El criminal sionismo imperialista/guerrerista que gobierna en Israel, es una constante prueba de que el “árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza”.
Y está demostrándolo, una vez más, en el marco del acuerdo de alto al fuego que apunta, al menos momentáneamente, a detener la bestialidad de la limpieza étnica que ha perpetrado, durante algo más de quince meses, en la palestina Franja de Gaza.
La presión internacional fructificó, así, en un alivio -no se sabe qué tan duradero- para la bestialmente victimizada población civil -mayoritariamente, niños y mujeres-.
En principio, programado para iniciar la mañana del 19 de enero, a las 0830 hora local palestina, la implementación del trato sufrió algo más de tres horas de atraso, según versiones periodísticas israelíes e internacionales.
Ello, porque el régimen dirigido por el sanguinario y corrupto primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, acusó a la organización políticomilitar palestina Harakat al-Muqawama al-Islamiya -en transliteración del árabe: Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas)-, que gobierna y combate en Gaza, de no haber proporcionado, a tiempo, los nombres de los primeros rehenes judíos a ser liberados por el grupo terrorista.
El tiempo fue eficazmente aprovechado por las criminales Fuerzas de Defensa de Israel (Israel Defense Forces, IDF) para lanzar nuevos ataques aéreos con los cuales, en el lapso de la demora, asesinaron a decenas más de palestinos, informaron las mismas fuentes.
Recibida la lista, y sin más excusas -de momento- para incumplir lo pactado, el acuerdo entró en efecto, a las 1115 hora local palestina.
En un mensaje difundido, la noche del 18 de enero -y actualizado horas antes del programado inicio de la interrupción de hostilidades-, por la Oficina del Primer Ministro israelí, Netanyahu se mostró -al igual que en diferentes momentos de la compleja negociación del acuerdo- como el patán guerrerista que, por naturaleza, es.
En su habitual tono amenazante, aclaró, reiteradamente, que lo convenido con Hamas -por mediación/presión de Egipto, Estados Unidos, y Qatar- no es óbice para que Israel reinicie la bestial agresión militar contra Gaza -es decir: el régimen israelí se reserva el derecho de guerrear según le parezca-.
También reiteró, como objetivo de la extensa operación de exterminio -la que bautizó como “guerra de redención”-, el regreso de los rehenes judíos que Hamas capturó en la criminal acción que perpetró, la mañana del 7 de otubre de 2023, en territorio israelí -la excusa sionista para la limpieza étnica iniciada horas después, y mantenida desde entonces-.
Igualmente, en burda manipulación de nacionalismo -en exclusivo beneficio personal-, planteó la necesidad de unión pueblo-gobierno -seguramente, pensando en algún tipo de blindaje frente a los cuatro proceso penales que enfrenta, en Israel, por corrupción, y ante la orden internacional de captura que, en su contra, como autor de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra, emitió, recientemente, la Corte Penal Internacional (CPI)-.
Lo mismo hizo, en XXXX la dictadura militar argentina (XXXXXXXXX), en el contexto de la Guerra de las Malvinas (XXXXXXXXX), la políticamente suicida confrontación bélica -con nada menos que el imperio británico- que condujo a la caída del corrupto/sanguinario régimen de facto -en ese momento dirigido por el alcohólico general XXXXXXXXX-.
En ese cuadro de situación, envió, al mundo, delegaciones -entre cuyos integrantes figuraron ex perseguidos políticos- para explicar -tratando de apropiársela- la incuestionablemente justa causa argentina de recuperación de las islas ilegalmente apropiadas, en XXXX, por la parasitaria -como todas- monarquía británica.
En el manipulador mensaje a sus compatriotas, Netanyahu aseveró, horas antes de la entrada en vigencia del acuerdo con Hamas, que, “el 7 de octubre, nuestros enemigos perpetraron la peor masacre contra el Pueblo Judío, desde el Holocausto”, en alusión a la brutal persecución nazi antijudía de 1941-1945 que masacró a varios millones de integrantes de esa victimizada comunidad europea.
“Pero, en medio de este terrible desastre, fue mostrada la gran fuerza del espíritu del pueblo, y el supremo heroísmo de nuestros combatientes”, agregó, ignorando el hecho de que miles de israelíes, a nivel nacional, han mantenido manifestaciones de oposición al manejo que el régimen ha dado a la ocupación de Gaza -lo mismo que al corrupto primer ministro-.
“Es esta fuerza lo que nos ha conducido, con determinación, a lograr todos los objetivos de la guerra, que nos fijamos: regreso de todos nuestros rehenes, eliminación de ls capacidades militar y de gobierno de Hamas, y asegurar que Gaza nunca mas constituya una amenaza para nuestro país”.
“En la Guerra de Redención, hemos dejado claro, a nuestros enemigos y al mundo entero, que, cuando el pueblo de Israel se une, no hay fuerza que pueda quebrarnos”, aseveró, en flagrante chantaje patriotero.
Respecto al acuerdo de alto al fuego, hizo énfasis en la puesta en libertad de rehenes en poder de Hamas, deslizando, siempre, la amenaza de que, pase lo que pase, la brutalidad militar es la opción.
“El Gabinete de Seguridad, y el Gobierno, han aprobado el marco para el regreso de nuestros rehenes”, dijo, para, de inmediato aclarar -en referencia a rehenes anteriormente liberados por la organización palestina- que “este es el objetivo de la guerra del cual no desistiremos hasta que sea completado”, además de afirmar que “sé que esta preocupación es compartida por todas las familias, en Israel”.
“A este día, hemos regresado a casa a 157 de nuestros rehenes, 117 de ellos con vida”, y, “bajo el acuerdo que ahora ha sido aprobado, regresaremos a 33 más de nuestros hermanos y hermanas, la mayoría, vivos”, informó, respecto a la inicial liberación de rehenes acordada.
“Les prometo: insistiremos en todos los objetivos de la guerra”, aseguró, para, más adelante, hablar en modo netamente belicista.
Ello, a continuación de afirmar que, “este acuerdo es, primero que todo, el resultado del heroísmo de nuestros combatientes, en combate, y es el resultado de nuestra inclaudicable insistencia en los intereses vitales de Israel, frente a pesada presión interna y externa”.
Y de destacar que “este acuerdo también es el resultado de la cooperación entre la saliente administración de Presidente Biden y la entrante administración del Presidente Trump” -los imperios guerreristas, son cómplices naturales-.
“Desde el momento en que fue elegido, el Presidente Trump ha estado involucrado en la misión para la liberación de nuestros rehenes”, expresó, para, a continuación precisar, en referencia al 15 de enero, que “él habló conmigo, la noche del miércoles”.
“Él recibió, con beneplácito, el acuerdo, y, correctamente, enfatizó que la primera etapa del acuerdo es un temporal cese del fuego”, aseguró, para reafirmar: “eso es lo que dijo: ‘un temporal cese del fuego’” -o sea, que quede claro: no es el fin de la guerra-.
Y, otra vez, la amenaza belicista: “adelantándonos a las próximas estas del acuerdo, conservamos recursos significativos para el regreso de todos nuestros rehenes, y para cumplir los objetivos de la guerra”.
Con el agregado de arbitrariedad: “tanto el Presidente Trump como el Presidente Biden, han dado pleno apoyo al derecho de Israel a regresar al combate, si Israel llega a la conclusión de que la las negociaciones de la segunda etapa son ineficaces”, algo que “aprecio, grandemente”.
“También aprecio, grandemente, la decisión, del Presidente Trump, de levantar la restricciones que quedan sobre proporcionar, al Estado de Israel, armas y municiones vitales”, aseguró, respecto a algunos condicionamientos -por demás hipócritas-, de la cómplice administración Biden, al vincular, retóricamente, el abastecimiento b´ lico y los crímenes de lesa humanidad -aunque sin enunciarla exactamente en esos precisos términos.-
La razón -siempre belicista/amenaznte-: “si tenemos que volver a pelear, lo haremos de maneras nuevas, y con gran fuerza”.
Esto fue, otra vez, reafirmado cuando Netanyahu explicó que, “durante las negociaciones (para el acuerdo), determiné varios principio básicos”.
“El primer principio: salvaguardar la capacidad para regresar y pelear según sea necesario”, amenazó, además de subrayar que “conservamos el derecho a volver a la guerra, si es necesario, con el respaldo de Estados Unidos”.
El acuerdo es, básicamente, el plan de alto al fuego y liberación de rehenes que Hamás e Israel -también mediado por Egipto, Estados Unidos y Qatar-, en principio, acordaron en mayo de 2024 -y que, obviamente, no implementaron, situación de la cual se culparon mutuamente-.
Titulado -al igual que en 2024- “Principios Generales para un acuerdo entre la parte Israelí y la parte Palestina en Gaza sobre el intercambio de rehenes y prisioneros y el restablecimiento de una calma sostenible” (“General Principles for an agreement between the Israeli side and the Palestinian side in Gaza on the Exchange of hostages and prisoners and Restoring a Sustainable calm”), el acuerdo no es un convenio definitivo de paz sino un plan para traer algo de alivio a la bestialmente victimizada población civil de gaza.
El documento prevé tres etapas -descritas como “interconectadas”-, cada una de 42 días, para la implementación de lo acordado.
Según el texto, “el propósito de ser marco es la liberación de todos los rehenes civiles y militares israelíes en la Franja de Gaza, vivos o no, quienes han sudo detenidos durante todos los períodos, a cambio de un número que sea acordado de prisioneros palestinos en prisiones israelíes”.
Además, “restablecer una calma sostenible que logre un permanente cese del fuego, el retiro de fuerzas israelíes de la Franja de Gaza, la reconstrucción de Gaza, apertura de cruces fronterizos, y facilitación de movimiento para personas y traslado de bienes”.
Para la primera etapa, se prevé, entre otros puntos, “el cese temporal de las operaciones militares por ambas Partes, y el retiro de fuerzas israelíes (…) de áreas densamente pobladas a lo largo de las fronteras en todas las áreas de la franja de Gaza”.
Separadas por territorio israelí, Gaza y Cisjordania son los sectores, respectivamente, occidental y oriental del Estado Palestino -que el sionismo extremista se niega, hace más de siete décadas, a reconocer-.
Gaza es fronteriza, en el norte y el este, con Israel, y, en el sur, con Egipto, además de que es bordeada, en el oeste, por el Mar Mediterráneo.
Cisjordania -mencionada, asimismo, como la Margen o la Ribera Occidental (West Bank)- limita, en el norte, el oeste, y el sur, con Israel, y en el este, con Jordania -separadas ambas por el Río Jordán y el Mar Muerto-.
Gobernada, desde 2007, por el terrorista Hamas, Gaza es una de la zonas más densamente pobladas, a nivel mundial, y, a causa del inmisericorde bloqueo impuesto, desde ese año, por Israel, la aislada franja presenta algunos de los más críticos índices socioeconómicos.
Cisjordania, establecida sobre 5,640 kilómetros cuadrados -con algo menos de 3.2 millones de habitantes-, es el área mayor, mientras Gaza cubre 365 kilómetros cuadrados -y su población es de poco más de 2.1 millones, es desplazada, en un noventa por ciento, por la guerra genocida en desarrollo hace algo más de un año-.
Las dos extensiones territoriales palestinas están bajo ocupación por parte de las IDF -Gaza, en el contexto de la presente guerra, completamente, y Cisjordania, hace décadas, en aproximadamente 90 por ciento-.
El tercer componente territorial palestino, es el sector oriental de la central ciudad de Jerusalén.
El acuerdo logrado ahora entre Hamas e Israel, también prevé, en lo referido a la primera etapa, el “cese temporal de movimiento aéreo -militar y de vigilancia- en la franja de Gaza, por 10 horas diarias, y por 12 horas diarias durante los días en que tenga lugar intercambio de rehenes y prisioneros”.
Asimismo, determina el sostenido ingreso de asistencia humanitaria, a Gaza, lo que Israel ha impedido mediante criminales acciones que han incluido el ataque aéreo contra convoyes internacionales claramente identificados.
En tal sentido, e igualmente en el contexto de la primera etapa, se señala, “empezando el día 1, el ingreso de incrementada y adecuada ayuda humanitaria, y combustible -600 camiones diarios, que incluyan 50 camiones de combustible, 300 de ellos hacia el norte-”.
Ello, “incluido el combustible necesario para la operación de plantas de energía, el comercio, y el equipo civil necesario para remover escombros, y la rehabilitación y operatividad de hospitales, centros médico, y panaderías en todas las áreas de la franja de Gaza”.
En cuanto al intercambio de rehenes y presos políticos, el acuerdo prevé -siempre en el extenso apartado de la primera etapa-, que “los prisioneros palestinos liberados no serán nuevamente detenidos sobre la base de los mismos cargos por los cuales fueron previamente detenidos”, además de que “la parte israelí no iniciará en regreso de los prisioneros palestinos liberados, para que cumplan el tiempo pendiente de sus condenas”.
Por otra parte, “no se requerirá que los prisioneros palestinos firmen ningún documento como condición para su liberación”.
Respecto a la destrucción en modo “tierra arrasada”, que las IDF han causado en Gaza, el convenio prevé “el comienzo de rehabilitación de la infraestructura -electricidad, agua, alcantarillado, comunicaciones, y vialidad- en todas las áreas de la Franja de Gaza”.
Además, “el ingreso de una cantidad acordada de necesario equipamiento para la defensa civil y la remoción de escombros”, rubro, el último que se estima en millones de toneladas, a causa de la masividad de los bombardeos israelíes contra infraestructura -principalmente, hospitales, escuelas, instalaciones de agencias internacionales de ayuda humanitaria-.
El convenio plantea, por otra parte, “facilitar el ingreso de abastecimiento y requisitos para alojar internamente a quienes perdieron sus hogares durante la guerra -no menos de 60 mil hogares temporales (…) y 200 mil tiendas de campaña-”.
Tambipen determina “el comienzo de los arreglos y planes necesarios para la exhaustiva reconstrucción de casa, instalaciones civiles, e infraestructura civil que fue destruida durante la guerra, apoyando, a los afectados, bajo la supervisión de un número de países y organizaciones, incluyendo a Egipto, Qatar, y Naciones Unidas”.
Para la segunda etapa, el plan prevé “anunciar el restablecimiento de una calma sostenible
-cese de operaciones militares y hostilidades, permanentemente-”, y, en cuanto a la tercera, entre otras medidas, “el comienzo de la implementación del plan para la reconstrucción de la franja de Gaza por la duración de 3-5 años, incluyendo casas, instalaciones civiles, infraestructura civil, y el apoyo a todos los afectados, bajo la supervisión de un números de países y organizaciones, incluyendo Egipto, Qatar, y Naciones Unidas”.
Asimismo, “la apertura de cruces fronterizos, facilitando el movimiento de p3rsonas y el traslado de bienes”.
De acuerdo con lo indicado en el texto, “los garantes del Acuerdo” son Qatar, Egipto, y Estados Unidos.
La principal incógnita justificada/realista, en lo que tiene que ver con el acuerdo, se refiere a cuánto, efectivamente, durará la implementación del pacto.
Ello se fusiona con la incertidumbre respecto a qué tan real es la voluntad política de ambas partes -ninguna de las cuales está exenta de culpa respecto a la barbaridad que, hace algo más de 15 meses, padecen los palestinos en Gaza-.
En ese sentido, al anunciar el logro del acuerdo, el primer ministro y canciller de Qatar, Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, advirtió, precisamente, que el éxito del plan radica en que ambas partes, invariablemente, lo cumplan.
En declaraciones que formuló en conferencia de prensa llevada a cabo el 15 de enero en Doha -la capital de Qatar-, en tono diametralmente opuesto a la demencial irracionalidad belicista de su contraparte israelí, Al Thani subrayó la necesidad de que Israel y Hamas se ciñan al acuerdo, en su totalidad.
“El Estado de Qatar subraya la necesidad de que ambas partes adhieran plenamente a los términos del acuerdo, en sus tres fases”, indicó, citado en un comunicado que la cancillería del país árabe emitió ese día.
Ello, “para salvaguardar vidas civiles, evitar consecuencias de este conflicto, para la región, y echar los cimientos para una paz justa y duradera”, agregó, en permanente contraste con el discurso de Netanyahu.
En tal contexto, “el Estado de Qatar continuará trabajando estrechamente on la República Árabe de Egipto y Estados Unidos, para asegurar que las partes cumplan sus compromisos y la implementación de ls fases pendientes”, agregó, en alusión a las etapas segunda y tercera.
“Durante 411 días, reuniones se han desarrollado con nuestros socios y las dos partes en el conflicto, hasta que llegamos a este largamente aguardado momento”, relató.
“La responsabilidad, ahora, corresponde a las partes -apoyadas por los mediadores y la comunidad internacionales-, para navegar hacia la orilla de la paz”, reflexiono, para, de inmediato, anunciar que “este será el foco de nuestros esfuerzos, en la próxima fase”.
Al Thani aseguró, a manera de recomendación/advertencia, que “lo que el pueblo de Gaza ha experimentado durante 467 días de destrucción, devastación, y bombardeo, amerita un permanente cese del fuego”.







