moro -responsable visible de la espuria maniobra judicial contra Da Silva-, designándolo ministro de Justicia.
Los falsos cargos ilegalmente tipificados a Da Silva fueron desestimados, en 2019, por decisión unánime del Tribunal Supremo Federal (TSF) -la corte suprema de justicia de Brasil-, entidad que, además, declaró inconstitucional el encarcelamiento del dirigente, y ordenó su inmediata puesta en libertad.
Bolsonaro enfrenta, ahora, un proceso penal por el fracasado intento golpista -y de magnicidio- que encabezó el 8 de enero de 2023 -siete días después de la asunción presidencial de Da Silva-.
Ahora, la burda manipulación ultraderechista que pretende calificar la condena a Le Pen como persecución política izquierdista fue demoledoramente puesta en evidencia por la catedrática francesa Cécile Alduy, docente en la estadounidense Stanford University, experta, entre otras áreas de análisis académico, en la extrema derecha francesa.
En declaraciones que la centenaria revista estadounidense The New Yorker reprodujo el 2 de abril, Alduy describió, claramente, el esquema delictivo implementado por Le Pen y sus cómplices.
“El Parlamento Europeo da la misma cantidad de dinero a cada diputado, para que haga su trabajo a través de la contratación de un asistente parlamentario”, comenzó a precisar.
“El Frente Nacional francés usó ese presupuesto para contratar, en efecto, asistentes parlamentarios, pero éstos casi nunca -si acaso alguna vez- se aparecían en el Parlamento Europeo”, siguió puntualizando.
“De hecho, trabajaban, directamente, para el Frente Nacional, en París, o, algunas veces, localmente, en Francia”, reveló, además.
“Lo que se ha demostrado, por la investigación, es que las personas fueron contratadas a través de este presupuesto, pero nunca trabajaron para el propósito de su descripción de labores”.
Entonces, fachos del mundo: qué parte de “malversación” no entienden -o no quieren entender-?







