La profilaxis preexposición, conocida como PrEP, se mantiene como una de las herramientas más eficaces para prevenir la infección por VIH. Sin embargo, su impacto a nivel global sigue siendo limitado debido a una cobertura insuficiente, especialmente en países de ingresos medios y bajos.
Así se evidenció en la Conferencia sobre Retrovirus e Infecciones Oportunistas 2026, donde expertos alertaron que los recientes recortes en financiamiento internacional —en particular del programa PEPFAR— han agravado la situación, frenando avances clave en la prevención.
A pesar de su alta efectividad, incluso cercana al 100% en condiciones óptimas, la PrEP enfrenta importantes barreras. Entre ellas destacan el acceso limitado, los costos de nuevas formulaciones y una implementación desigual entre países. Esto impide reducir de forma significativa las nuevas infecciones.
Uno de los puntos críticos es que la PrEP solo logra un impacto real cuando se aplica de manera masiva. Estudios recientes con lenacapavir, una opción inyectable de larga duración, indican que se requiere tratar aproximadamente a 42 personas durante un año para prevenir una sola infección, en contextos con una incidencia anual del 2,4%. Este dato refleja una realidad clave: la eficacia por sí sola no basta sin cobertura amplia.
Desigualdad global y retrocesos
Antes de los recortes presupuestarios, solo algunos países lograban niveles adecuados de cobertura. Naciones como Australia, Dinamarca y Noruega alcanzaban el umbral necesario para reducir la incidencia del VIH. Otros países desarrollados, como Reino Unido y Estados Unidos, se mantienen por debajo de ese nivel.
La situación es más crítica en el África subsahariana, donde se concentra la mayor carga de la enfermedad. Aunque países como Sudáfrica y Zambia han ampliado el acceso, la alta incidencia reduce el impacto de estas estrategias.
Tras los recortes, el panorama ha empeorado significativamente. Se han registrado caídas drásticas en el uso de PrEP: hasta un 70% en Uganda, 75% en Malawi y 98% en Nigeria. En algunos casos, las nuevas infecciones ya superan a las personas en tratamiento preventivo, lo que evidencia un retroceso preocupante.
Incluso países sin dependencia directa de fondos internacionales han registrado disminuciones. Brasil ha reducido el número de usuarios, mientras que en India la implementación sigue siendo limitada.
Costes, acceso y retos estructurales
El acceso a la PrEP no depende únicamente de su efectividad clínica. Factores como el costo y la facilidad de uso son determinantes. Las formulaciones orales genéricas, como Truvada, han permitido ampliar el acceso con un costo aproximado de 35 dólares al año por persona.
En contraste, las opciones inyectables como cabotegravir o el propio lenacapavir presentan precios más elevados. Aunque mejoran la adherencia, su acceso sigue limitado por costos, licencias y la necesidad de administración en centros de salud, lo que dificulta su implementación en regiones con menor infraestructura.
Actualmente, alrededor de 2,2 millones de personas utilizan PrEP en el mundo, una cifra que representa apenas una décima parte del objetivo planteado por ONUSIDA.
Las proyecciones no son alentadoras. De mantenerse las condiciones actuales, las nuevas infecciones por VIH podrían mantenerse estables hasta 2030, lo que evidencia el impacto limitado de las estrategias vigentes.
Un desafío que va más allá de la ciencia
Ante este panorama, especialistas proponen medidas más ambiciosas, como la creación de un fondo internacional que permita ampliar el acceso en países de ingresos medios y bajos, así como facilitar el uso de nuevas tecnologías a gran escala.
La PrEP ha demostrado ser altamente eficaz desde el punto de vista clínico. No obstante, su verdadero impacto dependerá de factores estructurales: la capacidad de los sistemas de salud, la inversión sostenida y la cooperación internacional. Solo así será posible garantizar un acceso equitativo y avanzar en el control global del VIH.







