El acceso a una de las herramientas más recientes para prevenir el VIH vuelve a estar en el centro del debate internacional sobre medicamentos, precios y propiedad intelectual. Médicos Sin Fronteras (MSF) cuestiona las condiciones del acuerdo anunciado entre Gilead Sciences y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), al considerar que el convenio podría mantener importantes restricciones para las personas de América Latina y el Caribe.
El medicamento en cuestión es lenacapavir, un antirretroviral inyectable utilizado como profilaxis preexposición (PrEP). Su principal característica es que requiere únicamente dos administraciones al año, una modalidad que puede facilitar la prevención del VIH para personas que enfrentan dificultades con métodos que deben utilizarse con mayor frecuencia.
Según MSF, los estudios disponibles han mostrado una eficacia cercana al 100 % en la prevención del VIH cuando el medicamento se administra conforme al esquema establecido.
El precio, uno de los principales obstáculos
La discusión no se limita a la innovación médica. También gira alrededor del precio y de quién controla la fabricación y distribución del medicamento.
MSF señala que Gilead comercializa actualmente lenacapavir para determinadas indicaciones a precios muy elevados en Estados Unidos, mientras que estimaciones citadas por la organización sitúan el posible costo de producción de una versión genérica en alrededor de 40 dólares por persona al año.
La organización sostiene que la diferencia entre esos valores evidencia la importancia de ampliar la competencia mediante versiones genéricas y de garantizar que los países puedan adquirir cantidades suficientes del medicamento.
Gilead ha establecido mecanismos para permitir la fabricación de versiones genéricas en determinados mercados, pero MSF advierte que las restricciones territoriales podrían dejar fuera a distintos países latinoamericanos.
El acuerdo con la OPS
El convenio anunciado con la OPS busca establecer una vía regional para que lenacapavir pueda llegar a países de América Latina y el Caribe. Sin embargo, MSF cuestiona que Gilead conserve un papel central en el suministro.
Entre las interrogantes planteadas por la organización se encuentran el número de dosis que recibirá cada país, los plazos de entrega, el precio final y las eventuales condiciones asociadas a las compras.
La falta de información detallada sobre estos aspectos, según MSF, dificulta determinar hasta qué punto el acuerdo permitirá un acceso amplio y sostenible.
La organización también reclama mayor transparencia respecto a la transferencia tecnológica. Este proceso permitiría que otros fabricantes desarrollen capacidades para producir el medicamento, pero su implementación puede requerir tiempo, infraestructura y acuerdos técnicos.
América Latina ante un nuevo desafío
El debate adquiere particular relevancia porque varios países latinoamericanos participaron en investigaciones clínicas relacionadas con lenacapavir. MSF sostiene que personas de países como Brasil, Argentina, México y Perú participaron en ensayos, pero posteriormente enfrentaron restricciones para acceder a versiones genéricas del producto.
Desde la perspectiva de la organización humanitaria, esto plantea una cuestión de equidad: los países y comunidades que contribuyen a la investigación clínica deberían poder beneficiarse de los avances médicos resultantes.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en desarrollar nuevas tecnologías para prevenir el VIH. También implica determinar cómo esas innovaciones llegan a las poblaciones que las necesitan y bajo qué condiciones económicas.
Dos aplicaciones al año
Lenacapavir representa un cambio respecto de algunas modalidades tradicionales de PrEP, debido a su esquema de administración semestral.
Para los programas de salud pública, una alternativa que requiere únicamente dos aplicaciones anuales podría facilitar la continuidad preventiva y reducir algunas de las dificultades relacionadas con la toma frecuente de medicamentos.
No obstante, la utilidad sanitaria de una nueva herramienta depende también de su disponibilidad. Un medicamento altamente eficaz puede tener un impacto limitado si su precio, suministro, registro sanitario o distribución impiden que llegue a las personas que podrían beneficiarse de él.
La discusión continúa
MSF ha planteado que el medicamento debería estar disponible globalmente por alrededor de 40 dólares por persona al año, y reclama que los fabricantes de versiones genéricas puedan abastecer también a América Latina y el Caribe.
El acuerdo entre Gilead y la OPS representa un paso para establecer mecanismos regionales de acceso, pero quedan preguntas sobre precios, cantidades, calendarios y producción local.
La discusión refleja un problema más amplio de las políticas sanitarias contemporáneas: cómo equilibrar la recuperación de las inversiones realizadas en investigación y desarrollo con la necesidad de que las innovaciones médicas sean económicamente accesibles.
En el caso del lenacapavir, el resultado dependerá no solamente de su eficacia como herramienta de prevención del VIH, sino también de las decisiones que adopten gobiernos, organismos internacionales y fabricantes para convertir esa innovación en una opción disponible para las poblaciones de la región.









