En el contexto colombiano, la comunicación comunitaria emerge como un elemento crucial en la construcción de paz y la transformación social. En un estudio reciente realizado por Castrillón Medina y Hernando Gómez (2020), se analizó el papel de dos colectivos juveniles, Morada y Mi Comuna, de la ciudad de Medellín, durante el periodo de negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC entre 2015 y 2016. Este análisis revela cómo estos grupos se convirtieron en agentes activos en la promoción de la paz a través de sus prácticas comunicativas.
Morada, con su base en el barrio San Javier de la Comuna 13, y Mi Comuna, ubicado en el barrio Villa del Socorro de la Comuna 2, se destacan por su compromiso con la comunidad y la promoción de valores de convivencia pacífica. Ambos colectivos utilizaron la comunicación audiovisual como herramienta para abordar temas relacionados con el conflicto armado, la memoria histórica y la reconciliación.
En su análisis, Castrillón Medina y Hernando Gómez identificaron una serie de puntos de coincidencia entre los discursos de Morada y Mi Comuna y los valores de la cultura de paz. Ambos colectivos promovieron el respeto a la vida y la dignidad humana, la defensa de los derechos humanos, el amor, la justicia social y la libertad, la recuperación de la utopía, la construcción de la identidad propia y la solidaridad.
Es importante destacar que estos valores no solo se expresaron en los mensajes audiovisuales producidos por los colectivos, sino también en sus acciones cotidianas. A través de programas como «Contando para la vida» y «Descontando a los jóvenes del homicidio», Morada trabajó para desnaturalizar la violencia y promover la convivencia pacífica en su comunidad. Mi Comuna, por su parte, se centró en la promoción de la participación comunitaria y la construcción del tejido social a través de la comunicación comunitaria y la promoción de la literatura.
La investigación también reveló el papel fundamental de los jóvenes como mediadores de paz en sus comunidades. Tanto Morada como Mi Comuna actuaron como facilitadores de diálogo y conversación, creando espacios para la reflexión y la acción colectiva. Su compromiso con la construcción de paz va más allá de la palabra, se traduce en acciones concretas que buscan transformar las realidades de sus territorios.
En resumen, el estudio de Castrillón Medina y Hernando Gómez destaca el importante rol que juegan los colectivos juveniles en la promoción de la paz a través de la comunicación comunitaria. Morada y Mi Comuna son ejemplos claros de cómo los jóvenes pueden convertirse en agentes activos de cambio en sus comunidades, utilizando la comunicación como herramienta para construir un futuro más justo y pacífico para todos.







