En medio de la brutal represión antinmigrante que caracteriza al segundo período de Donald Trump como dictatorial/xenofóbico inquilino de la Casa Blanca (2017-2021, y desde 2025), el nuevo obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, que cubre al estado de Virginia Occidental es el salvadoreño Evelio Menjívar -un ex inmigrante indocumentado-.
El papa León 14 -el primer pontífice estadounidense, el segundo no europeo, un tenaz opositor al trumpismo- anunció, el 1 de mayo, la designación de Menjívar al frente de la diócesis cuya población es de alrededor de cien mil católicos y cuyas parroquias suman 91.
Nacido en 1970 en la salvadoreña ciudad de Chalatenango, la capital del norteño departamento de igual nombre -fronterizo con Honduras-, Menjívar ingresó, indocumentado, a territorio estadounidense, en 1990 -cuando El Salvador era escenario de la guerra interna (1980-1992) que cobró algo más de 75 mil vidas y generó alrededor de ocho mil desapariciones-.
De acuerdo con relatos que ha formulado a medios de comunicación estadounidenses, luego de varios frustrados intentos, Menjívar, un hermano, y dos primos cruzaron el límite México/Estados Unidos, dentro del baúl de un automóvil, desde la noroccidental y fronteriza ciudad de Tijuana, en el estado mexicano de Baja California, y así llegaron a la costera ciudad estadounidense de Los Ángeles, en el occidental estado de California.
Los Ángeles es la ciudad a la que miles de centroamericanos de escasos recursos, mayoritariamente del violento Triángulo Norte -El Salvador, Guatemala, Honduras-, llegaron, durante la década de 1980, huyendo de las guerras internas que convulsionaban a la región -enmarcadas en la Guerra Fría (1947-1991) entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética (1922-1991)-.
Establecidos allí, los jóvenes de esos países encontraron que la ciudad estaba territorialmente divida en feudos de agresivas pandillas callejeras integradas por inmigrantes de otros países -incluidos ciudadanos mexicanos-, por lo que, como mecanismo de supervivencia, se agruparon en lo que denominaron “maras” -principalmente la 18 y la Salvatrucha-.
Numerosos “mareros” fueron capturados, en operativos policiales contra inmigrantes indocumentados, y deportados a sus respectivos países de origen, lo que generó el asentamiento de esas agrupaciones delictivas en las tres naciones, donde ahora, con decenas de miles de integrantes, son estructuras de crimen organizado.
Después de haberse desempeñado como trabajador en la construcción, entre otros empleos que, en Estados Unidos, reclutan -y explotan- una proporción considerable de mano de obra indocumentada, Menjívar incursionó en el ámbito católico, ordenándose, en 2004, como sacerdote.
El papa Francisco (2013-2025) -el argentino Jorge Bergoglio, el primer pontífice no europeo- designó, en 2022, al sacerdote salvadoreño para desempeñarse como obispo auxiliar de la arquidiócesis de Washington -que comprende a la capital estadounidense, y partes del vecino y nororiental estado de Maryland-.
Menjívar fue consagrado, al año siguiente, obispo, y el papa León 14 (desde 2025) -el estadounidense Robert Francis Prevost- lo dedignó en su cargo actual, en reemplazo del obispo estadounidense Mark Brennan, quien pasa a retiro.
El vínculo entre Menjívar y Brennan data de décadas, desde que el norteamericano ayudó, al centroamericano, a tramitar la regularización de su estatus migratorio.
Lógicamente, el salvadoreño es solidario con los inmigrantes, en particular los indocumentados, y se ha declarado opuesto a la brutal política represiva/xenofóbica de Trump, lo que -como no podía ser de otra manera- lo ha enfrentado con el dictador estadounidense.
Por ejemplo, en el artículo de opinión publicado, el 17 de abril, por el diario estadounidense National Catholic Reporter, Menjívar citó al ex arzobispo de San Salvador (1977-1980) Óscar Romero, quien, mietras oficiaba misa, el 24 de marzo de 1980, fue asesinado por escuadroneros dirigidos por el criminal mayor Roberto D’Aubuisson (1944-1990) -cofundador, en 1981, de la ultraderechista y ex gobernante Alianza Republicana Nacionalista (Arena)-.
Romero -canonizado, el 19 de Mayo de 2018, por el papa Francisco-, fue blanco de un frustrado intento de asesinato, el 9 de marzo de 1980 -quince días antes del homicidio-, cuando un artefacto explosivo, dentro de un maletín, fue descubierto debajo del altar mayor de un templo donde el arzobispo tenía previsto oficiar misa.
“Cuando yo crecía, en El Salvador, había un hombre quien no tenía miedo de hablar”, señaló Menjívar, para precisar que “su nombre era Óscar Romero, arzobispo de San Salvador”.
“Me parece que necesitamos más Óscar Romeros, hoy”, reflexionó, además de, en ese sentido, plantear, en evidente alusión al dramático cuadro e situación estadounidense, que “necesitamos que todos aquellos de buena voluntad sigan su guía, y exijan que el gobierno respete la dignidad humana”.
Menjívar escribió, asimismo, que, “en su última homilía dominical, un día antes de ser asesinado, San Óscar Romero hizo una exhortación especial a los agentes giibernamentales: ‘ya es tiempo que recuperen su conciencia y obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado’, dijo”.
Y recordó que el mártir religioso exclamó, además, y contundentemente: “en nombre de Dios, entonces, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cese la represión!”.
Menjívar expresó, asimismo – en clara alusión al contexto estadounidense-, que “insto, a los funcionarios gubernamentales y al personal de apoyo en la presente situación, que sigan estas palabras que hacen eco a través de la historia”.
“Ustedes, también, puede y deben hablar contra este terror e imposición de sufrimiento a la gente”, aseguró, agregando que “ustedes pueden negarse a ser involucrados en opresión y en estos dolorosos ataques a los derechos y a la dignidad humanos”.
“Es verdad: si lo hacen, puede haber consecuencias personales adversas”, aclaró, para precisar que “Óscar Romero, ciertamente, pagó un precio por hablar contra el estado de sitio en su país”, y explicar que “hasta podría significar dejar su trabajo, pero eso es mejor que ser cómplice del mal, y conducirá a algo aún más grade”.
Menjívar no mencionó, en el artículo de opinión, lo que resulta en la flagrante complicidad del papa Juan Pablo II (1978-2005) -un polaco ultraderechista llamado Karol Wojtyla- con los militares salvadoreños responsables -con apoyo de Estados Unidos- de la masacre que tenía lugar en El Salvador.
No obstante el tenaz rechazo de Wojtyla a reunirse con Romero, el salvadoreño logró, brevemente, en mayo de 1970, en el Vaticano, intercambiar algunas palabras con el pontífice.
El arzobispo logró exponerle, testimonialmente, la brutal situación salvadoreña, a lo cual el polaco, en una insultante actitud autoritaria, optó por ignorar la denuncia, y ordenarle: “no exagere, señor arzobispo, no exagere”.
La “exageración” de Romero culminó, menos de un año después, en el asesinato del religioso.
Respecto a la brutal represión del régimen trumpista, perpetrada principalmente por agentes de Control de Inmigración y Aduanas (Immigration and Customs Enforcement, ICE), Menjívar denunció que se trata de una “campaña de agresivas amenazas y altamente visibles operaciones de legalidad cuestionable, que van mucho más allá de mero ‘control’ de inmigración”.
“Estas alarmantes acciones en violación de derechos humanos fundamentales y dignidad son emprendidas no sólo contra personas indocumentadas, miembros de pandillas, y quienes han cometido delitos violentos sino contra pacíficos y productivos migrantes y refugiados en general -lo que también impacta negativamente a sus familiares residentes, algunos de los cuales son residentes en Estados Unidos-, y contra organizaciones, como la Iglesia Católica, que las asisten”, explicó.
“Parece que nadie está seguro, ahora, contra la arbitraria anulación de su estatus protegido, visa, o tarjeta verde (green card)”, y “eso ha dejado, a muchos, aterrorizados de que ellos o sus seres queridos puedan ser capturados y desaparecidos sin aviso”, reflexionó.
El obispo hizo así referencia a las acciones perpetradas por agentes de ICE, quienes actúan
-enmascarados y no uniformados, en porcentaje considerable- exactamente como lo hicieron, por ejemplo, las fuerzas armadas y policiales, y los escuadrones paramilitares que operaron bajo dictaduras latinoamericanas del siglo pasado.
Se trata de una “campaña de agresivas amenazas y altamente visibles operaciones de legalidad cuestionable, que van mucho más allá de mero ‘control’ de inmigración”, siguió denunciando.
“Estas alarmantes acciones en violación de derechos humanos fundamentales y dignidad son emprendidas no sólo contra personas indocumentadas, miembros de pandillas, y quienes han cometido delitos violentos sino contra pacíficos y productivos migrantes y refugiados en general -lo que también impacta negativamente a sus familiares residentes, algunos de los cuales son residentes en Estados Unidos-, y contra organizaciones, como la Iglesia Católica, que las asisten”, explicó.
Las denuncias de Menjívar coinciden, plenamente, con las contundentes críticas que León 14 viene formulando, desde el año pasado, respecto a la brutalidad que caracteriza a la represión policial del régimen trumpista, así como al belicismo de la dictadura estadounidense.
La posición del papa es blanco de una campaña de difamación, por parte del dictador estadounidense, la que ha incluido la repetición de falacias de diversa índole, en un estéril esfuerzo por restar legitimidad a los contundentes planteamientos formulados por el jefe de los católicos.
También ha consistido en la producción de memes flagrantemente ofensivos para el cristianismo -por ejemplo, imágenes en las que Trump busca personificar a Jesús, además de que pretende, manipuladoramente, presentar a Jesús como apoyándolo y protegiéndolo-.
Respecto a la represión desencadenada por el régimen trumpista, principalmente contra la población inmigrante -afectando, también, a ciudadanos estadounidenses-, León 14 ha formulado denuncias y cuestionamientos éticos contundentes.
“Pienso que hay una profunda reflexión que es necesario hacer sobre qué está ocurriendo”, dijo, el pontífice, a periodistas, en declaraciones que formuló, el 4 de noviembre de 2025, en la residencia papal de descanso, ubicada en Castel Gandolfo, en el sector de los Castillos Romanos (Castelli Romani), a algo más de 20 kilómetros al sureste de Roma, la capital italiana.
“Los derechos espirituales de las personas quienes han sido detenidas tendrían que, también, considerarse”, dijo, en referencia, entre otras situaciones, a la prohibición, por parte de autoridades, a que personal pastoral tenga acceso a los migrantes quienes están recluidos.
“Muchas veces, han sido separados de sus familias”, precisó, en calidad de denuncia sobre la práctica que -no obstante ser flagrantemente violatoria de derechos humanos- los jerarcas y los temidos agentes de ICE aplican, al detener familias, apartando, para su encierro, a menores y adultos.
El papa reafirmó, el 18 de noviembre -también en diálogo con periodistas en Castel Gandolfo-, la obligación, de las autoridades, de respetar los derechos de quienes son detenidos.
Esas garantías están contenidas en varis de los 30 artículos que constituyen la Declaración Universal de los Derechos Humanos -que data de 1948, y de la cual Estados Unidos es firmante-.
Por ejemplo (textualmente):
-Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona
-Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes
-Artículo 7: Todos son iguales ate la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación
-Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado
-Artículo 10: Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal
En el diálogo con representantes de medios de comunicación, León 14 reafirmó que, al aplicar la política migratoria, es necesario “buscar maneras de tratar humanamente, a las personas, tratar, a las personas, con la dignidad que tienen”.
“Si las personas están ilegalmente, en Estados Unidos, hay maneras para tratar eso (…) hay cortes, hay un sistema de justicia”, sugirió, además de precisar que el sistema judicial del país presenta “muchos problemas”.
En ese sentido, señaló, a manera de advertencia/denuncia, que es inaceptable el hecho de que, “cuando las personas están viviendo buenas vidas -y, muchas de ellas por diez, quince, veinte años-, se las trata de una manera que es extremadamente irrespetuosa, para decir lo menos”.
Y, en respuesta a algunas de las falacias difundidas por Trump, aseguró que “nadie ha dicho que Estados Unidos debe tener fronteras abiertas”, aclarando, a continuación, que “pienso que todo país tiene derecho a determinar quién, y cómo, y cuando la gente entra”.
También el papa Francisco (2013-2025) -el sacerdote argentino Jorge Bergoglio, primer pontífice no europeo-, antecesor inmediato de León 14, cuestionó -apenas iniciado el segundo de los, hasta ahora, dos períodos presidenciales trumpianos- la violenta/racista/xenofóbica represión por parte del dictatorial escuadrón paramilitar que, de hecho, es ICE.
En una de sus últimas acciones como jefe de los católicos, Francisco dirigió, el 10 de febrero de 2025, una carta a los obispos estadounidenses, en la que abordó la dramática situación sociopolítica estadounidense.
El religioso enmarcó el texto “en estos delicados momentos que viven como Pastores del Pueblo de Dios que camina en los Estados Unidos”.
En el primero de los 10 mayoritariamente extensos párrafos de la carta, llamó a “mirar la realidad de nuestro tiempo, tan claramente marcada por el fenómeno de la migración, como un momento decisivo en la Historia para reafirmar no sólo nuestra fe en un Dios siempre cercano, encarnado, migrante y refugiado, sino la dignidad infinita y trascendente de toda persona humana”.
“Jesucristo (…) no ha vivido al margen de la experiencia difícil de ser expulsado de su propia tierra a causa de un inminente riesgo de vida, y de la experiencia de tener que refugiarse en una sociedad y en una cultura ajenas a las propias”, agregó, para precisar que “el Hijo de Dios, al hacerse hombre, también eligió vivir el drama de la inmigración”.
A partir del cuarto párrafo, el entonces papa abordó, directamente, la crisis de derechos humanos generada por la violenta xenofobia gubernamental que registra el país norteamericano.
“He seguido con atención la importante crisis que está teniendo lugar en los Estados Unidos con motivo del inicio de un programa de deportaciones masivas”, planteó, habiendo trascurrido menos de un mes del segundo nefasto período de Trump en la Casa Blanca.
“La conciencia rectamente formada no puede dejar de realizar un juicio crítico y expresar su desacuerdo con cualquier medida que identifique, de manera tácita o explícita, la condición ilegal de algunos migrantes con la criminalidad”, agregó, de inmediato, en referencia a la satanización trumpiana de los extranjeros perseguidos.
“Al mismo tiempo, se debe reconocer el derecho de una nación a defenderse y mantener a sus comunidades a salvo de aquellos que han cometido crímenes violentos o graves mietras están en el país o antes de llegar”, aclaró.
“Dicho esto, el acto de deportar personas que en muchos caos han dejado su propia tierra por motivos de pobreza extrema, de inseguridad, de explotación, de persecución o por el grave deterioro del medio ambiente, lastima la dignidad de muchos hombres y mujeres, de familias enteras, y los coloca en un estado de especial vulnerabilidad e indefensión”, advirtió.
“Esta cuestión no es menor: un auténtico estado de derecho se verifica precisamente en el trato digno que merecen todas las personas, en especial, los más pobres y marginados”, reflexionó, además de señalar que “la persona humana es un sujeto con dignidad
Francisco aseguró, asimismo, que “reconozco el valioso esfuerzo de ustedes, queridos obispos de Estados Unidos, cuando trabajan de menara cercana con los migrantes y refugiados, anunciando a Jesucristo y promoviendo los derechos humanos fundamentales”.
También planteó que “¡Dios premiará abundantemente todo lo que hagan a favor de la protección y defensa de quienes son considerados menos valiosos, menos importantes o menos humanos!”.
“Exhorto a todos los fieles de Iglesia católica, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes y refugiados”, escribió.
La oposición de Francisco a la represiva política migratoria trumpista se inició durante la campaña presidencial estadounidense de 2016 -año del primer triunfo electoral de Trump-, cuando el entonces candidato se comprometió, recurrentemente, a construir un muro a lo largo de la frontera sur estadounidense -el límite terrestre, de 3155 kilómetros, con México-, como medida para impedir el masivo ingreso de migrantes indocumentados a territorio de Estados Unidos.
En el marco de su habitual conducta contradictoria, Trump saludó, efusivamente, las llegadas de, respectivamente, Francisco y León 14, a la jefatura del catolicismo, pero, cuando cada uno lo criticó, la actitud mutó a la desquiciada crítica.
En el caso del papa argentino, tuiteó, en diciembre de 2013 -nueve meses después del inicio de ese pontificado-, que “el nuevo Papa es un hombre humilde, muy parecido a mí, lo que probablemente explica por qué me gusta tanto!”.
La opinión cambió drásticamente, a raíz de que Francisco expresó, en 2016 -año del primer triunfo electoral de Trump- oposición a la todavía potencial política migratoria trumpista, entre cuyos componentes el entonces candidato destacaba la construcción del muro fronterizo, prometiendo, además, que el país latinoamericano asumiría el costo del xenofóbico proyecto.
El papa sudamericano planteó, el 18 de febrero de ese año, en conferencia de prensa a bordo del avión papal -de regreso de una visita de seis días, precisamente, a México- que “una persona que piensa en construir muros, cualquier muro, y no en construir puentes, no es un cristiano”, y agregó: “ese no es el evangelio”.
La ira del megalómano se disparó, de inmediato: “que un líder religioso cuestione la fe de una persona, es vergonzoso”.
Y, en su habitual desquiciamiento, y su constante manipulación de la realidad, vaticinó -en referencia al grupo terrorista Estado Islámico de Irak y Siria (Islamic State of Iraq and Syria, Isis)- que, “si el Vaticano es atacado por Isis -que todos saben que es el máximo trofeo de Isis-, puedo prometerles que el papa habrá deseado y orado que Donald Trump sea presidente, porque eso no habrá ocurrido”.
Un nuevo cambio de opinión ocurrió a raíz de la visita que el ególatra realizo, en 2017, con su esposa, Melania Trump, al Vaticano -en una de incontables muestras de contradicciones que han conducido a medios de comunicación estadunidenses a aplicarle la etiqueta de “Taco” (“Trump Always Chickens Out”/“Trump Siempre se Acobarda”)-.
Después del encuentro -y no obstante una fotografía mostrando a Trump, sonriente, a la derecha de Francisco, serio, ambos de pie-, el estadounidense dijo, a periodistas, que “él es especial” (“he is something”), y agregó que “tuvimos una reunión fantástica”.
Algo parecido ocurrió con León 14, quien ha planteado, explícitamente, que promueve la paz, que es contrario a la política migratoria trumpista, y que Trump y sus secuaces no lo intimidan.
Interrogado, el 8 de mayo de 2025, en la Casa Blanca, por periodistas, sobre la elección, ese día, del nuevo pontífice, Trump dijo: “tener el papa de Estados Unidos de América, eso es un gran honor, eso es un gran honor”.
Pero, a raíz de críticas -plenamente fundadas-, de León14, al final de marzo de 2026 -casi un año después-, a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, la opinión de Trump tuvo un cambio radical, consistente en difamación -como suele ocurrir respecto a sus adversarios, o a seguidores quienes se tornan adversarios-.
En lo que se ha convertido en un sostenido choque verbal entre ambos, Trump afirmó, por ejemplo, el 12 de abril, en declaraciones a periodistas: “no creo que él esté haciendo un muy buen trabajo”.
“No soy un gran simpatizante del papa León”, aseguró, para agregar, de inmediato, que “es una persona muy liberal”, lo que complementó con el comentario difamatorio de que “es un hombre que no cree en parar el crimen”.
El dictador norteamericano lanzó, el mismo día, en Truth Social -su plataforma para la difusión de falacias y amenazas-, un nocturno y por demás extenso mensaje, cargado de resentimiento -y de odio-.
El texto reveló la frustración del megalómano ante la irreversible realidad de que el pontífice no solamente expresa irrefutables críticas al régimen trumpista sino que, además, demuestra que lo hace sin miedo.
Entre otras falsedades, Trump escribió que “el Papa León es DÉBIL ante el Crimen, y terrible para la Política Exterior”.
“No quiero un Papa quien critica al Presidente de Estados Unodos porque estoy haciendo exactamente lo que fui elegido, POR AVALANCHA, para hacer: estableciendo Números Bajos Sin Precedente en Crimen, y creando el Más Grande Mercado de Valores en la Historia”, aseguró.
Y, llegando a fenomenales niveles de egolatría, se atribuyó la elección del actual papa, aseverando que se debió al hecho de su regreso a la presidencia estadounidense.
“Leo tendría que estar agradecido porque, como todos saben, fue una sorpresa impactante”, empezó a delirar.
“Él no estaba en ninguna lista para ser Papa, y sólo fue puesto ahí, por la Iglesia, por ser estadounidense, y creyeron que esa sería la mejor manera de lidiar con el Presidente Donald Trump”, agregó, a continuación.
“Si yo no estuviese en la Casa Blanca, Leo no estaría en el Vaticano”, se permitió aseverar.
También declaró simpatía por Louis Prevost, hermano del papa, describiéndolo como afín al lema “Hacer a Estados Unidos Grande Otra Vez” (“Make America Great Again”, Maga), acuñado por Trump en su permanente esfuerzo por subrayar lo que el autócrata define como la recuperada supremacía estadounidense.
“Me gusta su hermano Louis mucho más que él, porque Louis es todo MAGA. Él lo entiende, y León no!”, agregó.
Mientras cumplía una gira africana, el papa declaró, un día después de ese largo dislate, que “las cosas que digo, seguramente no tienen la intención de ser ataques contra nadie”.
Igualmente, explicó, a manera de aclaración/advertencia: “no le tengo miedo a la administración Trump, ni ha hablar alto sobre el mensaje del Evangelio, que es lo que considero que estoy aquí para hacer, lo que la iglesia está aquí para hacer”.







