RÍO DE JANEIRO, Brasil.– Las personas que viven con el VIH podrían presentar un riesgo importante de desarrollar hígado graso incluso cuando mantienen un índice de masa corporal (IMC) dentro de los rangos considerados normales, según los resultados de una investigación británica presentados durante la 26.ª Conferencia Internacional sobre el Sida (AIDS 2026), realizada en Río de Janeiro.
El estudio cuestiona la utilización del IMC como principal indicador para identificar el riesgo de enfermedad hepática en las personas con VIH y plantea la necesidad de incorporar otras medidas relacionadas con la distribución de la grasa corporal y la salud metabólica.
El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática, se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa en este órgano. Si progresa, puede provocar inflamación, fibrosis, cirrosis y, en algunos casos, cáncer de hígado.
La investigación analizó a 391 personas con VIH que presentaban esteatosis hepática, quienes fueron sometidas a una evaluación no invasiva para determinar tanto la acumulación de grasa como la rigidez del hígado.
Los participantes fueron divididos según su IMC entre personas con un índice inferior a 25 y aquellas con un valor igual o superior a 25. Aunque quienes tenían un peso considerado normal mostraron, en términos generales, un perfil cardiovascular más favorable, esto no significó que tuvieran una enfermedad hepática menos grave.
Los investigadores observaron que los indicadores relacionados con la fibrosis y otros signos de daño hepático fueron similares entre ambos grupos.
Uno de los hallazgos destacados fue la presencia de lipodistrofia, una alteración en la distribución de la grasa corporal que históricamente se ha relacionado con el VIH y con algunos tratamientos antirretrovirales utilizados en décadas anteriores.
Esta condición puede provocar pérdida de grasa en determinadas zonas del cuerpo y, al mismo tiempo, una mayor acumulación en el abdomen. Por ello, una persona puede presentar un peso normal de acuerdo con su IMC y, sin embargo, mantener una distribución de grasa asociada con un mayor riesgo metabólico.
El estudio también encontró una mayor frecuencia de coinfección por hepatitis B entre las personas con esteatosis hepática y peso normal.
Los resultados adquieren relevancia porque el hígado graso se ha convertido en una causa cada vez más importante de enfermedad hepática avanzada a medida que otras causas, como algunas hepatitis virales, han podido ser mejor controladas.
Los investigadores plantean que factores como el perímetro de cintura, la relación entre cintura y estatura, el porcentaje de grasa corporal y otros indicadores de distribución de la grasa podrían complementar al IMC para detectar de manera más precisa a las personas con VIH que presentan riesgo de enfermedad hepática.
El mensaje central presentado en AIDS 2026 es que tener un peso normal no necesariamente significa tener un bajo riesgo de hígado graso. Para las personas con VIH, una evaluación integral podría permitir identificar alteraciones hepáticas que pasarían inadvertidas si únicamente se considera el peso corporal.







