Chiquita regresa al puerto costarricense en medio de controversias laborales e históricas

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Trabajador cosecha bananos en una plantación

La empresa bananera Chiquita ha retomado sus operaciones en el puerto estatal Gastón Kogan, en el Caribe costarricense, tras la llegada del buque Italian Stream. Este anuncio ha sido recibido con entusiasmo por el Gobierno de Costa Rica y por la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (Japdeva), que celebran la reincorporación de este importante cliente.

El cargamento transportado incluyó 180 contenedores de importación y 130 de exportación, con destino al puerto de Vlissingen en los Países Bajos. Este movimiento comercial reafirma la relevancia de Costa Rica en la exportación de productos agrícolas y en su capacidad de ofrecer condiciones logísticas favorables para el comercio internacional.

Sin embargo, este retorno de Chiquita a Costa Rica ocurre en un contexto delicado. Apenas un día antes, la empresa anunció en Panamá la terminación laboral de 5.000 trabajadores tras una huelga en la provincia de Bocas del Toro, alegando un «abandono injustificado» de sus funciones. La crisis sindical y las pérdidas económicas estimadas en 75 millones de dólares han generado tensión en el vecino país, con protestas y enfrentamientos con el gobierno panameño.

Las polémicas no son nuevas para Chiquita. En Colombia, la empresa admitió haber pagado 1,7 millones de dólares a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) entre 1997 y 2004, grupos paramilitares responsables de asesinatos y desplazamientos forzados en la región de Urabá. En 2024, un tribunal de Florida ordenó a Chiquita indemnizar a víctimas del conflicto armado, estableciendo un precedente en la responsabilidad empresarial.

Además, su historial incluye la histórica «masacre de las bananeras» de 1928 en Colombia, cuando el Ejército reprimió violentamente una huelga de trabajadores de la entonces United Fruit Company. Este evento, inmortalizado en la literatura de Gabriel García Márquez, sigue siendo un símbolo de la explotación laboral en la región.

Mientras Costa Rica celebra el retorno de Chiquita al puerto Gastón Kogan, es imprescindible analizar las implicaciones más amplias de esta operación. La historia de la multinacional refleja un patrón de conflictos laborales, cuestionables relaciones políticas y antecedentes de explotación que no pueden ignorarse.

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