Baños accesibles requieren camillas

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La accesibilidad en los espacios públicos no termina con la instalación de un baño adaptado para personas usuarias de silla de ruedas. Existen personas con discapacidad, jóvenes y adultos que requieren asistencia para cambiarse de ropa, realizar una muda o efectuar determinados procedimientos en posición acostada. Para ellas, la ausencia de una camilla puede convertir una salida cotidiana en una situación de dependencia, incomodidad y pérdida de dignidad.

La organización chilena Ciudad Accesible puso nuevamente este tema sobre la mesa en una publicación del 12 de agosto de 2026, bajo el planteamiento de que “el piso no es alternativa”. La pregunta resulta directa: ¿sería aceptable acostar a un niño, joven o adulto sobre el suelo de un baño público para cambiarle la ropa?

Para muchas familias, esa no es una situación hipotética.

Más allá de los mudadores infantiles

Los mudadores tradicionales instalados en baños públicos suelen estar diseñados para niños pequeños y tienen límites de peso. Sin embargo, las necesidades de apoyo no desaparecen cuando una persona crece.

Hay jóvenes y adultos que necesitan realizar cambios de ropa o higiene personal en posición horizontal. Cuando un establecimiento no dispone de una infraestructura apropiada, las familias pueden verse obligadas a utilizar el suelo del baño o abandonar el lugar para regresar a casa.

El problema tiene varias dimensiones. El suelo de un baño plantea dificultades de higiene y seguridad, pero también existe una cuestión relacionada con la dignidad. Además, la persona que presta asistencia debe agacharse y, en determinadas circunstancias, levantar a la persona desde el piso, una tarea que puede representar un esfuerzo físico importante.

Una camilla puede cambiar la experiencia

La propuesta planteada por Ciudad Accesible consiste en incorporar camillas en determinados baños accesibles de dimensiones suficientes.

No se trataría de sustituir el baño accesible convencional, sino de incorporar equipamiento adicional para personas que requieren mayores apoyos.

Entre las características señaladas se encuentra una camilla acolchada de aproximadamente 70 centímetros de ancho por 180 centímetros de largo. La altura podría ser regulable o situarse aproximadamente entre 48 y 50 centímetros para facilitar las transferencias y la asistencia.

El resto de las condiciones de accesibilidad del baño también debería mantenerse: espacios adecuados de giro y transferencia, barras de apoyo, lavamanos accesible, inodoro correctamente instalado, grifería apropiada y una puerta con suficiente espacio libre de paso.

No todos los baños necesitan camilla

La propuesta tampoco significa que cada baño público deba incorporar necesariamente este equipamiento.

La necesidad adquiere especial relevancia en lugares donde las personas permanecen durante períodos prolongados o donde regresar rápidamente a casa resulta difícil: aeropuertos, grandes centros comerciales, hospitales, centros educativos, instalaciones deportivas, parques y otros espacios de alta afluencia.

En estos lugares, disponer de una infraestructura adicional puede facilitar que una persona con discapacidad y su familia permanezcan en el sitio durante varias horas, en lugar de tener que interrumpir una actividad por falta de condiciones adecuadas para realizar un cambio de ropa o una tarea de higiene.

El piso debe dejar de ser una opción

Otro aspecto señalado es la importancia de los pavimentos. En los baños, donde existe exposición frecuente al agua, las superficies antideslizantes son fundamentales para reducir el riesgo de caídas.

Ciudad Accesible plantea especial atención a las condiciones de adherencia en superficies secas y mojadas y menciona soluciones que permitan drenar el agua y mantener una superficie firme e higiénica.

La seguridad del pavimento resulta especialmente relevante cuando una persona necesita realizar transferencias, movilizar una silla de ruedas o recibir asistencia de otra persona.

Una experiencia internacional

El concepto tampoco es completamente nuevo. En Reino Unido se desarrolló desde 2005 el modelo Changing Places, orientado a crear instalaciones para personas que requieren mayores niveles de apoyo durante sus actividades de higiene y cambio.

Estos espacios incorporan equipamiento adicional, entre ellos camillas y sistemas de elevación que facilitan las transferencias. El modelo se ha extendido posteriormente a otros países.

Un aspecto importante es que los llamados Changing Places no sustituyen los baños accesibles convencionales. Constituyen un servicio complementario dirigido a personas cuyas necesidades no pueden ser atendidas adecuadamente mediante un baño accesible estándar.

La accesibilidad debe contemplar distintas necesidadesIlustración de un grupo diverso que incluye personas con discapacidad

La discusión plantea una pregunta más amplia para las políticas de accesibilidad: ¿qué ocurre cuando un espacio cumple formalmente con las características de un baño accesible, pero no responde a las necesidades reales de todas las personas con discapacidad?

La accesibilidad universal implica considerar diferentes formas de movilidad, asistencia y autonomía. No todas las personas con discapacidad requieren los mismos apoyos ni pueden utilizar las instalaciones de la misma manera.

Por eso, la incorporación de camillas en determinados baños puede analizarse como una medida complementaria dentro de una estrategia más amplia de accesibilidad.

Para una familia que necesita este tipo de apoyo, la diferencia puede ser concreta: poder permanecer en un aeropuerto, asistir a un partido, visitar un centro comercial, acudir a una actividad educativa o participar en un evento sin tener que regresar a casa únicamente porque no existe un lugar seguro y digno para realizar un cambio de ropa.

La accesibilidad no consiste únicamente en entrar a un edificio. También significa contar con las condiciones necesarias para poder permanecer en él.

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