La siempre ascendente crueldad nazi del trumpismo

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Foto/Agencias

El régimen trumpista decidió elevar -aún más- el nivel de crueldad nazi que caracteriza a la represión -antinmigrante y antiopositora-: el equipo de agresión física del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE) incluirá guantes de electrochoque.

El uso de tales guantes permite, a los matones de esa fuerza represiva, aplicar brutalmente dolorosos choques eléctricos a las víctimas de su ilegal/enmascarado modus operandi paramilitar/escuadronero.

Según las características técnicas de fábrica, la potencia de cada descarga se ubica en el poderoso rango de 324 a 362 voltios -máximo: 380 voltios-, y la duración recomendada es de 15 interminables segundos en cada caso.

Versiones periodísticas han señalado que esa potencia es equivalente a algo más del triple de la contenida en un tomacorriente promedio -120 voltios-.

Las descargas se activan mediante la presión de un botón ubicado, en cada guante, en el área que cubre la muñeca, y son producidas solamente en contacto con la piel -no a través de la ropa-.

Si bien fabricantes de esos instrumentos de tortura sostienen, eufemísticamente, que se trata de “una opción no letal” para los agentes de fuerzas de represión, defensores de los derechos humanos señalan que los guantes son, en realidad, instrumentos de tortura creados para producir brutal dolor, y que su uso puede llegar a ser, en efecto, letal.

Además -según lo confesado, de hecho, por un fabricante de Glove-, a diferencia de las pistolas taser -que, mediante el disparo simultáneo de dos púas metálicas respectivamente en los extremos de delgados cables, provocan choque eléctrico-, los guantes no causan heridas visibles ni dejan marcas -es decir: criminalmente, garantizan impunidad-.

La política bestialmente represiva del régimen trumpista -uno de los principales componentes de su gen nazi- es flagrantemente violatoria de instrumentos del derecho internacional humanitario que prohíben la tortura y otras firmas de maltrato, algunos de los cuales incluyen a Estados Unidos entre sus firmantes -otros, convenientemente, no-.

La Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes -aprobada el 10 de diciembre de 1984, por la Asamblea General de las Naciones Unidas; vigente desde el 26 de junio de 1987-, define, clara e irrefutablemente, en el primero de sus 33 artículos, contenidos en tres partes, el concepto de tortura.

“Se entenderá por el término ‘tortura’ todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales”, indica.

Ello, “con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia”, agrega.

La convención -de la que Estados Unidos es firmante- determina, en el segundo artículo, que “todo Estado Parte tomará medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole eficaces para impedir los actos de tortura en todo territorio que esté bajo su jurisdicción”.

Y agrega que “en ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura”.

Por su parte, la Convención Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura -aprobada el 9 de diciembre de 1985, por la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (AG/OEA); vigente desde el 28 de febrero de 1987-, contiene, en el primero de sus 24 artículos, una coincidente conceptualización de esa práctica ilegal.

“Se entenderá por tortura todo acto realizado intencionalmente por el cual se inflijan a una persona penas o sufrimientos físicos o mentales, con fines de investigación criminal, como medio intimidatorio, como castigo personal, como medida preventiva, como pena o con cualquier otro fin”, plantea.

“Se entenderá también como tortura la aplicación sobre una persona de métodos tendientes a anular la personalidad de la víctima o a disminuir su capacidad física o mental, aunque no causen dolor físico o angustia psíquica”, puntualiza -en alusión a algunos de los propósitos clave de la tortura-.

Asimismo, en el tercer artículo precisa que “serán responsables del delito de tortura: a. los empleados o funcionarios públicos que actuando en ese carácter ordenen, instiguen, induzcan a su comisión, lo cometan directamente o que, pudiendo impedirlo, no lo hagan”, y “b. las personas que a instigación de los funcionarios o empleados públicos a que se refiere el inciso a. ordenen, instiguen o induzcan a su comisión, lo cometan directamente o sean cómplices”.

Y, en el siguiente, aclara que “el hecho de haber actuado bajo órdenes superiores no eximirá de la responsabilidad penal correspondiente” -como tampoco exime de responsabilidad, a Estados Unidos, el hecho de no ser firmante de la convención interamericana-.

Además, en el quinto, señala que “ni la peligrosidad del detenido o penado, ni la inseguridad del establecimiento carcelario o penitenciario pueden justificar la tortura”.

Entretanto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos -aprobada el 10 de diciembre de 1948, con el mayoritario voto de la Asamblea General de las Naciones Unidas, incluido Estados Unidos; vigente desde esa fecha-, determina, en el quinto de sus 30 artículos, que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

Mientras que la Convención Americana sobre Derechos Humanos -aprobada el 22 de noviembre de 1969 por la Conferencia Especializada Interamericana sobre Derechos Humanos convocada por la OEA; vigente desde el 18 de julio de 1978-, señala, respecto al “Derecho a la Integridad Personal” -en el quinto de sus 82 artículos, contenidos en 11 capítulos-, que “toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral”.

También determina que “nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”, así como que “toda persona privada de libertad será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano”.

Sumado a los instrumentos legales anteriores, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos -aprobado el 16 de diciembre de 1966 por la Asamblea General de las Naciones Unidas; vigente desde el 23 de marzo de 1976- plantea, en el sexto de sus 53 artículos, contenidos en seis partes, que “el derecho a la vida es inherente a la persona humana”.

Igualmente, señala que “este derecho estará protegido por la ley”, por lo que “nadie podrá ser privado de la vida arbitrariamente”.

En su sétimo artículo, el pacto -del cual Estados Unidos es parte, con reservas- indica que “nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

Resulta incuestionable que la política represiva del régimen de Trump es flagrantemente violatoria de las disposiciones de todos esos instrumentos legales -independientemente de que Estados Unidos no sea parte de algunos de ellos-.

Los derechos humanos existen, aunque eso moleste a la criminal/mediocre pandilla de Trump y sus secuaces.

En el caso de los guantes -implemento denominado Emisión Generada de Voltaje Bajo de Salida (Generated Low Output Voltage Emission, Glove), cuya sigla, en soez sarcasmo, significa “guante”-, la manifiesta intensión de dar impunidad al uso de las descargas eléctricas como variante de tortura, está en el origen.

Por ejemplo, la empresa que desarrolló y es la principal productora de los guantes se denomina Complaint Tecnologies, nombre que incluye la palabra “compliant”, que, en inglés, significa “obediente”, o “sumiso”, o “sometido” -exactamente, la condición en la cual se coloca, con violencia, a las víctimas de los guantes-.

En su sitio en Internet, Compliant Tecnologies -compañía cuyos propietarios son, únicamente, ex militares- describe, eufemísticamente -en varios idiomas, incluidos inglés y español-, una amplia gama de áreas en las cuales Glove puede usarse en situaciones en las cuales los torturadores consideren que es necesario lograr una “desescalada” (apaciguamiento) de personas -es decir: siempre como un instrumento de represión-.

“El G.L.O.V.E. se transforma rápidamente en un CD3 -Dispositivo Conductor de Distracción y Desescalada (Conductive Distraction and De-escalation Device)- cuando se utiliza dentro del Continuo de la Fuerza (uso progresivo ascendente de fuerza) para complementar las herramientas existentes para las fuerzas del orden, correccionales, de seguridad, EMS (Emergency Medical Services -Servicios Médicos de Emergencia-) y militares”, según la misma fuente.

“Está disponible como un ‘socio invisible’ para mejorar la eficacia del usuario cuando opera dentro de las tácticas, técnicas y procedimientos ya establecidos de sus agencias” -o sea: mejorar la capacidad de represión de los atacantes, porque el eufemismo “Distracción y Desescalada” no significa sino eso: represión-.

“Por eso llamamos al G.L.O.V.E. el ‘Multiplicador de Fuerzas” y a su funcionamiento dentro del Continuo de Fuerzas como ‘El Nuevo Protocolo en el Mantenimiento de la Paz’”, agrega, en alusión al dispositivo de tortura que es usado, desde aproximadamente 2020, por diferentes fuerzas represivas estadounidenses.

De modo que, según los creadores de un mecanismo violatorio de los derechos humanos, la paz se logra torturado.

En su perfil oficial, Compliant Technologies señala que, “como empresa propiedad de veteranos de 100%, comprendemos los retos a los que se enfrentan quienes están en primera línea de la seguridad pública”.

“Nuestra misión es proporcionar soluciones innovadoras y no letales que capaciten a las fuerzas del orden, los correccionales, la seguridad y los profesionales sanitarios para manejar situaciones peligrosas con confianza y control”, explica la compañía creada por ex asesinos imperiales uniformados.

“Con herramientas tales como el G.L.O.V.E. (…) capacitamos a los agentes para desescalar situaciones tensas de forma rápida y eficaz, reduciendo el riesgo de lesiones tanto para los agentes como para los civiles”, agrega -sin tener en cuenta que los civiles son, precisamente, los lesionados.

“Esta misma tecnología puede cambiar las reglas del juego en los entornos sanitarios, ayudando a manejar con seguridad a los pacientes agitados o combativo, protegiendo al personal, lo que fomenta un entire más seguro y controlado”, señala -en explícita confesión de que personas en situación de vulnerabilidad, tales como pacientes, también son víctimas de represión-.

“Al proporcionar alternativas no letales, pretendemos crear un mundo más seguro para todos los implicados”, afirma -obviando el hecho de que el mundo es absolutamente inseguro para quienes son reprimidos mediante choques eléctricos superiores a 300 voltios-.

“Creemos que esta tecnología puede reducir la responsabilidad, disminuir los riesgos y crear una atmósfera más amable para la población en general y para quienes nos protegen y nos sirven”, agrega, en referencia al componente conceptual clave detrás de los guantes: garantizar impunidad.

Porque hablar de “reducir la responsabilidad” no es otra cosa que eso.

Citado, en la nota informativa que el medio de comunicación estadounidense Mother Jones publicó el 5 de agosto, un alto funcionario policial del central estado de Missouri, lo dijo claramente.

Según esa plataforma noticiosa , el subjefe de Departamento de Policía de Cape Girardeau, en el sureste de Missouri, Adam Glueck, dijo, en 2022, que “en la sociedad de hoy, todos filman todo, todos tienen un teléfono celular”.

“Si un agente le da un puñetazo a alguien frete a una cámara, eso se puede viralizar en un ínstate”, agregó, para precisar que “hasta una taser estándar deja heridas punzantes”.

En cambio, “el guante es de baja óptica, y se ve mejor frente a la cámara, y esos testigos lo ven mejor”, además de que, “con un guate, no hay marcas de quemadura ni cicatrices”
-respecto a lo cual, Mother Jones, acertadamente, precisó: “eso dificulta que las víctimas demanden”-.

Además de que sus propietarios son veteranos de guerra, el director ejecutivo de Compliant Tecnologies -la empresa creadora y, actualmente, principal productora de los guantes- es un ultraderechista, fanático trumpista, y fan ´patico cristiano llamado Jeff Nicolás.

En la misma nota informativa -que tituló “La compañía orwelliana detrás de los nuevos guantes de choque eléctrico de ICE” (“The Orwellian Company Behind ICE’s New Electric Shock Glove”)-, Mother Jones incluyó algunos datos reveladores sobre el nefasto personaje.

“Compliant Technologies fue fundada en 2018 por Jeff Niklaus, un ex piloto de helicópetro Blackhawk del Ejpercito en Afganistán y Somalia, quien cree que el presidente Donald Trump fue ‘ungido’ por Dios”, indicó el medo de comunicación.

Mother Jones hizo, así, alusión a declaraciones que Niklaus formuló, el 5 de febrero de 2025, durante una extensa entrevista con un medio de comunicación de la Red de Pastores Estadounidenses (American Pastors Network).

“Creo que el presidente Trump está haciendo un gran, fantástico trabajo”, expresó, para, a continuación, delirar sin freno: “creo que el Señor lo ha ungido”.

“Nadie podría hacer lo que él hizo, sin el poder de Dios”, siguió mesianizando.

En su desquiciamiento religioso/trumpiano, Niklaus dijo, además, que “la Biblia es lo que yo llamo un documento militar, porque uno puede responder, a cada párrafo, con una orden de operaciones militares de cinco párrafos, a través de la escritura”.

“Y siempre me he referido, a la Biblia, como un procedimiento operativo estándar, y si hiciéramos eso con más frecuencia, probablemente estaríamos en menos problemas”, agregó, sin atisbo de coherencia.

“Entones, así es como yo, más o menos, conduzco mi vida, y otros también”, confesó, para plantear que “solamente tratamos de poner primero al Señor, y usamos ese SOP como nuestra fuerza guía, a medida que vamos por este camino en la vida en el cual Dios nos tiene”, aseveró, usando la sigla, en inglés, de la expresión militar Procedimiento Operativo Estándar (Standard Operating Procedure, SOP) para seguir refiriéndose a la Biblia.

Por otra parte, respecto a la engañosamente inofensiva descripción empresarial oficial de Glove, Mother Jones se encargó, en la misma nota informativa, de exhibir la realidad.

Además de citar una afirmación de Niklaus, contenida en un video difundido en 2022, en redes sociales, sobre los guantes –“tenemos un dicho: sentir es creer”-, la plataforma noticiosa denunció que “su tecnología también ha lastimado gente”.

“Una demanda por homicidio culposo, que está pendiente, denuncia que un hombre de 43 años, llamado Jonathan Mansfield murió porque agentes carcelarios los sometieron, 27 veces, a choques con los guantes, y 13 veces con una (pistola) Taser”, reveló.

“Dos de los choques de guantes duraron 45 y 99 segundos”, precisó en alusión a descargas que duraron, respectivamente, tres veces y más de seis veces por encima del tiempo recomendado por los fabricantes.

Por otra parte, “un hombre con problemas cardíacos demandó por acusaciones de que fue sometido a choque (eléctricos) en una muestra comercial en (la occidental ciudad estadounidense de) Las Vegas, según informó la Associated Press”, agregó.

“Y en 2023, un hombre quien estaba encarcelado en la Cárcel del Condado de Bullitt, en (el oriental estado de) Kentucky demandó a un empleado de Sa cárcel por haberle aplicado retados choques con los guantes”, Mother Jones siguió informado.

“Los guantes se sentían justo como una taser”, dijo Josh Elswick, quien estaba esposado y con grilletes en los tobillos cuando recibió los choques”, según la misma versión periodística.

“Pero (fuerzas de) policía locales en todo el país están, ávidamente, comprando los guantes -en gran medida, para no herir a la gente, y evitar ser demandadas por ello”, agregó Mother Jones, planteando el atractivo central que esos implementos tienen para los torturadores.

En ese sentido, informó que el sheriff Stacy Jarrad, del Condado de Lumpkin -en el sudoriental e históricamente racista estado de Georgia-, aseveró, en un video promocional de Compliant Technologoes, que el uso de los guantes “ha sido exitoso, desde los patrulleros hasta los carceleros”.

También citó a Justin Hall, encargado de la cárcel del oriental Condado de Nelson, respecto a que “ha sido una gran herramienta para mitigar responsabilidad”, y a Bob Covey, del Departamento del Sheriff del Condado de Floyd -también en el oriente del país-, quien dijo: “recomiendo altamente estos guantes a cualquiera que esté buscando una herramienta que puedan usar que es conducente a no ir a demandas legales”.

Ante la impunidad que los guantes ofrecen a los torturadores, expertos y defensores en el campo de los derechos humanos, coincidieron, en declaraciones a medios de comunicación, en expresar preocupación e indignación.

Citados, el 12 de agosto, por la cadena estadounidense de televisión informativa cable News Network (CNN), varios especialistas destacaron, entre los aspectos más cuestionables del uso de Glove, precisamente, la garantía de impunidad para los torturadores.

También señalaron características clave de ICE -cuya matriz es el Departamento de Seguridad Interna (Department of Homeland Security, DHS)-, tales como la corrupción, el autoritarismo, el uso abusivo de la fuerza.

La presidenta del no gubernamental Centro Nacional de Derecho Inmigratorio (National Immigration Law Center, Nilc), la abogada y organizadora comunitaria puertorriqueña Kica Matos, planteó, respecto a ICE, que “esta es una agencia insubordinada, con un fondo discrecional de 80 mil millones de dólares que le permite inventar y financiar nuevas maneras de imponer crueldad a nuestras comunidades”.

El anunciado uso de los guantes por parte de agentes de esa fuerza represiva es “repugnante y bárbaro”, agregó.

En su sitio en Internet, el centro se define como “una de las organizaciones defensoras líderes en Estados Unidos dedicada a promover y defender los derechos y las oportunidades de inmigrantes de bajos ingresos y sus seres queridos”.

Por su parte, la subdirectora del proyecto sobre vigilancia policial, de la no gubernamental Unión Estadounidense de Libertades Civiles (American Civil Liberties Union, Aclu), la abogada estadounidense Jenn Rolnick Borchetta, destacó la peligrosidad que, para la población, implica el uso de los guantes por parte de los agentes de esa fuerza represiva.

“ICE pasó el año pasado mostrando, a este país, que ellos, con demasiada rapidez, recurren a la fuerza”, expresó.

“Ahora podrán aplicar choques eléctricos, apenas apretando un botón, y posiblemente nadie más los vea haciéndolo”, precisó.

“Traer guantes que tan fácilmente pueden ser usados para causar terrible dolor en confrontaciones, es una receta de daño para la población”, vaticinó, a manera de clara advertencia.

Creada en 1920, la histórica Aclu se describe, en su espacio en Internet, como “el principal defensor en la nación, de los derechos consagrados en la Constitución de Estados Unidos”, y señala que “continúa combatiendo el abuso gubernamental y defendiendo vigorosamente las libertades individuales”.

Por otra parte, citada por Mother Jones, en la nota informativa del 5 de agosto, la analista del no gubernamental Centro para Víctimas de Tortura (The Center for Victims of Torture, CVT), la politóloga Yumna Rizvi, describió los guantes como “equipo inherentemente abusivo que facilita la tortura”.

“Cómo es posible que ICE vaya a estar, sencillamente, caminando con esos guantes?”, preguntó, para agregar que “es inherentemente dañino, no tiene ningún propósito legítimo para el cumplimiento de la ley”.

El CVT -cuya creación data de 1985- define su misión como la de proporcionar “atención de rehabilitación a decenas de miles de sobrevivientes de tortura en todo el mundo, casi todos ellos refugiados o solicitantes de asilo”.

Entretanto, la no gubernamental Human Rights Watch (HRW), difundió, el 18 de agosto, una nota informativa en la que planteó que los guantes son instrumentos de tortura, además de que cuestionó que se permita que, en particular, agentes de ICE los usen.

En términos generales, “en 2023, la relatora especial de las Naciones Unidas sobre la tortura determinó que las ‘armas de electrochoque por contacto directo’ son ‘intrínsecamente crueles, inhumanas o degradantes’, y recomendó a los gobiernos que las prohibieran completamente”, planteó HRW, en el texto de 11 párrafos que difundió en inglés y en español, y que tituló “ICE empleará peligrosos ‘guantes de electrochoque’ en Estados Unidos” (“US ICE to Deploy Dangerous ‘Electric Shock Gloves’”).

“La magnitud del daño potencial de esta tecnología en manos del ICE, una agencia abusiva que moviliza reclutas con capacitación mínima, podría ser considerable”, pronosticó, a manera de advertencia, la oenegé que, fundada en 1978, y con sede en la nororiental ciudad estadounidense de Nueva York, tiene cobertura internacional.

“El ICE ha cometido abusos y actos de violencia generalizados contra inmigrantes y ciudadanos estadounidenses”, planteó.

“Esto incluyó el uso ilegítimo de fuerza letal y excesiva, así como el uso peligroso de las llamadas armas ‘menos letales’ desde corta distancia” denunció, para aclarar que “las políticas de uso de la fuerza no han puesto fin a estas violaciones.”.

“Dado el historial del ICE, sus agentes no deberían estar armados con ninguna tecnología sobre la cual haya un patrón debidamente documentado de uso abusivo”, agregó en calidad de denuncia/recomendación.

También precisó que, “debido a los posibles riesgos para la salud, Compliant Technologies recomienda que los guantes no se usen contra personas mayores, niños pequeños, personas embarazadas y personas con ciertas discapacidades”.

A continuación, HRW puntualizó, demoledoramente: “todos estos son grupos contra los cuales el ICE ha aplicado anteriormente acciones de interceptación y detención”.

Los escuadroneros de ICE son irrefutable ejemplo de lo criminalmente parasitarios que son los torturadores, y lo aberrante que es su existencia.

Al respeto, el genial escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009) -perseguido por la dictadura militar (1973-1985)-, acertadamente planteó, en 1996 -con imperecedera vigencia-: “un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo”.

Puede ser una sugerencia para los criminales de ICE.

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