La encrucijada del pacto: ¿una coalición política o un país sin rumbo?

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Por un cronista en busca de respuestas, no de certezas.

La escena política costarricense se mueve con la calma engañosa de un río que oculta bajo su superficie corrientes turbulentas. En un rincón de San José, en una biblioteca con aroma a papel viejo, el historiador Vladimir de la Cruz hojea documentos de épocas que se sienten lejanas y, sin embargo, palpitan en el presente. Se inclina sobre una mesa y con voz grave y medida, como quien relata un cuento que ya sabe cómo termina, reflexiona:«Una coalición es posible, sí, pero improbable. No porque no haya historia que la respalde, sino porque las voluntades hoy parecen más débiles que los ideales.»

Lecciones del pasado: pactos y fracturas
En 1943, Costa Rica fue testigo de una alianza improbable: el Partido Republicano, Vanguardia Popular y la Iglesia Católica unieron fuerzas. Lo que parecía un imposible político dio frutos en las reformas sociales que marcaron una era. Pero, ¿qué tiene ese pacto de lección para el presente? ¿Qué lo hace tan distante? De la Cruz no lo dice abiertamente, pero deja entrever que hoy los intereses cortoplacistas han sepultado la visión de país.

Cierra un libro con fuerza, como si quisiera subrayar una idea que, en sus palabras, parece inevitable: “Las coaliciones que triunfan nacen del sacrificio, no del cálculo mezquino. Hoy nadie quiere ceder.”

El presente: un rompecabezas con piezas perdidas
La política costarricense actual es un teatro donde cada actor grita su línea sin escuchar al resto. ¿Cómo podrían entonces ponerse de acuerdo en un guion común? De la Cruz lo resume en barreras que, aunque parecen técnicas, son profundamente humanas: el orgullo, la avaricia, el miedo al otro.

La disputa por los recursos de la deuda política es apenas una excusa; el verdadero obstáculo está en las diferencias ideológicas y personales que separan a los líderes. Cada partido parece un barco con su propio rumbo, aunque todos naveguen hacia el mismo temporal.

El futuro: una Asamblea o un campo de batalla
De la Cruz señala un punto clave: el peligro no está solo en perder la Presidencia, sino en una Asamblea Legislativa que deje de ser plural. Mira hacia regímenes vecinos, como quien señala un abismo para evitar que alguien más caiga: “Si no cuidamos nuestra democracia, podríamos despertar con instituciones sometidas al Ejecutivo, como en Venezuela o El Salvador. No digo que estemos allí, pero el riesgo está.”

La coalición no sería solo un pacto de partidos, sino un salvavidas para la institucionalidad democrática. ¿Es este llamado suficiente para mover a los líderes políticos a actuar?

Un país en el umbral de una decisión
Salgo de la biblioteca con más preguntas que respuestas, como debe ser. De la Cruz ha planteado un desafío que no se resuelve en una sala de reuniones ni en un mitin, sino en el corazón de los costarricenses: ¿Estamos dispuestos a ceder un poco para ganar mucho?

La respuesta no está escrita en ningún libro, ni siquiera en los que atesora Vladimir de la Cruz. Está en las manos de quienes, desde sus trincheras políticas, aún pueden decidir si Costa Rica será el país del pacto o el país del desencuentro.

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