Buscar trabajo exige organización y constancia, pero también tiene un costo emocional que se menciona poco. Así lo plantea Abel Guio, consultor de Recursos Humanos de la Fundación Adecco, organización española dedicada a temas de empleo, que elaboró una guía para ayudar a las personas a cuidar su salud mental durante ese proceso.
La publicación se titula “El trabajo emocional de buscar trabajo: guía para gestionar las emociones durante la búsqueda de empleo”. Según se indica, es un recurso de autocuidado que no sustituye la terapia psicológica ni la intervención de profesionales de la salud mental.
Guio sostiene que buscar empleo es un trabajo en sí mismo y también un trabajo emocional. En su criterio, se suele poner el foco en las cifras de desempleo o en las técnicas de búsqueda, pero no tanto en cómo vive la persona todo el proceso.
El impacto se agrava cuando la falta de empleo se prolonga. De acuerdo con los datos citados, el 35 % de las personas desempleadas lleva más de un año buscando un puesto. Entre quienes tienen más de 45 años, ese porcentaje sube al 48 %, y entre quienes superan los 55 años llega al 56 %. Cabe aclarar que estas cifras provienen del informe de la Fundación Adecco y no corresponden a Costa Rica.
El informe añade que el 88,2 % de las personas desempleadas mayores de 45 años que suman más de un año sin trabajo reconoce haber sufrido una pérdida progresiva de autoestima. Guio explica que, cuando se acumulan las negativas o los silencios de las empresas, puede aparecer un diálogo interno muy duro, con frases como “no valgo” o “nadie va a contratarme”. Aclara que esos pensamientos no son hechos, pero condicionan las emociones y la conducta: disminuyen la iniciativa, dificultan preparar las candidaturas y pueden llevar al abandono de la búsqueda.
La premisa central de la guía es que la situación laboral de una persona no define su identidad ni su valor. Para reducir la frustración, propone varias herramientas prácticas. La primera es reconocer y nombrar las emociones de preocupación o bloqueo. También sugiere aplicar el ikigai, un concepto japonés que, en este caso, sirve para relacionar los gustos personales, las habilidades, las necesidades del mercado y las posibilidades reales de contratación, con el fin de fijar metas coherentes.
La guía recomienda además analizar los cambios del mercado laboral, por ejemplo en materia tecnológica o ambiental, para reubicar las competencias previas sin empezar de cero. Propone construir una marca personal auténtica mediante un inventario profesional de logros y valores, que permita redactar una presentación breve, conocida como elevator pitch (un discurso corto para darse a conocer ante un posible empleador). Por último, aconseja distinguir lo que sí se puede gestionar, como preparar una entrevista, de lo que no se controla, como los prejuicios o las decisiones internas de una empresa.
Para Guio, una empresa selecciona el perfil que considera más adecuado para una necesidad concreta y en un momento determinado, y no evalúa todo el talento, la historia o el potencial de una persona. Concluye que no ser seleccionado es un resultado profesional y no una identidad: puede ofrecer información útil para seguir avanzando, pero nunca debe convertirse en una medida del valor personal.







