Bukele interviene militarmente en Haití, quizá practica como sargento regional trumpiano

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Nayib Bukele habla durante un acto público
Foto/Agencias

Nayib Bukele, el autoproclamado dictador “cool” salvadoreño, parece proyectarse como el sargento criollo del trumpismo en el patio trasero latinoamericano -específicamente, en el caribeño-.

Actuando con autoritarismo imperial, envió, a Haití, algo más de dos mil tropas de la Fuerza Armada de El Salvador (Faes), para que rescaten a cuatro militares salvadoreños secuestrados por pandilleros haitianos.

Bukele se ha dirigido, a los responsables de la captura, advirtiéndoles que, si optan por no liberar a los rehenes, sufrirán consecuencias brutales.

Los desaparecidos son personal de la Fuerza Aérea Salvadoreña -que, junto con el Ejército de El Salvador y la Fuerza Naval de El Salvador, una de las principales ramas de la Faes-.

De acuerdo con versiones periodísticas, los militares -en general, descritos como aerotécnicos (especialistas militares en aviación)- fueron respectivamente identificados como los sargentos William García y Nehemías Isaac Orellana, el aerotécnico Josué Antonio Pérez, y el motorista Edimar Rosales.

Los cuatro forman parte del contingente de unos 450 efectivos de la Faes integrados en la internacional Fuerza de Supresión de Pandillas (Gang Suppression Force, GSF).

Creada, en octubre de 2025, por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas , y operativa desde abril de 2026, la GSF reemplazó a la (Multinational Security Support Mission in Haiti, MSS), en la tarea de hacer frente a las violetas organizaciones delictivas que desestabilizan al país.

La MSS operó durante desde junio de 2024 hasta abril de 2026, en la francoparlante isleña nación caribeña cuyas agudas crisis socioeconómica, política, y de seguridad la han convertido en un Estado fallido.

Puerto Príncipe -la capital nacional- y otras ciudades haitianas están bajo control de violentas/corruptas pandillas que operan con arsenal militar y modus operandi de naturaleza guerrillera -principalmente, guerrillera urbana-.

Las principales, actúan como una coalición, bajo el liderazgo general de la organización delictiva denominada Vivir Juntos (en francés, Vivre Ensemble, o, en criollo haitiano
–kreyòl ayisyen-, Viv Ansanm).

Se trata de una de las estructuras criminales haitianas más violentas, que fue creada, en setiembre de 2023, mediante la fusión de las dos mayores pandillas capitalinas: Fuerzas Revolucionarias de la Familia G9 y Aliados (en francés, Forces Révolutionaires de la Famille G9 et Alliés, o, en criollo haitiano, Fòs Revolisyonè Fanmi G9 an Alye), y Grupo G-Pueblo (en francés, Groupe G-Peuple, o, en criollo haitiano, Gwoup G-Pèp).

El líder de Vive Ansanm es Jimmy Chérizier, alias “Barbecue” (en criollo haitiano, “Balbikiu”), un ex agente policial, cuyo apodo -que significa “barbacoa”- deriva, al parecer, del hecho de que, luego de masacres perpetradas por su agrupación, ordena quemar viviendas, con víctimas fatales en su interior.

El cuarteto de la Faes fue emboscado y capturado, el 18 de octubre, en la sureña localidad de Santo, en el sector de Croix-des-Bouquets -a unos 12 kilómetros al noreste de Puerto Príncipe-, en el área de Plaine du Cul-de-Sac, durante una acción oficialmente atribuida a pandilleros de Viv Ansanm.

El vehículo militar en el que se transportaban los salvadoreños, fue atacado/destruido con fuego de artillería pesada y explosivos.

Bukele informó, el 28 de octubre -10 días después de la acción pandillera-, sobre el envío de algo más de dos mil efectivos militares salvadoreños -según versiones periodísticas, 2500-, a Haití, para rescatar a los secuestrados.

Según el dictador aseguró que, en el marco de las operaciones que llevan a cabo, las tropas salvadoreñas están dando “una lección, a las pandillas”.

Bukele amplió la información, durante una conferencia de prensa conjunta, al día siguiente, con la visitante presidenta de Perú, la derechista Keiko Fujimori.

Haciendo referencia a su brutal política de seguridad, aseveró -en modo matón- que, “si acabamos con las pandillas de acá, podemos acabar con ellos (los pandilleros de Haití)”, y agregó que los haitianos deben decidir “si quieren que los acabemos (a los pandilleros) o no”.

“Cuánto tiempo vamos a pasar ahí? Pues, lo que dure la misión”, planteó, asimismo, autoritariamente.

“Nosotros no tenemos ninguna intención de quedarnos permanentemente ahí y, si se nos entregan los cuatro aerotécnicos mañana, nosotros mañana mismo nos vamos en la tarde”, aclaró.

“Pero, si no, vamos a ir entrando poco a poco”, advirtió, de inmediato, durante la actividad oficial en la Casa Presidencial.

La amenaza no podía faltar -ignorando la soberanía haitiana-: “si no los entregan por las buenas, los vamos a rescatar por las malas, y, en el camino, los vamos a ir acabando”.

Es como oír al guerrerista/intervencionista dictador estadounidense, Donald Trump, en español -y con acento salvadoreño-.

Además de ser pieza destacada en el ajedrez imperialista regional del trumpismo, Bukele se ha constituido en represor y carcelero por excelencia.

El dictador cool es ejemplo admirado -y seguido-, por la derecha continental -incluida la estadounidense-, en materia de limpieza social -específicamente, marera (pandillera)- y de riguroso encarcelamiento -sin derechos humanos-.

El régimen de excepción, instaurado hace algo más de cuatro años -el 27 de marzo de 2022- como mecanismo para gobernar violando “legalmente” las garantías fundamentales, permite, a Bukele, ufanarse de que -habiendo logrado, desde entonces, algo más de 93 mil encarcelamientos- ha “pacificado” a El Salvador.

También lo mantiene entre los presidentes latinoamericanos más populares -en diversas encuestas regionales, aparece en segundo lugar, sólo superado por la admirable mexicana Claudia Sheinbaum-.

El Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) -monumental campo de concentración disfrazado de prisión de máxima seguridad-, es el modelo que Bukele está exitosamente exportando a nivel continental -Bukele no utiliza el término local “maras” para referirse a las andillas sino que las considere organizaciones terroristas-.

Ecuador -desde 2025- y Costa Rica -desde 2026-, cuentan, cada uno, con un centro de reclusión inspirado en el Cecot -respectivamente, la Cárcel del Encuentro, en la occidental y costera ciudad de Santa Elena, y el Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (Cacco), dentro del complejo penitenciario La Reforma, en la central ciudad de Alajuela-.

Los tiempos de construcción del Cecot y de sus equivalentes en Ecuador y en Costa Rica fueron notoriamente breves: unos 200 días en El Salvador, alrededor de 300 días en el andino y amazónico país sudamericano, y otros tantos en el caso costarricense.

Las respectivas capacidades de reclusión: 40 mil prisioneros (Cecot), mil -con perspectiva de construir una ampliación para elevar a 15 mil- (Cárcel del encuentro), cinco mil (Cacco).

Una decena de países latinoamericanos proyecta construir similares prisiones de máxima seguridad -entre ellos Argentina, Colombia, Honduras, Perú-.

Altos funcionarios americanos -incluidos presidentes y presidentes electos- han peregrinado al Cecot, para inspirarse en el modelo bukeliano de seguridad nacional -esencialmente, represión indiscriminada y reclusión sin derechos humanos-.

La corrupta ex titular del Departamento de Seguridad Interior (Deparment of Homeland Security, DHS), Kristi Noem, también visitó -vestida provocadoramente- el campo de concentración.

Además, el régimen trumpiano envía al encierro, en esa instalación, a extranjeros a quienes captura/deporta. en el marco de la brutalmente represiva política xenofóbica implementada -como ejecutor principal- por el nefasto Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE).

En su ilegal accionar -típico de escuadrones paramilitares-, los enmascarados matones de ICE detienen a extranjeros -entre ellos niños, a quienes, inmisericordemente, separan de sus respectivas familias-.

Una proporción considerable de esas capturas consisten en inmigrantes a quienes los agentes de ICE emboscan en instalaciones judiciales, no obstante el hecho de que los extranjeros llegan, a esos lugares, en cumplimiento de trámites de regularización migratoria.

Pero también detienen a ciudadanos estadounidenses -habiendo asesinado a dos de estos, una mujer y un hombre, respectivamente, el 7 y el 24 de enero de 2026-, en el marco de manifestaciones de repudio a la xenofobia trumpista.

En su aparente nuevo papel de cuidador criollo del patio trasero caribeño del imperio estadounidense, Bukele sostiene que la invasión a Haití, por tropas de la Faes, no es una invasión sino una misión de rescate.

Según la negacionista visión bukeliana -plenamente afín a la estadounidense para justificar el histórico intervencionismo imperial a nivel plantario-, desembarcar algo más de dos mil soldados en un país no constituye una invasión -aunque la acción se haya acordado formalmente con el gobierno del país afectado-.

En ese sentido, la cancillería salvadoreña informó, en un comunicado que emitió el 28 de octubre, que Bukele y el primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimé, abordaron, durante una conversación telefónica, la incursión militar salvadoreña.

También planteó que “el Salvador continuará con el despliegue operativo de más de 2,000 soldados para rescatar a los cuatro aerotécnicos salvadoreños, en una operación a gran escala respaldada por diversos países y organismos internacionales”.

Asimismo, según versiones periodísticas, el gobierno haitiano indicó que el presidente y el primer ministro “reafirmaron el compromiso de fortalecer la coordinación bilateral y la cooperación operativa en el marco de la Fuerza de Supresión de Pandillas”.

Por su parte, durante la sesión plenaria de la 30 Cumbre Iberoamericana, llevada a cabo el 4 y el 5 de noviembre, en Madrid, el vicepresidente salvadoreño, Félix Ulloa, reiteró la narrativa de que las tropas de la Faes no constituyen un contingente de invasión arbitraria.

“Decirles a ustedes que no es una fuerza de ocupación, que no es una decisión unilateral de intervenir en Haití, que es un arreglo bilateral con las autoridades haitianas que legitima la presencia militar nuestra en esta nación caribeña”, aseveró, además de informar que “el presidente está en el puesto de mando, dándole seguimiento, minuto a minuto, al desempeño y el desarrollo de los acontecimientos en Haití”.

“Vamos a hacer lo posible -como dijimos- de rescatar a nuestros compatriotas y de ayudar al pueblo haitiano en el combate a las pandillas y a estas estructuras criminales, sobre todo en la zona de conflictividad -Cul-de-Sac y Croix-des-Bouquets, que ya están siendo abordadas e intervenidas por nuestra fuerza-”, precisó, además.

Ulloa incurrió en una implícita contradicción, porque, tras haber asegurado la naturaleza no intervencionista y exclusivamente de rescate, de la misión encomendada a los efectivos de la Faes, admitió que el sector donde ocurrió el secuestro está bajo intervención militar salvadoreña -no de la internacional FGS sino de la Faes-.

Quizá tratando de bajar el perfil de la invasión, dijo que los cuatro militares son “asistentes técnicos (…) asignados en las fuerzas de los grupos de Naciones Unidas”, de modo que “no eran fuerzas de combate”.

Y, manipuladoramente, afirmó que “este es el momento de una solidaridad latinoamericana con la nación haitiana, y, en El Salvador, estamos dispuestos a seguirla”.

El vicemandatario expresó que Haití es “una herida que duele”, y que hay que practicar “la solidaridad” en un momento oportuno.

Pero la narrativa oficialista bukeliana -según la cual, soldados con grado de sargento no son fuerzas de combate- fue refutada por voces surgidas en el campo no gubernamental, por actores quienes están en el terreno -y son testigo de lo que ocurre-.

En tal contexto, la Asociación de Naciones Unidas-Haití (Association des Nations Unies-Haïti/United Nations Association-Haiti, UNA-Haiti), dirigió, el 28 de octubre, al secretario general de las Naciones Unidas, el portugués António Guterres, una carta abierta, en la que denunció ataques -bombardeos y fuego de artillería pesada-, de tropas salvadoreñas, contra población civil haitiana.

Titulado “El bombardeo de nuestro pueblo debe parar – UNA-Haiti condena denunciadas operaciones militares salvadoreñas en Haití y llama a una investigación inmediata”, el texto fue también remitido a “todos los Medios de Comunicación, Estados Miembros de las Naciones Unidas, y Organizaciones de la Sociedad Civil”.

En su sitio en Internet, UNA-Haití se define como “una organización no gubernamental dedicada a fomentar la solidaridad global, el desarrollo sostenible, y la gobernanza democrática en Haití”.

“Fundada en 2004 por el internacionalmente reconocido experto en desarrollo Harvey Dupiton, UNA-Haití fue establecida como institución local operando dentro de la red de la Federación Mundial de Asociaciones de las Naciones Unidas (World Federation of United Nations Associations, Wfuna), promoviendo la paz, los derechos humanos y el progreso equitativo”, según la misma fuente.

También en su sitio en la red, la Wfuna se presenta como “una organización sin fines de lucro que representa y coordina una membresía de más de 100 Asociaciones de Naciones Unidas -UNAs- y sus miles de integrantes”.

“Trabajamos para construir un mundo mejor mediante el fortalecimiento y el mejoramiento de las Naciones Unidas a través del involucramiento de personas quienes comparten una mentalidad global y apoyan la cooperación internacional -ciudadanos globales-”, señala, además.

Una-Haití inició la misiva -firmada por Dupiton, un haitiano oriundo, precisamente, de Croix-des-Bouquets-, explicando/denunciando que “publicamos esta carta abierta porque la diplomacia privada ha fracasado para detener las bombas”.

La asociación, “representado a un amplio sector de la comunidad de la Diáspora Haitiana, hoy condena públicamente las acciones de la República de El Salvador en Haití”, siguió precisando, en alusión a la comunidad de migrantes haitianos -radicada, principalmente, en Estados Unidos (unos 700 mil)-.

“Condenamos el indiscriminado bombardeo de civiles inocentes en nuestro país”, reafirmó.

“Por una semana, desde el 22 de octubre de 2026, fuerzas armadas salvadoreñas movilizadas bajo el presidente Nayib Bukele han conducido bombardeos aéreos, ataques de helicópteros artillados, y agresión con armas pesadas en Croix-des-Bouquets, Canaan, y Plaine du Cul-de-Sac”, precisó, en alusión a tres comunidades en la periferia capitalina.

“Niños están muriendo, no por pandillas sino por bombas extranjeras”, denunció.

“Esto no es un rescate. Esto no es seguridad. Esto es la masacre de inocentes”, precisó, de inmediato.

Al exhortar a que “seamos claros con el mundo”, señaló que, igualmente, “esto viola la soberanía haitiana”, y planteó que “Haití no invitó a El Salvador a bombardear a Haití”.

“Ninguna autoridad haitiana legítima puede invitar a otro estado a bombardear indiscriminadamente a su propio pueblo”, reflexionó, a continuación, para indicar que la agresión militar denunciada es violatoria de la Carta de las Naciones Unidas, así como de resoluciones emitidas por la organización mundial.

Al respecto, indicó que varias de esas resoluciones “autorizaron a que una Fuerza de Supresión de Pandillas APOYE a la Policía Nacional haitiana bajo supervisión de Naciones Unidas”.

“No autorizaron a que El Salvador lance su propia guerra independiente, fuera del mando de la GSF, con sus propias reglas de enfrentamiento”, siguió contextualizando.

UNA-Haití agregó que “esto viola el derecho internacional: el indiscriminado bombardeo de áreas civiles es un crimen de guerra”, aclarando que “el castigo colectivo a una población ya victimizada por pandillas no es contraterrorismo”.

De acuerdo con la definición establecida por la Corte Penal Internacional, los crímenes de guerra son casi una treintena de actos violatorios de convenciones internacionales.

La extensa lista incluye, entre otras barbaridades, “dirigir intencionalmente ataques contra la población civil en cuanto tal o contra personas civiles que no participen directamente en las hostilidades”, además de “dirigir intencionalmente ataques contra bienes civiles, es decir, bienes que no son objetivos militares”.

Asimismo, “atacar o bombardear, por cualquier medio, ciudades, aldeas, viviendas o edificios que no estén defendidos y que no sean objetivos militares”, y “declarar que no se dará cuartel”.

UNA-Haití exigió, puntualmente, “una inmediata orden púbica para detener todas las operaciones salvadoreñas de bombardeo ofensivo en Haití”, además de “una investigación independiente, por Naciones Unidas, sobre las muertes de civiles causadas por fuerzas salvadoreñas desde el 18 de octubre de 2026”.

Asimismo, demandó “una certificación formal del Consejo de Seguridad (de las Naciones Unidas) de que El Salvador no tiene ningún derecho de librar una guerra unilateral en Haití”, además de requerir “la protección del pueblo haitiano, no solamente de las pandillas sino de aquellos quienes dicen que están salvándonos de las pandillas”.

“Haití quiere paz, pero la paz no viene desde el cielo en la forma de bombas”, reflexionó la asociación, planteando que “la paz viene desde la justicia, la soberanía, y el respeto a la vida haitiana”.

Al cierre del texto, aseguró que “no estaremos en silencio mietras nuestro país es bombardeado”, y precisó que “el pueblo haitiano no es pandillero”, de modo que “dejen de bombardearnos”.

Como el patán dictador que es, Bukele refutó la denuncia de UNA-Haití, y aprovechó el momento para tratar de demeritar, en términos generales, a las organizaciones no gubernamentales -en general, enemigas naturales de las dictaduras, de la represión, de la militarización contra el crimen organizado-.

“Estas ONG mienten con total impunidad, mientras ejercen una enorme influencia sobre organizaciones internacionales”, aseveró, en la red social X, agudizado la calumnia al aseverar que “no son más que firmas de cabildeo para criminales y cárteles, disfrazadas de organizaciones humanitarias”.

“Bombas? Nuestra misión ni siquiera tiene bombas a su disposición”, planteó.

“Bombardeos aéreos? Ataques de helicópteros artillados? Nuestros helicópteros de ataque no llegaron a Haití hasta el 29 de octubre. Su llegada fue ampliamente cubierta por los medios, con numerosos videos y publicaciones en redes sociales que lo documentan”, agregó, ampliando la retahíla antioenegés -una manipuladora argumentación que no refuta lo denunciado-.

Pero, coincidiendo con lo revelado por UNA-Haití, la organización humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (Médecins Sans Frontières, MSF) -fundada, en 1971, en Francia, y con sede en Suiza-, informó, en un comunicado que emitió el 28 de octubre, sobre lo que describió como un notorio aumento de violencia -bombardeos incluidos- desde el 18 de ese mes.

Si bien no identificó a responsables, MSF ubicó los hechos en el sector donde tuvo lugar el secuestro de los cuatro salvadoreños -punto focal, aunque no exclusivo, de la misión militar bukeliana-.

“Intenso fuego y explosiones de drones se han incrementado en el área de Cul-de-Sac, en la parte noreste de Puerto Príncipe, luego de la desaparición, el 18 de octubre de 2026, de varios miembros de la Fuerza de Supresión de Pandillas durante un ataque a su vehículo por miembros de grupos armados”, indicó la organización, en el texto de 10 párrafos -sin necesidad de incurrir en bukeliana vulgaridad autoritaria-.

Citada en el comunicado, la jefa de la misión de MSF en Haití, Davina Hayles, expresó que “estamos muy preocupados por este repentino aumento en la violencia en múltiples barrios densamente poblados de la capital”.

“Es imperativo que los civiles sean protegidos y se les perdone la vida”, planteó, además, en calidad de exhortación.

Entretanto, en declaraciones que formuló, el 6 de noviembre, a la agencia informativa española Efe, Ulloa amplió la tácita contradicción entre la narrativa bukeliana y la realidad, en lo que tiene que ver con la misión militar exclusivamente de rescate.

“Al enviar estas tropas a rescatar a nuestros compatriotas, tenemos que intervenir zonas donde las pandillas operan, porque ahí fue que los emboscaron -en Croix-des-Bouquets-”, planteó.

“Entonces, al entrar a la zona, hemos ido limpiando la zona”, agregó, de inmediato, para aseverar, en patética excusa, que “eso es lo que el pueblo haitiano y el gobierno haitiano están viendo con mucha satisfacción y con mucha expectativa”.

El Caribe es, en la segunda tóxica presidencia de Trump, escenario central de la ofensiva que el dictador estadounidense lleva adelante para reafirmar la hegemonía imperial en el patio trasero latinoamericano: tomó control de Venezuela, y tiene a Cuba en la mira.

Eso, mientras cuenta con aliados gobernando en la mayoría de los países de la región
-Bukele, entre los más destacados-.

Geográficamente, el Paso de los Vientos -o Paso de Barlovento- separa -80 kilómetros, en su punto más ancho- las costas noroccidental haitiana y sudoriental cubana -en el segundo caso, donde se ubica la base militar estadounidense de Guantánamo-.

Quizá la movida militar bukeliana en Haití es -a manera de ensayo- impulsada por la movida que el trumpismo -con el secretario de estado Marco Rubio, estadounidense de ascendencia cubana, como uno de los principales interesados- está desarrollando para derrocar a la dictadura cubana -aunque no tan fácilmente como a la venezolana-.

Respecto a Cuba, se pronunciaron, el 23 de octubre, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos (United States Southern Command, Southcom), general Francis Donovan; la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA), y Rubio.

Donovan aseguró, en X, que “el futuro de Cuba pertenece a quienes actúan”, y llamó, a los cubanos, a que “tomen el momento, y construyan el cambio que ustedes quieren ver”.

“No más promesas rotas, corrupción desenfrenada, ni tolerar a una clase de élite viviendo en lujo mietras los ciudadanos son ignorados”, planteó, a continuación.

Como cierre de la subversiva exhortación, escribió: “ahora es el momento”.

Donovan incluyó, en su mensaje, textos, respectivamente, de la CIA y de Rubio.

La agencia -con extensa historia de conspiraciones golpistas en América Latina y el
Caribe-, emitió -en español- un llamado “a aquellos que buscan crear un cambio positivo en Cuba – Este es el momento. La decepción de las promesas fallidas, la corrupción, y las vidas privilegiadas de unos pocos – Aprovecha esta oportunidad de crear el cambio que deseas a través de una asociación discreta con la CIA”.

Además incluyó -siempre en español- un instructivo sobre como establecer ese contacto.

Por su parte, Rubio, reprodujo -en inglés- la exhortación de la CIA.

En declaraciones que formuló el 26 de octubre -tres días después de los mensajes en X- Rubio aseguró -absteniéndose de proporcionar detalles- que “creemos que Cuba necesita un cambio muy drástico”.

Y agregó: “es un caso totalmente distinto al de Venezuela, se presenta de forma muy diferente”.

Eso es indudable.

La dictadura cubana deriva de una exitosa lucha guerrillera que generó, hace casi 68 años, un esperanzador proceso revolucionario que -no obstante haber sido irreversiblemente traicionado- ha resistido no obstante el inagotable asedio de la principal potencia mundial -su vecino, a apenas unos 150 kilómetros de distancia-.

En cambio, el régimen madurista fue pésimo heredero de un proceso revolucionario no armado que asumió 13 años antes de caer por el peso de su fenomenal mediocridad -la que quedó evidenciada en la traición de Delcy Rodríguez y los demás vociferantes antimperialistas, ahora, vergonzosamente, al servicio del imperio-.

Bukele es un oportunista trepador de la pirámide política salvadoreña convertido en corrupto dictador oligarca.

Se trata del camaleón ideológico quien saltó, sin remordimiento, de la izquierda de origen revolucionario armado -el ex guerrillero, ahora centroizquierdista, y dos veces gobernante (2009-2014, 2014-2019) Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), con el cual fue, sucesivamente, alcalde de Nuevo Cuscatlán (2012-2015). y de San Salvador (2015-2018)-, a la derecha de origen escuadronero -la Gran Alianza por la Unidad Nacional (Gana), con la que llegó a ser presidente-, antes de fundar (2018) su propio partido -el derechista y ahora gobernante Nuevas Ideas (NI)-.

Dados sus antecedentes de escasa ética -que incluyen denunciado enriquecimiento ilícito como presidente, con patrimonio que habría crecido, en el ejercicio del cargo, unos 2.3 millones de dólares-, y su intensa afinidad con Trump -quien lo considera “buen mozo” (“handsome”)-, Bukele reúne las tóxicas características para hacer trabajo sucio regional para el imperio.

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