Donald Trump cumplió, el 30 de abril, los primeros cien días de su segundo período en la Casa Blanca.
Son los primeros cien días de la primera dictadura que formalmente gobierna a Estados Unidos -país así convertido, además, en un orwelliano Estado policial-.
El autoritarismo, la corrupción, el abuso de poder, la desconstrucción del Estado de Derecho, el debilitamiento del Poder Judicial, la venganza política -y personal-, la xenofobia satanizadora, son algunos de los tóxicos componentes que caracterizan al segundo régimen trumpista (2017-2021, 2025-2029).
A ello, se suman la calumnia para demeritar cualquier manifestación de oposición -o de no alineamiento-, la mentira como instrumento para justificar lo injustificable, la arrogancia que -en su burbuja de mediocridad- invariablemente autosatisface a los narcisistas.
Aunque notoriamente imperfecta, la democracia estadounidense es el sistema que sustenta
-hace casi dos siglos y medio- a esa nación norteamericana, y que, si bien permite racismo, xenofobia, misoginia, machismo, desigualdad de género, guerrerismo, imperialismo, poder oligárquico, injusticia social, también mantiene operativa -y sustenta- a la estructura del Estado.
Trump anunció -reiteradamente-, durante la campaña electoral 2024, y, luego, como presidente electo, que, sólo durante el día uno de su nueva administración, se convertiría en dictador.
Fue una mentira más, de parte del patán autocrático: lo que, en realidad, ocurrió el día uno, fue que comenzó -camuflada proceso de eficiencia administrativa- la veloz instalación de la presente dictadura -lo que se consumó antes de cumplirse los famosos “primeros cien días”-.
Franklin Delano Roosevelt -también conocido como FRD, por sus iniciales-, el cuatro veces presidente estadounidense (1933-1937, 1937-1941, 1941-1945, enero-abril 1945), instauró, de hecho, el parámetro de los cien primeros días que, desde entonces, rige para supuestamente pronosticar el desempeño cuatrienal de cada jefe de Estado.
FDR asumió el cargo -el 4 de marzo de 1933-, cuando Estados Unidos era severamente golpeado por la recesión económica –“la gran depresión” (“the great depression”)- de 1929-1939, con 25 por ciento de desempleo, industria colapsada, población masivamente hambreada -maltratando, con particular fuerza, a mujeres y a niños, como suele ocurrir en tales casos-, como algunos de los más críticos indicadores.
En ese contexto, inmediatamente después de su instalación en la presidencia, FDR convocó, al congreso, a que llevase a cabo, durante tres meses, una sesión de emergencia.
El gobernante presentó, en ese breve período, al parlamento bicameral -Senado, Cámara de Representantes-, 15 proyectos de ley -que fueron rápidamente aprobados- con el objetivo de contrarrestar los brutales efectos socioeconómicos de la crisis nacional -que tuvo impacto igualmente mundial-.
Fue el rooseveltiano Nuevo Acuerdo (New Deal), enfocado, entre otras prioridades, en restañar la economía, apoyar a los desempleados, evitar una nueva depresión, todo ello sobre la base de la implementación de medidas socioeconómicas y políticas.
Durante un mensaje radiodifundido al país, FDR instauró el concepto de lo que pasó a constituirse en el bloque de los presidenciales “primeros cien días” -período que, en su caso, se cumplió el 12 de junio de 1933-.
“Todos quisimos la oportunidad de un poco de pensamiento apacible, para examinar y asimilar, en una imagen mental, los eventos acumulados de los cien días que fueron dedicados a poner en movimiento las ruedas del Nuevo Acuerdo”, dijo el entonces recién inaugurado presidente, en la alocución del 25 de julio de ese año.
La actitud de Trump ha sido diametralmente opuesta -lo que es apenas lógico, cuando un patán igualado juega a ser estadista-.
En el caso actual, el primer centenar de días de su nefasta segunda vuelta -más de nueve décadas después del primer mandato de FDR- se constituyó en tiempo para que Trump presentara un show de autoritarismo, de reemplazo de corrupción, de demencial producción -en masa- de alrededor de 150 irracionales decretos presidenciales -Órdenes Ejecutivas (Executive Orders)-, todos, consolidando el autoritarismo consumador de la dictadura.
Trump se inauguró por segunda vez -el 20 de enero-, firmando la orden hipócrita y manipuladoramente titulada “Garantizando la Protección de los Estados contra una Invasión” (“Guaranteeing the States Protection against Invasión”) -en referencia a la imaginaria y reiterativamente aludida invasión de migrantes criminales, a través de la frontera sur, el límite terrestre de aproximadamente 3,155 kilómetros con México-.
Después de catorce mayoritariamente extensos párrafos introductorios, se establece, en la primera de seis largas secciones -referida a “Suspensión de Ingreso” (“Suspension of Entry”)-: “proclamo (…) que la entrada a Estados Unidos, en o después de la fecha de esta orden, de extranjeros involucrados en la invasión a través de la frontera sur, es perjudicial para los intereses de Estados Unidos”.
“Por lo tanto, ordeno que la entrada, a Estados Unidos, de tales extranjeros, sea suspendida hasta que yo emita una resolución de que la invasión en la frontera sur ha terminado”, se agrega -siempre, en redacción notoriamente autoritaria-.
En la cuarta sección -sobre “Suspensión Constitucional de Entrada Física” (“Constitutional Suspension of Physical Entry”)-, se determina que “suspendo la entrada física de cualquier extranjero involucrado en la invasión a través de la frontera sur de Estados Unidos”.
La infaltable xenofobia también fue fortalecida, en este caso, mediante la orden ejecutiva denominada “Protegiendo al Pueblo Estadounidense contra una Invasión” (“Protecting the American People against Invasion”) -reiterando el gastado argumento-.
En la primera de sus 21 extensas secciones, se plantea el “Propósito”, mediante el señalamiento -obviamente alusivo al gobierno del presidente (2021-2025) Joe Biden, aunque sin nombrarlo específicamente- de que “los pasados 4 años, la administración anterior invitó, administró, y supervisó una inundación sin precedente de inmigración ilegal en Estados Unidos”.
“Millones de extranjeros ilegales cruzaron nuestras fronteras, o se les permitió que volaran directamente hacia Estados Unidos en vuelos comerciales, y que se asentaran en comunidades estadounidenses, en violación de leyes Federales de larga data”, según la manipuladora argumentación -ceñida al xenofóbico libreto de Trump, en particular, y del planeta Maga, en general-.
“Muchos de estos extranjeros ilegalmente en Estados Unidos, presentan significativas amenazas a la seguridad nacional y la seguridad pública, cometiendo viles y atroces actos contra estadounidenses inocentes”, mientras que “otros están involucrados en actividades hostiles, incluido el espionaje, el espionaje económico, y preparativos para actividades relacionadas con terrorismo”, se indica, asimismo, en el texto.
Tambipen se expresa -manipulando lo obvio- que “el cumplimiento de las leyes de inmigración de nuestra Nación es extremadamente importante para la seguridad nacional y la seguridad pública de Estados Unidos” -ocultando el hecho de que quien las incumple, convirtiéndolas en armas racistas/xenofóbicas es, precisamente, el régimen trumpiano-.
Por lo tanto, “esta orden asegura que el Gobierno Federal proteja al pueblo estadounidense mediante la fiel implementación de las leyes de inmigración de Estados Unidos”, se indica, en máxima falsedad -sin tomar en cuenta que ciudadanos de Estados Unidos, lo mismo que inmigrantes, han sido víctimas de la arbitraria represión policial-.
Entretanto, el autoritarismo imperialista quedó, igualmente, manifestado en la orden ejecutiva sobre “Denominación de Carteles y Otras Organizaciones como Organizaciones Terroristas Extranjeras, y Terroristas Globales Especialmente Denominados” (“Designating Cartels and Other Organizations as Foreign Terrorist Organizations and Specially Designated Global Terrorists”).
En la primera de las cuatro secciones de este decreto, al determinar el “Propósito” de la disposición, se indica que “esta orden crea un proceso por el cual ciertos carteles internacionales -los Carteles-, y otras organizaciones, serán designados como Organizaciones Terroristas Extranjeras”.
Ello, debido a que “los carteles internacionales constituyen una amenaza de seguridad nacional más allá de la que presenta el crimen organizado”.
Esa ampliada amenaza incluye “convergencia entre ellas y una gama de actores extrahemisféricos, desde organizaciones terroristas extranjeras designadas hasta gobiernos antagonistas”.
Ello plantea, de hecho, una peligrosa -y completamente errónea- conceptualización militarista del combate al crimen organizado, lo que, a su vez, determina -en la visión imperialista de Estados Unidos como represivo policía mundial- la posibilidad de violar soberanías -con la excusa de combatir, donde sea, al peligroso y omnipresente híbrido de crimen organizado/terrorismo-.
Por otra parte, en el marco de la insultante conducta que mantiene respecto a México -lo que, indudablemente, incluye, ahora, un fuerte componente de infaltable misoginia-, Trump firmó, en la primera jornada de su nuevo cuatrienio en la Casa Blanca, el decreto presidencial titulado “Restableciendo Nombres que honran la Grandeza Estadounidense” (“Restoring Names that honor American Greatness”).
En la cuarta de sus seis secciones -la que se refiere a la unilateral designación del Golfo de México, como “Golfo de Estados Unidos” (“Gulf of America”), se indica, con injuriosa redacción imperialista, que “el área antes conocida como el Golfo de México, ha sido, durante largo tiempo, un bien integral de nuestra otrora pujante Nación, y ha permanecido como una parte imborrable de Estados Unidos”.
“El golfo fue una arteria crucial para el comercio inicial de Estados Unidos, y global”, además de que “es el golfo más grande del mundo”, a lo cual se suma que “sus recursos naturales y su fauna siguen siendo centrales para la economía estadounidense, hoy”, de acuerdo con lo señalado en modo de información oficial.
El golfo, cuya superficie cubre alrededor de 1.5 millones de kilómetros cuadrados, es compartido por Estados Unidos, México, y Cuba -en orden de extensión aproximada de aguas territoriales: 800 mil, 600 mil, y 100 mil kilómetros cuadrados-.
Lo bordean las costas de, respectivamente, los sureños estados de Texas, Louisiana, Mississippi, Alabama, y Florida -en Estados Unidos-, los orientales estados de Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, y Yucatán -en México-, y las occidentales provincias de Pinar del Río, y Artemisa -en Cuba-.
Trump planteó, antes de instalarse nuevamente en la Casa Blanca, que rebautizaría al golfo.
En una de varias lecciones de civilidad que le ha dado, la admirable presidenta de México, la centroizquierdista Claudia Sheinbaum -la primera mujer quien desempeña el cargo-, puso, al igualado autócrata, en su lugar -demostrando, una vez más, la incuestionable calidad de estadista que la caracteriza-.
Lo hizo, durante la mañanera conferencia de prensa del 8 de enero -12 días antes de la segunda juramentación presidencial de Trump-, delante de un mapa histórico -trazado en 1607- que designa, a la totalidad de Norteamérica -incluido el extenso territorio que Estados Unidos robó, a mediados del siglo 19, a México-, como América Mexicana.
“Por qué no le llamamos ‘América Mexicana’?”, preguntó, sonriendo.
Y agregó: “se oye bonito, no?”.
La presidenta, quien -en el marco de un históricamente elevado nivel de popularidad -que mantiene- asumió, el 1 de octubre, el cargo -para el sexenio 2024-2030-, refutó, así -con poderoso humor político de alta calidad-, la flagrante estupidez imperialista.
Mapas posteriores, que datan de los siglos 16 a 19, presentan esa denominación regional.
También aparece en la Constitución aprobada el 22 de octubre de 1814, en la localidad de Apatzingán, en el centroccidental y costero estado mexicano de Michoacán, texto que fue titulado “Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mejicana”.
Cuando asumió la presidencia, el 1 de octubre de 2024 -para el sexenio 2024-2030-, la popularidad de Sheinbaum se ubicaba en 65 por ciento, respaldo que, para abril de 2025 -un año y medio después- había ascendido a 85 por ciento.
En marcado contraste, al llegar por segunda vez a la Casa Blanca, la proporción de aprobación de Trump estaba en 47 por ciento, y, para marzo -trascurrido apenas un trimestre-, había descendido a 43 por ciento, para una leve recuperación -en abril- a 44 por ciento.
O sea: estamos claros de quién es quién?
Entre las dictatoriales/retrógradas EOs de los primeros cien días del actual régimen trumpista, figura la autoritariamente titulada “Recisiones iniciales de perjudiciales Decretos y Acciones Presidenciales” (“Initial recissions of harmful Executive Orders and Actions”)
-que revocó 60 órdenes ejecutivas y 10 directivas o memorándums presidenciales (presidential memorandums) de la administración Biden-.
Se trata, explícitamente, de 70 decisiones que cubrían áreas tan variadas como, por ejemplo, la ambiental, la de diversidad sexual, la económica, la educativa, la étnica, la de igualdad de género, la judicial, la laboral, la migratoria, la militar, la de nombramientos gubernamentales, la racial, la de recursos naturales, la sanitaria, la de seguridad, la social.
Trump también procura -aunque, obviamente, sin éxito- esconder su diversofobia y su misoginia mediante la EO hipócritamente titulada “Defendiendo a las Mujeres del Extremismo de la Ideología de Género, y restituyendo la Verdad Biológica en el Gobierno Federal” (“Defending Women from Gender Ideology Extremism and restoring Biological Truth to the Federal Government”).
La Sección 1 -de las cuatro, mayoritariamente extensas, en que se divide el decreto- se refiere al “Propósito” del documento, y pareciera constituir una especie de imposible cátedra Magaista en biología/género.
“En todo el país, los ideólogos quienes niegan la realidad biológica del sexo, han usado, crecientemente, coercitivos medios legales y sociales para permitir que los hombres se autoidentifiquen como mujeres, y tengan acceso a íntimos espacios para un solo sexo y actividades diseñadas para mujeres, desde refugios de abuso doméstico para mujeres hasta duchas de lugares de trabajo para mujeres”, según la insultante/cavernaria falacia desinformadora.
“Eso, está mal”, se asegura, a continuación, ofendiendo la inteligencia y la sensibilidad de las mujeres, en general, y de las víctimas del machismo agresor, en particular -como el que perpetran los trumpianos, empezando por su jefe-.
“Los esfuerzos para erradicar la realidad biológica del sexo, fundamentalmente atacan a las mujeres, al privarlas de su dignidad, seguridad, y bienestar”, de acuerdo con el decreto firmado por el convicto de haber abusado sexualmente, de una mujer, en un vestidor de una tienda en la nororiental ciudad estadounidense de Nueva York.
“La eliminación del sexo en el lenguaje y las políticas, tiene un impacto corrosivo no solamente en las mujeres sino en la validez de todo el sistema estadounidense” -la insultante hipocresía machista se oficializa como conducta gubernamental-.
“Basar, sobre la verdad, las políticas Federales, es esencial para la investigación científica, la seguridad pública, la moral, y la confianza en el gobierno mismo”, según el engañoso planteamiento que se traduce, en los hechos, en negación de la realidad de millones de personas, y en atropello del derecho a libremente/naturalmente autopercibirse como ser sexual.
En el prejuiciado/machista/fóbico mundo Maga, el científico autoconcepto sexual (sexual self-concpet, SSC) no existe.
Hipócritamente, y tergiversando la verdadera política del régimen, a continuación, se asevera: “por lo tanto, mi administración defenderá los derechos de las mujeres y protegerá la libertad de conciencia al usar lenguaje claro y preciso, y políticas que reconocen que las mujeres son biológicamente femeninas, y los hombre son biológicamente masculinos”.
Por si todo lo anterior fuese poco, la Sección 2 –“Política y Definiciones”- es aún más surrealista, ya que allí se determina -repitiendo el planteamiento diversofóbico- que “es la política de Estados Unidos el reconocer dos sexos: masculino y femenino”, y que “estos sexos no son pasibles de cambio, y están enraizados en una realidad fundamental e incontrovertible
A ello se suma que, “bajo mi dirección, el Poder Ejecutivo hará cumplir todas las leyes protectoras del sexo, que promuevan esta realidad”, advertencia/amenaza que es seguida por siete “definiciones que regirán toda interpretación y aplicación de la ley Federal y la política gubernamental”.
La inicial: “sexo se referirá a la inmutable clasificación biológica de una persona como masculino o femenina”, de modo que “‘sexo’ no es un sinónimo ni incluye el concepto de ‘identidad de género’”.
En tal contexto, “‘mujeres’ o ‘mujer’ y ‘niñas’ o ‘niña’, significará femeninas humanas adultas y juveniles, respectivamente”, mientras que, en prejuiciosa correspondencia, “‘hombres’ u ‘hombre’, y ‘niños’ o ‘niño’, significará masculinos humanos adultos y juveniles, respectivamente”. Fin de discusión.
La cuadratura fóbica es inflexible, además de que revela total desconexión de la vida real, y completa/discriminatoria ignorancia en cuanto a la realidad humana.
La administración actual no es lincolniano “gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo” (“government of the people, by the people, for the people”), sino el trumpiano régimen de los mediocres, por los mediocres, para los mediocres.
Otra manipuladora Orden Ejecutiva, se refiere, engañosamente, a “Proteger el Significado y el Valor de la Ciudadanía Estadounidense” (“Protecting the Meaning and Value of American Citizenship”).
De lo que se trata, en realidad, es de violar el derecho de las personas nacidas en territorio estadounidense cuyos padres estén, a ese momento, en situación migratoria temporal, lo mismo regular que irregular -a quienes el trumpismo y el resto del neandertalismo político estadounidense etiquetan, despectivamente, como “ilegales” ( “illegals”), ignorando que hay situaciones que son ilegales, no así no personas-.
En este caso, la distorsión se basa sobre el uso intencionalmente tergiversador de la Enmienda 14 de la Constitución, para convertirla en arma de represión xenofóbica.
En la primera de sus cinco secciones, la enmienda -que data de 1868- establece que “todas las personas nacidas o naturalizadas en Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de Estados Unidos y del Estado en el que residan”.
“Ningún Estado hará, ni hará cumplir, ninguna ley que limite los privilegios o las inmunidades de los ciudadanos de Estados Unidos; tampoco, ningún Estado privará, a ninguna persona, de la vida, la libertad, o la propiedad sin el debido proceso de la ley; ni negará, a ninguna persona dentro de su jurisdicción, la igual protección de las leyes”, según el mismo texto.
La 14, es considerada como una de las enmiendas constitucionales más significativas, ya que, junto con garantizar los derechos referidos a la ciudadanía estadounidense, determina protección igualitaria bajo la ley.
Pero la trumpiana Orden Ejecutiva sobre ciudadanía constituye un flagrante falseamiento violatorio de ese mandato -enunciado vigente hace más de un siglo y medio-.
Ello, al determinar, antojadizamente, en la primera de sus cuatro secciones, que “la Decimocuarta Enmienda nunca ha sido interpretada para extender la ciudadanía, universalmente, a todos los nacidos en Estados Unidos” sino que “siempre ha excluido, de la ciudadanía por derecho de nacimiento, a personas quienes nacieron en Estados Unidos pero no ‘sujetas a su jurisdicción’”.
Según la misma patriotera narrativa supremacista, “entre las categorías de personas nacidas en Estados Unidos pero no sujetas a su jurisdicción, el privilegio de Ciudadanía de Estados Unidos no se extiende automáticamente a personas nacidas en Estados Unidos” en los casos “cuando la madre de esa personas estaba ilegalmente presente en Estados Unidos, y el padre no era un ciudadano de Estados Unidos ni un residente permanente, en el momento del Nacimiento de la referida persona”.
Tampoco, “cuando la presencia de la madre de esa persona en Estados Unidos, al momento del Nacimiento de la referida persona, era legal pero temporal -como por ejemplo, pero no únicamente, visitando Estados Unidos bajo los auspicios del Programa de Exención de Visa (Visa Waiver Program) o visitando con visa de estudiante, laboral, o de turista-, y el padre no era ciudadano de Estados Unidos ni residente permanente legal en el momento del Nacimiento de la referida persona”.
De modo que, a diferencia de la vida real, en el totalitario/xenofóbico planeta Maga, el lugar de nacimiento no necesariamente determina nacionalidad.
También se reitera, en la Sección 4, el argumento que pretende ignorar la diversa realidad sexual humana: “tal como se usa en esta orden: (a) ‘Madre’ significa la progenitora biológica femenina inmediata”, mientras que “(b) ‘Padre’ significa el progenitor biológico masculino inmediato” -otra vez: fin de discusión-.
Detrás de la diversofobia, la misoginia, el autoritarismo, la realidad es que las órdenes ejecutivas son apenas uno de los distractores detrás de los cuales Trump ha ocultado el montaje de la dictadura, lo que incluye -como uno de sus componentes básicos- la fenomenal corrupción-.
El chip dictatorial de Trump no es diferente al que caracteriza a cualquier tirano, incluidos los que sojuzgan a “países de mierda” (“shithole countries”) -según la xenofóbica definición del reincidente inquilino racista de la Casa Blanca-.
La ofensiva etiqueta apareció en su primer período presidencial (2017-2021), durante una reunión de trabajo con legisladores estadounidenses, llevada a cabo, el 11 de enero de 2018, en la Casa Blanca, para abordar, la crisis migratoria que crecía en la frontera sur.
Trump soltó, en ese momento, su pensamiento discriminatorio -obviamente, con lujo de lenguaje implícita y explícitamente insultante-.
En alusión a la variedad de nacionalidades -además de las mayoritarias centroamericanas, principalmente del Triángulo Norte- presentes en el flujo de migrantes irregulares hacia Estados Unidos, el presidente preguntó: “para qué queremos, aquí, a Haitianos? Por qué queremos, aquí, a toda esa gente de África? Por qué queremos a toda esa gente de países de mierda?”.
El racista autócrata usó la expresión “shithole”, que, en inglés significa, literalmente, “hoyo de mierda”, en alusión al agujero que, en lugares donde no se cuenta con instalación sanitaria adecuada, se cava, en el piso, a manera de letrina.
No conforme con esa manifestación, Trump afirmó, a continuación, que “deberíamos tener gente de lugares como Noruega”, en referencia al nórdico país europeo con cuya entonces primera ministra (2013E-2021), la derechista Erna Solberg, se había reunido, un día antes, en Washington.
Otro poderoso -y altamente eficaz- distractor en la instalación de la dictadura, ha sido el manejo mediático que Trump está dando a su arbitraria política arancelaria -la que también usa, ilegítimamente, para presionar a gobiernos, con la intención de lograr objetivos políticos/diplomáticos-.
Comenzó anunciado la inmediata imposición de aranceles en el rango de 10/20 por ciento, a las importaciones, lo que, en cotidianas/contradictorias rectificaciones fue modificando.
Poco después del anuncio, y en medio de las fuertes reacciones a nivel global, dijo que establecía el plazo de 90 días, para que el castigo impositivo universal entrase en vigencia.
En el caso específico de China, decidió, un día, elevar la tasa a 124 por ciento, luego, a 145 por ciento, para, casi inmediatamente, plantear que quizá el arancel no llegaría a eso, que sería más bajo, pero que no sería “cero”.
Al momento de redactar esta nota, ambos regímenes negocian el porcentaje.
Con el mundo en vilo ante la errática política comercial/arancelaria, el turbio multimillonario sudafricano -naturalizado canadiense y estadounidense- Elon Musk está generando aún más distracción, como el capataz de Estados Unidos SA, la empresa que Trump está moldeando a su capitalista conveniencia.
Musk lo hace -con su tóxico/ofensivo protagonismo, y con manifiesta adulonería a su jefe-, como titular de un departamento (ministerio) inventado para que, sin ser ministro, actúe impunemente -el Departamento de Eficiencia Gubernamental (Department of Government Efficiency, Doge)-.
También distrae con sus alegadas reducciones presupuestarias, sus masivos despidos en el aparato estatal, su ilegal/desvergonzada obtención de información -principalmente financiera- privativa del Estado -para mejorar sus negocios-.
En un detallado análisis que, sobre el tema, dio a conocer el 8 de mayo, el estadounidense tanque de pensamiento Institución de Política Económica (Economic Policy Institution, EPI), reveló datos claramente ilustrativos de la situación.
“Durante los primeros 100 días de su administración, el presidente Trump ha, consistentemente, colocado los intereses de billonarios corporaciones por encima de la gente trabajadora”, comenzó denunciando, en la información que tituló “Corrupción a simple vista. Cómo Elon Musk se ha beneficiado de los primeros 100 días de la administración Trump” (“Corruption in plain sight. How Elon Musk has benefited from the first 100 days of the Trump administration”).
“Esto es altamente evidente dado que la administración Trump ya ha detenido o descartado casi 90 invariaciones contra corporaciones que han roto la ley”, agregó, citando un informe de la organización no gubernamental Ciudadano Público (Public Citizen) -que, según lo indicado en su sitio en Internet, defiende “los intereses del público, en los centros de poder”.
“Uno de los mayores beneficiarios de esto es el billonario tecnológico Elon Musk”, precisó la EPI.
De acuerdo con la descripción en su sitio en Internet, esta oenegé trabaja, hace tres décadas, “para contrarrestar la creciente desigualdad, los bajos salarios, y los débiles beneficios de la gente trabajadora, más lento crecimiento económico, inaceptables condiciones de empleo, y una brecha salarial racial que se amplía”.
La entidad agregó que, “antes del Día de la Inauguración (presidencial de Trump), agencias federales tenían por lo menos 32 investigaciones abiertas sobre las compañías de Musk”.
“Desde entocnes, Trump ha designado, a Musk, como empleado gubernamental especial para dirigir el así llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental (Department of Government Efficiency, DOGE), que está recortando programas y empleos gubernamentales, y apuntando a muchas agencias que están investigando a sus compañías”, explicó.
“Sus acciones e este papel, han conducido al fin de muchas, si no todas, de estas investigaciones”, señaló, a continuación.
“El fin de estas investigaciones no solamente mejorará las ganancias de Musk sino que también harán más inseguros a los trabajadores”, advirtió, a manera de vaticinio.
También mencionó que “Musk se ha beneficiado de que la administración Trump haya detenido investigaciones sobre Tesla, Neuralink, y SpaceX”, que son algunas de las empresas del billonario -considerado como la persona actualmente más adinerada a nivel mundial, cuya fortuna se estima en alrededor de 330 billones de dólares-.
Al mencionar uno de los ejemplos que usó, la EPI señaló que la Oficina de Programas Federales de Cumplimiento de Contratos (Office of Federal Contract Compliance Programs, (OFCCP) del Departamento de Trabajo (Labor Department), comenzó a auditar a Tesla, en 2024, para asegurar apego a las leyes de empelo igualitario para contratistas federales”.
“Tesla ha sido ampliamente citada como habiendo creado un ambiente laboral hostil, con flagrante prejuicio racial e instancias de acoso sexual”, puntualizó.
“La OFCCP puede aplicar multas por millones de dólares si encuentra irregularidades, y hasta prohibir que contratistas participen en licitaciones sobre proyectos futuros”, lo que constituye “un importante mecanismo de cumplimiento de la ley, porque los dólares de los contribuyentes no tendrían que ir a compañías que rompen la ley y explotan a trabajadores”, agregó.
“No obstante, Trump firmó un decreto presidencial (orden ejecutiva, executive order) efectivamente eliminando la OFCCP, durante su primera semana en el cargo, efectivamente deteniendo su investigación sobre Tesla, y asegurando que trabajadores estadounidenses serán sometidos a trato ilegal”, denunció.
La EPI, aclaró que los casos mencionados “son apenas unos pocos entre muchos ejemplos de cómo la administración Trump se ha puesto del lado de billonarios a expensas de la gente trabajadora”.
“Musk va a ganar, significativamente, del cierre, por Trump, de investigaciones sobre sus variados negocios, y parece muy claro que no se abrirá nuevas investigaciones sobre las actividades de Musk”, precisó, en calidad de pronóstico.
“Además, como jefe del DOGE, Musk tiene irrestricto acceso a datos sensibles y personales de los estadounidenses, potencialmente dándole una ventaja para futuros contratos federales con el gobierno”, agregó, a continuación.
También advirtió que “está claro que los trabajadores estadounidenses, el ambiente (laboral), y el imperio de la ley han sufrido, todos, para forrar los bolsillos del hombre más adinerado en la historia moderna”.








